Reproducimos acá la entrevista en Al dorso, programa emitido por FM La tribu.
Allí conversamos sobre la década ganada para el sector financiero, y sobre La Izquierda Diario.
Para escuchar el programa, ir aquí.
Mostrando entradas con la etiqueta economia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta economia. Mostrar todas las entradas
martes, 25 de noviembre de 2014
martes, 2 de septiembre de 2014
Una economía en zona de turbulencia
Cada noticia que se conoce sobre la economía argentina confirma que el panorama negativo se profundiza cada día. Una serie de elementos se concatenan para crear un círculo vicioso, donde los problemas en un frente crean problemas en otro, que a su vez repercuten negativamente en un tercer plano, y así sucesivamente.
La dupla dólar inflación es quizá uno de los ejemplos más evidentes. La devaluación de enero alimentó un salto en la inflación que tuvo a los alimentos y otros bienes básicos entre los componentes más afectados. Para tomar un ejemplo, según informes de la Dirección de Estadística de la Ciudad de Buenos Aires, los gastos de una familia tipo en el distrito subieron 39,3% en julio de este año con relación al mismo mes de 2013. El resto de los distritos no se quedan atrás. Mientras tanto, los cálculos más optimistas sobre el aumento de salarios (los que provee el Ministerio de Trabajo de la Nación), indican que el aumento promedio fue de 25,7%, si se considera el promedio de los valores salariales a lo largo de la vigencia de los acuerdos, incluyendo la percepción de los aumentos en etapas y el pago de sumas extraordinarias. Como se ve, el salario perdió por goleada en la carrera con los precios. Esto tuvo como resultado una severa caída en el salario real promedio, no menor al 5%.
Este ajuste se traduce en menor consumo, reforzado además por el recorte de los créditos y su encarecimiento (cuya reducción alcanza el 7% en lo que va del año). Esto pega de lleno sobre la actividad económica, ya golpeada por la caída de la demanda externa (que pegó con todo en la industria automotriz) y la escasez de dólares, que llevó al freno de las compras al exterior de insumos por parte de la Secretaría de Comercio, parando numerosos sectores de la industria. En estas condiciones, se multiplica la evidencia de que los pronósticos optimistas de hace unos meses de que el parate económico trocaría en recuperación durante la segunda mitad del año, son de cumplimiento imposible en la actual situación. Las cifras del Indec pusieron en evidencia en agosto, por primera vez, que no sólo cae la industria (-2,8% en el acumulado del año respecto de igual período del año anterior) y la construcción (-2,3%), sino también el empleo. La tasa de desocupación pasó de 7,2% en el primer trimestre de este año, a 7,5% en el segundo. No sólo recortan los salarios, también crece la desocupación. La ampliación de “Progresar” y la vuelta de los Repro, presentados como virtuoso keynesianismo, son medidas de contragolpe para intentar contrarrestar los efectos de la política de ajuste profundizada desde la devaluación y de las medidas de los empresarios para descargar el ajuste sobre los trabajadores. El gobierno quiere borrar con una mano lo que escribe con la otra.
El círculo vicioso se cierra sobre sí mismo. A ocho meses del ajuste devaluatorio, la brecha entre el tipo de cambio oficial y el paralelo está de vuelta en niveles exorbitantes, del 70%. El Jefe de Gabinete Capitanich ha salido a decir que lo del blue es invento de los medios, y que se trata de un mercado insignificante. La misma cantinela que se escuchó durante meses, hasta que finalmente el gobierno aceleró y realizó una devaluación de 23% para descomprimir el mercado. Los bancos y toda una calaña de especuladores, como siempre, los grandes ganadores. Sólo durante el primer trimestre de este año, los bancos amasaron el equivalente a la mitad de las ganancias de todo 2013, es decir $16.104 millones. Anualizado, esto significaría una duplicación de sus ganancias. El 60% de esas utilidades obedeció a ganancias por apuestas al dólar.
Lo cierto es que, a pesar del ninguneo, el Banco Central debió vender más de 400 millones de dólares en agosto para controlar el cambio oficial. La vuelta de la tensión cambiaria se explica por varios motivos. De fondo está la inflación, que ha vuelto a colocar la paridad cambiaria real (es decir en términos de poder de compra de la moneda local en relación al dólar) en niveles cercanos a los de comienzos de año, cuando la corrida cambiaria llevó al gobierno a dar un salto devaluatorio de 23% en enero, acelerando el ritmo que se había iniciado desde que Axel Kicillof y Juan Carlos Fábrega fueron nombrados en Economía y el Banco Central (BCRA), respectivamente. Como ocurre en estas circunstancias, no faltaron en las últimas semanas los reclamos -solapados- de sectores empresarios por la pérdida de “competitividad” (que en su concepción se consigue devaluando los salarios), ni el coro de economistas que acompaña y busca dar sustento a estos reclamos. Para algunos, aún la cotización del dólar paralelo a 14 pesos sigue siendo barata. A la inflación se suman el déficit energético e industrial, y los pagos de deuda pública en dólares, que generan una fuerte demanda sobre las reservas del BCRA. Esta demanda se confronta con la estrechez de las arcas de la autoridad monetaria: las reservas nuevamente amenazan caer a menos de 28 mil millones de dólares, como a comienzos de año. Ocurre que las fuentes de divisas están bloqueadas. No sólo fracasó la vuelta a los “mercados” por el litigio con los bonistas en el juzgado de Thomas Griesa. Al mismo tiempo se registra una caída de las ventas al exterior, la principal fuente de ingreso de dólares: entre enero y julio las exportaciones cayeron 3.780 millones de dólares en comparación a 2013. La baja de las exportaciones agrava la tensión cambiaria, y a su vez a mayor distancia entre las cotizaciones legal y paralela, más caen las exportaciones por reticencia de los “chacrers” a liquidar la soja.
El gobierno hace como si en todo esto no tuviera ninguna responsabilidad. Los especuladores buscan imponerle un golpe de mercado y los empresarios con posición dominante remarcan precios y manejan la oferta. Pero, ¿por qué los mayores “especuladores” y hacedores de golpe de mercado, los bancos, fueron un sector mimado durante estos años, que amasaron ganancias récord? ¿Por qué algunos empresarios con “posición dominante” como la patronal buitre de Lear violan alegremente las leyes y fallos del país y cuentan con total apoyo gubernamental? ¿Por qué son esos mismos actores con posición dominante algunos de los privilegiados por políticas oficiales como la de Precios cuidados, que ayudaron más a los negocios de las empresas que a frenar los precios?
El gobierno aplica el ajuste para que el conjunto de la clase capitalista descargue los costos del descalabro económico sobre las espaldas de los trabajadores, pero se hace el distraído. Cada día lo deja más en claro. Para defender los salarios, el empleo y las condiciones de trabajo, necesitamos una política de otra clase.
jueves, 28 de agosto de 2014
El gobierno reconoce el deterioro industrial, pero a medias
La ministra de Industria, Débora Giorgi, admitía hoy que la actividad
industrial tuvo una caída en el primer semestre de 2014, pero señaló que ese
retroceso la ubica en los niveles de “2010 o 2011”.
La ministra disertó en la reunión del Consejo de las Américas. En su
exposición sostuvo que “en el primer semestre de 2014 hubo un deterioro de la actividad
industrial del 3,2 por ciento, pero este nivel es muy superior a los que había
en la década del '90 y en 2001 y se ubica en los niveles de 2010 o 2011”.
En cuanto a la actividad industrial, la funcionaria comparó los niveles del
primer semestre de este año con los del mismo período de 2008 y aseguró que
mientras la Argentina creció 13,7 por ciento, Brasil cayó 2,8 por ciento,
Alemania, dos por ciento, Reino Unido 6,7; Japón 12,7; Francia 17 e Italia 25
por ciento, en tanto Estados Unidos mantuvo el mismo nivel.
