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martes, 9 de diciembre de 2014

Giros en la economía, para pasar el verano

El canje de bonos para descomprimir los vencimientos de 2015, y los anuncios sobre Ganancias para los aguinaldos de asalariados que ganen menos de 35 mil pesos, coronan una serie de medidas para descomprimir el verano.

http://www.ieco.clarin.com/economia/Cristina-Kirchner_CLAIMA20141203_0282_27.jpg 

La semana que pasó tuvo importantes anuncios económicos. En primer lugar, Cristina Fernández anunció el pasado miércoles, en su intervención en la 20 Conferencia Industrial organizada por la Unión Industrial Argentina (UIA), que eximirán del impuesto a las ganancias sobre el aguinaldo a quienes cobren menos de 35 mil pesos. El jueves, el Ministro de Economía Axel Kicillof anunció que se canjearán, un año antes del vencimiento, los bonos Boden 2015, por un total de 6.700 millones de dólares, habilitando a canjearlos por efectivo, o por nuevos bonos, Bonar 24, que pagarán a sus tenedores rendimientos hasta su vencimiento, dentro de 10 años. Cristina también dejó claro en la UIA que la ley de Abastecimiento, resistida por las entidades empresariales que iniciaron acciones legales, no será reglamentada. Un guiño a los empresarios que confirmó lo que les había anticipado el Secretario de Comercio, Augusto Costa.
Con estas medidas, el gobierno muestra iniciativa en algunos frentes críticos, y aspira así a terminar de descomprimir algunos focos de tensión en la economía. De esta forma, aspiran a llegar al final de mandato de Cristina Fernández sin tener que encarar grandes cambios, aunque por lo tanto también sin revertir el notorio deterioro expresado en la caída de la actividad económica, el empleo y el consumo.

lunes, 1 de diciembre de 2014

Capitanich, o la filosofía de un sistema tributario regresivo

El jefe de Gabinete se manifestó esta mañana “filosófica e ideológicamente” a favor de mantener el sin cambios el Impuesto a las Ganancias.



En su habitual conferencia matutina, el jefe de Gabinete Jorge Capitanich manifestó que el gobierno considera “que es filosófica e ideológicamente necesario cobrar Impuesto a las Ganancias”.
El argumento, repetido ya varias veces por funcionarios del gobierno nacional y por la propia Presidenta, es que Ganancias “grava la manifestación de la capacidad contributiva. Implica que quien más gana debe ser quien solidariamente más contribuya”. Se machaca así con la supuesta “progresividad” del impuesto.
Sin embargo, el planteo sobre la aducida “progresividad” se cae si analizamos la cuestión dentro de la estructura impositiva como un todo.


