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miércoles, 28 de mayo de 2014

"Es bueno que Marx esté entre nosotros"

Hoy, en contratapa de Tiempo argentino, puede leerse una entrevista al actor Carlos Weber, que desde hace años viene protagonizando una puesta de Marx en el Soho, dirigida por Manuel Callau, en la que personifica a Karl Marx. El mismo papel hace en los cuatro capítulos de Marx ha vuelto, miniserie realizada por TVPTS y el Instituto del Pensamiento Socialista Karl Marx, que puede verse completa acá. Reproducimos la entrevista.

http://tiempo.infonews.com/advf/imagenes/2014/05/538583a150766_200x109.jpg

Personifica al pensador alemán en una miniserie de Internet producida por el Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS). Mensaje político y puentes del arte con la Web. 

Protagoniza Marx ha vuelto, una miniserie para Internet pensada en el arranque con cuatro capítulos, ya estrenados, pero que debido a la gran repercusión alcanzada en las redes, ahora rueda nuevas entregas. En la ficción, Carlos Weber se pone una vez más en la piel del pensador alemán, después de haber protagonizado durante varios años Marx en el Soho. Y lo hace de una manera genial, en un producto que también lo es, y que tiene algunas singularidades. El proyecto, basado en el Manifiesto Comunista, cuenta con armado general del Instituto del Pensamiento Socialista, realización del grupo de cine Contraimagen y difusión a cargo de la señal web TVPTS del Partido de los Trabajadores Socialistas. Aunque ya está en Youtube y Vimeo, entre otros sitios de descarga. Pensado como aporte a los cursos y actividades del Instituto, y con la producción de Javier Gabino y Matías Maiello, la miniserie también muestra excelentes trabajos de varios peces que se mueven muy bien en el agua del teatro independiente, como Martín Scarfi, Hilda Frisari y Laura Espínola.  
–Se acaba de afeitar, pero en los afiches de la miniserie, con barba, usted "es" Marx ¿Cómo juega en los espectadores el parecido físico?
–Constantemente me dicen que somos iguales, pero no estoy muy convencido de eso. Todos vieron a Marx alguna vez en retratos, daguerrotipos o láminas. Pero afortunadamente, nadie lo escuchó hablar.
–Ahí terminan de confirmar que, además, "están viendo" al mismísimo Karl en persona.
–Claro (se ríe). Lo que en su momento pasó con la obra de teatro, y ahora en la serie, es cruzarme con estudiantes de Economía o Ciencias Políticas que agradecen, porque después de verme comprendieron mejor los textos que habían leído.
–Marx en el Soho se estrenó en el ámbito de la CTA, y Marx ha vuelto fue producida por el PTS. Una especie de continuidad en querer establecer la conjunción entre lo político y lo artístico.
–Es así. La obra arrancó en 2007, con puesta de Manuel Callau y asistencia de dirección de Liliana Andrade, mi actual coach. Fue increíble, porque no teníamos sala, a los productores no les interesaba, y tampoco podíamos entrar en festivales. Hasta que aparecieron los compañeros de ATE y nos invitaron a que hiciéramos funciones allí. Recorrimos municipios, sindicatos, cooperativas, el teatro SHA. Y justo un 1º de mayo estrenamos en un lugar de Boedo. Hasta que los muchachos del Instituto me propusieron hacer algo para sumarme a los cursos que brindan en todo el país.
–¿Cómo lo tomó?
–La idea me pareció genial. Sobre todo porque me interesaba generar un hecho artístico, aportando mi trabajo a la construcción que estos compañeros llevan adelante con tanto esfuerzo. En la obra, Marx vive con su familia, desnuda sus penas y conflictos durante el período en que escribe El Capital, deja ver conflictos personales y penurias económicas de todos los días. Para la serie, los chicos también querían a un Marx coloquial, simple, que se sentara en un bar con los pibes a tomar cerveza o mate.
–Lo contrario al mito, o en el peor de los casos, a esa imagen lavada y pasada de moda que el liberalismo intentó colgarle.
–Por supuesto. A Marx lo atacaron siempre desde distintos flancos. También dijeron que era confuso, o lo reducían a un ícono vacío usado por los partidos de izquierda. Para romper eso, tampoco es casual que la obra teatral haya sido escrita por Howard Zinn, el primer gran revisionista que denunció el genocidio de pueblos originarios en Estados Unidos. Es bueno que Marx esté entre nosotros para analizar estas cosas, pero también podés mirarlo del otro lado. Si en el mundo los hombres hubiéramos alcanzado la igualdad, la inclusión, y pudiéramos vivir dignamente de nuestro trabajo, el bueno de Karl hubiera quedado como una figura que aportó en su momento, y ahora estaríamos leyendo a otros pensadores. Pero "lamentablemente" sigue vigente.
–¿Cuál fue su reacción cuando le dijeron que la serie se difundiría por Internet?
–A veces me siento un neardental, recién hace menos de un año uso celular (se ríe). Para mí es todo un descubrimiento protagonizar una ficción que va más allá del mero entretenimiento, y apunta a contar cosas que tienen como objetivo mejorar la vida de la gente. Lo que se produce cuando alguien pincha algo en la Web es impresionante. La serie ya salió subtitulada en cinco idiomas, la piden de muchos lugares, gracias a una herramienta de difusión que es muy difícil dimensionar. 

