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jueves, 6 de noviembre de 2014

La economía después del “Griefault”: deterioro del poder adquisitivo, la escasez de dólares y recesión

El efecto de la devaluación de enero, y la administración que hace el gobierno de la llamada “restricción” externa, mantienen un deterioro económico que se confirma con cada dato, y pega sobre el empleo.

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Aún en las estadísticas oficiales, se hace cada vez más palpable el deterioro de la economía. El viernes de la semana pasada se conocieron las estimaciones de la evolución de la industria y la construcción para el mes de septiembre. La primera mostró una caída de 1,8% respecto a igual mes del año anterior. En el acumulado en lo que va del año, respecto de igual período del año previo, la caída fue de 2,7%. La construcción, aunque tuvo en el mes un desempeño positivo en septiembre (subió 3,2% en términos desestacionalizados) acumula en lo que va del año una caída de 1,2%.
Son datos que confirman un deterioro de la economía que persiste y se profundiza. Y que, aunque el gobierno busque negarlo apelando a la información sobre empleo formal provista por el Ministerio de trabajo, pega en la ocupación. El Índice de Obreros Ocupados (IOO) en la industria manufacturera registró en el tercer trimestre del año 2014 una reducción del 2,2% interanual, mientras que el Índice de Horas Trabajadas (IHT) en el sector exhibió una merma del 4,3% en relación al mismo periodo de 2013.
Devaluación y después
El deterioro económico es resultado de lo que, con todas las letras, debemos definir como una profundización del camino del ajuste económico encarado por el kirchnerismo durante 2014.
 

lunes, 11 de agosto de 2014

La deuda externa, el imperialismo y nuestro programa. Polémica con Rolando Astarita

Esteban Mercatante y Gastón Ramírez

El conflicto con los fondos “buitre” (más precisamente los buitres que eligieron la estrategia de litigar para obtener el 100% de los bonos en default, porque los que canjearon tambien incluyen otras variedades rapaces), le permitió al gobierno inventarse una gesta planteando “patria o buitres”. Pretensiones de patas cortas, ya que en el mismo momento que la levanta el gobierno firma acuerdos (con Chevron, con China) que aseguran que eventuales conflictos se saldarán también en cortes extranjeras, actúa con celo en favor de patronales “buitre” como Lear.
En esta triste opereta de políticos acólitos a los pactos de entrega al imperialismo, desde el PTS en el Frente de Izquierda hemos planteado abiertamente la necesidad de declarar el no pago de toda la deuda externa, articulado con un conjunto de medidas a ser tomadas por la clase trabajadora para luchar por imponer su salida ante una nueva crisis nacional cuyos costos se prepara toda la burguesía para descargar sobre el pueblo trabajador. Además, hemos levantado la exigencia de una consulta popular vinculante, para que “el pueblo decida”, y no un pequeño grupo de funcionarios y políticos que sólo sirven a los intereses de los capitalistas.
En un reciente artículo en su blog, el profesor Rolando Astarita ha polemizado con distintas posiciones de la izquierda, entre ellas la que levanta el PTS. A continuación, una respuesta a sus principales críticas.

