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lunes, 8 de agosto de 2011

¿Desacople? ¿Desconexión? Nada de eso, la tormenta internacional pega fuerte por aquí

Vemos como titulaba IECO hoy a la tarde: "La Bolsa porteña sufre la peor pérdida en años y está a punto de dejar de cotizar".
Si en el mundo las caídas bursátiles promedio rondaron el 5%, el MERVAL perdió casi el 10%. La bolsa local quedó así al límite de interrumpir su cotización, algo que hicieron las acciones de Mirgor, Petrobras Brasil y Petrobras Argentina que superaron ese límite. Si por acá marcha todo bien según afirman los voceros oficiales y la Argentina se desacopla, parece que en la bolsa no se enteraron.  
Hemos planteado en varias oportunidades (ver aquí, aquí y aquí), que la economía argentina ha acumulado varias dificultades, y que estas no dieron lugar a crisis principalmente por ayuda de algunos aspectos de la economía mundial, vinculados a las medidas tomadas en EEUU y otros países para enfrentar la recesión. La fuerte entrada de dólares al vecino Brasil viene apreciando su moneda, y lo mismo ha ocurrido con las de otros socios comerciales, permitiendo que no se note la pérdida de valor del dólar en el mercado local (esta pérdida de valor ocurre porque como suben los precios producto de la inflación, el dólar cada vez compra menos; este efecto implica que el peso se está apreciando en relación al dólar). De esta forma, aunque el peso se haya apreciado en relación al dólar, sigue depreciado en relación al real y otras monedas, lo cual permite mantener un colchón de competitividad aún a pesar de la inflación.
Otra gran ayuda para mantener el "esquema K" vienen siendo lo dólares de la soja exportada, que no serían tantos si los precios no estuvieran inflados por la especulación. Este es otro resultado de las medidas tomadas por los gobiernos para enfrentar la crisis; la inyección de liquidez realizada por los bancos centrales puso dinero en manos de las compañías financieras, y estas buscan vorazmente inversiones prometedoras, entre las cuales descolla el agrobussinness. 
Esto es mucho más importante que la vistosa caída del Merval. La caída de los valores bursátiles locales, en un panel de menos de 200 empresas, difícilmente se vuelva un factor crítico, aunque sí puede limitar un poco el financiamiento de algunas firmas. Pero pone de relieve una extendida ansiedad que recorre todos los mercados, y puede disparar alguna fuga hacia la calidad. Acá podría darse una ironía que señalan varios analistas: que la baja de la calificación de la deuda norteamericana, dispare la compra de los activos considerados más seguros, que son...¡bonos del tesoro norteamericano! En busca de seguridad, los inversores y especuladores adquieren estos bonos, abandonando las inversiones en otras monedas, y los activos ligados a commodities como la soja. De esta forma, se hace más barato para los EEUU endeudarse, mientras caen los valores de la soja, el petróleo y algunos países pueden empezar a ver fuga de capitales. De hecho, hoy se vio un incipiente comienzo de esta tendencia, de la cual el único commodity a salvo fue el oro; lo mismo ocurrió durante los últimos meses de 2008.
¿Cuáles pueden ser las consecuencias para Argentina? Sin acceso a los mercados a pesar de los íntimos anhelos de Amado Boudou, el canal financiero no parecería ser el de mayores problemas. Sin embargo, aun en meses relativamente calmos, el país viene sufriendo una aguda salida de capitales (en la primer mitad del año se fugaron u$s 9.800 millones). Si la incertidumbre internacional acelera esta fuga, no hay dólares de la soja que aguanten, y el Banco Central podría verse obligado a aceptar una pérdida de reservas.
Pero hay más. Si lo que estamos viendo en los últimos días se mantiene, podrían caer agudamente los precios de los granos. De esta forma, el ingreso de dólares previsto por la exportación podría reducirse, complicando los números externos de la economía, aún si el escenario de fuga acelerada de dólares no se concreta. 
Y por último, está la cuestión de si comienza a retraerse el ingreso de dólares en Brasil. Sin duda es difícil responder por dónde impactará, aunque sí es más sencillo prever que de una u otra forma, causará problemas para la Argentina. Existe la posibilidad de que esta salida de dólares en el país vecino, que ha generado un boom de consumo basado en crédito, no sea profundamente recesiva, sino que alivie la presión sobre el tipo de cambio, revirtiendo un poco la apreciación de la moneda de los últimos tiempos. ¿Qué ocurriría en ese caso? Pues que la competitividad "importada" que tuvo la Argentina gracias al real caro, iría desapareciendo. Las ventas a Brasil (ya empantanadas por los roces comerciales) se retraerían, mientras que aumentaría la presión exportadora. Esto signficaría menos ventas para el mercado local, y más déficit en el comercio con Brasil. 
Existe también una segunda posibilidad, que es que, independientemente de lo que ocurra con el tipo de cambio, la fuerte salida de capitales arrastre a Brasil hacia la recesión. En ese caso, el menor de los problemas para la Argentina sería la competitividad. Casi el 60% de los autos que se producen tienen como destino Brasil, y esta industria tiene importantes efectos sobre muchas otras. Lo mismo vale para otros rubros manufactureros, que tienen en Brasil un mercado clave. 
Como se ve, todo indica que la pregunta que hace un tiempo algunos podían hacerse retóricamente: ¿qué pasa si el viento de cola pasara a ser de frente? encontrará una respuesta próximamente. Difícilmente esta sea otra cosa que ominosa. 
El gobierno K ha venido sacando fruto de la bonanza -que derrama para pocos- que ha podido sostenerse por este viento de cola internacional. Seguramente aspiran a que no haya "nunca menos" ayuda de afuera que la de estos tiempos. Sin embargo, no es ese el panorama, y como ya se vio en entre fines de 2008 y comienzos de 2009, los mecanismos de bonapartismo económico K poco pueden hacer para evitar que el impacto de la crisis golpee a los trabajadores. Lejos de eso, cuando las papas queman los costos caen sobre los trabajadores. Ni el gobierno K ni la oposición burguesa prometen otra cosa. Sólo la izquierda obrera y socialista, que el régimen busca proscribir con el piso de 1,5% impuesto para las elecciones internas del 14 de agosto, propone una serie de medidas para evitar que los costos de la crisis los paguen los trabajadores, y se pueda garantizar trabajo para todos, con un salario acorde a la canasta familiar

