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lunes, 11 de agosto de 2014

La deuda externa, el imperialismo y nuestro programa. Polémica con Rolando Astarita

Esteban Mercatante y Gastón Ramírez

El conflicto con los fondos “buitre” (más precisamente los buitres que eligieron la estrategia de litigar para obtener el 100% de los bonos en default, porque los que canjearon tambien incluyen otras variedades rapaces), le permitió al gobierno inventarse una gesta planteando “patria o buitres”. Pretensiones de patas cortas, ya que en el mismo momento que la levanta el gobierno firma acuerdos (con Chevron, con China) que aseguran que eventuales conflictos se saldarán también en cortes extranjeras, actúa con celo en favor de patronales “buitre” como Lear.
En esta triste opereta de políticos acólitos a los pactos de entrega al imperialismo, desde el PTS en el Frente de Izquierda hemos planteado abiertamente la necesidad de declarar el no pago de toda la deuda externa, articulado con un conjunto de medidas a ser tomadas por la clase trabajadora para luchar por imponer su salida ante una nueva crisis nacional cuyos costos se prepara toda la burguesía para descargar sobre el pueblo trabajador. Además, hemos levantado la exigencia de una consulta popular vinculante, para que “el pueblo decida”, y no un pequeño grupo de funcionarios y políticos que sólo sirven a los intereses de los capitalistas.
En un reciente artículo en su blog, el profesor Rolando Astarita ha polemizado con distintas posiciones de la izquierda, entre ellas la que levanta el PTS. A continuación, una respuesta a sus principales críticas.

Un tango lo bailan dos… pero sólo uno lidera

Astarita achaca al planteo del PTS, un “error de fondo”, ya que –sostiene- no tendríamos en cuenta que la “deuda es una consecuencia natural de los mecanismos de acumulación capitalista bajo determinadas condiciones de capitalismo económicamente subdesarrollado y dependiente”, aunque no deja de reconocer que nuestra caracterización sobre la cuestión de la deuda “se reconoce que la deuda externa no tiene su origen meramente en los factores externos (capital financiero internacional, imperialismo) sino también en el capitalismo local”, señala sin embargo un. Pero lejos de cometer el “error de fondo” que nos adjudica, se puede leer en en el número de Ideas de Izquierda de julio lo siguiente:
En las economías dependientes, la deuda externa no solo financia al tesoro sino que juega el papel de compensar los desbalances externos, es decir, el déficit en divisas ocasionado por un comercio exterior deficitario o por la sangría de las remesas al exterior de empresas extranjeras o de sectores de la burguesía local. Se pretende resolver a través del crédito este drenaje de divisas, para evitar que se genere el tipo de estrangulamientos que tantas veces ocurrieron en la economía argentina” (“Pagarás y te sacarán los ojos”).
Por lo demás, las condiciones materiales del país burgués dependiente son tales, que invitan a la burguesía a ejercer con desenfreno un salvataje de la masa de ganancias que produce su actividad, transformándola en moneda “dura”, es activos en decir dólares, euros o alguna otra moneda confiable. Desde los años ’80, “la deuda solventó la fuga y dolarización de activos de la burguesía argentina”.
Pero es Astarita quien comete un “error de fondo” al considerar que por el hecho de que la deuda sea un negocio en el que el Estado dependiente se mete voluntariamente con el entusiasta apoyo de la burguesía nacional, signifique no sea a la vez expresión del dominio imperialista (!un poco de dialectica por ahí!). Ya señalamos más arriba que la deuda externa juega un lugar en compensar los desbalances que surgen de los rasgos dependientes de una economía como la Argentina. Muchos de estos rasgos se profundizaron en las últimas décadas, no como resultado “natural” o “automático”, sino a causa una política activa, impulsada con fuerza por las economías más ricas y sus corporaciones. Quizás podríamos considerarlo una triste ironía, la deuda externa fue causa y consecuencia, ya que sirvió -crisis de deuda mediante- como vehículo para imponer estas las políticas que después recrearon las condiciones para un endeudamiento agravado (esto lo analizamos en detalle en IDZ 11). Por supuesto, la burguesía nacional fue también activa impulsora de estas políticas, que en ningún modo puede decirse que le hayan sido impuestas. Pero el motor más poderoso y el mayor beneficiario de las mismas lo hallamos en las grandes economías imperialistas y sus corporaciones, que trasnacionalizaron como nunca en las últimas décadas las tendencias a la concentración y centralización del capital. La deuda fue un gran negocio por sí mismo para los grandes bancos internacionales y contribuyó a fortalecer a los grandes plazas financieras mundiales (Nueva York, Londres, Frankfurt, Tokyo), que cuanto más volumen de negocios concentran mayor peso ganan en la competencia mundial (perpetuando las relaciones jerárquicas que existe en el ordenamiento monetario global), al mismo tiempo que fueron palanca para estos “ajustes estructurales”. Por otro lado, los ciclos de endeudamiento externo no surgen por mera motivación de los Estados dependientes; están determinados en primer lugar por la liquidez mundial y los requerimientos de los bancos internacionales y los abstractos “mercados”, que se mueven al son de las políticas económicas de las economías más poderosas.
Al mismo tiempo, por los fondos que obtiene el capitalismo dependiente a través del endeudamiento externo (que es el capítulo más crítico del endeudamiento público), debe devolver por la “magia” del interés compuesto, montos que superan ampliamente (estratosféricamente) el capital inicial obtenido. Como se observa en el hecho de que la deuda que en 1983 era de 35 mil millones de dólares está hoy en 220 mil millones de dólares, habiéndose pagado no menos de 300 mil millones de dólares en ese lapso. La burguesía nacional (y los funcionarios de turno) hacen su negocio, tanto como los bonistas, pero el Estado dependiente queda sometido a un desfalco que por lo general tiende a agravase a lo largo del tiempo (con pocos momentos excepcionales donde no es así). Un tango no se baila sin dos, y uno de ellos debe liderar. Los auges y contracción de crédito son básicamente “exógenos” para las economías dependientes, que suelen no estar preparadas para el “corte del chorro”, que las arrastra una y otra vez a crisis severas. La deuda pública externa es tanto consecuencia como causa que agrava los problemas.
Parece que para Astarita no hay nada digno de explicación, en el hecho de que para hacer “sólo negocios” algunos Estados hayan llegado a renunciar a un aspecto elemental de la soberanía estatal, como es la jurisdicción sobre los actos estatales, otorgándola no a la justicia federal nacional, sino a cortes municipales extranjeras. ¿No es acaso expresión esta pérdida -en el mejor de los semivoluntaria ya que puestos a sostener el régimen capitalista dependiente la alternativa a esta renuncia era endeudarse a tasas siderales- una expresión contundente de la estrecha relación entre dependencia económica y subordinación estatal, con las consecuencias que se pusieron en evidencia en las últimas semanas? Parece que para Astarita no hay ahí nada digno de un pronunciamiento.



Las tareas para la clase obrera
El país burgués dependiente encuentra en el imperialismo la fuerza última que sostiene su reproducción, y que lo sostiene como una formación dependiente y con desarrollo desarticulado, ya que buena parte de los sectores fundamentales de la economía se mueven al calor del capital trasnacional.
El imperialismo es una fuerza central que moldea al capitalismo dependiente, y la deuda es en esto un mecanismo tan gravitante como la penetración del capital imperialista que con sus posiciones en en el país y su posesión de “papeles” de deuda se apropia cada año de una porción significativa de la plusvalía generada en el espacio nacional, fuerzas ambas que resultan determinantes -tanto como los efectos que tiene el atraso relativo que afecta la rentabilidad del capital nacional- para comprender las tendencias de la acumulación de capital. No puede haber respuesta política correcta sin este diagnóstico preciso, del cual la necesidad de poner fin al pago de la deuda se desprende como una necesidad objetiva. Para que la clase obrera pueda lograr la superación del capitalismo en la Argentina, tendrá que vérselas no solamente con la burguesía nacional, sino especialmente con el imperialismo, que sostiene y subyuga a la vez a la economía dependiente, incluyendo como –entusiasta- socio menor a la burguesía argentina.