Un tango lo bailan dos… pero sólo uno lidera

Astarita achaca al planteo del PTS, un “error de fondo”, ya que –sostiene- no tendríamos en cuenta que la “deuda es una consecuencia natural de los mecanismos de acumulación capitalista bajo determinadas condiciones de capitalismo económicamente subdesarrollado y dependiente”, aunque no deja de reconocer que nuestra caracterización sobre la cuestión de la deuda “se reconoce que la deuda externa no tiene su origen meramente en los factores externos (capital financiero internacional, imperialismo) sino también en el capitalismo local”, señala sin embargo un. Pero lejos de cometer el “error de fondo” que nos adjudica, se puede leer en en el número de Ideas de Izquierda de julio lo siguiente:
En las economías dependientes, la deuda externa no solo financia al tesoro sino que juega el papel de compensar los desbalances externos, es decir, el déficit en divisas ocasionado por un comercio exterior deficitario o por la sangría de las remesas al exterior de empresas extranjeras o de sectores de la burguesía local. Se pretende resolver a través del crédito este drenaje de divisas, para evitar que se genere el tipo de estrangulamientos que tantas veces ocurrieron en la economía argentina” (“Pagarás y te sacarán los ojos”).
Por lo demás, las condiciones materiales del país burgués dependiente son tales, que invitan a la burguesía a ejercer con desenfreno un salvataje de la masa de ganancias que produce su actividad, transformándola en moneda “dura”, es activos en decir dólares, euros o alguna otra moneda confiable. Desde los años ’80, “la deuda solventó la fuga y dolarización de activos de la burguesía argentina”.
Pero es Astarita quien comete un “error de fondo” al considerar que por el hecho de que la deuda sea un negocio en el que el Estado dependiente se mete voluntariamente con el entusiasta apoyo de la burguesía nacional, signifique no sea a la vez expresión del dominio imperialista (!un poco de dialectica por ahí!). Ya señalamos más arriba que la deuda externa juega un lugar en compensar los desbalances que surgen de los rasgos dependientes de una economía como la Argentina. Muchos de estos rasgos se profundizaron en las últimas décadas, no como resultado “natural” o “automático”, sino a causa una política activa, impulsada con fuerza por las economías más ricas y sus corporaciones. Quizás podríamos considerarlo una triste ironía, la deuda externa fue causa y consecuencia, ya que sirvió -crisis de deuda mediante- como vehículo para imponer estas las políticas que después recrearon las condiciones para un endeudamiento agravado (esto lo analizamos en detalle en IDZ 11). Por supuesto, la burguesía nacional fue también activa impulsora de estas políticas, que en ningún modo puede decirse que le hayan sido impuestas. Pero el motor más poderoso y el mayor beneficiario de las mismas lo hallamos en las grandes economías imperialistas y sus corporaciones, que trasnacionalizaron como nunca en las últimas décadas las tendencias a la concentración y centralización del capital. La deuda fue un gran negocio por sí mismo para los grandes bancos internacionales y contribuyó a fortalecer a los grandes plazas financieras mundiales (Nueva York, Londres, Frankfurt, Tokyo), que cuanto más volumen de negocios concentran mayor peso ganan en la competencia mundial (perpetuando las relaciones jerárquicas que existe en el ordenamiento monetario global), al mismo tiempo que fueron palanca para estos “ajustes estructurales”. Por otro lado, los ciclos de endeudamiento externo no surgen por mera motivación de los Estados dependientes; están determinados en primer lugar por la liquidez mundial y los requerimientos de los bancos internacionales y los abstractos “mercados”, que se mueven al son de las políticas económicas de las economías más poderosas.
Al mismo tiempo, por los fondos que obtiene el capitalismo dependiente a través del endeudamiento externo (que es el capítulo más crítico del endeudamiento público), debe devolver por la “magia” del interés compuesto, montos que superan ampliamente (estratosféricamente) el capital inicial obtenido. Como se observa en el hecho de que la deuda que en 1983 era de 35 mil millones de dólares está hoy en 220 mil millones de dólares, habiéndose pagado no menos de 300 mil millones de dólares en ese lapso. La burguesía nacional (y los funcionarios de turno) hacen su negocio, tanto como los bonistas, pero el Estado dependiente queda sometido a un desfalco que por lo general tiende a agravase a lo largo del tiempo (con pocos momentos excepcionales donde no es así). Un tango no se baila sin dos, y uno de ellos debe liderar. Los auges y contracción de crédito son básicamente “exógenos” para las economías dependientes, que suelen no estar preparadas para el “corte del chorro”, que las arrastra una y otra vez a crisis severas. La deuda pública externa es tanto consecuencia como causa que agrava los problemas.
Parece que para Astarita no hay nada digno de explicación, en el hecho de que para hacer “sólo negocios” algunos Estados hayan llegado a renunciar a un aspecto elemental de la soberanía estatal, como es la jurisdicción sobre los actos estatales, otorgándola no a la justicia federal nacional, sino a cortes municipales extranjeras. ¿No es acaso expresión esta pérdida -en el mejor de los semivoluntaria ya que puestos a sostener el régimen capitalista dependiente la alternativa a esta renuncia era endeudarse a tasas siderales- una expresión contundente de la estrecha relación entre dependencia económica y subordinación estatal, con las consecuencias que se pusieron en evidencia en las últimas semanas? Parece que para Astarita no hay ahí nada digno de un pronunciamiento.