jueves, 4 de noviembre de 2010

Ahora sí se viene con todo la guerra de divisas

ben bernanke
600 mil millones de dólares en un año. Una verdadera inundación de dólares, equivalente a casi dos veces el probucto anual de Argentina, es el monto del quantitative easing (QE, emisión vía compra de deuda) que va a hacer la Reserva Federal, el banco central norteamericano. Algo así como un un 25% de los dólares que ya hay en circulación, un incremento a todas luces exponencial, en línea con lo que ha sucedido desde la crisis.
Lo que hemos visto hasta ahora en la llamada guerra de divisas, es verdaderamente un poroto al lado de lo que se va a venir. En el mismo sentido de los últimos tiempos, pero mucho más. Entrada de capitales y presión a la sobrevaluación de las monedas de muchos países, entre ellas la de Brasil, una de las principales víctimas en las primeras escaramuzas de la conflagración monetaria, precios de los commodities por las nubes, como para seguir tranquilos con la adicción a la soja de la economía argentina. Y, quien lo hubiera dicho hace unos meses, deuda menos cara hasta para Argentina. El "riesgo país" cayó a 518 puntos, o sea que para colocar deuda, el tesoro no debería afrontar una tasa superior al 6%. Por un tiempo más, para Argentina sigue el viento de cola. Sería sin embargo un poco provinciano descorchar champagna; esta fiesta se celebra en la cubierta del Titanic.
La economía norteamericana sigue planchada (el tercer trimestre creció apenas un 2%), y la derrota de Obama reafirma la perspectiva de que no habrá nuevos estímulos fiscales. La perspectiva de ajustar los gastos para contener el "gasto fiscal" desembozado, seguramente cobrará impulso. En línea con los reclamos republicanos (que explicitan y reivindican lo mismo que hicieron calladamente los demócratas durante estos años) los deudores seguirán con el grillete de la deuda, y por lo tanto no van a consumir. Los que mantengan empleo y no tengan deudas mantendrán toda la liquidez como colchón, para no arriesgarse en una situación incierta.
La única vía de escape, entonces, va por el lado monetario. Dólares para todo el mundo, tasas por el piso y que siga la fiesta. La cantidad de mini burbujas (en comparación con la que estalló en 2007; para muchas economías son ominosamente grandes) que la política de la FED ha puesto en marcha desde 2008 no tienen parangón con ningún otro momento histórico. Los dólares con los cuales la FED viene inundando la economía, no se canalizan hacia crédito, sino hacia las múltiples alternativas de inversión rentable que se hacen más atractivas cuanto más bajas estén las tasas de la FED.
Para quienes buscan impedir el quiebre del orden monetario mundial, la noticia sólo puede tener un calificativo: ominosa. Mientras Tim Geithner denuncia China por manipular la moneda, es la política de EEUU lo que está en el centro de los desequilibrios mundiales.
Hace dos años se tomaba la foto de la reunión del G20 para afrontar la crisis y se ponía como un dato nuevo, irreversible, la cooperación internacional para afrontar la crisis. Hoy estas ilusiones están siendo arrastradas por la incapacidad de la acción coordinada para recuperar el crecimiento. Los grandes planes de estímulo y salvatajes a los bancos sacaron las papas del fuego. Pero dejaron pendiente de resolver cómo seguirá la economía mundial ahora que el "consumidor en última instancia" que eran millones de norteamericanos que se endeudaban para comprar sobre la base de la valorización de activos, ha salido de la escena. Ni China, ni Japón, ni Europa, parecen muy entusiastas ni capacitados para jugar ese rol.