Astarita señala que lo que “no se comprende es quién va a aplicar el programa que se postula. ¿A quién se le exige que rompa con el capital financiero internacional? ¿Al gobierno K? ¿A los partidos de la oposición burguesa? ¿Quién va a llevar adelante estas medidas?”. En ningún modo pedimos al gobierno burgués que no pague la deuda, y mucho menos que de paso lo haga tomando otras medidas que inician un camino de ruptura no sólo con el imperialismo sino al mismo tiempo –pero una cosa no puede ir sin la otra- con el régimen de la propiedad privada , es decir con el capitalismo (como es el planteo de nacionalización de toda la banca con establecimiento de una banca estatal única, el monopolio estatal del comercio exterior y de todo el cambio de divisas). Lo planteamos como tarea objetiva que se desprende de las condiciones materiales de la formación capitalista dependiente. De ningún modo, para liberarla de trabas y así iniciar un idílico desarrollo capitalista “no dependiente”, sino como punto de partida elemental para una transformación de raíz de la sociedad. Nuestro planteo está dirigido a la clase obrera, para que, partiendo de sus sectores más avanzados y combativos para dirigirnos al conjunto de la clase, impulsar la movilización para pelear por el único camino por el que se puede cortear los nudos gordianos del saqueo y la dependencia.
A la vez, este planteo va a compañado de la exigencia de un llamado a una consulta popular vinculante, que Astarita llamativamente ni considera. Hace meses hay una negociación a espaldas del pueblo entre el gobierno y los buitres, completamente de espaldas al pueblo. Es año la deuda externa aumentó en 20 mil millones de dólares (Ciadi, Club de París, pago a Repsol) y apenas si el Congreso tuvo algo que decir. El planteo “que el pueblo decida” con su voto directo –por distintas alternativas- y donde se habilite el acceso libre y gratuito a todos los medios de comunicación es una gran denuncia contra una casta política que discute a puertas cerradas lo que amenaza el futuro del pueblo trabajador, ya que la deuda se paga –siempre, tarde o temprano- imponiendo severos ajustes contra los sectores populares. De imponerse, un referéndum podría permitir amplificar la denuncia de esta estafa contra el pueblo junto con una agitación por el No Pago de la deuda y el conjunto del programa. Para poder discutirlo ante millones y batallar contra el sentido común que con matices el kirchnerismo y la oposición patronal comparten, de que las deudas se pagan y sino “nos caemos del mundo”.
La pregunta que surge es, ¿que alternativa propone Astarita al programa que levantamos? La única respuesta que encontramos es que “El no pago de la deuda solo tendrá un sentido progresista si es planteado desde un programa integral de transformaciones sociales y revolucionarias, decidido por los mismos productores directos, los trabajadores. Y para esto, hay que tener poder. De lo contrario, estamos ante palabrerío vacío”. Pero si la deuda es como señalamos una gangrena que carcome la economía nacional, cuyas consecuencias recaen en primer lugar sobre el pueblo trabajador, es una tarea de primer orden para el proletariado pelear por el no pago. Por supuesto que es necesario que esté ligada a “un programa integral de transformaciones sociales y revolucionarias, decidido por los mismos productores directos, los trabajadores”, y es exactamente así como lo planteamos en el texto que cita Astarita. Ahora, ¿esto significa que en los momentos particulares donde circunstancias bastante excepcionales obligan a un gobierno burgués a declarar el no pago y enfrentarse a los centros financieros internacionales los trabajadores no tendrían nada que decir por no tener el poder? Esta posición, que se deduce de lo planteado por Astarita, es falsa por el vértice. Ante medidas excepcionales y parciales de este tipo –que nada tendrían que ver con el default “selectivo” de los pagadores seriales- que expresan necesidades objetivas, no podríamos más que dar un apoyo a estas medidas, que en ningún modo significa extender un apoyo político al gobierno ni al régimen, ni dejar de criticar los usos que podría dar el gobierno burgués dependiente a los fondos liberados por dejar de pagar la deuda. Así se posicionó Trotsky por ejemplo ante las expropiaciones petroleras de Cárdenas en México. Esta postura tomó el PTS cuando se discutió la nacionalización de las AFJP (al mismo tiempo que denunciamos que el kirchnerismo se aprestaba a realizar un desfalco de ANSES y planteamos la necesidad de un control obrero de los fondos jubilatorios). Lejos de un “palabrerío vacío”, un partido de la clase obrera que pueda llevar a cabo “un programa integral de transformaciones sociales” sólo podrá ponerse en pie interviniendo activamente en atacar las raíces de los más acuciantes problemas del pueblo trabajador. Pero tan fuera de escena considera Astarita la posibilidad de que emerja una izquierda fuertemente enraizada en la clase obrera, con capacidad para realizar grandes “maniobras” para conquistar a millones para un programa que apunte a expropiar a los expropiadores imperialistas y sus socios locales, que ni se le ocurre plantear cómo habría que responder hoy a estos grandes problemas nacionales para poder desarrollarlo. Desde esta (im)postura, debemos decir que es su crítica lo que resulta palabrerío vacío.

jueves, 5 de junio de 2014

A propósito de "Imperium" y "Consilium", de Perry Anderson. Una discusión sobre el imperialismo norteamericano hoy.

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En el número 83 de New Left Review (sep/oct 2013) Perry Anderson vuelve al análisis de la política exterior norteamericana, y recorre los planteos de los principales exponentes intelectuales en lo referente a la elaboración estratégica. La revista está enteramente dedicada enteramente a dos ensayos de Anderson, un suceso con solo tres precedentes: en 1972 Tom Nairn sobre Europa, en 1982 Anthony Barnett sobre la Guerra de Malvinas, y en 1998 Robert Brenner sobre “La economía de la turbulencia global”. El primer artículo, “Imperium”, analiza los objetivos y los resultados de la política exterior hasta el presente, y recoge los debates intelectuales que generó la conformación del “imperio”, recorriendo todo el arco ideológico. El Segundo texto, “Consilium”, repasa las posiciones de la literatura más relevante que se viene produciendo en la actualidad sobre el rol de EE.UU. en el mundo y las distintas alternativas elaboradas por los principales exponentes de líneas estratégicas de política exterior, para reforzar la posición internacional de los EE.UU., la “nación indispensable” como la llamara Madelaine Albright (secretaria de Estado en la segunda presidencia de Clinton), supuesto fuera de cuestión por todos los autores reseñados por Anderson. Este número especial está estrechamente emparentado con “Homeland”, artículo del NLR 81, de mayo-junio, en el que analizaba la situación del régimen político norteamericano.


En los números 6 y 8 de Ideas de Izquierda reseñamos los planteos del autor y polemizamos brevemente con algunas de las tesis de este extenso trabajo. En la primera puede leerse "El imperio contraataca", y en la segunda EE. UU.: ¿jugador solitario en el gran tablero global?.