Esta caída es algo menor que la que estiman algunas consultoras privadas.
Es el caso de la
Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL), que estima que en lo que va de 2014 la actividad industrial acumula
una caída de 4,2%.
Al explicar las razones del retroceso Giorgi señaló que “el mundo está
complejo” y que se registran caídas globales en las actividades industriales.
En el mismo escenario del Consejo de las Américas, el ministro de Economía Axel
Kicillof reforzaría este planteo al señalar que el “mundo
no ha salido de la crisis”, y asegura que economías como China muestran “su
peor performance de los últimos 15 años”.
Aunque ni el jefe de
Economía ni la ministra lo señalaron, el gobierno viene imponiendo un severo
ajuste sobre la industria imponiendo límites a las compras de insumos en el
extranjero. Desde 2012 rige la exigencia a todos los importadores de presentar
declaraciones juradas ante el Secretario de Comercio, que las evalúa y autoriza
según el caso. Los permisos se tramitan con mayor o menor agilidad según la
disponibilidad de dólares. Además, una vez recibido el permiso de Comercio es
necesario que el Banco Central permita concretar la compra de dólares. En una
industria donde los insumos importados representan más del 50% del valor final
de la producción (llegando a 80% en el caso de la industria electrónica y 60%
en la automotriz), el freno a las compras en el extranjero, una de las
expresiones que tiene el ajuste que el gobierno nacional viene aplicando, es
una de las razones de mayor peso para explicar la caída en la producción.
jueves, 21 de agosto de 2014
Salta el blue, el gobierno niega la devaluación... sabemos cómo termina, ¿no?
Desde hace ya varios meses, mientras el gobierno intentaba hacer "los deberes" para salir a los mercados, se esbozaba un escenario de nuevos saltos cambiarios, como producto de la inflación. La "incertidumbre" generada por el canje anunciado esta semana ha sido finalmente la excusa de los especuladores para, en un contexto de escesez de dólares y baja de tasas, salir a presionar por la cotización del dólar. El gobierno que hoy dice que no devaluará, dirá nuevamente ante la consumasión del ajuste cambiario que lo "obligaron". Los costos, caen sobre los trabajadores y sectores populares.
lunes, 18 de agosto de 2014
La lógica turbulenta del capital. Sobre el último libro de David Harvey
En Ideas de Izquierda 11, el artículo "La lógica turbulenta del capital" discute las ideas centrales del último libro de David Harvey, geógrafo marxista que ha escrito libros monumentales sobre El capital, la modernidad, y analizado el despliegue de contradicciones que realiza el capitalismo en su producción del espacio, entre otros varios tópicos. Su último libro define las que considera las diecisiente contradicciones centrales del capitalismo en su fase actual y esboza en sus páginas finales una alternativa no capitalista a partir del "humanismo revolucionario". En la revista discutimos los puntos fuertes así como los problemas de la crítica del capitalismo y la perspectiva de superación que plantea Harvey.
jueves, 14 de agosto de 2014
Sábanas cortas para el "progresismo K"
Adrián
C.
El
término de "sabanas cortas", en el mundo de la economía,
significa una situación donde ya no se puede quedar bien con dios y
con el diablo. Depende para donde tironees la sabana, sacrificas
alguna parte del cuerpo que dejas al descubierto. En años de
crecimiento y "vacas gordas", el Kirchnerismo se podía
permitir que los empresarios "la junten en pala", y que
aquellas migajas que se les caiga las puedan agarrar los que miran
desde abajo. Durante un tiempo, el Kichnerismo alimentó la ilusión
de que podían conciliarse las aspiraciones de ambos sectores bajo
"el modelo de crecimiento con inclusión". Paritarias al
25% que le emparden a la inflación, mas “pagadores seriales” de
la deuda, mas orgía de subsidios para amigos y poderosos, mas
ganancias "a tasas chinas", era una ecuación desigual,
pero que podía ser posible. Cuando hay fin de ciclo las sabanas se
achican, como esa ropa que después de tanto lavar no solamente
pierde brillo sino que empequeñece. Por si a alguien le quedaban
dudas, el kirchnerismo siempre tuvo bien en claro quién iba a pasar
frío en la noche… el pueblo trabajador.
¿Crédito
para todos?
El
relato K pretende mostrar como un round épico mas el que se juega en
el Banco central, entre lo que sería el riñón cristinista puro (de
la mano de Kicillof) y en la otra punta del ring, Fábrega, jefe del
Banco Central de la República Argentina. Es bien sabido en el ámbito
de la economía que se suele atribuir las subas de la tasa de interés
a las medidas "restrictivas" (que pretenden "enfriar"
la economía) y las bajas de las mismas a medidas Keynesianas de
"inyección de demanda" (vale decir de incentivo al consumo
e inversión). De hecho el jefe de Gabinete, Coqui Capitanich,
aseguró que la decisión del Banco Central de reducir las tasas
intenta "estimular
la producción de bienes y servicios y revitalizar el consumo".
La realidad es que la baja tendrá
un impacto muy leve para los créditos personales. De
ninguna forma se trata de una medida que revierta la caída del
consumo en la argentina. Incluso hay quienes aprovecharon esta
circunstancia para hacerse un festín. El principal combustible que
hizo avanzar la bicicleta bursátil en estos días fue la compra de
dólares a través de bonos y acciones, como respuesta a los anuncios
de recorte de las tasas. Una pequeña baja en las tasas, además de
significar una "revolución keynesiana" que aumenta (casi
nada) el consumo, representa también una medida que hace menos
atractiva (aun) a la moneda nacional, con lo cual incentiva mas (aún)
la ida hacia el dólar. Ni lerdos ni perezosos, muchos buitres
extranjeros, y también criollos, más que invertir en la producción
deciden "cubrirse" a través de lo que se conoce como
“contado con liqui” comprando bonos locales (bajo ley nacional,
no sujeta al buitre Griesa) que se pagan en pesos y se cobran... en
dólares. El principal efecto de la baja de la tasa de interés ha
sido hasta el momento la suba en la cotización de los bonos. Ejemplo
de esto han sido el Boden 2015 que subió 3,76% y el Bonar X que
avanzó 3,9%. Lindo progresismo K. Los buitres, contentos.
¿Gasto
para la inclusión?
Chillan
los economistas liberales recalcitrantes, del tipo de José Luis
Espert o Orlando Ferreres. Es que el gasto público de este gobierno
no para de crecer. Típico populismo dicen estos personajes. Y es que
la maquinita de hacer billetes aumentó por decreto en 24.300
millones de dólares el gasto público, es decir más del 80 por
ciento de las reservas brutas del Banco Central. La verdad del asunto
es que la mayoría de ese importe se usará para mayores subsidios a
la energía y el transporte, y esto más allá del aumento de tarifas
que viene soportando el pueblo argentino en estos rubros. Tarifas más
altas, mayores subsidios, empresas más ricas. Mientras tanto, el
anunciado plan ProEmplear, pasantía en versión “nac y pop”,
apenas contará con 3 mil millones de pesos, menos de un 5% de lo
gastado en subsidiar a las empresas energéticas que no invierten un
peso. Linda ecuación progre... Además, de acuerdo con un análisis
de la consultora Abeceb, lo que el Gobierno gasta en subsidios a la
energía equivale a 5 veces lo que se destina para el plan de
Asignación Universal por Hijo (AUH). Qué manera de darle guita a
los vagos dirán…
Subsidios...
al bolsillo del empresario
A
través del plan FONDEAR el gobierno destinará $ 10.000 millones en
créditos subsidiados. Las tasas serán de 14% para pymes y más
altas para el resto. Se pretende mostrar esto como un plan de
“salvataje” para casos de empresas en “crisis”, como el caso
de la imprenta Donnelley, y así evitar despidos. De mínima parece
un monto muy pequeño para “salvaguardar” el empleo, y además
permitirá a varios buitres de la industria extorsionar al gobierno
para hacerse de estos recursos, cuando no estén verdaderamente en
crisis. Los Repro –subsidios para evitar despidos– y las nuevas
leyes para registrar trabajadores y subsidios para el primer empleo
apuntan a que las empresas privadas tomen la iniciativa en materia de
creación de empleo. Un progresismo medio enclenque este, que deja en
manos de quienes despiden, suspenden y cierran fabricas, la épica
tarea de evitar… despidos, suspensiones y cierres de fábrica… Es
por esto que los fondos del programa Progresar anunciado por el
ministro de Trabajo, Carlos Tomada, para una capacitación por seis
meses con la posibilidad de inserción laboral, suena a cómico como
medida que contrarreste el desempleo… La solución es diferente.