A falta de plan mejor, es entonces el sálvese quien pueda. Por ahora, EEUU unidos parece de los mejor capacidados para jugar este juego. En una posición de mucha mayor debilidad, los escarceos actuales nos recuerdan a los momentos previos a los acuerdos Plaza, por los cuáles EEUU impuso a Japón y Alemania una revaluación del yen y el marco, que permitió una cierta recuperación de sus exportaciones. EEUU exportó su crisis, como ya lo había hecho en la década anterior abandonando unilateralmente los acuerdos monetarios de Bretton Woods y devaluando el dólar (en ese momento, el secretario del Tesoro planteó frente a las principales economías del mundo que "el dólar es nuestra moneda pero es su problema").
Pero claro, hay varias diferencias. China es a la vez más (por su peso en la economía mundial y como destino de inversiones) y menos (por su capacidad de desarrollo) que Japón y Alemania en su momento. La relación entre China y EEUU es mucho más simbiótica de lo que jamás fue con dichas economías, lo cual dificulta la estrategia de exportar la crisis. Y sobre todo, la crisis en curso es mucho más profunda y sistémica, con lo cual los efectos desestabilizadores de medidas como las de ayer, se amplifican.
Por todo esto, exportar la crisis le será a EEUU más difícil que en otras ocasiones. El peso del dólar como reserva mundial le da margen de maniobra, más aún con la crisis en la que se encuentra la zona Euro. Pero este acicate a la guerra de monedas podría acelerar las iniciativas en agenda para reducir el protagonismo del dólar en el sistema monetario mundial. Por lo demás, no son muchos los augurios optimistas frente a la iniciativa de la FED. Para el ex presidente de la Fed, Paul Volcker, la inyección de dinero “no traerá importantes resultados” y sólo provocará inflación. John Taylor, economista de la Universidad de Stanford, estimó que el QE no funcionará, y que lo que debería hacerse es dejar de poner controles y evitar la suba de impuestos. Para otros, la inflación podría impulsar el consumo (para evitar la desvalorización de los saldos monetarios) pero nadie pone muchas fichas en eso.
La FED está dando una bofetada en la cara a quienes esperaban una salida concertada a la crisis mundial. La todavía principal economía del globo pone otra señal más de que cada uno está por su cuenta, y en contra de todos los demás. La coordinación sólo era viable para evitar la peor catástrofe. Ahora se trata de reestructurar la economía global. Lejos de contribuir a la pacificación de este proceso, la interdependencia de las principales economías mundiales ha aumentado los potenciales costos y beneficios que pueden salir de la configuración económica que deje esta crisis. Por eso, mientras impulsan numerosas medidas de ataque a la clase trabajadora (sobre todo en Europa) cada país busca evitar pagar con los peores costos de la crisis. La "guerra de divisas" es el primer capítulo, que preanuncia las barreras comerciales. La tan temida tendencia centrífuga en la economía mundial, cuyas nefastas consecuencias se vivieron en los '30, asoma nuevamente en el horizonte. La soja no va a blindar a la Argentina para que escape de esa perspectiva, ni mucho menos Brasil.
Este sistema social decadente no tiene más promesas que nuevos episodios de crisis, mayor hostilidad en las relaciones internacionales, y nuevos ataques a las condiciones de vida de las masas trabajadoras. Hay que preparse para la intervención revolucionaria frente al salto en la lucha de clases que estos años tumultuosos plantearán.

Ver más:

Corea del Sur: fracasos y trampas del G-20


Una nueva oleada de guerra monetaria