viernes, 13 de septiembre de 2013

Perlitas del presupuesto 2014


http://bucket3.clanacion.com.ar/anexos/fotos/55/presupuesto-2014-1767155w300.jpg 
Como viene ocurriendo todos los años, el gobierno presenteó un presupuesto con supuestos bastante improbables, acorde a sus necesidades, acompañados además de varias evaluaciones de lo que esta ocurriendo que son lisas y llanas falsificaciones. La previsión de suba de precios de un 10,5% en 2014, cuando ayer en Tecnópolis la presidenta sostenía que no tomaría ninguna medida contra la inflación, es una muestra de los supuestos improbables. La afirmación de que este año cerrará con una suba del 10,8%, ya entra en el terreno de lo falso, aunque la destrucción del IPC del Indek, y la reducción a sólo 3 provincias que mantienen índices independientes, haga imposible hacer una aproximación creíble de una suba de precios que -con acuerdos y todo- difícilmente esté muy abajo del 20%.
Pero, dibujos aparte, el proyecto de presupuesto es revelador de algunos de los lineamientos que seguirán marcando la economía política K.
- Ante todo, se reafirma una vez más la vocación de pagador serial del gobierno de Cristina Fernandez. Al mismo tiempo que se reabre el canje para obsequiar a los bonistas que no ingresaron a los canjes previos las generosas condiciones de 2005 y 2010, el presupuesto anuncia que el pago de interesese de la deuda casi se va a duplicar en como porcentaje de la producción nacional, pasando de 1.69% del PIB a 2,38% del PIB. Nada menos que un 9% del gasto público tendrá como destino el pago de los intereses a los usureros, a lo que se suman los pagos de capital de deuda. Para afrontar la deuda en dólares, se prevé tomar nada menos que 9.855 millones de dólares del Banco Central, en el quinto año de aplicación del Fondo del Desendeudamiento, que sacrifica el único colchón que mantiene la economía ante un deterioro de las cuentas externas en el altar de los usureros. La sobreestimación del crecimiento, que se está expresando este año en el maquillaje del enlentecimiento económico y se prefigura en la previsión optimista -por decir lo menos-de 6,2% de crecimiento en 2014, sumará a la deuda otros 5000 millones de dólares en 2014, y otros 6400 millones en 2015, en concepto de cupon de los bonos por el crecimiento económico.
-Al estimar en el proyecto de presupuesto un dólar en 2014 a 6,33 pesos, es decir una depreciación del peso de más del 10% que se suma al 16 por ciento que se depreció en lo que va del año, las previsiones del gobierno contienen un nuevo guiño para los industriales. La aceleración del ritmo devaluatorio que busca preservar la rentabilidad de los empresarios contribuye a acelerar la suba del costo de vida que golpea sobre el pueblo trabajador.
-Asimismo, los subsidios a la energía y el combustible, que en su forma actual son un subsidio a las ganancias empresarias y alimentan un esquema de liquidación del sector energético y de cumbustibles, siguen aumentando, de 77 mil millones de pesos a 79 mil millones.La Asignación Universal por Hijo representa apenas un cuarto de lo que se gasta en este rubro. Sólo estatizando todo el sistema energético bajo control de los trabajadores es posible cortar con este agujero negro del fisco que sólo beneficia a los empresarios.
-Finalmente, a pesar del retroceso que realizó el gobierno con el anuncio del proyecto de ley para modificar el mínimo no imponible del impuesto a las Ganancias, que mitigó uno de los aspectos que más contribuyeron a acentuar la regresividad de la estructura impositiva en los últimos años, la estructura de ingresos impositivos previstos vuelve a poner de relieve el carácter regresivo de todo el sistema impositivo. Sin contar los ingresos y erogasiones previsionales (que en los últimos años han servido para financiar generosamente a los empresarios de los rubros más variados y al propio tesoro nacional mientras se negó sistemáticamente el 82% móvil a los jubilados), el 31% de los ingresos totales  del Estado son del IVA, que recae ante todo sobre el pueblo trabajador. Si descontamos los ingresos previsionales el IVA representa nada menos que el 38 de los ingresos fiscales. El resto se reparte entre los distintos impuestos, pero como se hizo público por estos días en impuestos como Ganancias las distintas exenciones y elusiones hace que el selecto grupo de los que ganaron más de 10 millones de pesos, paguen apenas una tasa de 17,7% en concepto de ganancia, es decir la mitad de la alícuota nacional.
El proyecto de presupuesto muestra una vez más que el Estado recauda mayormente a costa del pueblo trabajador, y privilegia en sus gastos a los bonistas uruseros y a los empresarios cuyas ganancias se engrosan con millones de pesos del gasto público mientras se benefician con multiples variantes para eludir impuestos. No hay reformas o retoques parciales como los que ahora está impulsando el gobierno para ganancias, o la anulación de la exención de ganancias para la tenencia y compra-venta de acciones de empresas no cotizantes, que modifiquen la regresividad que caracteriza a los ingresos y gastos del Estado. Sólo es posible transformar de manera progresiva el sistema si el conjunto de los gastos del estado, incluyendo la seguridad social, se sostienen con una estructura de ingresos basada en impuestos a las grandes fortunas, a las rentas (financieras y del suelo) y gravámenes directos al capital y las ganancias personales más elevados y sin las deducciones y exenciones vigentes. Con estas simples medidas podría obtenerse decenas de miles de millones de pesos, para garantizar a todos los trabajadores un salario acorde a la canasta familiar, sostener el 82% móvil para todos los asalariados -hoy retaceado por el gobierno- y encarar rápidamente las obras de infraestructura vial, de vivienda y de provisión energética que hoy son postergadas o realizadas a cuentagotas con el argumento de la falta de recursos.