Las tareas para la clase obrera
El país burgués dependiente encuentra en el imperialismo la fuerza última que sostiene su reproducción, y que lo sostiene como una formación dependiente y con desarrollo desarticulado, ya que buena parte de los sectores fundamentales de la economía se mueven al calor del capital trasnacional.
El imperialismo es una fuerza central que moldea al capitalismo dependiente, y la deuda es en esto un mecanismo tan gravitante como la penetración del capital imperialista que con sus posiciones en en el país y su posesión de “papeles” de deuda se apropia cada año de una porción significativa de la plusvalía generada en el espacio nacional, fuerzas ambas que resultan determinantes -tanto como los efectos que tiene el atraso relativo que afecta la rentabilidad del capital nacional- para comprender las tendencias de la acumulación de capital. No puede haber respuesta política correcta sin este diagnóstico preciso, del cual la necesidad de poner fin al pago de la deuda se desprende como una necesidad objetiva. Para que la clase obrera pueda lograr la superación del capitalismo en la Argentina, tendrá que vérselas no solamente con la burguesía nacional, sino especialmente con el imperialismo, que sostiene y subyuga a la vez a la economía dependiente, incluyendo como –entusiasta- socio menor a la burguesía argentina.

Astarita señala que lo que “no se comprende es quién va a aplicar el programa que se postula. ¿A quién se le exige que rompa con el capital financiero internacional? ¿Al gobierno K? ¿A los partidos de la oposición burguesa? ¿Quién va a llevar adelante estas medidas?”. En ningún modo pedimos al gobierno burgués que no pague la deuda, y mucho menos que de paso lo haga tomando otras medidas que inician un camino de ruptura no sólo con el imperialismo sino al mismo tiempo –pero una cosa no puede ir sin la otra- con el régimen de la propiedad privada , es decir con el capitalismo (como es el planteo de nacionalización de toda la banca con establecimiento de una banca estatal única, el monopolio estatal del comercio exterior y de todo el cambio de divisas). Lo planteamos como tarea objetiva que se desprende de las condiciones materiales de la formación capitalista dependiente. De ningún modo, para liberarla de trabas y así iniciar un idílico desarrollo capitalista “no dependiente”, sino como punto de partida elemental para una transformación de raíz de la sociedad. Nuestro planteo está dirigido a la clase obrera, para que, partiendo de sus sectores más avanzados y combativos para dirigirnos al conjunto de la clase, impulsar la movilización para pelear por el único camino por el que se puede cortear los nudos gordianos del saqueo y la dependencia.
A la vez, este planteo va a compañado de la exigencia de un llamado a una consulta popular vinculante, que Astarita llamativamente ni considera. Hace meses hay una negociación a espaldas del pueblo entre el gobierno y los buitres, completamente de espaldas al pueblo. Es año la deuda externa aumentó en 20 mil millones de dólares (Ciadi, Club de París, pago a Repsol) y apenas si el Congreso tuvo algo que decir. El planteo “que el pueblo decida” con su voto directo –por distintas alternativas- y donde se habilite el acceso libre y gratuito a todos los medios de comunicación es una gran denuncia contra una casta política que discute a puertas cerradas lo que amenaza el futuro del pueblo trabajador, ya que la deuda se paga –siempre, tarde o temprano- imponiendo severos ajustes contra los sectores populares. De imponerse, un referéndum podría permitir amplificar la denuncia de esta estafa contra el pueblo junto con una agitación por el No Pago de la deuda y el conjunto del programa. Para poder discutirlo ante millones y batallar contra el sentido común que con matices el kirchnerismo y la oposición patronal comparten, de que las deudas se pagan y sino “nos caemos del mundo”.