Llamativo para un marxista de la talla de Anderson, en estos ensayos "observa solo una mesa de arena donde los lineamientos geopolíticos parecen hacerse y deshacerse a voluntad del hegemón". Es notoria la desatención por el "análisis por las condiciones objetivas del capitalismo norteamericano, que condicionan la capacidad de la potencia imperialista para disponer su voluntad". No es que no haya referencias al respecto, aquí y allá, sobre la decadencia de las bases materiales sobre las que se asentó el poder norteamericano. En las últimas páginas de "Imperium" estas aparecen.
Allí señala cómo del éxito norteamericano en crear un orden liberal han surgido nuevas contradicciones. Este orden comenzó a escapar a los “designios de su arquitecto”. Con la emergencia de China como un poder económico no solo más dinámico sino pronto comparable en magnitud, que provee las reservas financieras que requiere EE.UU., capitalista “a su modo” pero lejos de ser liberal, “la lógica de largo plazo de la gran estrategia norteamericana se ve amenazada de volverse contra sí misma”. El imperio, que no cesó de extenderse, se está volviendo sin embargo “desarticulado del orden que procuraba extender. La primacía norteamericana no es ya el corolario de la civilización del capital […] Una reconciliación, nunca perfecta, de lo universal con lo particular fue una condición constitutiva de la hegemonía norteamericana. Hoy se están separando”. En otros términos, la contradicción entre la internacionalización de las fuerzas productivas y el sistema internacional de Estados a través del cual se articulan las relaciones de producción, emerge nuevamente como un aspecto disruptivo ante los límites crecientes que enfrenta la hegemonía norteamericana, aunque hoy no haya quien pueda proponerse disputarla. 

http://ideasdeizquierda.org/wordpress/wp-content/uploads/2014/04/27-Imagen-1.pngComo sostenemos en "EE. UU.: ¿jugador ..."  "La exageración de las fortalezas del poderío norteamericano y de sus logros, y la subestimación de los efectos de sus errores, y lo que una crítica a la NLR 83 consideró una presentación de los EE. UU. como un “Estado imperial omnisciente” (David Allen, “A world made safe for capitalism”, Prospect, 11/12/2013) por parte de Anderson, no puede más que servir para reconfirmar su escepticismo respecto de la posibilidad de que la clase trabajadora pueda en algún futuro próximo desafiar el dominio capitalista". Escepticismo que ilustra que no hay cambios en el paradigma de “pesimismo histórico” (como lo llamara Gilbert Achcar) expresado en “Renewans” (NLR 1, Segunda Época), cuando afirmaba que “el capitalismo norteamericano ha restablecido sonoramente su primacía en todos los campos –económico, político, militar y cultural”. Aunque su crítica a los estrategas norteamericanos señala que un punto central es su desatención a las causas subyacentes “del enlentecimiento del crecimiento del producto, el ingreso per cápita y la productividad, y el aumento concomitante de la deuda pública, corporativa y de los hogares, no solo en los EE.UU. sino en el conjunto del mundo capitalista avanzado”, en el caso de Anderson lo que resulta llamativo es el alcance limitado que le da a los efectos de la crisis actual, que, aún con las políticas de contención aplicadas, sigue siendo la más extendida y convulsiva desde la Gran Depresión. Es llamativo que no entren en consideración los impactos para la ideología que sustenta la capacidad de influencia del “modelo” norteamericano (un componente central de la hegemonía), considerando que para algunos economistas “los propios criterios de eficacia del capitalismo están cuestionados”.Más sorprendente resulta considerando que cuando escribió “Renovaciones”, Anderson planteaba como hipótesis que una profunda crisis económica en Occidente era uno de los elementos que podía empezar a cambiar el clima ideológico. Las manifestaciones juveniles y la resistencia obrera a los ataques ocasionados por la crisis, no parecen alterar el pronóstico de comienzos de milenio. En la lectura de Anderson, incluso la primavera árabe ayudó a fortalecer la posición norteamericana en Medio Oriente, debilitando un adversario como Assad sin que surgiera en Egipto “un régimen capaz de tener mayor independencia respecto de Washington”, y llevando a “un fortalecimiento respectivo en el peso y la influencia de las dinastías petroleras de la península arábiga” aliadas a Washington, aunque ahora inquietas con el acuerdo con Irán.

Anderson comenta, con ironía, que resulta llamativa “la naturaleza fantástica de las construcciones” con las que los estrategas norteamericanos buscan afrontar una realidad con signos de adversidad. “Grandes reajustes en el tablero de ajedrez de Eurasia, vastos países movidos como tantos castillos o peones a través de este; extensiones de la OTAN al Estrecho de Bering”. Parece que la única forma de pensar el restablecimiento del liderazgo norteamericano “fuera imaginar un mundo enteramente distinto”. Parece, leyendo a Anderson, que lo mismo deberíamos hacer si aspiramos a pensar algún futuro con oportunidades revolucionarias, aunque a él ni se le ocurra especular al respecto.

La discusión sobre el estado real del imperialismo norteamericano, la principal fuerza de la reacción y la contrarrevolución a nivel mundial, es de fundamental importancia. Evitando tanto la subestimación como la sobreestimación de su fortaleza. Invitamos a leer estos artículos en IDZ.

lunes, 28 de abril de 2014

Ideas de Izquierda: “Esperamos dar un impulso a la recreación de un pensamiento marxista en Argentina”

Reproducimos la entrevista realizada por La Agencia Paco Urondo a Chistian Castillo y Fernando Rosso, a propósito de la revista Ideas de Izquierda.  