Fabrica que cierre o despida, que se ponga a producir bajo control de
sus trabajadores, que se estatice así el estado garantiza la compra
de sus productos.
Desempleo
“nacional y popular”
Si
uno escucha a los funcionarios buitres de este gobierno notará
cierta esquizofrenia. Dice Capitanich al referirse al conflicto
de Lear: hay "una
estrategia para radicalizar protestas con fines opositores". "existe
una estrategia deliberada para promover conflictos”,
por parte de los “idiotas
útiles”
que serian los militantes de izquierda. Pero por otro lado hay ya 12
fallos que avalan la desidia patronal en Lear, y además una seria
sospecha acerca de la veracidad del pedido de quiebra en Donelley.
Entonces en qué quedamos? O admiten que estamos en presencia de una
recesión (con inflación) que empieza a afectar a muchos
trabajadores, con miles de despidos, suspensiones, cierres de fabrica
(vale decir crisis económica) o admiten que en la Argentina las
empresas extorsionan con irse cuando no hay delegados cipayos?
Decídanse… Pero de ahí a decir que la culpable de los despidos es
la izquierda porque “asusta” a los empresarios es un tanto
ridículo. Dice Scioli:
“Necesitamos
inversiones”
que se obtienen “seduciendo
al capital, no combatiéndolo”.
Más claro, imposible. Pensar que algunos kirchneristas de la primera
hora despotricaban por tener a un noventista como Scioli entre sus
filas. Que dirán ahora los seguidores del gobernador bonaerense, que
en su etapa senil, el cristinismo se hizo sciolista…
***
Para
terminar, este pretendido keynesianismo es una respuesta a la crisis
con "pólvora mojada"... No se puede borrar con una mano lo
que se escribió con la otra. Hubo un momento donde el "empleo"
y la "no represión" pretendía era un "sello
indeleble" del relato K; hoy, en su "etapa superior",
el cristinismo se ve obligado a reescribir
algunas páginas del mismo. Si en
definitiva, la única verdad es la realidad...
Etiquetas:
cristinismo,
déficit,
dólar,
dólar blue,
economia,
economia argentina,
economistas K,
gasto público,
keynesianismo,
kirchnerismo,
progres,
progresismo,
subsidios
viernes, 13 de junio de 2014
Tasas “cuidadas”, ¿crédito barato?
Aún con el
tope a las tasas, los bancos siguen haciendo negocios formidables.
Las
tirantes
relaciones entre el jefe del Banco Central (BCRA) Juan Carlos
Fábrega, y el Ministro de Economía, Axel Kicillof, se relajaron
momentáneamente tras la decisión de imponer topes a las tasas de
interés que pueden cobrar los bancos. El
anuncio del martes impone que para las entidades más grandes
las tasas podrán ser del 37% para préstamos personales y 32% para
prendarios. Para las entidades más pequeñas, la tasa de los
créditos personales será 46% y los prendarios, 36%. El Banco
Central estableció también
“nuevas reglas sobre comisiones y cargos de productos y servicios
financieros básicos”. Los bancos y las emisoras no financieras de
tarjetas de crédito tendrán que solicitar “autorización previa
del BCRA para aplicar aumentos al costo”.
Estas
medidas buscan descomprimir el enfriamiento del crédito que se
registra desde comienzos de año, cuando el BCRA impulsó una suba de
las tasas de interés. Esta medida apuntaba a mejorar los
rendimientos en pesos, para limitar el negocio de especular con el
dólar. Esta medida, después de la fuerte devaluación de enero,
permitió junto a otros “ardides” descomprimir la presión contra
el peso, frenando la corrida cambiaria y desinflando al dólar blue.
Una solución bien en sintonía con lo reclamado por toda la
oposición patronal, y los organismos internacionales como el FMI. Un
ajuste a paso más firme que el que el gobierno ya venía aplicando.
Como el enfriamiento del crédito y el impacto de la devaluación
sobre el costo de vida aceleraron el parate de la economía, el
ministro Kicillof venía empujando por un abaratamiento del costo
de financiamiento, con el
fin de revertir la caída
del consumo a crédito. El
recorte del crédito, sumado a la inflación y la dilatación de las
negociaciones salariales en paritarias de varios gremios -ante los
limitados aumentos que quieren imponer las patronales con aval del
gobierno- están
entre las principales explicaciones de la caída del consumo, que en
mayo cayó 8,3% respecto de igual fecha del año anterior, y acumula
en lo que va del año una retracción de 6,7%.
Como
era de esperarse, los representantes del sector financiero se rasgan
las vestiduras. Aducen que con estos techos no van a poder otorgar
créditos. Sin empacho, señalan que están obligados a imponer
costos financieros que rondan el 80%, que sino la ecuación de
rentabilidad no cierra. Para sus argumentos obtienen la valiosa
colaboración de reputados economistas exponentes de la ortodoxia
neoclásica, como es el caso de Eduardo
Levy Yeyatti, que en una entrevista en Clarín de hoy afirma que
los costos del sistema son por el pequeño tamaño del sistema
financiero local. Se dice todo esto, como si los bancos no hubieran
estado en los últimos cinco años a la cabeza de los sectores que
más ganaron en la economía argentina. Seguro, la fuga crónica de
capitales de la burguesía local y las multis que amasan formidables
ganancias en el país, configura un sistema financiero raquítico.
Pero esta pequeñez, es transformada por los bancos de debilidad en
fortaleza, ya que imponen tasas exorbitantes con el argumento de que
de otra forma no podrían “brindar sus servicios”. La
intermediación en créditos al consumo, las comisiones, el
financiamiento al gobierno y las ganancias por los movimientos de la
cotización del peso, permitieron que la banca amasara ganancias
récord, al lado de las cuáles palidecen los dorados noventa. Sólo
durante el primer trimestre de este año, los bancos amasaron el
equivalente a la mitad de las ganancias todo 2013, es decir $16.104
millones. Anualizado, esto significaría una duplicación de sus
ganancias. El 60% de esas utilidades obedeció a ganancias por
apuestas al dólar que el Gobierno permitió, ya que sólo desde
febrero reguló la posición en moneda extranjera del sistema. Por
mucha preocupación que pretendan exhibir los representantes del
sector financiero, estas medidas apenas los dejan en un rango de
rentabilidad “normal”, con el criterio generoso que Kicillof
viene
mostrando para definirla, si lo juzgamos por los acuerdos con Repsol
y con el Club de París.
