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viernes, 24 de octubre de 2014

Mitos de la economía bajo el kirchnerismo



Desde hace unas semanas, comenzamos en La Izquierda Diario a poner en discusión los ejes discursivos con los que se ha representado el llamado "modelo" económico kirchnerista. 

Bajo los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández, el llamado “modelo” económico sustentado por la política oficial, fue autodefinido como uno de “crecimiento con inclusión”. En comparación con los ’90, o con lo peor de la crisis de 2001, numerosas comparaciones realizadas por estudios oficiales o usinas ideológicas afines buscaron mostrar la mejora de los indicadores sociales, atribuida unánimemente a las virtudes de este “modelo”. Este mismo discurso pretende que desde 2003 hubo una ruptura en toda la línea con las políticas noventistas, de privatización, desregulación, y florecimiento de los negocios capitalistas.

Sin embargo, corriendo el velo del discurso para echar una mirada a las raíces en las que se basó el crecimiento de la economía durante los gobiernos kirchneristas, observamos un abismo entre los mitos y la realidad del “modelo”, años de ganancias récord y donde la supuesta “reparación” para los trabajadores y sectores populares ha mostrado tener un techo muy bajo, que no revierte el deterioro producido durante décadas de ofensiva patronal.

En esta sección puede leerse:

jueves, 28 de agosto de 2014

El gobierno reconoce el deterioro industrial, pero a medias

La ministra de Industria, Débora Giorgi, admitía hoy que la actividad industrial tuvo una caída en el primer semestre de 2014, pero señaló que ese retroceso la ubica en los niveles de “2010 o 2011”.
La ministra disertó en la reunión del Consejo de las Américas. En su exposición sostuvo que “en el primer semestre de 2014 hubo un deterioro de la actividad industrial del 3,2 por ciento, pero este nivel es muy superior a los que había en la década del '90 y en 2001 y se ubica en los niveles de 2010 o 2011”.
En cuanto a la actividad industrial, la funcionaria comparó los niveles del primer semestre de este año con los del mismo período de 2008 y aseguró que mientras la Argentina creció 13,7 por ciento, Brasil cayó 2,8 por ciento, Alemania, dos por ciento, Reino Unido 6,7; Japón 12,7; Francia 17 e Italia 25 por ciento, en tanto Estados Unidos mantuvo el mismo nivel.

Esta caída es algo menor que la que estiman algunas consultoras privadas. Es el caso de  la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL), que estima que en lo que va de 2014 la actividad industrial acumula una caída de 4,2%.

 

Al explicar las razones del retroceso Giorgi señaló que “el mundo está complejo” y que se registran caídas globales en las actividades industriales. En el mismo escenario del Consejo de las Américas, el ministro de Economía Axel Kicillof reforzaría este planteo al señalar que el “mundo no ha salido de la crisis”, y asegura que economías como China muestran “su peor performance de los últimos 15 años”.

Aunque ni el jefe de Economía ni la ministra lo señalaron, el gobierno viene imponiendo un severo ajuste sobre la industria imponiendo límites a las compras de insumos en el extranjero. Desde 2012 rige la exigencia a todos los importadores de presentar declaraciones juradas ante el Secretario de Comercio, que las evalúa y autoriza según el caso. Los permisos se tramitan con mayor o menor agilidad según la disponibilidad de dólares. Además, una vez recibido el permiso de Comercio es necesario que el Banco Central permita concretar la compra de dólares. En una industria donde los insumos importados representan más del 50% del valor final de la producción (llegando a 80% en el caso de la industria electrónica y 60% en la automotriz), el freno a las compras en el extranjero, una de las expresiones que tiene el ajuste que el gobierno nacional viene aplicando, es una de las razones de mayor peso para explicar la caída en la producción. 

viernes, 4 de julio de 2014

Azucar amargo. Los ingenios azucareros del NOA; salarios, ganancias y "crisis"

A continuación publicamos la primer parte del informe sobre ingenios azucareros del NOA elaborado por Emiliano Trodler. El mismo aborda las transformaciones recientes en el sector, la relación entre salarios y ganancias, y los usos que ha tenido la denunciada "crisis" en el sector, el alcanze de la cual queda relativizada por el análisis presentado. Esta primer parte del informe se continuará en Ideas de Izquierda, con un análisis de los procesos de lucha reciente en los ingenios del NOA.