La pregunta que surge es, ¿que alternativa propone Astarita al programa que levantamos? La única respuesta que encontramos es que “El no pago de la deuda solo tendrá un sentido progresista si es planteado desde un programa integral de transformaciones sociales y revolucionarias, decidido por los mismos productores directos, los trabajadores. Y para esto, hay que tener poder. De lo contrario, estamos ante palabrerío vacío”. Pero si la deuda es como señalamos una gangrena que carcome la economía nacional, cuyas consecuencias recaen en primer lugar sobre el pueblo trabajador, es una tarea de primer orden para el proletariado pelear por el no pago. Por supuesto que es necesario que esté ligada a “un programa integral de transformaciones sociales y revolucionarias, decidido por los mismos productores directos, los trabajadores”, y es exactamente así como lo planteamos en el texto que cita Astarita. Ahora, ¿esto significa que en los momentos particulares donde circunstancias bastante excepcionales obligan a un gobierno burgués a declarar el no pago y enfrentarse a los centros financieros internacionales los trabajadores no tendrían nada que decir por no tener el poder? Esta posición, que se deduce de lo planteado por Astarita, es falsa por el vértice. Ante medidas excepcionales y parciales de este tipo –que nada tendrían que ver con el default “selectivo” de los pagadores seriales- que expresan necesidades objetivas, no podríamos más que dar un apoyo a estas medidas, que en ningún modo significa extender un apoyo político al gobierno ni al régimen, ni dejar de criticar los usos que podría dar el gobierno burgués dependiente a los fondos liberados por dejar de pagar la deuda. Así se posicionó Trotsky por ejemplo ante las expropiaciones petroleras de Cárdenas en México. Esta postura tomó el PTS cuando se discutió la nacionalización de las AFJP (al mismo tiempo que denunciamos que el kirchnerismo se aprestaba a realizar un desfalco de ANSES y planteamos la necesidad de un control obrero de los fondos jubilatorios). Lejos de un “palabrerío vacío”, un partido de la clase obrera que pueda llevar a cabo “un programa integral de transformaciones sociales” sólo podrá ponerse en pie interviniendo activamente en atacar las raíces de los más acuciantes problemas del pueblo trabajador. Pero tan fuera de escena considera Astarita la posibilidad de que emerja una izquierda fuertemente enraizada en la clase obrera, con capacidad para realizar grandes “maniobras” para conquistar a millones para un programa que apunte a expropiar a los expropiadores imperialistas y sus socios locales, que ni se le ocurre plantear cómo habría que responder hoy a estos grandes problemas nacionales para poder desarrollarlo. Desde esta (im)postura, debemos decir que es su crítica lo que resulta palabrerío vacío.

domingo, 3 de agosto de 2014

El default de los pagadores seriales, ¿Cómo sigue?