 

lunes, 30 de enero de 2012

¿Marx o Keynes?

http://www.ips.org.ar/wp-content/uploads/2012/01/Marx.jpgLuego de una larga pausa, volvemos a postear. En esta ocasión, reposteamos un artículo que publicamos en el Blog de debates del IPS, "La crisis, cuatro años después. ¿Por qué es más bien Marx y no Keynes quien regresa?". Reflexiones disparadas a raíz de varias expresiones de crisis ideológica en los grandes medios de la prensa económica mundial. Invitamos a leerla.

jueves, 25 de agosto de 2011

El Amado baluarte del pensamiento “nacional y popular”

Parece el colorado Ramos ha encontrado un digno sucesor. Alguien dispuesto ha recoger el guante de batallar por “construir la patria grande, la patria latinoamericana”, dispuesto al combate ideológico contra los ideologos de las políticas neoliberales, gracias a cuya influencia “la economía fue muchas veces utilizada como un recurso para legitimar las relaciones de poder dominantes”.
No estamos hablando de ningún intelectual de Carta Abierta, aunque este nuevo exponente del pensamiento Nac & Pop ha sido festejado por Ricardo Forster por sus citas a Marx. Nada de eso, las ideas latinoamericanistas de esta nueva luminaria de la izquierda nacional han fermentado frente a las narices de los partidarios de Alsogaray y los ideólogos del CEMA.
No estamos hablando de otro que el Ministro de Economía, Amado Boudou, que finalmente se ha destapado en el congreso de La Gran MaKro como lo que sin duda siempre fue, un compañero en la lucha contra el imperialismo y por la unidad latinoamericana. Sus años en los think tank y partidos que predican el neoliberalismo, no pueden haber sido otra cosa que un concienzudo estudio del adversario. Engañados, mientras estos representantes de los grupos politicos y sociales más recalcitrantes creían inculcar su credo liberal, en realidad estaban permitiendo que el hoy devenido ministro K construyera su caso contra el neoliberalismo. No se puede llevar adelante seriamente la lucha por la causa nacional y popular si no se estudia a fondo a sus enemigos del establishment e incluso, para engañarlos, se repite de cuando en cuando algunas líneas del credo ortodoxo.
Por supuesto, Boudou es parte de una izquierda “no dogmática”. No lo vamos a ver repitiendo consignas como el “no pago de la deuda”. Su estrategia es mucho más sutil: para despistar al adversario, pentrar entre sus filas y dividir sus fuerzas, viene aplicando una maniobra formidable: el brillante desendeudamiento. De esta forma, cuando los bonistas creen que tienen enfrente un gobierno proclive a armonizar con sus acreedores, en realidad están siendo transformados en instrumentos de la emancipación nacional y la unidad latinoamericana. En el teatro de la batalla por los precios, las tropas de Amado y Moreno vienen aplicando de manera brillante este misma maniobra. Los oligopolios están completamente abatidos por la destrucción del índice de precios del Indec. Sin este indicador, ya no pueden conocer sus costos, y por lo tanto no saben que precio aplicar y se someten dócilmente a las indicaciones del secretario de comercio, que les indica qué precios poner para que haya “Carne para todos”, “merluza para todos”, “Nafta para todos”, y largos etcéteras. Algunos mal pensados de la oposición, y sobre todo los que dicen que truchar el índice de precios sólo despista a los trabajadores, y que esta política es un piedra libre para que los empresarios saquen tajada de la inflación, no son más que escribas a sueldo de los oligopolios.
Por si quedaban dudas, cuando le comunican a Amado las sospechas que se comentan por ahí de que la nacionalización de las AFJP no tuvo otro objetivo que hacerse de caja, y que los argumentos de defender “la plata de los jubilados” eran sólo para el discurso, este economista, profundamente compenetrado con la cuasa de nuestros abuelos, rechaza con indignación estos dichos infames. “Nosotros nacionalizamos para darle a todos los jubilados un ingreso digno. El año pasado vetamos el 82% móvil, porque nos parecía miserable. Tenemos en gatera un plan, que se demoró porque lo estamos estudiando concienzudamente, de aplicar el 150% móvil para las jubilaciones”. Estas palabras del ministro, son apenas un botón de muestra de lo que se viene con la profundización del modelo.