Entrevista con Fernando Rosso y Christian Castillo, parte del comité editorial de la revista Ideas de Izquierda. “El pensamiento marxista continúa teniendo una vitalidad que la intelectualidad en parte no quiere ver o no quiere escuchar”.
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Por Juan Ciucci
APU: ¿Cómo surge la idea de la revista?
Fernando Rosso: La idea surgió luego de la emergencia del Frente de Izquierda, que se terminó de constatar en octubre del año pasado con los resultados que obtuvo el FIT en las elecciones.  Además de las peleas en las calles que caracterizan a la izquierda, en el movimiento obrero, en el movimiento estudiantil, en la juventud, luego del resultado electoral, que tuvo más resonancia, había que dar una discusión en el frente ideológico más ampliamente. El nombre que surgió, Ideas de izquierda, es un poco porque “ideas” circulaban muchas o había muchas ideas que se decían de izquierda pero estaban muy bastardeadas. Pero “ideas de izquierda” en Argentina no había en este último tiempo. Había mucho discurso, mucho relato pero discusiones profundas sobre los problemas nacionales verdaderamente no había.
De ahí es que uno de los ejes que recorre la revista es tratar de los temas estructurales de un modo más profundo, como la cuestión del campo, del petróleo, la cuestión del transporte para tratar de ir al hueso en cuáles son los problemas estructurales y cuáles serían las salidas estratégicas que se deberían tomar para intentar resolverlos. Por otro lado, otro de los aspectos que queríamos tomar,  que estuvimos desarrollando y queremos profundizar, es tratar de introducir y polemizar con las discusiones que recorren a la izquierda internacional, que es lo que ha caracterizado a las revistas en Argentina, históricamente las que tuvieron alguna trascendencia. Los debates filosóficos, los debates sobre la crisis mundial, la situación del movimiento obrero o la geopolítica internacional. Hemos entrevistado a distintas personalidades, tratando, con los límites que tiene la revista, de traer la opinión en su momento de Ricardo Antunes con la situación convulsiva que hubo en Brasil, del mismo Chomsky hablando sobre la política internacional norteamericana. De Terry Eagleton, que es uno de los principales intelectuales marxistas que hay a nivel internacional, hablando sobre literatura y el estado actual de la teoría literaria y del marxismo. Eso es hasta ahora los primeros 7 números y el octavo que acaba de salir. Además, los análisis nacionales, tratar de profundizar en las propuestas que plantea el Frente de Izquierda, de desarrollarlas desde un nivel un poco más ideológico-político.
Christian Castillo: El proyecto de una revista de ese tipo se había empezado a discutir en la Asamblea de intelectuales y artistas de apoyo al Frente de Izquierda de los Trabajadores, pero finalmente no pudo salir de la propia asamblea. Así que con compañeros que participaron activamente de esa experiencia como Eduardo Eduardu Grüner, Hernán Camarero, Alejandro Schneider, los compañeros del PTS tomamos la iniciativa para sacar esta publicación. Que creo es muy importante para confrontar, si se quiere, las dos tradiciones de la intelectualidad dominante dentro de lo que se llama en términos genéricos el progresismo. Por un lado, el sector social liberal en que podemos poner a Beatriz Sarlo como referencia; y un sector nac& pop si se quiere, con Carta Abierta y  Horacio González como referente.
De alguna forma nosotros queremos hacer una crítica de esas dos tradiciones que desde nuestro punto de vista, muchas veces debaten desde un ángulo relativamente localista o relativamente provinciano, porque algunos de los grandes debates internacionales y donde desde la tradición marxista hay una producción muy importante en la actualidad en el terreno internacional, no es que están en desacuerdo, sino que ni siquiera los conocen. No sé si tuvieron la posibilidad de ver la charla que hacen Sarlo y González con Fontevechia, el largo reportaje que le hacen y son referencias donde los grandes temas de la política internacional, el análisis de la crisis capitalista no están presentes. No sé que opinan sobre las diversas teorías que hay y en particular, en el campo del marxismo  que han tratado de elaborar y explicar una crisis de largo aliento, la más importante del siglo XXI y con referencia a algunas de las tres más importantes desde que existe este sistema social, lo digo, por mencionar un aspecto. Nosotros queremos favorecer la visibilidad desde un conjunto de elaboraciones, reflexiones que se vienen haciendo desde el campo de la izquierda anticapitalista, socialista, clasista en nuestro país pero que no tiene la influencia ideológica que por ahí, gozan otras tradiciones. Quizás la visibilidad política del FIT sea un punto interesante para hacer audibles puntos de vista que de algún modo, en los últimos años estuvieron relegados.
APU: ¿Piensan en algún lector ideal de la revista?
FR: No, si se quiere hay un millón de potenciales de lectores: los que votaron al Frente de Izquierda. Donde hubo mucho voto del movimiento obrero, que es una cosa que intentamos desmentir en uno de los números de la revista, discutiendo con ciertos intelectuales o blogueros peronistas que planteaban que el voto de FIT era un voto de gente de clase media. Ese voto tenía un componente obrero, que es una parte de la influencia que tiene la izquierda en el movimiento obrero. Pero también hay un público universitario y en última instancia es una apuesta a la nueva intelectualidad marxista o que trate de repensar el marxismo. La referencia intelectual actual, y se ve en el propio reportaje a Sarlo y González, discute mucho politiquería. Sarlo, es una intelectual que tiene nivel, pero en el último tiempo se ha dedicado mucho más a opinar de la pequeña política local, incluso, el último libro es mucho sobre la politiquería inmediata más que de los grandes problemas. Diferente a los proyectos que tuvieron en su momento, como Punto de vistaEl ojo mocho, que sigue saliendo pero no tiene la misma relevancia que tuvo en los ´90, leí el último número y es demasiado oficialista y por lo tanto menos crítica. Y Punto de vista no sale más. Hay revistas en el mundo académico muy especializadas pero que no intentan ligar el debate político con el debate ideológico, las discusiones internacionales con los problemas nacionales, eso está ausente y es lo que intentamos hacer y queremos desarrollar.
APU: En algún punto es un riesgo el de una revista mensual con mucho contenido teórico. ¿Analizan que hay una necesidad social de mayor discusión política?
CC: Creemos que estamos llenando un vacío, que obviamente hay necesidades de ideas que se plantean superar el horizonte del capitalismo y luchar por otro sistema social. El pensamiento marxista continúa teniendo una vitalidad que la intelectualidad en parte no quiere ver, no quiere escuchar. Queremos mostrar también que lo nuestro no son consignas, sino que cada una de las demandas que planteamos tienen una fundamentación teórica, introduciendo un tercer punto de vista para dejar atrás un tiempo de una corriente de pensadores que su horizonte, su límite es la democracia capitalista y más allá de eso no hay horizonte posible. No hay un cuestionamiento a las bases sociales, a la explotación del hombre por el hombre sobre la cual se sostiene este sistema. En este terreno el progresismo es profundamente conservador porque apuesta o a la burguesía nacional como sujeto que puede llevar adelante alguna transformación o, directamente, a la casta de políticos profesionales que desde el control de los instrumentos del gobierno, pueden poner un límite, forzar u obligar a esas burguesías a ser distintas de lo que son.
Creemos que frente a esas ilusiones la nuestra es una apuesta por que la clase obrera se transforme en sujeto político y pueda verdaderamente liderar las transformaciones estructurales sin las cuales no vamos a producir ningún cambio sustantivo. Después de una nueva década de intentar con el proyecto siempre imposible de una burguesía nacional que nos saque de la dependencia y el atraso, comprobamos que esta situación se mantiene, se sostiene y en ese sentido, nuestra revista es también un diálogo con los sectores que por izquierda se ilusionaron con el kirchnerismo. Cuando hay un giro hacia la derecha de todo el establishment político y la sucesión de Cristina se ve con Scioli por el oficialismo y Massa o algún personaje por el estilo. Esa es la apuesta, un sentido común claramente de derecha y el propio gobierno con los discursos, con el ajuste, con los nuevos sentidos comunes que trasmite.
Está bueno apostar a que los jóvenes, los trabajadores, que por ahí se ilusionaron en algún momento con el gobierno, no caigan en algunas de las variantes de derecha sino que saquen sus conclusiones hasta el final de que una lucha contra las corporaciones que hicieron el genocidio, que dominan el país, las grandes patronales agrarias, etc. para ser consecuente, tiene que tener a la clase obrera como sujeto. Por eso, no es casual que una revista de este tipo la impulsamos desde una izquierda que no estuvo con el gobierno ni con las patronales agrarias. Una izquierda que siempre se mantuvo independiente de todos los sectores capitalistas. Creo que ese es el sector al cual apuntamos, también, obviamente a una capa de trabajadores más politizada que le interesa más discutir estos temas. Tratando de combinar un cierto nivel de reflexión profunda con un cierto nivel de popularización de esos temas.