 
Introducción

Durante el año 2013 la caída en los precios del azúcar ha sido motivo de una furibunda campaña en defensa de la rentabilidad empresaria. A la cabeza de esta campaña estuvieron cañeros e industriales, legisladores del PJ, la UCR, PRO, y también los dirigentes de la FOTIA. Contaron a su vez con el inestimable apoyo de la prensa.
Los medios de comunicación hablaban de la crisis azucarera en los términos más catastróficos. La televisión y los diarios hablaban de quebrantos en la industria y precios que “tornan inviable la actividad”. Desde la EEAOC señalaban a esta como “la peor crisis azucarera de los últimos 30 años”. Durante el mes de agosto el Grupo Los Balcanes entraba en concurso preventivo de acreedores. Catalina Lónac, principal propietaria del grupo empresario, hablaba de una “crisis terminal en la industria azucarera”, llamando a que “los obreros, los dueños de los ingenios y el Gobierno hagan lo que tienen que hacer”. Todo parecía indicar que la industria se iba a pique. En ese contexto, recrudecían las tensiones entre cañeros e industriales al mismo tiempo que cerraban filas ante el gobierno provincial para exigir medidas que tendieran a salvar a “la familia azucarera”.
Las cámaras patronales (UCIT, CACTU, UCS, CUE por los cañeros, la CART, CARNA, CAA, por los industriales), el poder ejecutivo provincial, los partidos de la oposición patronal, y la cúpula de la FOTIA reclamaban una Ley Azucarera que regulase el precio del azúcar mediante la fijación de cupos de exportación, subvenciones a los productores más pequeños, y estimulo a la producción de bioetanol. Esa Ley se sancionó en marzo y reglamentó la puesta en pie del Instituto de Promoción del Azucar y Alcohol de Tucumán (Ipaat), organismo compuesto por 6 miembros (industriales, cañeros, y del PE), que intentaría constituirse como una “mesa azucarera” de coordinación entre los distintos sectores patronales.
Al mismo tiempo se daba fuerte impulso a una política de subsidios desde el gobierno nacional, que por aquellos días también anunciaba la puesta en funcionamiento del Ingenio La Esperanza en Jujuy. Los medios de comunicación justificaban este millonario desembolso a los empresarios del azúcar y hablaban de “subsidios para mantener a flote el precio”. Para finales de la zafra el precio de la bolsa de azúcar había aumentado de $125 a más de $200 llevando nuevamente el precio a sus mejores niveles. A esta recuperación del precio contribuyeron las fuertes heladas y sequias que implicaron una sensible reducción de la molienda, y de los diagnósticos de “crisis terminal” se pasaba ahora a la euforia: “los días negros de la crisis han quedado atrás en la industria azucarera”; “la crisis se disipa; respiran los azucareros”; “se prevé que los buenos precios se sostendrán entre los próximos 18 a 20 meses”. En Jujuy y en Salta las heladas y sequias provocaban fuertes caídas en la producción. Hugo Rossi, presidente del Ingenio El Tabacal afirmaba al final de la zafra que la temporada se había acortado 32 días y se habían molido 475 mil tn menos de caña. Por las mismas causas El Ingenio Ledesma declaraba cerrar el año con una caída del 28% en la producción de azúcar. Pero en Salta y Jujuy la caída de los precios del azúcar no generó pronósticos tan sombríos sobre el futuro de la industria como en Tucumán. Al mismo tiempo, la caída en los niveles de producción fue recibida en Tucumán como un “alivio” para las patronales del campo y la industria, que encontraron en las inclemencias de la naturaleza un regulador más eficaz que el recién estrenado IPAAT para controlar la caída de los precios.
En unos pocos meses la industria azucarera parecía haberse salvado de la catástrofe. Sin embargo, un análisis más profundo de la industria azucarera pone de relieve el notable contraste que existe entre los negros vaticinios empresariales y los auspiciosos informes que recopilan los datos de la evolución histórica en la producción, precios, productividad, y las tendencias del mercado azucarero a nivel internacional, que parecen contradecir la idea de un “crisis terminal”. También contrasta con las “memorias” de los balances contables presentados por los principales ingenios azucareros en años recientes.
Cabe preguntarse entonces: más allá de la caída en los precios y la producción de 2013, ¿hubo o no una “crisis terminal” en la industria azucarera?; ¿puede la Ley Azucarera constituirse en un mecanismo efectivo para regular la caída de los precios?. ¿Por qué no hubieron los mismos pronósticos en Tucumán que en Salta o Jujuy?.
En nuestro intento de esbozar una primera respuesta a estas preguntas trataremos de demostrar que la “crisis azucarera” tiene su origen no tanto en la caída de los precios o en los cambios climáticos (que ocurrieron), sino en la propia dinámica anárquica de las relaciones capitalistas de producción que atraviesan un profundo proceso de disolución de las viejas estructuras de propiedad. La caída de los precios, intentaremos demostrar, se produce en un mercado que se desarrolla entre los polos de la competencia y la protección estatal de una burguesía nacional parasitaria, y es a su vez acicateada por las tendencias a la concentración, centralización del capital y a la penetración del capital imperialista.
Con este primer informe queremos acercar a los trabajadores en general y a los obreros de los ingenios del NOA en particular, un análisis crítico acerca de las verdaderas causas de la crisis azucarera, poniendo en evidencia los intereses de clase que dan fundamento a las disputas entre industriales y cañeros, que siempre intentan presentar sus propios intereses como “intereses generales” de la provincia, para demostrar la necesidad de pelear por una salida propia de los trabajadores, que solo tendrá su remate con el control obrero de la producción y el gobierno de los trabajadores.