lunes, 11 de agosto de 2014

Donnelley: un cierre que no cierra

De forma sorpresiva, la gráfica Donnelley amaneció hoy cerrada. En un escueto comunicado con el que los trabajadores fueron recibidos hoy en las puertas de la fábrica, la empresa anunciaba que “estamos cerrando nuestras operaciones en Argentina y solicitando la quiebra”. El mismo argumenta que la firma afrontaría “una crisis insuperable” y que luego de haber evaluado otras opciones, definió el cese de sus actividades en la Argentina.

No es la primera vez que la empresa aduce severas dificultades. Recientemente intentó despedir 123 trabajadores y pidió al gobierno un subsidio para frenar la supuesta crisis. En ambos casos el mismo Ministerio de Trabajo rechazó la postura patronal.

Los números sobre el desempeño económico de la empresa que surgen de sus balances, no avalan la “crisis insuperable” que la firma declara. Aunque los últimos dos balances cerraron con números en rojo (en 2012 con ganancia operativa pero con pérdida después del resultado financiero, en 2013 con resultado operativo también negativo), algo que ocurrió con buena parte de las firmas del sector, por una cierta retracción de la actividad y por el aumento de los costos que acarreó la inflación, la directiva de Donnelley aducía que las dificultades que afrontaba eran más financieras que económicas. ¿Qué significa esta diferencia? Una crisis económica cuestiona la sustentabilidad del negocio, ya que plantea una relación de costos y beneficios que no ofrece una perspectiva de rentabilidad suficientes. Una crisis financiera se refiere al “flujo de fondos”, es decir a la dificultad en un momento determinado para afrontar los compromisos de pago. Ni la magnitud de los quebrantos, ni la relación entre pasivos y activos de la firma sustentan la idea de una situación inviable.
Por otro lado, la empresa tomó en dos oportunidades, en los últimos dos años, la decisión de capitalizar deuda que se había generado con otras casas matrices, de decir que transformaron un pasivo en un mayor patrimonio de la empresa en la Argentina. No hay capitalista que haga esto si no opina que le va a ir bien. Una empresa en crisis apostaría más bien a no pagar la deuda, o a pagarla en pesos como forma de "vaciamiento". Por otra parte, la empresa tomo la decisión de acopiar una importante cantidad de stock de papel y otros insumos, armando una reserva que cubre entre 4 y 6 meses. En el momento actual, estaba llevando a cabo trabajos que están inconclusos, y tenía otros programados para entrega en las próximas semanas. Todo esto esto genera fuertes interrogantes sobre los motivos de la empresa, que en las últimas semanas realizó numerosos intentos -desbaratados por los trabajadores- para trasladar trabajos a otras firmas y así maquillar la situación real, inventando un parate en la demanda que no es tal. Resulta poco creíble que esta firma global que obtuvo a nivel mundial ganancias por 218 millones de dólares según su último reporte a los accionistas, resigne así nomás posiciones ante sus competidores. El intento de declarar la quiebra aparece entonces a todas luces como la vía para deshacerse de la “molesta” comisión interna combativa, que cuenta con un amplio apoyo en la fábrica, y con toda probabilidad reaparecer de otro modo en el país.

Ante la falsedad del planteo de la patronal de Donnelley, es necesario rechazar sus pretensiones. Ningún despido ni cierre de la firma. Como han planteado los delegados, se impone pelear por la reapertura de la fábrica. Que el gobierno intervenga y que el sindicato tome ya medidas a nivel nacional contra este ataque.