FR: Una cosa que intentamos y queremos desarrollar también es unir dos mundos que están bastantes separados: el mundo de la intelectualidad, la cultura, la universidad y el mundo de los obreros. Hubo un sentido común de que había desaparecido el proletariado, el industrial en particular, esas son discusiones que en cierta medida están saldadas por la realidad; pero ahora se desconoce mucho qué pasa en el mundo de los trabajadores. Hay que intentar mostrar eso de una manera, tomando aspectos teórico-ideológicos, viendo qué se retoma de las experiencias históricas. En este sentido, surgió un debate cuando entrevistamos a Daniel James que es autor de Resistencia e integración, un libro clásico sobre el peronismo y la clase trabajadora y se armó una discusión que después fue retomada en otra entrevista por Juan Carlos Torre, sobre la relación entre la lucha sindical y la lucha política, que viene desde los orígenes del movimiento obrero.  Qué es, cuál es la relación entre la lucha sindical, la conciencia política e ideológica, el salto a la pelea política.  Se conoció como el debate de la “doble conciencia” ¿Cómo se resuelve eso? De alguna u otra manera el FIT interviene de hecho en esa discusión porque también hay muchos trabajadores que han apoyado al Frente  y es  hecho político. Intentamos mostrar aspectos de un mundo del que muchas veces se  habla, sobre todo en la universidad con mucho cliché sobre si existe o no, sobre si es solamente sindicalista el movimiento obrero y no puede dar un salto al terreno político, pero del que se conoce poco.
APU: Me interesaba preguntarles cómo se piensa la participación en la revista, si se tiene una relación más orgánica con el partido y si  piensan la revista como un espacio de militancia.
CC: Si, evidentemente la revista es de un marxismo militante que se proclama partidario pero abierta, que escriban en primer lugar quienes se referencian en el FIT pero también con un aspecto más amplio a debates con intelectuales o personalidades que en ciertos temas aportan a la discusión, aún sin compartir nuestra perspectiva estratégica más general. Creo que una revista con un carácter claramente posicionado, en ese sentido partisano, combinada con un aspecto abierto a la reflexión, a la discusión, es lo que le da esa peculiaridad y que creo que es más o menos reconocida y me parece que es lo que le permite ir generando debates. Hay otros debates también sobre la relación entre psicoanálisis y marxismo que se ha abierto en una nota de Claudia Cinatti respondida por Eduardo Grüner, un debate que va a continuar donde se combinan compañeros quizás más conocidos a nivel universitario como el propio Eduardo, Hernán Camarero con Juan Dal Maso, Fernando Rosso, Paula Varela, Ariane Díaz que son compañeros con los cuales comparto la militancia en el PTS; que intentamos dar cuenta de un marxismo siempre vital, retomando obviamente la tradición del marxismo clásico.
Nosotros no consideramos en ese sentido que inventamos un punto de vista, sino que tratamos de retomar en nuestras condiciones, nuestro tiempo, un punto de vista que tuvo su máximo momento de esplendor con la Revolución Rusa, con la fundación de la Tercera Internacional y que luego se mantuvo como señala el mismo Perry Anderson a contrapelo del llamado marxismo occidental, tanto en su variante de compañeros de ruta en los partidos estalinistas como en su variante de separación completa con la vida del movimiento obrero tratando de mantener esa relación del pensamiento marxista con el movimiento obrero. Esa tradición que dice Anderson  en aquel ya viejo texto para los tiempos que corren, que es lo que nosotros intentamos continuar, no sólo como una tradición nacional y en distintas oportunidades  hemos señalado que desde el marxismo está el pensamiento más profundo sobre la tradición nacional en lo que encarnan Milcíades Peña, Liborio Justo y otros autores, sino también como parte de una tradición que ha combatido internacionalmente y que ha aportado a pensar teóricamente los grandes temas que hacen a la transformación revolucionaria de la sociedad. Es en esa tradición en la que nosotros nos inscribimos y que en un sentido queremos dejar atrás una hegemonía en el campo intelectual donde quienes apostaron por una salida en general vinculada a algunas de las variantes de la guerrilla o estalinistas en la década de los 70 y luego de la dictadura abandonaron todo horizonte  de la transformación revolucionaria, pasaron a tener la hegemonía dentro del campo intelectual. Pero al ser esencialmente por la negativa y no por un proyecto positivo, eso quedó trunco.
Nuestra apuesta es al surgimiento de una tendencia de la intelectualidad marxista, anticapitalista, socialista que gane un nuevo peso en la vida política y cultural nacional. Esa definición que se da muchas veces de que la izquierda  tiene más influencia en la cultura que en la vida política, hoy en gran parte podemos cuestionarla. En los últimos años, la influencia de la izquierda en el sentido duro de la palabra, en el sentido de una izquierda que se proponga superar el capitalismo, su influencia ha decaído  profundamente. Más bien ha habido una adaptación profunda de intelectuales que se referenciaban en parte en la izquierda en los sentidos comunes de la propia burguesía, en la aceptación de que es inamovible y que sea el capital el que tenga las riendas de la sociedad, eso es lo que nosotros intentamos poner en cuestión con  la revista.
APU: Antes mencionaban otras revistas ¿En qué tradición o con qué revistas históricas se sentirían vinculados y con qué revistas de la actualidad pueden estar en discusión?
FR: Históricamente yo te daba como ejemplo, no porque seamos parte de la misma tradición, pero la revista Contorno en Argentina se referenciaba e introducía los debates en torno a Sartre y el marxismo europeo, francés etc. La revista Pasado y presente introdujo a Gramsci y todo el marxismo italiano en Argentina y América Latina, aunque no se inscriban en nuestra propia tradición del marxismo. Nosotros adherimos más al marxismo de Lenín, Trotsky o clásico. Pero sí en lo que tenían, por lo menos comparativamente de bueno y las  hizo emerger tratando de dialogar con los principales debates que había internacionalmente. En nuestro caso, de alguna manera, es hacer a una escala ampliada una cosa que ya hacíamos. En su momento con la revista Lucha de clases o la revista Estrategia Internacional, fuimos de los primeros en debatir con el autonomismo, con Tony Negri, el momento autonomista que fue muy importante a nivel internacional con el libro Imperio. Inclusive antes que se traduzca al castellano nosotros habíamos elaborado una polémica y después creo que se publicó como libro; con Laclau antes de que se haga famoso por convertirse en teórico oficial y su teoría de la democracia radical. Con el surgimiento del FIT esto se vuelve más amplio, tratar de hacerlo más masivamente con las posibilidades y los límites, como planteaba Christian, que te da una revista en el formato que tiene.
APU: ¿Hay otras revistas políticas con las que están dialogando.
FR: De las que yo conozco, no hay mucho, la revista Sudestada, conozco a los compañeros que la hacen, es una revista más bien dedicada a lo cultural y algunas a aspectos políticos. Después hay emprendimientos académicos muy especializados que no tratan de relacionar las discusiones ideológicas con la práctica política. En ese sentido  hay cierto vacío desde ese punto de vista.
CC: El formato tiene un aspecto  parecido al de Le Monde diplomatique, que es mensual y los artículos tienen más o menos el mismo tamaño y también tienen ciertas pretensiones de construir un sentido común, aunque en clave socialdemócrata. Le Monde tiene un porcentaje de lo que piensa la editorial en Francia, con lo que piensa acá y varió mucho con el simple cambio de la dirección de Natanson que tiene otra visión pero evidentemente, a veces trata temas que son similares a los temas que tratamos nosotros cuando hace debates sobre temas estructurales de la realidad nacional o política en general. Coincido con Fernando que nuestra ambición es dejar una huella, en el sentido como Pasado y Presente dejó una huella con ideas que instauraron una tradición en Argentina que después sufrió  el derrotero de gran parte de toda esa intelectualidad, estamos hablando del pre Controversia, la revista en la cual en el exilio mexicano hicieron el pasaje de la revolución a la democracia.
Esperamos poder dar un impulso a la recreación de un pensamiento marxista en argentina, de la cual la revista no puede ser más que una parte, una manifestación, una expresión, una avanzada si se quiere. Es nuestra idea generar una nueva generación que discuta los grandes temas nacionales desde una perspectiva internacionalista, aunque creemos que la forma de ser más profundos nacionalmente es teniendo justamente esa perspectiva internacional. A nivel internacional, hoy hay una serie de revistas que expresan la producción marxista, de distinto tipo, que son más teóricas con artículos de otra densidad, más parecida a la que sacamos nosotros acá, Lucha de clases y más académica que la nuestra. En material es más académica aunque tocan muchas veces temas de interés pero que hacen una ebullición de la reflexión en la izquierda que de ninguna manera está expresada en el terreno local. No está esto de un sentido común de que hay una ebullición en el pensamiento de la izquierda mundial sobre la crisis económica, de cómo retomar el comunismo y qué actualidad tiene después del estalinismo y su caída. Qué estrategia política tener, una serie de discusiones que son parte de los debates que esperamos también poder introducir en el terreno local.
Si vos escuchas a los intelectuales consagrados, el comunismo es una palabra olvidada y desde perspectivas muy distintas que las nuestras, debaten sobre el sentido del comunismo hoy. Nosotros creemos que en medio de una crisis capitalista como la que vivimos, que también en gran medida es una crisis civilizatoria, ¿cómo no discutir la perspectiva del comunismo en una sociedad alternativa? Pero para la intelectualidad local le parece que es discutir cosas sin sentido. Creo que ellos están un poco en el pasado y una nueva generación tiene que expresarse siendo verdaderamente contestataria frente al orden existente.