¿Servirán
estas medidas para reactivar el crédito? Si
lo juzgamos por lo que dicen los bancos, o las grandes cadenas
minoristas, ocurrirá lo contrario. En los últimos días volvió a
congelarse el crédito. Sin embargo, después del pataleo inicial, no
está descartado que el crédito se restablezca, e incluso vuelva a
crecer. El enfriamiento del consumo pone una presión para mejorar
las condiciones a los fines de estimular a los compradores, y como ya
dijimos, las condiciones por las cuales los banqueros se quejan,
permiten una rentabilidad que no está en los niveles exorbitantes
que venían imponiendo, pero sí dentro de parámetros normales. Pero
lo determinante no está tanto en las condiciones de oferta, como en
la demanda: el crédito no se frenó sola ni principalmente por un
encarecimiento de tasas, sino por el ajuste que el gobierno viene
descargando sobre la clase trabajadora. Aún después de paritarias,
el salario real promedio proyecta una caída de 6% o 7%, mientras que
el panorama del empleo se agravó severamente. Sectores de la
industria aparecen como los más comprometidos, pero de forma
molecular la caída del empleo se expande por varios sectores. Las
estadísticas oficiales sólo logran disimularla mostrando una caída
de los que buscan trabajo activamente. Estas condiciones, que son un
resultado de la política oficial, son las determinantes de un freno
de la economía y del consumo, que no va a reactivarse solamente por
un abaratamiento del crédito.
Por
último, digamos, que aunque el Ministro Kicillof, transmutándose
por un momento en una especie de Cavallo Nac&Pop, nos diga que
“las compras en cuotas son otro logro de esta década” (como si
cada festival financiero no las hubiera tenido) lo que las medidas
actuales del gobierno buscan regular no es una distorsión surgida de
la devaluación. Parece como que el financiamiento en cuotas es ahora
caro sólo
porque los bancos se abusaron de la devaluación, pero que
no lo era antes. Y parece
que los topes del gobierno devolverán la baratura crediticia. La
rentabilidad del sector durante estos años, incluyendo el capítulo
de financiamiento al consumo, es una prueba contundente de lo
contrario. Las “tasas cuidadas” permiten un negocio en bandeja
para los bancos, aunque en tasas más moderadas que las que determina
su voraz sed de ganancias fáciles.
Una
verdadera baratura del crédito puede lograrse con la misma medida
que podría cortar de raíz las mil cabezas de la hidra especulativa:
la nacionalización de la banca para crear una banca estatal única.
Esta medida, junto a la nacionalización de todo el comercio
exterior, y la declaración del no pago de toda la deuda externa,
permitirá atacar de raíz la mentada “restricción externa”, que
en su forma actual no es otra cosa que el resultado de la sangría
que imponen los fugadores seriales que componen la burguesía
nacional, las multinacionales que giran ganancias y desarrollan una
matriz productiva deficitaria por su demanda de importaciones (que
muchas veces adquieren con precios de transferencia inflados) la
deuda externa, y la decadencia de la matriz energética como
resultado del saqueo empresario avalado por los gobiernos “nac &
pop” de Néstor y Cristina Kirchner. Con estas medidas, como parte
de un programa que pueda imponer la clase trabajadora para evitar que
los costos del fin de fiesta caigan sobre sus espaldas, podrá
empezar a imponerse una salida que expropie a los expropiadores
capitalistas y encare una reorganización de la economía en función
de las necesidades sociales, y no de la ganancia.
miércoles, 21 de mayo de 2014
El que apuesta al dólar, ¿será verdad esta vez que pierde?
Gastón Ramírez y Esteban Mercatante
Después de meses de calma, volvió a dispararse la cotización del dólar paralelo (blue), hoy un 40% por encima del dólar oficial. Las previsiones de varios analistas ponían agosto como horizonte límite para la pax cambiaria. Pero parece que, ante el intento de hacer la plancha por parte del Ministro de Economía Kicillof, y la marcada exposición de las internas en el gabinete económico sobre qué hacer con el dólar y las tasas, los tiempos podrían acortarse. El salto de la brecha muestra los límites de los intentos de mantener a 8 pesos el dólar, al menos, en lo que dure la liquidación del grueso de la cosecha de soja (hasta agosto). Como venimos denunciando desde comienzos de año, el gobierno entró en una senda de ajuste acelerado, del cual la devaluación de enero (que fue un salto dentro de una depreciación del peso que había sido de 60% desde comienzos de 2013 hasta enero de 2014) era sólo un capítulo. Ahora los especuladores presionan por un nuevo ajuste.
Después de meses de calma, volvió a dispararse la cotización del dólar paralelo (blue), hoy un 40% por encima del dólar oficial. Las previsiones de varios analistas ponían agosto como horizonte límite para la pax cambiaria. Pero parece que, ante el intento de hacer la plancha por parte del Ministro de Economía Kicillof, y la marcada exposición de las internas en el gabinete económico sobre qué hacer con el dólar y las tasas, los tiempos podrían acortarse. El salto de la brecha muestra los límites de los intentos de mantener a 8 pesos el dólar, al menos, en lo que dure la liquidación del grueso de la cosecha de soja (hasta agosto). Como venimos denunciando desde comienzos de año, el gobierno entró en una senda de ajuste acelerado, del cual la devaluación de enero (que fue un salto dentro de una depreciación del peso que había sido de 60% desde comienzos de 2013 hasta enero de 2014) era sólo un capítulo. Ahora los especuladores presionan por un nuevo ajuste.
El
disparador de estos movimientos provino del Banco Central (BCRA). La leve
recuperación de las reservas, hoy en U$S 28.385 millones (u$s 1.446 millones
por arriba del piso tocado a comienzos de año; todavía un 7,4% por debajo del
valor al cierre de 2013), le dio confianza al titular del BCRA empezar a mover
un poco el tipo de cambio oficial, 0.6 puntos (una suba de 0,75%). La idea -podemos presumir- era
iniciar microdevaluaciones como para indicar que la moneda no va a seguir fija,
y sacudir un poco las certezas de los sectores propensos a especular. Algo así
como la política que aplicó Redrado hace unos años cuando estaba al frente del
BCRA. También, presionado por el Ministro de Economía (que contaba con aval de
Cristina) el Jefe del BCRA empezó a bajar la presión sobre las tasa de interés.
En una interna cada vez más ventilada (para delicia de la “corpo”), Kicillof
había acusado a Fábrega por la recesión, sosteniendo que las altas tasas
frenaron el crédito y el consumo. Lo cual es cierto, pero tanto como que los
techos a los salarios y el mazazo devaluatorio (así como los tarifazos de
transporte, luz y gas) son parte del mismo combo de ajuste. Ahora Fábrega bajó
2 puntos las tasas de las letras del BCRA. A la vez que relajó el cepo
cambiario autorizando el giro de utilidades al exterior (que se quintuplicaron en 2013 respecto 2012, sumando
los $s 1.344 millones; menos de un tercio del promedio que hubo hasta 2011, de
todos modos).
Los
movimientos opuestos y simultáneos de tasas y dólar oficial sacaron de la
modorra a los especuladores financieros. Bastó una esta leve baja en la tasa
(ahora en 26% a 90 días) para, ante una posible merma de la jugosa rentabilidad
que vienen haciendo con estos papeles desde la devaluación, apurarlos a buscar
refugiarse otra vez en el dólar, mediante un nuevo pase a activos en dólares, y
de paso meter presión sobre el cambio oficial para -si lo logran- hacer buenas
ganancias de corto plazo. Esto elevó el dólar blue a un valor por encima
del 40% de la cotización del peso oficial, a la vez, que el dólar “liqui” (que
es un parámetro central para el blue) se ubicó en $10,76, muy cercano a los
$11. La suba del dólar blue a un precio de $11,30, registra una suba del
13%, cercana a la inflación acumulada hasta mayo. Esto podría anticipar el
ritmo de devaluación del oficial para reponer la inflación. El dato más relevante es la caída a la mitad
del valor entre el dólar blue y el dólar contado con liqui (dólar fuga), que se
ubica en 54 ctvs. Un indicador del pase a activos en dólares de los inversores.