Psssssssssssssss

Bueno, por si alguno se tomo en serio estas notas escritas con humor (única manera de entrarle "seriamente" a las declaraciones mendocinas del Ministro de Economía), aclaro que suscribo la "tesis Carrasco" respecto de este personaje. También, anticipándonos a quien lo señale, reconocemos que es un despropósito la comparación entre Abelardo Ramos, y el chapucero candidato a Vicepresidente de Cristina Fernández. No sólo por los verdaderos esfuerzos por elaborar sobre la realidad que hizo el primero (con todas las borricales imposturas que Milcíades Peña le señaló certera e impiadosamente), sino porque además Ramos migró efectivamente en sus posiciones políticas, desde el trotskismo hasta apoyar al peronismo desde una izquierda nacional (para terminar en sus tiempos decadentes apoyando a Menem), en un marcado giro a derecha, mientras que a Boudou el giro "nac & pop" y su intempestiva declaración de fe marxista, no le han exigido moverse ni un ápice en su política, sino sencillamente aderezarla con declaraciones "izquierdistas" (entre infinitas """").

jueves, 5 de mayo de 2011

Taller de estudio de El Capital


Comienzo: miércoles 11/5 a las 19 hs. / Sede del IPS – Riobamba 144 /


A casi 150 años de su publicación, El capital de Karl Marx es una obra de asombrosa actualidad. Es que el objeto de su análisis, la economía capitalista, no ha hecho más ampliar su esfera durante el tiempo transcurrido. Hoy dominan todo el mundo, habiendo generado un sistema de dominio imperialista a escala planetaria.


Todas las contradicciones que Marx despliega a partir del análisis de la mercancía, que aparece como la célula básica de la sociedad capitalista, siguen siendo el punto de partida fundamental para comprender el mundo en que vivimos, y poder así transformarlo. El desenvolvimiento económico ha conocido numerosos cambios desde la época de Marx, los economistas que consideran naturales las relaciones de producción capitalistas, y opinan que toda la historia de la humanidad es la de la llegada al capitalismo, han desarrollado variadas técnicas para moderar los –supuestamente- ocasionales desajustes de la economía de mercado capitalista, que en su lectura no serían inherentes a la misma, sino consecuencia de “fallas” corregibles.


Por el contrario, Marx señalaba, contra las utopías de poder equilibrar la economía, por qué las crisis recurrentes son inherentes al funcionamiento del capitalismo, un sistema que se basa en la apropiación de trabajo no pago a los trabajadores, donde los capitalistas están empujados por la competencia a profundizar sistemáticamente la explotación para aumentar el monto de dicha apropiación. No hay límite a la voracidad del capital, como se hizo nuevamente patente en las últimas décadas de forma brutal con la ofensiva neoliberal que restableció las formas más bárbaras de explotación y precarización, barriendo con numerosas conquistas logradas por los trabajadores con grandes luchas. La obra de Marx muestra cómo en este sistema la producción guiada por la ganancia se transforma en un fin en sí mismo, emancipado de las necesidades sociales. Capta también la tendencia que se hizo cada vez más patente, a la apropiación crecientemente privada de los frutos del desarrollo de las fuerzas productivas.


Y sobre todo, Marx puso de relieve el carácter histórico, es decir transitorio, de este modo de producción basado en el intercambio de mercancías y el trabajo asalariado. En cierto sentido, podríamos decir que muchas cosas que dijo Marx sobre el capitalismo, se muestran mucho más ciertas hoy que en su época.