Gastón Ramírez

Estimado lector, van unas líneas sobre la situación con los fondos buitres desde la entrada del país en default el miércoles pasado. Sepa disculpar, aunque sea domingo, el frenesí financiero y sus consecuencias sobre la vida de millones en el país bien valen una actualización de fin de semana.
Luego del fracaso de las negociaciones entre el gobierno y los fondos buitres en litigio que no ingresaron al canje de 2005 y 2010, el país entró en default al sostenerse la sentencia del juez Griesa, por la cual se obliga al gobierno a pagar a estos fondos, y en caso de no hacerlo, bloquea la posibilidad de seguir pagando a los bonistas (también buitres) que aceptaron el canje anterior y que tienen sede de cobro en USA. El ministro Kicillof fue el que primero pegó el grito en el cielo acusando, una vez más, al juez Griesa y a su intermediador Pollack de jugar a favor de los buitres, como si la justicia de USA podría ser favorable a un país atado a los intereses financieros y económicos de las multinacionales yanquis, entre otras. Un mismo discurso, que retomó Cristina en su cadena nacional del jueves, para luego terminar afirmando que el mismo gobierno está dispuesto a pagar a los buitres lo que reclaman, reconociéndoles una ganancia del 300%, ni más ni menos. De fondo el problema aducido para pagar ahora, es la clausula RUFO sigla en inglés para Derechos Sobre Futuras Ofertas), que habilitaría al conjunto de los bonistas que tienen bonos de los canjes previos a iniciar nuevos reclamos y juicios exigiendo una mejora en el pago lo cual gatillaría la deuda en montos que se estiman en no menos de 100 mil millones de dólares.
Ante esta alternativa, el gobierno-con internas entre sus funcionarios- se arrimó hacia el camino del default selectivo. Los bonos bajo jurisdicción norteamericana, en dólares, están alcanzando ese estatus en opinión de las agencias de calificación de riesgo (incluso la agencia China Dagong le bajó la calificación a la deuda). Ahora se abre un período de negociaciones ya que los bonistas defaulteados por las claúsulas del canje en condiciones de reagruparse (con un piso de 25%) para exigir mejoras en los pagos ya programados de la deuda (aceleración en la jerga financiera).
Otra cuestión que empieza a disiparse es el carácter de la negociación entre bancos privados como ADEBA encabezado por el banquero Brito y la banca internacional para comprar la deuda de los bonistas en juicio para evitar el default y buscar un arreglo con el gobierno argentino que en última instancia es quien va a pagar. Por un lado, Kicillof el miércoles reconoció la existencia de esta negociación, aunque por el temor a la clausula RUFO, midió sus palabras dejando en claro que era un acuerdo entre privados y que el Estado no iba a poner plata ahí. Ahora el viceministro de economía sale a decir que “el acuerdo de ADEBA con los buitres fue una maniobra mediática”. Por el otro, Vanoli anunció una denuncia en la CNV contra los bancos por supuestas maniobras especulativas (como si estas solo empezaron ahora). Analistas cercanos al gobierno, plantean que las agencias financieras y bancos internacionales difundieron la existencia de una negociación para evitar que el precio de los bonos argentinos se desplomen y así pagar menos seguros de deuda. Pero esta versión queda corta, ante la nómina publicada por el Cronista (ver acá), en la cual se puede ver a bancos como el JP Morgan (quien decían encabezaba las negociaciones por un acuerdo entre privados), dentro de los que votaron por el default. Lo cual habilita a que entren en juego los seguros de deuda que se aplican sobre la diferencia entre el valor nominal del bono y lo que realmente vale en el mercado.
En realidad, el intento de buscar un Plan B con la banca nacional fue ideado desde un sector del gobierno que lo emparentan con el titular del BCRA Fábrega y Capitanich, quienes fueron luego desautorizados por Cristina y Kicillof en la interna que hay en el ministerio de economía desde diciembre último. El cálculo de Fábrega era lograr un acuerdo por medio de la banca para evitar el default y la activación de la clausula RUFO, y así habilitar la llegada de dólares que tanto necesita el país. En los cálculos de Kicillof primo la mesura ante el enorme temor de que se active la RUFO y disparar una situación de nueva deuda inmanejable, en un contexto internacional donde hay tendencias hacia una suba de las tasas de interés referencia de la FED en el mediano plazo lo cual sería un camino de ida (vuelta) al "infierno" tan temido en tiempos de Néstor.
Aunque la posibilidad de un acuerdo entre privados parece más remota, existe una negociación en juego, que ahora se da con los mecanismos de activación del default parcial en marca. Estas negociaciones, así como las atribuciones que Griesa se tomaba más allá de su jurisdicción, explican que el viernes haya autorizado el pago a bonistas en euros que tienen jurisdicción en Argentina como lo hizo con el Citibank que pagó bonos de la deuda con Repsol y con bonistas de los canjes de 2005 y 2010. Una especie de “goteo” de la clasula pari passu por la cual, la justicia de Griesa frena el pago a los buitres con bonos de legislación en USA. Y para reafirmar el compromiso con todos los buitres el gobierno anuncia que va a presionar jurídicamente al Bank of New York para que pague a los bonistas a los cuales les depositó más de 500 millones de dólares, confirmando su vocación de pagadores seriales.
Así toda la gesta patriótica de pacotilla montada sobre el conflicto con los buitres, comienza a desmoronarse, dejando al descubierto que por más que pagaron serialmente más de 193 mil millones de dólares a los buitres, estos siguen sometiendo al país con más fuerza que nunca. Pagar no es la opción, para ganar soberanía, como intentaron los funcionarios e ideólogos del gobierno difundir con toda esta opereta de flojos actores.