Un dato
central, es que los exportadores y las cerealeras también se sumaron a los
especuladores (qué sorpresa, ¿no?) reduciendo las liquidaciones de dólares por
exportaciones. Aunque en abril habían estado altas, vienen cayendo. Esta semana
son hasta ahora un 30% menos que la semana pasada, acumulando sólo U$S 670
millones. Como dice un informe afín al sector “el hombre de campo
está enojado con el precio, y espera una mayor devaluación”. La liquidación de divisas que hacen los
sojeros ya es bastante menor a la de abril. Como los pagos por importaciones
son crecientes, sólo 1 de cada 4 dólares que compra queda en el organismo.
Aún
en el contexto de una economía en recesión, a causa del ajuste y del menor
ritmo de compras industriales (automotrices) de Brasil, parece que la pax
cambiaria tiene plazo más corto que el que se preveía hasta hace unas semanas.
El gobierno volverá a moverse entre las alternativas de nueva devaluación, o
una vuelta a los mercados de deuda, todavía trabada aunque la emisión de bonos
para pagar a Repsol confirmó que una vez más que el desendeudamiento es cosa
del pasado. Probablemente, de acá hasta fines de 2015, veamos dosis mezcladas
de ambas recetas ortodoxas, en un combo de ajuste sobre los sectores populares.
La
cuestión del dólar no puede atacarse regalando rentabilidad a los especuladores
o volviendo al redil de los mercados. Sólo la nacionalización de la banca para
conformar una banca estatal única, un verdadero monopolio estatal del comercio
exterior y la expropiación de los grandes terratenientes que junto con las
cerealeras y los otros eslabones del agropower organizan la especulación,
pueden cortar de raíz las maniobras que preanuncian un nuevo mazazo al nivel de
vida de los trabajadores y los sectores populares mediante una nueva
devaluación. Sólo la clase trabajadora puede imponer esta salida, luchando por
un gobierno de otra clase.
viernes, 16 de mayo de 2014
El ajuste K y los ataques patronales apuntan contra el empleo y el salario
A comienzos de este año, señalábamos que el giro dado por el gobierno de Cristina Fernández en enero, al imponer el mayor ajuste cambiario desde 2002 signaba “de forma irreversible, la entrada en una nueva dinámica”. La del ajuste a un ritmo más acelerado. Más acelerado, decimos, porque en los hechos después de las elecciones de 2011 se decretó el fin del tan mentado “nunca menos”, y comenzaron las primeras medidas de ajuste. Pero la devaluación marcó un salto. Le dio un nuevo empujón a la inflación, que ya se había acelerado de forma considerable a fines de 2013, y en unos pocos meses (de noviembre a marzo) el poder adquisitivo del salario cayó más de 15%. El ajuste cambiario fue seguido por una política monetaria restrictiva que subió las tasas de interés y restringió la liquidez para contener al dólar, con la consecuencia de encarecer significativamente el crédito al consumo -con tasas que llegan al 80%- y reducir (o cortar, según el tipo de bienes) su disponibilidad. Se trató de un zarpazo en toda la línea, el mayor de la época kirchnerista, contra los ingresos de los asalariados y el nivel de vida de todos los sectores populares. Y al mismo produjo un regalo a los bancos, que en el primer trimestre de este año llegaron en algunos casos a cuadriplicar sus ganancias respecto de igual período del año anterior.
Cuatro meses después, se confirma que hemos entrado en una nueva dinámica. Veamos.
Una estabilización “macro” provisional y limitada
La situación que se está configurando, se alejó en lo inmediato de los pronósticos de descalabro de la economía que circulaban durante los primeros meses del año. A fuerza de ajuste ortodoxo, el tándem Kicillof (Ministro de Economía) y Fábrega (Presidente del Banco Central, BCRA) logró estabilizar la situación. La devaluación, seguida por una política monetaria restrictiva (es decir un combo de ajuste ortodoxo por ambos lados) para incentivar el ahorro en pesos y frenar la fuga al dólar; el posterior blanqueo de la inflación con el nuevo IPCNu (aunque también el achicamiento del crecimiento que los libró del cupón de crecimiento a fin de año) y el acomodamiento en una pauta de negociaciones salariales que supera el objetivo que se había puesto el gobierno a comienzos de año (18%) pero que va a dejar los salarios por debajo de la devaluación acumulada desde fines de 2013, y de la suba proyectada de precios para este año, lograron estabilizar la macroeconomía por un período (dependiendo cuánto dure de si planchan la moneda o no, del nivel de inflación y de los dólares que entren por el comercio exterior). Las patronales siempre propensas a reclamar por la “competitividad” se vieron beneficiadas por una devaluación que hizo caer el costo salarial en dólares, y el “agropower” logró un tipo de cambio favorable para liquidar los dólares amasados por la cosecha. Esto puso un freno a la fuga de dólares, que se llevó 13 mil millones de dólares en 2013 a pesar del cepo cambiario.
Los esfuerzos mostrados en la negociación con el Club de París para restablecer un cronograma de pago de estas deudas con acreedores de los países ricos, la circunspecta presencia de Kicillof en la reunión del FMI, y el acuerdo con Repsol para pagar generosamente la compra del 51% de las acciones de YPF, empezaron a despejar alguna posibilidad de emisión de deuda pública en el exterior. Se comprende, con tasas por el piso en los países ricos, los grandes bancos internacionales desesperan por hacer negocios con un país al que le pueden cobrar arriba de 8%. Por lo pronto avanzaron emisiones de deuda de YPF, así como hay ofertas para préstamos a tasas que rondan el 6% al BCRA, para ampliar la cobertura de dólares (es decir, no sería un financiamiento al tesoro del Estado argentino sino una especie de “swap”, que cubre al BCRA para sostener la política monetaria), en ambos casos a tasas altas en términos internacionales, pero mejores que hace un tiempo. La estabilización también despejó, al desinflar el mercado cambiario paralelo, algunos obstáculos que limitaban la extensión del acuerdo Chevron a otras empresas, como era la necesidad de hacer mecanismos para compensar la "pérdida" de las multinacionales por entrar en dólar legal en vez de blue. Al acuerdo con Dow anunciado en septiembre pasado, se sumó otro con la malaya Petronas, así como un nuevo desembolso conjunto de YPF y Chevron por 1.600 millones de dólares. Estos negocios petroleros representan el ingreso de al menos 2 mil millones de dólares para este año.
Todo esto contribuyó a descomprimir el faltante de dólares, tanto por el lado de frenar la salida como de alimentar la entrada, relajando entonces la “restricción externa” (sobre esta restricción en la economía argentina ver aquí). Pero aunque esto alejó por el momento los riesgos de una crisis externa (es decir de un escenario donde el tipo de cambio nuevamente se vuelva inmanejable, con nuevo salto del blue e incluso riesgo del sistema financiero), la inflación que sigue a paso firme, y la baja de la tasa de interés que está encarando ahora el BCRA para tratar de restablecer las condiciones de crédito, dejan el interrogante de cuánto tiempo duraran estas condiciones. A esto se agrega otra inquietud, imprevista hace unos meses, que es el deterioro agudo del balance comercial. Llamativamente el Indec acaba de ajustarlo a la baja para el año 2013, pasando de u$s 9.024 millones a u$s 8.004 millones. Pero lo más alarmante es que las habituales discrepancias con los registros de Intercambio Comercial Argentino (ICA) son mucho mayores que en otros años, y llevaron a ajustar las estimaciones privadas para 2013 a un superávit virtualmente nulo (ver acá). Para este año, se redefinieron los pronósticos y se espera un superávit comercial de u$s 5 mil millones. El saldo externo favorable observado desde 2002 ha sido clave para fortalecer las reservas del BCRA, que se fueron volviendo cada vez más importantes para la política económica a medida que otras patas del llamado “modelo”, como el superávit fiscal o la competitividad lograda en 2002 con la megadevaluación, se deterioraban. Como explicábamos en Ideas de Izquierda 7: “El hecho de que el BCRA tuviera un nivel elevado de reservas, contribuyó durante los últimos años de diversas formas a sostener el esquema de financiamiento imprescindible para afrontar un gasto público en aumento”, entre otras cosas porque permitió que una parte de las reservas fuera usada para pagar deuda pública externa, sin contrapartida de mayor endeudamiento del Tesoro (el Fondo del Bicentenario). Para que nos demos una idea, los vencimientos de deuda del Gobierno nacional que se pagaron con reservas ascienden a u$s 27.500 millones entre 2010 y 2013. Las alarmas sonaron en 2011 sólo porque los dólares de la soja (y otros granos) ya no alcanzaban para sostener el déficit industrial, el déficit energético, los pagos de la deuda, las remesas de capitales y la lisa y llana fuga de dólares. Ese año fue el primero de la década kirchnerista donde el año concluyó con una caída en las reservas en manos del Banco Central.