jueves, 29 de noviembre de 2012

Estado benefactor... ¿con quien?


http://www.eltribuno.info/salta/Multimedios/imgs/109546_620.jpg?v=3




El el viceministro de Economía Axel Kicillof volvió a justificar ayer el cobro del impuesto al salario
Lo hizo en el show ultraoficialista 678. Algunos oficialistas (ver Alfredo Zaiat) afirman este impuesto al salario conformaría un esquema progresivo, ya que los que más ganan aportan para sostener un gasto que beneficia a los que menos ganan. Esta última argumentación, es un insulto a la inteligencia cuando sigue sin estar gravada la renta financiera, se mantienen los privilegios impositivos para actividades nocivas para el medio ambiente como la minería, y el mínimo no imponible está en $5800, que es un salario que casi duplica lo que ganan la mitad de los asalariados (que rondan los $3000 mensuales) pero está lejos de corresponderse con "sectores de mayor capacidad contributiva" como sostiene Zaiat. 
Kicillof ensayó otro argumento, también bastante recorrido por el progresismo K. Afirma que este gravamen sostendría un Estado benefactor: "Cuando el Estado vuelve a ser un Estado activo y benefactor lo que uno paga como impuesto tiene como contraprestación varios servicios". Luego de esto, pasó a definir estas contraprestaciones como un "salario indirecto", definición con la que coincidimos, pero que tiene un contenido muy distinto al que el viceministro le quiere dar. Para Kicillof, "a lo que uno gana hay que sumarle lo que deja de pagar por los subsidios y a partir de eso calcular los impuestos. Hay que tener otra mirada". De esta forma, el resultado del impuesto a la ganancias sería "neutro", ya que lo que los asalariados pagan por un lado lo reciben por otro. Pero, ¿quién es el gran beneficiario de todo este andamiaje? Ciertamente no puede decirse que sea la base para una política de distrución progresiva, salvo que vayamos a creerle al Indek de que es posible comer con $6 y la inflación ha sido desde 2006 menor al 10% anual. Este mismo Indec sostiene, en su EPH (categoría “Población total según escala de ingreso individual”) que: 
El 90% de los asalariados gana menos de $5460, 
El 80% gana menos de $4230, 
El 70%, menos de $3513. 
El "salario indirecto" del que habla el viceministro ha sido una viga más en el sostén de estos niveles de remuneraciones, que dan cuenta de un patrón regresivo del ingreso que ha resultado ampliamente beneficioso para el empresariado. Gracias a el "salario indirecto", los empresarios han amasado fortunas y acrecentado la participación de sus ganancias como proporción del ingreso nacional, mientras el Estado "benefactor" solventaba una parte de los consumos obreros y populares de transporte y energía. Así contribuían a contener el descontento que pudiera devirar en mayores reclamos de recomposición salarial (ampliamos acá). 
La "progresividad" sólo puede partir de cortar con una estructura de gastos que tiene como eje afrontar el saqueo de la deuda pública y los subsidios al capital, declarando el no pago de la deuda y nacionalizando la banca, las prestadoras de servicios públicos y las emrpesas estratégicas para ponerlas bajo control de los trabajadores y comités de usuarios. Asimismo, cualquier estructura impositiva verdaderamente progresiva sólo puede empezar por terminar con el IVA que es la principal fuente de recaudación a costa del consumo obrero y popular, extender el gravamen de ganancia a la renta y cortar con las desgravaciones al gran capital, y estableciendo alícuotas considerables en los impuestos a las grandes fortunas. De esta forma podría afrontarse el 82% móvil que el gobierno se niega a pagar y encarar planes de obras públicas para responder a las postergadas demandas obreras y populares de vivienda e infraestructura, permitiendo trabajo para todos con un salario acorde a la canasta familiar. En las antípodas, el programa que defiende el "keynesiano" (que algunos trasnochados siguen llamando marxista) Kicillof es el de un Estado benefactor, sí, pero para los empresarios.