lunes, 21 de abril de 2014

Renta agraria y articulación de los espacios nacionales de acumulación (continuando una polémica con Astarita)

Rolando Astarita publicó en su blog un post sobre la naturaleza de la renta agraria, en el que critica la visión de Juan Iñigo Carrera. La posición que sostiene ya fue planteada en un debate previo, en el que también intervinimos a raíz de una crítica de Astarita a nuestro artículo de Lucha de Clases n° 9, “Renta agraria y desarrollo capitalista en Argentina”.

No podríamos minimizar la importancia de esta clarificar este problema. En primer lugar para la caracterización de la formación económico-social argentina, cuyo sector agrario es de las pocas ramas donde puede mostrar una productividad del trabajo social que se encuentra entre las más elevadas del mundo, situación que contrasta con la de buena parte de las ramas manufactureras locales. Pero además, se trata de una de las dimensiones en las que se articulan de forma compleja los procesos de producción y circulación de mercancías integrados mundialmente y los que se configuran en los espacios nacionales, subtotalidades que conforman la totalidad compleja que es la economía mundial. Muchos aspectos metodológicos vinculados a esta cuestión se expresan también en otras problemáticas. Con estas consideraciones, realizamos unas observaciones críticas que extendemos en este post.
En este tema, como en estas otras cuestiones, Astarita procede a un “descenso de lo concreto a lo abstracto”*, al pretender dar por saldados los aspectos que surgieron de la discusión -en lo que toca nuestro planteo en esta polémica- en el nivel de las determinaciones más abstractas de la teoría del valor. Nosotros creemos, y viene siendo nuestro planteo desde el inicio de la polémica, que la cuestión no puede abordarse en toda su complejidad sin analizar la articulación de los espacios nacionales y, dentro de ellos, la producción y circulación de mercancías agrarias.

Valor y diferencias de productividad
La renta diferencial es un caso particular, específico, de las relaciones que se producen entre capitales que exhiben distintos niveles de productividad. Antes de considerar la dimensión específica, hay que partir de una conceptualización general.
El valor de las mercancías está determinado por el tiempo de trabajo socialmente necesario, lo cual significa que serán los capitalistas que utilizan la técnica y los métodos de trabajo socialmente más extendidos los que fijarán los tiempos de producción estándares para la elaboración de cada mercancía. En cada rama productiva,  la técnica más generalizada determina un trabajo “modal”, cuya productividad es la que define la magnitud de trabajo abstracto socialmente necesario que porta cada valor de uso de la rama en cuestión. Junto al trabajo llevado a cabo en condiciones “modales”, está el trabajo llevado a cabo con técnicas más atrasadas, y el trabajo basado en técnicas más productivas. Según algunas enfoques, el trabajo más atrasado genera un valor adicional, y el más avanzado obtiene su ganancia extraordinaria de este trabajo excedente que escapa de las manos del capital menos productivo, como una transferencia intra-rama. Este planteo es equivocado, y no resulta consistente con lo que plantea Marx. Por ejemplo cuando afirma: “El tiempo de trabajo socialmente necesario es el requerido para producir un valor de uso cualquiera, en las condiciones normales de producción vigentes en una sociedad y con el grado social medio de destreza e intensidad de trabajo” (El capital, tomo I, Ed. siglo XXI, p. 48).
El capital con una productividad del trabajo mayor, partiendo de la determinación del valor que surge de la productividad el trabajo modal, produce en un determinado tiempo (una hora por ejemplo) más valores de uso que dicho trabajo modal. Esto significa que produce más mercancías, cada una de las cuales tiene un valor, establecido socialmente, igual al de las mercancías producidas por el capital que tiene la productividad “modal”, pero su costo individual es menor que el de este. A la inversa, el capital con una menor productividad del trabajo  produce menos valores de uso por hora, y por lo tanto genera menos valor por unidad de tiempo. Aquellos que produzcan con técnicas inferiores tendrán costos superiores a los socialmente óptimos, y realizando el precio social la tasa ganancia de estos capitales será inferior a la tasa media. Aquellos que produzcan con técnicas superiores, tendrán precios de producción individuales inferiores al promedio, y percibirán una ganancia extraordinaria. Estas son las determinaciones más generales que determinan las relaciones de valor. La ganancia extraordinaria no se explica como una trasferencia, sino por las ventajas de productividad del capital técnicamente más avanzado que el promedio, que en los valores socialmente dados realiza una ganancia adicional a la media por unidad de producto.

La renta y el falso gasto social
La renta es un caso específico en lo que hace a las plusvalías extraordinarias. Lo es porque en la producción agraria rigen condiciones particulares en la fijación de los precios. Marx considera, en este aspecto de acuerdo con Ricardo, que el precio de producción de las mercancías agrarias para un período x se determinan en base a los costos de producción de las tierras menos favorecidas que entran en producción en dicho período. Ya no es la productividad de trabajo con la que produce el capital que funciona en condiciones productivas “modales” la que determina el precio, sino que el capital invertido en las tierras menos fértiles percibirá un precio tal que le permitirá afrontar sus desembolsos de capital variable (salarios) y constante (capital circulante y fijo) y obtener una tasa media de ganancia. Los capitales invertidos en tierras más fértiles, que con igual desembolso de capital logran un rendimiento superior por hectárea, o que están invertidos también en tierras de la peor calidad pero en magnitud superior, permitiendo un mayor rendimiento en proporción al capital invertido, obtienen con el precio del mercado un valor mayor al que surgiría de sus precios de producción. No sólo cubren sus desembolsos de capital y obtienen una ganancia media, sino que realizan una plusganancia o ganancia extraordinaria. La cual tiene una “fijeza social” que no tienen otras plusganancias, que lleva a que sea el dueño de la tierra quien se apropia de la misma.
¿Por qué se da este fenómeno? La explicación de Marx sobre este punto se centra en el hecho de que las condiciones diferenciales de producción, al contrario de lo que suele ocurrir en la generalidad de los casos de la producción industrial, no pueden ser garantizadas por el capital. Dependen de condiciones que sólo puede controlar parcialmente, que dependen de fuerzas naturales y no pueden ser íntegramente sometidas y generadas por la aplicación de la ciencia y la técnica, aunque lo sean en una escala cada vez mayor. Esas condiciones de producción ajenas al manejo del capital, son monopolio de propietarios privados, y existen de forma limitada. Marx destaca que “el monopolio de la propiedad de la tierra, la propiedad inmueble como barrera del capital”, está presupuesto “en la renta diferencial, ya que sin ese monopolio la plusganancia no se convertiría en renta de la tierra y no caería en poder del terrateniente en lugar de quedar en manos del arrendatario” (El capital, Tomo 3, p. 954).
Como “una fuerza natural semejante no se cuenta entre las condiciones generales de la esfera de producción en cuestión ni entre las condiciones de la misma que pueden establecerse de una manera general” y constituye “una condición de elevada fuerza productiva del capital invertido que no puede lograrse mediante el proceso de producción del propio capital” sino que “siempre se halla ligada a la tierra” y es “monopolizable” (Marx, El capital, Tomo 3, p. 830), tanto los capitales que se ven favorecidos por las condiciones agronómicas, climáticas y de localización, como los que no, deben estar en condiciones de realizar la ganancia media para reproducirse como tales y sostener la demanda social. Y aquellos capitales que producen en condiciones mejores realizarán no sólo el trabajo incorporado en sus mercancías sino un plus, una ganancia extraordinaria por encima de sus costos. Ésta es apropiada por los propietarios de las condiciones que permiten el rendimiento diferencial, los dueños de la tierra, quienes incluso pueden transformar en atributo de la misma los efectos más o menos permanentes de la mayor aplicación de capital en la tierra.
Considerando estas determinaciones, Marx realiza sobre  la renta diferencial una definición que debería alertarnos de homologarla sin más con la plusganancia en general. Considera la renta como un “falso valor social”. Las condiciones que operan en la fijación de los precios agrícolas hacen que la sociedad deba gastar un mayor valor a la compra de productos agrícolas, a consecuencia de lo cual, como sostiene incluso el propio Astarita, una “una masa de plusvalía se sustrae a la formación de la tasa media”.
La renta diferencial que puede obtener el trabajo de una parcela en particular, depende de su productividad en relación a la de la tierra menos productiva puesta en producción en ese momento. Esto significa que puede aumentar en caso de que sea necesario poner en producción tierras menos productivas. La renta diferencial no deja de salir de la producción agraria, porque la determinan las condiciones de fijación de precios en este sector por intervención de la propiedad del suelo, pero –en este caso que consideramos- aumenta porque se incrementa el “falso gasto social” que esta conlleva, a causa de que es necesario pagar más todos las mercancías agrarias a causa de que se encareció la producción en las peores tierras. La producción y realización de la plusvalía y renta en el sector agrario es parte integrante de un proceso total de producción y distribución de la plusvalía social, una especificidad dentro del proceso que tiende a la igualación de la tasa de ganancia, proceso al cual afecta, y lo hace en mayor medida cuanto mayor sea la el precio de las mercancías agrarias. Este fenómeno, de incremento de la plusganancia que se transforma en renta diferencial a causa del aumento del costo de producción en las peores tierras, es parte de los procesos normales en la producción agraria (lo cual no  quiere decir que ocurra siempre ni regularmente; Marx destaca además que de ninguna manera ocurría como pensaba Ricardo, que siempre se ponen en producción tierras peores y por lo tanto los precios de las mercancías no tienden para Marx a un aumento progresivo como opinaba Ricardo). El hecho de que este fenómeno sea normal, es otra importante distinción de la producción agraria respecto de la producción de mercancías no agrarias.