Ahora es cuando, debemos exigir que se abra una consulta popular vinculante como ha reclamado el diputado nacional delFrente de Izquierda, Nicolás del Caño, para que sea el pueblo el que decida que se hace con la deuda y no una camarilla de funcionarios que defienden los intereses de los capitalistas y los funcionarios.

domingo, 27 de julio de 2014

Buitres: rumbo al 30J (audios en Pateando el tablero)



Este sábado participamos en el programa Pateando el tablero, para discutir sobre las novedades producidas en el litigio con los fondos buitres que sustentan parte de los bonos "holdout" (que no entraron a los canjes) y obtuvieron un fallo favorable en la corte neoyorquina, revalidado por la corte suprema. Como producto de este fallo, el gobierno argentino viene impedido de cancelar los pagos de deuda regularizada, y si no hay novedades antes del próximo miércoles, todo iría rumbo a un default de al menos parte de la deuda regularizada. El panorama, y, sobre todo, los motivos de esta encerrona (un producto directo de la política K de cumplir puntillosamente con las finanzas globales), los analizamos en el programa. 

Para escuchar el audio, ir acá.

martes, 22 de julio de 2014

Buitres en NY: al filo de la navaja

Como viene haciendo desde que la Corte Suprema norteamericana avaló su fallo que ordena a la Argentina pagar a los bonistas “holdout” en cash, el juez Thomas Griesa volvió hoy a redoblar la presión sobre el gobierno para que cumpla el fallo. Se negó a reponer el “stay”, que habilitaría la posibilidad de que se pueda concretar el pago de los bonos “performing” (que ingresaron a los canjes anteriores) que venció el pasado 30 de junio, con período de gracia hasta el 30 de julio. El juez rechazó pronunciarse sobre la situación de los pagos a bonos nominados en yenes y euros, que también se vieron afectados por el bloqueo a los fondos que el gobierno depositó en el Bank of New York (BONY) para afrontar el vencimiento del pasado 30. La audiencia de hoy estaba convocada por el pedido de Euroclear de clarificar la situación de estos bonos, ya que los acreedores fuera de EE.UU. sostienen que Griesa estaría actuando fuera de su jurisdicción. De no saldarse el pago ya vencido antes del 30 de julio, estos bonos entrarán en default. Esto significa que se habilitaría la posibilidad de que los bonistas que entraron al canje puedan iniciar reclamos por el valor total de los bonos. Pero, como si se tratase de una mamuschkas, cada fecha límite encierra dentro de sí un nuevo aplazamiento, hasta un punto futuro donde, con amenazas cada vez más ominosas, la situación puede sin embargo retrotraerse al punto de arranque. Después del 30, aunque ya en default, el gobierno tendría otros 60 días para restablecer la situación de los bonos.
Griesa dispuso para mañana nuevos encuentros entre los bonistas y los funcionarios argentinos. Estos últimos insisten que no pueden alcanzar un acuerdo con los buitres, ya que se dispararía la llamada claúsula RUFO (sigla en inglés para Derechos Sobre Futuras Ofertas) establecida en los bonos canjeados, que les da derecho a participar de cualquier mejora en las condiciones que se otorgue a algún bonista antes de enero de 2015. Más allá de la diversidad de interpretaciones sobre esta claúsula, desde el gobierno sostienen que un arreglo con los bonistas aún bajo presión judicial la dispararía, pudiendo hacer que la deuda crezca en hasta 120 mil millones de dólares. Ante esta amenaza, la estrategia del gobierno oscila entre intentar alcanzar un acuerdo que se concrete después de enero o, si esto no resulta posible, ir a un default de los bonos en el extranjero cargando la responsabilidad sobre la intransigencia de Griesa. Hasta la semana pasada, los valores de los bonos