El superávit comercial previsto para este año está un poco por encima de los vencimientos de deuda pública de este año (3.200 millones de dólares) en caso de que efectivamente no haya pago de cupón de PBI como se prevé por el momento (sino la cifra podría trepar a 6 mil millones de dólares, es decir que el superávit comercial del año no llegaría siquiera a cubrir esto). Considerando que la salida de dólares se enlenteció pero no se frenó del todo, es probable que el año termine nuevamente con caída de reservas. 2015 luce más complicado, ya que los vencimientos ascenderán a 9 mil millones de dólares.
Por eso, aunque en lo inmediato el ajuste cambiario y la política monetaria ortodoxa contribuyeron a estabilizar la situación, el deterioro comercial es otro síntoma de que esto podría durar poco.
La hora de la recesión
La “estabilización” –con los límites que señalamos más arriba- ha sido lograda a costa de un ajuste que golpeó una economía que ya mostraba múltiples señales de deterioro. La devaluación agravó un escenario complicado, empujando en lo inmediato a la economía hacia la recesión. La economía, que venía ya de dos años (2012 y 2013) muy bajo crecimiento (que ahora el ajuste de los números oficiales del PBI confirma), ingresó técnicamente en recesión, ya que se registraron dos trimestres consecutivos de contracción de la economía. Los pronósticos para el año prevén una contracción económica de entre 0,5% y 1,5%. Con una inflación que difícilmente termine el año por debajo de 35%, y acuerdos salariales que salvo excepciones estuvieron por debajo del 30%, la política oficial se orienta hacia una profundización del deterioro del salario real (que en promedio había terminado con una ligera caída en 2013, que en varios gremios, con los convenios salariales negociados por debajo del promedio, fue en realidad un deterioro bastante más marcado).
Uno de los sectores que muestra mayores complicaciones es la industria automotriz. Esta acusa una caída acumulada de la producción de 18% en los primeros cuatro meses del año, y una disminución de las ventas locales del 30% y del 18,6% de las exportaciones en igual período. Por ahora el deterioro se está acelerando, ya que sólo el mes de abril la caída en las ventas mayoristas fue de 40% respecto de igual mes del año anterior. Como señalamos acá, las automotrices han aprovechado las formidables ventajas en flexibilidad que les otorgan las cláusulas de flexibilidad perfeccionadas en cada convenio (por rama y por empresa) durante la última década para ajustar just in time el trabajo, anunciando en unas pocas semanas una seguidilla de suspensiones que afecta a 12 mil trabajadores. Esto evidencia cómo, aún los sectores mejor pagos de la clase trabajadora argentina, y que lograron participar en cierto modo del “derrame” que no bajó a los escalones donde se encuentra el grueso de los asalariados del país, se encuentran hoy ampliamente flexibilizados. Esta dimensión de la precariedad que se invisibiliza en tiempos de crecimiento, se pone en evidencia apenas emerge la crisis. Estamos empezando a ver reminiscencias de lo que fue 2009. Pero promete ser mucho peor, y es necesario responder a la medida del ataque que se viene.
La profundidad de la caída tiene numerosos efectos expansivos sobre el resto de la industria. Las terminales representan el 6,5% del PBI industrial y el 7,2% del empleo en forma directa. Aún con la limitada integración de componentes locales en los vehículos (30/35%), más de 400 empresas autopartistas se mueven al vaivén de lo que ocurre con la producción automotriz. El 55% de su facturación está compuesto por ventas a las terminales locales. Otro 15% se dirige a Brasil, donde las automotrices también están aplicando suspensiones. La onda expansiva del parate automotriz continúan, a través de sus proveedores, hacia un importante número de metalúrgicas, fundidoras y proveedores de insumos básicos como acero, aluminio, vidrios, químicos y plásticos. Esto significa sectores que implican que no menos del 14% del PBI industrial (3% del PBI total nacional). Según estimaciones de Dante Sica de Abeceb, por cada puesto de trabajo generado en una terminal automotriz, se crean otros 3,7 empleos en empresas eslabonadas en la cadena de producción, distribución y comercialización. Es decir que la crisis automotriz afecta a una buena parte de los más de 165 mil empleos involucrados en la cadena. Ante esto las patronales se aprestan a descargar sobre los trabajadores el peso de la crisis. Ni lerdos ni perezosos, las patronales autopartistas ya iniciaron despidos, como observamos en Gestamp.
¿Cuáles son los motivos de esta caída? En la industria automotriz el gobierno pretende explicarla centralmente por la caída de Brasil. Pero aunque las exportaciones cayeron fuerte, mucho más lo hicieron las ventas locales. También están cayendo fuerte otras ramas de la industria muy vinculadas al desenvolvimiento del mercado local. De conjunto la actividad industrial de marzo de 2014 muestra disminuciones del 6% en términos desestacionalizados. La producción de cemento registra en marzo una caída del 4,8% en comparación con igual mes de 2013; en el primer trimestre de 2014 en comparación con el mismo período del año anterior la producción de cemento presenta una disminución del 0,8. Alimentos y bebidas cayó en marzo 0,4 respecto de igual mes del año anterior, y acumula en el año una caída de 0,6 respecto de igual período del año previo). Mientras tanto, firmas como Aluar que exporta un 70% de la producción, presentaron balances con ganancias que crecieron un 115% en nueve meses.
En este contexto, durante la segunda parte del año podría haber, en el mejor de los casos, alguna reversión parcial del deterioro. Hasta marzo el consumo agregado acumulaba en el año una caída del 0,6, mientras que el crédito al consumo registraba una caída de 6,1%.
Después de paritarias y la liquidación de la soja puede haber algún impulso a la demanda, aunque limitado porque la tendencia a la destrucción del empleo no da signos de detenerse. las cifras del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) publicadas para el primer trimestre, que reflejan una merma interanual del 1,2 por ciento en la cantidad de obreros en la industria manufacturera. La encuesta industrial del Indec indica que el 3,2% por ciento de los empresarios fabriles prevé una baja en el número de empleados para los próximos meses, así como también estiman reducir la cantidad de horas trabajadas. Según la encuesta reciente de la consultora SEL, sobre 140 grandes empresas, un 15% espera disminuir su personal en 2014, cifra que casi duplica la relevada el año pasado, cuando sólo el 8 por ciento preveía despidos. El estudio señala que “esta expectativa se agudiza en el sector de bienes durables, donde la proporción de empresas que espera disminuciones se duplica, llegando a un 30 por ciento”. En contraposición, el 19 por ciento espera aumentos, 4 puntos por debajo de igual período del año anterior. Según el mismo estudio, el 26 por ciento de las empresas líderes redujo las contrataciones estacionales. Alineado a lo anterior, el 21 por ciento ya ha eliminado la contratación de personal temporario, cifra que asciende al 24 entre las compañías de bienes durables y consumo masivo.