Por este carácter revulsivo, la obra de Marx ha sido permanentemente atacada desde su propia publicación. Y en cada momento de bonanza, ha aparecido siempre algún economista o intelectual que ha salido a comentar “los errores” en las supuestas predicciones de Marx sobre el futuro del capital. Sin embargo, y pesar de todos estos periódicos anuncios de su caducidad, las tendencias recurrentes a las crisis en el capitalismo vuelven a plantear la necesidad de recurrir a la lectura de El capital.


Los usos de Marx


Aunque El capital no pueda ser abordado íntegramente desde una perspectiva que considere omo natural la economía capitalista, dado que no deja de poner de relieve a cada paso su carácter histórico y transitorio, distintas categorías del acervo marxiano han sido reapropiadas por distintos autores para el análisis de la economía. La teoría del valor trabajo a la cual Marx dio su expresión más acabada salvando las inconsistencias de las formulaciones precedentes (Smith y Ricardo), la centralidad de la tasa de ganancia para el análisis de los ciclos, la noción de tasa de explotación, por sólo mencionar algunos conceptos, nutren los análisis de varias corrientes del pensamiento. Algunas veces se las toma haciendo clara referencia a Marx, en otras ocasiones, considerándolos patrimonio de una ecléctica Economía Política, en la cual las ideas de Marx ocuparían un lugar junto con otros economistas clásicos.


Muchos autores que se reivindican marxistas, también se ubican como parte de una tradición de la Economía política, haciendo a un lado el hincapié que Marx puso en lo suyo era una Crítica de la Economía Política. No se trata de una diferencia sutil. Marx no sólo se proponía descubrir las leyes de funcionamiento de la sociedad capitalista, sino poner de relieve cómo las contradicciones que signaban dichas leyes hacían necesaria una organización social superior, o de fracasar el intento de la clase obrera y los sectores populares, a una regresión social formidable: la disyuntiva de socialismo o barbarie, enunciada décadas después por Rosa Luxemburgo, y hoy de plena actualidad.


Después de que las ideas de Marx y la perspectiva comunista fueran dadas por definitivamente muertas luego de la restauración capitalista en Rusia y Europa del Este, asistimos hace ya varios años a un redescubrimiento en las ideas de Marx por parte de nuevas generaciones. Pero, producto de décadas de derrota de la clase trabajadora, en gran parte de quienes hoy coordinan varios espacios de estudio de su obra campea el escepticismo hacia las posibilidades de la clase trabajadora de protagonizar un proyecto emancipatorio. Esto permea la lectura de la obra. Si en El capital Marx apuntaba a poner en evidencia y correr los velos que encubren la explotación y el carácter histórico de este sistema, como herramienta para la acción consciente de los explotados, en muchas lecturas actuales el capital y sus determinaciones vuelven a ser proyectadas hacia la prehistoria del capitalismo y hacia el futuro, disolviendo el horizonte donde pueda pensarse la superación del capitalismo y la organización consciente de las relaciones sociales.


En el Instituto del Pensamiento Socialista, desde su apertura en 2005 hemos realizado numerosos talleres que permitieron a cientos de estudiantes y trabajadores iniciar el estudio de esta obra. La lectura profunda de El capital es el punto de partida insoslayable para analizar las grandes transformaciones de la economía hasta la actualidad, y por lo tanto se trata de un pilar fundamental del rearme estratégico de quienes apostamos a construir poderosas organizaciones revolucionarias que fusionen a los marxistas revolucionarios con los destacamentos más avanzados de la clase trabajadora, para proponernos terminar con este sistema y poner fin a toda forma de explotación y opresión.


Este primer taller nos concentraremos en la lectura de la sección primera de El Capital bajo la modalidad de taller, es decir mediante su lectura y discusión, a través de seis encuentros.



En la primer reunión discutiremos el prólogo a la primera edición y el epílogo a la segunda edición. Recomendamos su lectura.