Producción y realización: unidad diferenciada
Un primer momento en el descenso de lo concreto a lo abstracto, se da en la consideración tangencial que tienen los aspectos específicos que distinguen a la renta diferencial de la plusganancia. Pueden ser reconocidos por Astarita a lo largo de la polémica pero no considera que tenga importantes consecuencias para la cuestión que está en discusión desde el principio, que es la articulación de la producción y realización en un sector agrario mundializado y sus efectos en los distintos espacios nacionales en los que se lleva a cabo. Un segundo momento del descenso de lo concreto a lo abstracto, se da cuando plantea que no “cambia la naturaleza del problema” (como afirma en los comentarios del post que motivo esta respuesta) si introducimos las determinaciones que constituyen al mercado mundial.
En la “Introducción a la crítica de la economía política”, así como a lo largo de El capital, y en crítica a la economía política clásica, Marx destaca reiteradamente que producción y realización constituyen una unidad diferenciada. Astarita hace hincapié, por el contrario, en distinguir y separar estas esferas. No sin entrar en contradicciones. Por ejemplo, reconoce que “para que se realice la plusvalía extraordinaria contenida en la mercancía producida en la empresa innovadora, hará falta una reasignación del poder de compra existente”, pero no parece ocurrírsele que, cuando la cuestión que estamos considerando es la articulación entre espacios nacionales y sectores de producción cuyos capitales circulan internacionalmente (producen en un espacio nacional y realizan la venta de la mercancía en otro), esto sí afecta la naturaleza del problema. ¿La transforma de pies a cabeza? No, pero sí introduce nuevas determinaciones.
En la producción agraria argentina, la plusganancia que se transforma en renta tiene su origen en la mayor productividad del trabajo aplicado a la agricultura en la mayor parte de las tierras de la región pampeana, y un sector cada vez mayor de tierras extrapampeanas, en relación a las tierras menos productivas puestas en juego a nivel global. Cuando digo que la renta surge del “sector agrario considerado como un todo” apunto al hecho de que los costos de producción de la mercancía agraria que determinan la renta que pueden obtener las tierras más productivas que caracterizan a la producción agraria en el país está determinada por esta relación global. No me parece una consideración menor, porque, como intentaré ilustrar con análisis numéricos más abajo, esto tiene efecto para la masa de renta incorporada en las mercancías agrarias producidas en el país, como producto de las relaciones que se establecen en el mercado mundial.

Comercio exterior y renta diferencial
Voy a considerar una serie de casos para ejemplificar la cuestión.
Consideremos dos países. En ambos se realiza producción agraria. Uno de estos países consume un volumen de mercancías agrarias superior al que produce, mientras que el segundo exporta buena parte de su producción. El primero de estos se caracteriza por tener tierras menos productivas; la producción por hectárea, a igual inversión de capital que en las tierras del segundo país, resulta inferior.
Vamos a hacer una serie de consideraciones simplificadoras. Suponemos la existencia de distintas parcelas, llamadas respectivamente A, B, C… etc., de igual superficie y con distinto rendimiento. Suponemos una tasa de ganancia igual en ambos países, de 20%. También, consideramos todos los precios en una misma moneda mundial, lo cual es consistente con un sector altamente internacionalizado donde todos los costos y márgenes son calculados hoy en dólares**. Por último, no nos adentramos en la renta de tipo 2, es decir consideramos que no varía el capital aplicado por hectárea. Aunque esto último complejizaría y permitiría analizar distintos casos, creemos que en lo sustancial la explicación no se altera. También consideramos que toda la producción agraria es de un solo tipo de grano.
La producción agraria conforma un mercado mundial unificado, con un único precio de producción establecido por las condiciones de la peor tierra que entra en producción. Podemos considerar entonces las tierras de ambos países como distintos tipos de tierras de un mismo espacio económico mundial.
Consideremos primero una situación en la que el primer país produce 3 quintales de grano, utilizando dos tipos de tierra (A y B) y consume 5. El segundo país produce 3 quintales en una sóla parcela, de los cuáles consume 1 y exporta 2. Esto es consistente con el peso relativamente poco significativo de la producción para el mercado local dentro de la producción agraria total en un país como la argentina.