Un programa para frenar el ataque
Ante este cuadro de deterioro, que ya está golpeando sobre la clase trabajadora, desde usinas afines al oficialismo depositan confianza en las herramientas del gobierno para contener los efectos sobre los ingresos de los trabajadores y sectores populares. Mencionan en Programa de Recuperación Productiva (RePRo), implementado en 2008 ante la caída de la economía que causó la crisis mundial. Algunos llegan tan lejos como para afirmar que el anuncio de 40% de aumento para la AUH y para las asignaciones familiares (que analizamos acá) desmiente el rumbo del ajuste.
Pero este aumento es por sí sólo un reconocimiento del ajuste aplicado sobre los ingresos de la clase trabajadora, de los sectores público y privado, que en ningún caso tuvieron una recomposición nominal del ingreso equivalente. Si la AUH le empata le gana por poco a la inflación (no así a los aumentos de precios de alimentos, que alcanzan a 40% desde junio último, cuando había sido el anterior aumento de la asignación), los salarios pierden por goleada.
Ante el déficit fiscal, y las limitaciones para financiarlo, el gobierno no puede actuar para contrapesar la caída económica. Al contrario, está obligado a actuar para profundizarla. A diferencia de otros ajustes devaluatorios (como 2002) que permitieron ajustar gastos en relación a los ingresos, mejorando la situación fiscal, ahora ocurrió todo lo contrario. La devaluación no hizo más que agravar las dificultades, entre otras cosas porque agravó el costo de las importaciones de combustible. Como consecuencia de esto, los aumentos de tarifas de servicios públicos y del transporte trasladan a los precios una parte de los subsidios, pero esto no permite reducirlos sino sólo limitar su crecimiento. Salvo que ensayen a fondo la vuelta a los mercados, o que aceleren el financiamiento a través de la emisión monetaria (que el actual jefe del BCRA no parece dispuesto a convalidar), el ajuste fiscal debe continuar a paso firme, ya que no hay margen para continuar con los mecanismos de financiamiento ensayados en los últimos años (a través de ANSES y el BCRA). Por eso se encuentra limitada la capacidad de empujar la economía con gasto público. A la inversa, la devaluación y la reducción de subsidios, así como el encarecimiento del crédito son un combo de ajuste sobre la economía. La estabilización provisional (que podrá extenderse a cosa de más devaluación -es decir más ajuste- y endeudamiento externo) lograda a fuerza de medidas ortodoxas, está permitiendo dosificar los ritmos, no cambiar la tendencia.
Toda la burguesía y los partidos patronales acompañan las medidas de ajuste. Aunque desde sectores opositores y El Foro de Convergencia Empresaria expresen la intención de lograr medidas más decididas, y sobre todo, aspiren a desmontar mecanismos de intervención en la economía aplicados durante estos años que, aunque aplicados en función de sostener la reproducción del capitalismo nacional, cuentan con el rechazo de sectores empresarios. Pero no hay diferencias en un punto fundamental: que sean los trabajadores los que paguen los costos de la crisis. El gobierno, que al mismo tiempo que puso techos a los salarios por debajo de la inflación se resiste a mover el mínimo no imponible del impuesto a las ganancias, y trata de “privilegiados” a los sectores sindicalizados, pretende que todo esto es para sostener los ingresos de los sectores más bajos. Puro verso: el ajuste pega de lleno sobre estos sectores, ya que, por fuera de la percepción de la asignación con fondos del Estado, buena parte de los ingresos en estos sectores provienen de un empleo, en condiciones no registradas (en “negro”), en los sectores como la construcción que están entre los que más caen (construcción cayó 6% en marzo). Como planteamos en Ideas de izquierda 5, las condiciones de precarización de la fuerza de trabajo, que son las principales responsables del bajo piso de ingresos. Al cabo de una supuesta década “ganada”, el 50% percibe ingresos de hasta $4.040, y el 70% está por debajo de los $6.000. Suena a broma presentar ahora, como medida contra el trabajo no registrado, después de 10 años en el poder, un proyecto de blanqueo de inspiración cavallista, con la modesta aspiración de bajar un 10% el empleo no registrado (es decir que pase de 34% a 28% de la Población Económicamente Activa). En abril, el mismo mes en que se anunciaban estas medidas,las contribuciones a la seguridad social crecieron un 19,4% interanual, la mitad del aumento general que registró la recaudación. Es decir bastante menos que la inflación estimada. Dado que el desempleo no se disparó y que los despidos todavía son puntuales, eso implica que hay empresas que dejaron de pagar los aportes por sus empleados o que empezaron a “negrear” ante el enfriamiento de la economía. El plan de “blanqueo” nace fallado por la crisis, que potencia la inclinación negrera de la burguesía argentina.
Los verdaderos “privilegiados”, en la Argentina del ajuste ortodoxo llevado a cabo puntillosamente por heterodoxos, son los sectores empresarios, si juzgamos por la última presentación de balances de las empresas cotizantes, con crecimientos de los beneficios de hasta 400% en el caso de algunos bancos.
Con el 10A, la clase trabajadora hizo visible su fuerza en la calle. También se puso en evidencia la presencia de la izquierda en sectores estratégicos, como es la zona norte del Gran Buenos Aires donde se encuentran algunas de las principales concentraciones fabriles del país. En numerosas fábricas los sectores clasistas arrebataron muchas de las organizaciones (centralmente Comisiones Internas) de manos de la burocracia sindical. También contamos con el avance político que representa la conquista de diputados, legisladores y concejales de los trabajadores con el Frente de Izquierda. Con esta fuerza los trabajadores podemos evitar pagar los costos de esta nueva crisis (como pasó con el fin del Gobierno de Alfonsín o el de Menem y la Alianza). Tenemos la fuerza para articular una alianza con los sectores populares, resistir este ajuste e imponer una salida opuesta. Es mentira que no queda otra que aceptar las “reglas” del ajuste, es decir, las de los que la “juntaron con pala”. Atacando sus millonarias ganancias, hay una salida a favor de los trabajadores y el pueblo.
Para imponerla, lo primero es terminar con la tregua que, después del 10A, impulsan los sectores opositores de la burocracia sindical. Hay que imponer un paro nacional de 36 horas con movilización y piquetes. Rodear de solidaridad todas las luchas, pelear por la prohibición de todas las suspensiones y despidos, y por la reapertura de todas las paritarias para imponer “cláusulas gatillo” para ajustar los salarios ante la inflación. Reparto de las horas de trabajo manteniendo el salario. Abajo la precarización laboral. Pase a planta y a mejor convenio.
La clase trabajadora puede presentar una alternativa al ajuste. Hay que expropiar a los bancos y crear una banca estatal única controlada por los trabajadores que termine con los usureros. Se debe confiscar a las comercializadoras de granos e imponer el monopolio estatal del comercio exterior, hay que decidir qué se exporta y qué se deja introducir como importaciones de acuerdo a las necesidades populares, y con precios accesibles y no de acuerdo a la ganancia de las multinacionales. Hay que desconocer la deuda usuraria, que ya se pagó más de treinta veces, e imponer que los empresarios retornen los dólares que tienen en el exterior (calculados en 210 mil millones). Si se niegan, hay que expropiar sus bienes en el país. Todas las privatizadas demostraron que utilizaron los subsidios para su rentabilidad, sin inversión (los permanentes cortes de luz fueron la muestra reciente): hay que estatizarlos y ponerlos a funcionar bajo control de los trabajadores.