indicaban que todos los especuladores confiaban en un acuerdo, pero esto empezó a cambiar. La hipótesis de default parcial se vuelve más palpable con el correr de los días. La deuda que en este caso caería en cesación de pagos sería la emitida fuera de la jurisdicción argentina, en dólares, yenes y euros. Ante la posibilidad de este escenario, varios analistas desdramatizan sus posibles consecuencias señalando que hoy la deuda en moneda extranjera tiene un peso muy menor que en otras épocas, representando apenas el equivalente a un 15,1% del Producto Bruto Interno (PBI). Sin embargo, sería un disparo en las piernas para la estrategia que tiene trazada el gobierno de volver a los mercados y estimular la entrada de capitales.
El swap con China, los acuerdos con los BRICS, y un default parcial, podrían ser configurar un plan B ante la dureza de Griesa y los bonistas buitres, para establecer un plan de contingencia ante el temor de la claúsula RUFO. Podrían aderezarse con discursos sobre la “herencia” de las cláusulas noventistas que cedieron soberanía judicial en favor de las cortes neoyorquinas. Sin embargo, por mucho esfuerzo que hagan para presentarlo como un ataque a un gobierno que parece defender una postura soberana, un eventual default parcial no sería más que la vía para escapar de una encerrona en la que el gobierno está por decisiones políticas de este mismo período. Si Griesa y sus favorecidos tienen poder de daño, es porque no sólo se otorgó soberanía extranjera en la emisión de bonos de los '90 y en los canjes sucesivos. Se volvió a hacer en las reestructuraciones de tiempos kirchneristas, en 2005 y en 2010, espoleados por la necesidad de asegurarse buenos niveles de aceptación para mostrar éxito en el canje. Dudoso “éxito”, que llevó a que la economía argentina volvió a ser desfalcada anualmente por los pagos a los especuladores, bien aderezados con obsequiosos cupones atados al crecimiento de la economía. El gobierno “nac & pop”, que ilusionó con que podría salirse del problema de la deuda pagando “serialmente”, se encuentra acorralado por las cortes como producto de sus propias decisiones, para peor en un momento en que el Banco Central se muestra escaso de dividas, a consecuencia de los pagos serial de deuda, de una formidable fuga de capitales y del déficit energético. La nueva encrucijada pone en evidencia que, en las antípodas de la estrategia del gobierno y de todos los partidos patronales, la única salida al problema de la deuda es el no pago, como parte de un programa de conjunto para cortar con la expoliación de todos los buitres, como desarrollamos en Ideas de izquierda 11

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domingo, 22 de junio de 2014

Entrevista: que implica la decisión de la corte suprema norteamericana y cuál es la posición de la izquierda

El fallo de la corte de los Estados Unidos rechazando la apelación de la Argentina y ratificando el fallo del juez Griesa, exigiendo el pago a los fondos buitre. Que implicancias tiene el fallo? Que son los fondos buitre?


El análisis de Pablo Anino y Esteban Mercatante, economistas del semanario La Verdad Obrera y la Revista Ideas de Izquierda.









La semana pasada luego del fallo que rechaza la apelación de la Argentina ante la Corte de EEUU y obliga a pagarle a los fondos buitre, el jefe de gabinete Jorge Capitanich, el ministro de economía Axel Kicillof y el Secretario de Legal y Tecnica Carlos Zanini realizaron una reunión, a puertas cerradas, en el Congreso Nacional con los Jefes de las bancadas. El diputado Nicolás del Caño participó de esta reunión. Pateando el Tablero le realizó una entrevista donde nos comentó en que consistió esta reunión y cual es la posición de la izquierda respecto a este fallo.