El segundo país tiene una mayor productividad agraria. Desembolsando en la tierra C el mismo capital obtiene un rendimiento superior que el primero. Será el costo de producción por quintal de la parcela A (la menos fértil) el que va a fijar el precio en $60 por quintal. En el caso del país B, si los precios de venta estuvieran determinados por las condiciones de producción de sus tierras, sería de $20 por quintal; es decir que su precio de venta de las mercancías agrarias se multiplica por 3.
Desde el punto de vista del capital en general en el país A, poco cambia comprar el grano local que el importado. El costo que deben afrontar es el mismo; poco importa desde su punto de vista que en las mercancías adquiridas mediante la exportación el componente de plusganancia que se transforma en renta sea  elevado; en nada cambia su situación. Tampoco el capital agrario del país A ve afectada su situación por la importación de mercancías agrarias que se producen en condiciones más competitivas, porque el precio de venta es impuesto por las condiciones de producción de la parcela A.
Desde el punto de vista de los capitales del país B, en principio podemos decir que la existencia del comercio exterior de granos conlleva un encarecimiento de las mercancías agrarias en relación a los precios que surgirían de sus condiciones de producción nacionales, lo cual tiene un impacto sobre los costos de producción de todo el capital. Pero, también nos interesa destacar. Si consideramos al espacio económico nacional del país B como totalidad, realiza mercancías agrarias en el país A con una plusganancia que se transforma en renta diferencial. ¿Acaso no importa donde se realiza la plusvalía extraordinaria generada por la producción agraria? ¿Resulta indistinto dónde ocurre, por usar la formulación de Astarita, la “reasignación del poder de compra existente”?
Vayamos a otro ejemplo.
Supongamos que se incrementa en 4 quintales la demanda de granos en el país A. Por el motivo que fuera, consideremos que este aumento se cubrirá con una mayor importación de granos en dicho país y no con un aumento de la producción local (ni ampliando las tierras dedicadas a la agricultura ni volcando mayor capital). Supongamos que la consecuencia de esto es una nueva colonización en el país B. Se pone en producción la parcela D, más productiva que la C.


El precio de venta sigue siendo el mismo. Desde el punto de vista del capital en general en el país A, nuevamente no representa un cambio comprar el grano local que el importado. El costo que deben afrontar es el mismo; poco importa desde su punto de vista que en las mercancías adquiridas mediante la exportación el componente de plusganancia que se transforma en renta sea  elevado; en nada cambia su situación. Tampoco el capital agrario del país A ve afectada su situación por la mayor demanda de mercancías agrarias que se producen en condiciones más competitivas, porque el precio de venta es impuesto por las condiciones de producción de la parcela A.
Para el capital del país B, tampoco se ve alterada la situación. El quintal de mercancías agrarias consumido localmente sigue valiendo $60.
Al mismo tiempo, la ampliación de la producción agraria para la exportación genera una masa de plusganancia que se transforma en renta, antes inexistente, que se suma a la ganancia de capital (que también aumenta en proporción directa al capital volcado a la agricultura), como consecuencia de que el precio de producción de las mercancías agrarias pasa a estar determinado por la tierra A. Esta masa de plusganancia que se transforma en renta, y que resulta apropiada primariamente por los dueños de la tierra, se amplía extraordinariamente como consecuencia del aumento del comercio exterior. Si consideramos el espacio nacional como un todo, la suma de ganancia del capital + renta es incrementada por el incremento de la producción agraria destinada a la exportación.
Pero veamos otro ejemplo. Bien podría haber ocurrido que la consecuencia de una mayor importación en el país A hubiera sido que salieran de producción las tierras menos productivas, con lo cual se habría abaratado de conjunto las mercancías agrarias, a la vez que aumentaba la proporción de la producción “global” (es decir la de los países A y B en este ejemplo) llevada a cabo en las tierras del país B. Supongamos que el aumento global es el mismo, y que el mismo desembolso de capital en la tierra D permite un rendimiento de 5 quintales ¿Qué habría ocurrido con la renta en este caso?

Como podemos ver, para el capital en su conjunto esto representa un importante abaratamiento de las mercancías agrarias. El precio del quintal se reduce a la mitad, con lo cual también disminuye la renta diferencial total. Al mismo tiempo, como vemos, en el caso del país B, disminuye la renta diferencial en la parcela C, pero se incorpora a la producción la parcela D. Aumenta entonces la renta total en el espacio nacional del país B. La renta total disminuye, a la vez que aumenta la renta que producen y realizan los capitales agrarios del país B. La “reasignación de poder de compra existente” que impone la producción agraria global para realizarse es menor, a la vez que es proporcionalmente mayor la masa de la misma que surge por la realización de las mercancías agrarias producidas por los capitales del país B, y vendidas mayormente en el país A.

Conclusiones
Hemos expuesto el razonamiento detrás de la afirmación de que la mayor parte de la plusvalía que se transforma en renta “fluye a la Argentina en los precios de dichas mercancías [agrarias]”. Ningún “salto” de plusvalías, como pretende Astarita que se desprende de los argumentos presentados***.
Para comprender todas las aristas que hacen a la naturaleza del fenómeno es necesario incorporar las determinaciones que hacen al mercado mundial. La renta diferencial es una plusganancia que está determinada por las condiciones de producción del capital volcado a la producción agraria en el país, en condiciones de precios determinados internacionalmente por las peores tierras puestas en producción; como toda la renta resulta un “falso gasto social” generado por la propiedad privada de la tierra, y la magnitud de renta diferencial resulta determinada por la relación entre los precios de producción individuales que surgen de los costos de las tierras puestas en producción en el país, y los precios de producción determinados por las tierras de frontera. Hecha esta precisión, este es en lo sustancial el análisis en que se basan nuestros planteos desde el artículo en Lucha de clases 9. Consideramos que han existido disputas por la renta porque es una masa de plusganancia que es apropiable, a través de mecanismos que señalamos en el mencionado artículo. La importancia de reconocer estas dimensiones que hacen a la renta no sólo está en poder realizar una correcta caracterización de las disputas entre sectores capitalistas (como la que realizamos nosotros desde el PTS en 2008, planteando que no estábamos ni con el gobierno ni con las patronales del agro, e impulsando la declaración independiente “ni K ni campo” que juntó numerosas adhesiones en sectores de la intelectualidad así como en el sindicalismo combativo), así como en precisar los efectos de la apropiación de la ganancia extraordinaria que se transforma en renta que también es un aspecto central para cualquier gobierno de la clase trabajadora que avance en su apropiación sobre la base de la liquidación de la gran propiedad agraria y la explotación colectiva de las grandes explotaciones por parte de los trabajadores.
Pero se trata, sobre todo, de desarrollar un método, de “ascenso de lo abstracto a lo concreto” que permita dar cuenta de las interacciones complejas que ocurren entre el nivel nacional y mundial, y que configuran el sistema mundial capitalista, como ya hemos dicho, como una totalidad compleja. El tratamiento que da Astarita a esta cuestión nos conduce en un sentido contrario.

* En oposición al ascenso de lo abstracto a lo concreto que era para Marx lo característico de su método de indagación, que procedía a reconstruir como concreto pensado el concreto real, abstrayendo primero hasta llegar a las determinaciones más simples, para luego reconstruir sus relaciones para llegar a abordar lo concreto como una “síntesis de múltiples determinaciones”.
** Esto no significa considerar que el tipo de cambio no afecte la renta. Efectivamente, una variación en el tipo de cambio que impacte sobre los costos, afectando salarios y otros insumos, impacta sobre la tasa de ganancia media del capital y sobre la plusganancia del sector agrario. En este aspecto lo planteado sobre el tipo de cambio en Lucha de clases nº 9 ha sido reformulado.
*** Astarita homologa todo nuestro planteo con la teoría sobre la renta y el valor de Juan Iñigo Carrera (JIC). Aunque puede reconocerse que JIC tiene un mérito en haber sistematizado las vías por las cuales la renta puede ser apropiada, analizando los efectos que tienen las retenciones y otras políticas que intervienen en las condiciones de circulación global de las mercancías agrarias producidas en el país sobre la distribución de la renta, su teoría sobre el valor, los precios y sobre el tipo de cambio presenta numerosos aspectos problemáticos. Incluso cuando analiza las vías de la apropiación de la renta, presenta la sobrevaluación cambiaria como una vía de apropiación de renta, lo que no me parece correcto. Este último aspecto lo critico en “La naturaleza de la renta agraria en Argentina. Los efectos de su apropiación parcial vía retenciones (2002-2008)”. Para una crítica más de conjunto que realizamos a las posiciones teóricas defendidas por JIC puede leerse “Sutilezas metafísicas y reticencias teológicas”.