Programa Taller de El capital
Para acceder a la versión digital de los prólogos y la sección primera, hacer click aquí.

lunes, 14 de abril de 2008

Keynes, la inflación y los salarios

Esteban Mercatante

Instituto del Pensamiento Socialista

www.ips.org.ar

En los últimos días, la teoría económica de Keynes se ha colado en los debates de coyuntura, a propósito del problema de la inflación y las propuestas de enfriamiento de la economía. En su columna titulada "La ortodoxia se viste de Keynes" publicada el 12/04/08 en Página/12, Alfredo Zaiat dirige sus dardos contra los supuestos keynesianos que frente a la actual coyuntura económica, que muchos definen como de "recalentamiento", recomiendan políticas de enfriamiento. Zaiat les critica que "esos postulados de enfriamiento de la economía implican por el lado del gasto aumentar poco o directamente no subir las jubilaciones como si se trataran de haberes dignos, o disminuir la obra pública en un país cuya infraestructura es todavía deficiente, o bajar los subsidios y, por lo tanto, subir las tarifas [...] Otra medida por el costado de los ingresos sería detener la morosa recuperación del salario real de los trabajadores". Para refutar el supuesto keyenesiamismo de estas propuestas, y mostrar su inspiración ortodoxa, recurre a los aportes de Axel Kicillof, es decir a una visión alternativa a la imperante en los manuales de economía sobre los postulados de Keynes. En el artículo, Kicillof señala que "de esta estirpe son las recomendaciones que ofrecen los presuntos keynesianos cuando, ante el aumento de los precios, diagnostican un exceso de crecimiento del Producto y proponen reducir el consumo, la inversión y (si se los dejara hablar lo suficiente) seguramente también el salario". Kicillof recuerda que Keynes bregaba por "evitar las depresiones y conservarnos de este modo en un cuasi-auge continuo".

Esto último es sin duda cierto. Sin embargo, lo que es bastante dudoso, es que Keynes opinara que este camino no implicara una caída del salario real -aunque no del nominal. En ese sentido, y sin proponérselo, Mario Rapoport es mucho más revelador sobre este punto, en su nota "Volviendo a Keynes y la inflación" publicada en Página/12 el 13/04/08. Recuerda que Keynes sostenía que "una modificación del valor de la moneda, es decir un cambio del nivel de precios, importa a la sociedad en el momento en que su incidencia se manifiesta de manera desigual". Rapoport también nos recuerda que reconociendo que tanto la inflación como la deflación son injustas, Keynes preferiría la primera, mientras que se mantuviera controlada, ya que, destaca Rapoport, mientras "la inflación, aligerando la carga de la deuda pública y estimulando a las empresas, ofrece una ventaja que puede ser puesta de un lado de la balanza, la deflación no aporta ninguna compensación". Acá tenemos esbozado un punto que nos parece muy importante en el enfoque keynesiano. Lamentablemente Rapoport no lo desarrolla, sino que se detiene acá. Nos queda a nosotros entonces ahondar en esta pregunta: ¿en qué consiste el estímulo a las empresas que destacaba Keynes?

Por un lado, está considerando que como las empresas se caracterizan por ser deudoras netas, la inflación tiende a reducir el valor de sus pasivos en relación con el capital total, facilitando su pago y aumentando el valor del patrimonio.

Pero hay otro punto que es crucial en el pensamiento de Keynes, y que en el marco de una situación inflacionaria puede actuar de estímulo a las empresas: que el salario nominal puede no cambiar, o incluso puede subir, mientras que el salario real puede estar cayendo. Keynes destacaba que "Ahora bien, la experiencia diaria nos dice, sin dejar lugar a duda, que lejos de ser mera posibilidad aquella situación en que los trabajadores estipulan (dentro de ciertos limites) un salario nominal y no real, es el caso normal. Si bien los trabajadores, suelen resistirse a una reducción de su salario nominal, no acostumbran abandonar el trabajo cuando suben los precios de las mercancias para asalariados. Se dice algunas veces que sería ilógico por parte de la mano de obra resistir a una rebaja del salario nominal y no a otra del salario real. Por razones que damos más adelante (p.27) , y afortunadamente como veremos después, aunque esto sea lógico o ilógico, es la conducta real de los obreros"1.

Keynes, dentro de lo que podemos llamar la economía apologética del capitalismo, es pionero en comprender el rol que puede jugar el dinero. Los trabajadores, como cualquier agente económico, solamente pueden tener algún tipo de control sobre el valor monetario de sus remuneraciones. Cuánto pueden comprar con eso, depende de la evolución de los precios, algo que no pueden controlar.

Keynes también comprendió, que los salarios no podrían ajustarse automáticamente ante cambios en los precios: como todo contrato, se rediscute dentro de determinados plazos: cada seis meses, anualmente; a veces ni siquiera.

Por último, aunque Keynes no lo consideró, su argumento se ve favorecido por el rol de las burocracias sindicales, que pueden poner límites a las aspiraciones de mejora salarial de los trabajadores, como viene sucediendo en los últimos años en Argentina, con los techos salariales impulsados por el jefe de la CGT, Hugo Moyano, para todos los gremios que le responden.

Keynes argumentaba que la poca flexibilidad de los salarios a la baja cuestionaba la validez de los postulados clásicos2 que suponían un ajuste automático de todos los precios (incluyendo los salarios) frente a los cambios en la demanda. Pero las implicancias que el propio Keynes destaca van más allá: si son inflexibles para bajar, por los mismos motivos lo son también para subir. Recortar el salario es algo que choca con la resistencia de los trabajadores. Pero cuando lo que baja es el salario real por la inflación, sin que varíe el salario nominal, el efecto es mucho más diluido y la respuesta es más tardía. La resistencia a la baja del salario por inflación, sólo puede realizarse a posteriori, cuando el salario real ya ha caído. Por eso Keynes veía que esto podría servir para "estimular a las empresas" que pueden así sostener o incluso aumentar sus ganancias en la marea de la inflación.

Como vimos, Keynes destaca esto como un factor positivo, "afortunado" para la política económica. Esto puede permitir que aunque los salarios nominales aumenten, los salarios reales estén cayendo. Es decir, esto puede permitir hacer bajar el salario de manera indirecta, haciendo variar el salario real sin que cambie el salario nominal. Como muestra el trabajo del investigador del CEDES Nicolás Salvatore "Argentina 2007. Tasa de Inflación" y como desarrollamos en el suplemento EconoCrítica publicado el 10/04/08 junto con el semanario La Verdad Obrera, esto es exactamente lo que ha comenzado a suceder en Argentina: el salario real cae, aunque los trabajadores sigan consiguiendo aumentos nominales. La inflación es más alta que los aumentos salariales, y por eso se los devora.

En una situación como la actual en Argentina, donde el peso está permanente desvalorizándose, o sea compra cada vez menos bienes, es posible lo que en otras circunstancias podría ser más difícil: que los empresarios ganen en el proceso, aumentando sus precios más que los aumentos de salarios y de costos que tienen que soportar3. Como planteamos en EconoCrítica4, las ganancias empresarias se transforman en estas condiciones en un factor inflacionario. Esto, que a Zaiat, siguiendo a Keynes, podría molestarle mucho menos que una política restrictiva o deflacionaria, no es sin embargo alternativa para los trabajadores. Alfredo Zaiat hace apología y oculta que ha sido una decisión del kirchenrismo, con apoyo de Moyano, poner techo del 19% a las subas de salarios. Sólo gracias a los dibujos del Indec que mostró una inflación de 8.5% anual, estos aumentos aparecieron como una mejora del salario real.

Las variantes de mantener en marcha el crecimiento con una inflación controlada o de enfriar la economía, que Zaiat nos presenta como únicas variantes posibles, amenazan por igual los ingresos de los trabajadores, en beneficio de uno u otro sector económico. Lejos de esperar un "derrame" del crecimiento, o moderar expectativas salariales para evitar que se "derrumbe el crecimiento" como pide la presidenta Cristina Fernández, hoy para los trabajadores en fundamental salir a luchar por lo que el fuerte crecimiento de los últimos años les ha venido retaceando: salario igual a la canasta familiar con ajuste automático por la inflación, y fin del trabajo en negro. De lo contrario, se transformarán en la variable de ajuste para seguir sosteniendo un crecimiento "keynesiano".

1Keynes, Teoría General de la ocupación, el interés y el dinero, Fondo de Cultura Económica Editores, México D.F., 1965, p. 20. El destacado es nuestro.

2Para Keynes los clásicos abarcaban desde Smith y Ricardo hasta Alfred Marshall. Ver Kicillof, Fundamentos de la Teoría General, Eudeba, Bs. As. 2008.

3Decimos que hacer esto les sería más difícil en otras condiciones, cuando no hay un proceso crónico de suba de precios, porque con precios estables y en un marco de competencia con otros capitalistas -que en el caso de los oligopolios en siempre relativo- el empresario se condenaría a vender menos. En cambio en el proceso inflacionario, todos los capitalistas se ponen a subir sus precios en previsión de futuros aumentos de sus proveedores, y con la certeza de que sus competidores harán lo mismo.

4 "Los salarios, Marx, Cristina y la lucha de clases", Juan R. González, EconoCrítica Nº 1, suplemen to de La Verdad Obrera Nº 272



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