Estas son demandas de un plan de emergencia que muestran que hay otra salida, pero que no vendrá ni de este Gobierno que se arrodilla ante el capital ni de la oposición patronal. Solo la movilización obrera y popular puede ir conquistando estas demandas y un Gobierno de los trabajadores puede imponer este programa de conjunto. Para que la crisis la paguen los empresarios.
Los Encuentros regionales como el que se prepara para el 24 de mayo en la Zona norte del Gran Buenos Aires, tienen como desafío impedir el avance de las suspensiones y despidos, así como rechazar la ley antipiquetes, la represión a los que luchan y tomar medidas para seguir exigiendo la absolución ya a los petroleros de Las Heras.
Etiquetas:
ajuste,
asignación universal,
AUH,
crisis económica,
devaluación,
economia,
economía argentina,
inflación,
paritarias,
redistribución,
salarios
jueves, 15 de mayo de 2014
AUH vs Inflación. ¿Mejora efectiva, o restitución (y reconocimiento) del mazazo acumulado en un año?
La presidenta anunció que a
partir de junio la AUH pasará de $460 a $644. Se trata de un aumento del 40%.
El número en abstracto suena bastante imponente. Tanto que varios oficialistas
salieron a hacer declaraciones entusiastas como que se trata de “otro
baldazo de agua fría para los que piden ajuste". El encuestador
y bloguero Artemio López sostiene que “15 puntos por sobre el nivel
inflacionario de 2013 y al menos 10 puntos por sobre el estimado por la
ortodoxia para 2014, nuestra estimación es que la actualización del 40% se
ubicará 15 puntos por sobre el nivel inflacionario 2014”. El sociólogo llega a
afirmar, nada menos, que esto permite “alejarse de la variante ortodoxa del ajuste
post devaluatorio”. En primer lugar, debemos decir que las cifras que arroja
están bastante por debajo de las que, a falta de credibilidad de la información
oficial, pueden aproximarse. Los índices provinciales de las pocas provincias
que mantuvieron cifras propias durante 2013, así como otras estimaciones
privadas (que sí, tienen una cierto sesgo al lanza, así como el gobierno mostró
bajo la impronta de Moreno una tendencia a planchar la variación del nivel de
precios hasta llegar al ridículo) ubican la variación de precios para todo 2013
alrededor de 28%. Además, en el caso de los alimentos, que concentran una parte importante del consumo de los sectores de menores ingresos, el aumento de precios fue más alto que la tasa de inflación promedio, rondando el 40%. Por otro lado, para el año en curso, aunque la variación de precios
se enlenteció después de los frenéticos aumentos de enero y febrero, resulta
prematuro ubicar la inflación del año en 30%, más aún en 25%. Por empezar, se
vienen nuevos ajustes en las tarifas de los servicios públicos que van a acelerar
el aumento de precios, sobre todo en la zona de CABA y GBA. Para seguir, no
está dicho que el gobierno no vaya a ajustar nuevamente el tipo de cambio, y
que eso estimule más la suba de precios. Mientras tanto, los números oficiales
de inflación vuelven a mostrar algunos vicios que los llevan a presentar una
realidad desfigurada, como basarse en los precios cuidados que están en menos del 30% de los puntos de venta
minorista.
Podemos decir entonces que, aunque la recuperación de la AUH le gana a
la inflación, lo hace por bastante poco. En el mejor de los casos está unos
8 o 9 puntos por encima de la inflación acumulada desde junio pasado, fecha del
último aumento. La mejora en términos reales, ronda entonces apenas el 7%, y es casi nula vis a vis los aumentos de los alimentos.
Sin embargo, el principal motivo
por el que es ficcional afirmar que con este anuncio el gobierno se aleja “de
la variante ortodoxa del ajuste post devaluatorio” (como si el combo
devaluación, intereses altos, acuerdo con el Club de París y pago a Repsol no
fuera una indigesta con todo el combo ortodoxo), es porque este anuncio resulta
complementario a una pauta salarial que evoluciona bien por debajo de la
inflación. Los pronósticos de caída del salario real para este año se ubican
entre 5% y 9%. En el mismo momento en que hay empresas que muestran ganancias
formidables, entre otras bancos como BBVA Banco francés que cuadriplicó su
rentabilidad en el primer trimestre, y el Banco Macro que registró un aumento
de 159% en las mismas gracias a las medidas oficiales, YPF que también mejoró
sus ganancias aumentando los precios del combustible, y Aluar que más que
duplicó sus ganancias en un año, por sólo mencionar unos pocos casos, buena
parte de los asalariados ve caer su poder adquisitivo, lo cual se agrava por el
recorte de los créditos, cuyo acceso quedó restringido a los sectores de más
altos ingresos.
En un momento en que el ajuste k
y la ofensiva patronal con despidos y suspensiones en la industria (ante todo
automotriz y autopartista) amenaza ya a decenas de miles de puestos de trabajo,
el aumento de la AUH no cambia la perspectiva de conjunto de deterioro para los
sectores populares. Con esta medida se recompone, pero no se aumenta, una parte de los ingresos de los sectores más
precarios (pero que son también los que se están viendo más afectados por
deterioro del empleo en sectores como la construcción, que tiene un 65% de
trabajadores en negro, mal pagos y que compensan sus ingresos con la AUH, que
ahora podría transformarse en su fuente única de ingresos), mientras se impulsa
un ajuste sobre el conjunto de los asalariados. Al mismo tiempo en que a los que
cuadriplicaron sus ganancias con la devaluación ni siquiera se les impone un
gravamen extraordinario, con lo cual se valida la transferencia de ingresos que
hizo el Estado con la devaluación de comienzos de año (ver acá).
Si esto no es una “variante ortodoxa” de ajuste, se le parece bastante.
sábado, 21 de diciembre de 2013
¿Quien puede controlar los precios y parar los aumentos?
Como ya se venía previendo desde
hace unas semanas, en el terreno de las políticas de precios el equipo de Axel Kicillof
reafirmó ayer, aunque emprolijándola, la política de Guillermo Moreno. El nuevo
Secretario de Comercio, Augusto Costa, anunció ayer un acuerdo de precios, al
igual que hiciera Guillermo Moreno a partir de febrero último, sin haber
logrado con ello frenar el ritmo de aumento de precios. Podemos dejar pasar el
hecho, bastante curioso, de que se anuncia un acuerdo de precios sin que estén,
digamos, acordados los precios. Lo que vimos ayer es entonces una declaración
de intenciones, que mientras no se plasmen siguen dando vía libre para las
maniobras, dispersiones y la lisa y llana remarcación, que de hecho no paró de
acelerarse desde que se confirmó la partida de Guillermo Moreno (aunque tampoco
estaba congelada antes de su partida, la salida del funcionario fue tomada como
una señal de largada para una carrera de velocidad). Dejemos también pasar el
notorio adelgazamiento de la canasta anunciada… ¿será acaso consecuencia de que
“la mesa de los argentinos” incluida en el acuerdo abarcaba a comienzos de año
un universo de 10 mil productos, en agosto uno de a 500 productos, pero ahora
apenas requeriría 187?
Lo más llamativo es que los
nuevos funcionarios presenten la misma política que durante este año no arrojó
grandes logros y pretendan convencer a alguien de que esta vez será diferente. En
su exposición del nuevo acuerdo de precios, Costa detalló las múltiples
irregularidades a través de las cuáles los comercios minoristas y las empresas
que elaboran los productos que componen la canasta se las arreglaron para
sortear el compromiso que habían contraído con Guillermo Moreno; empezando por la
considerable dispersión que se registra entre los precios que un mismo producto
puede llegar a exhibir en distintos locales (incluso de la misma cadena), y que
en el acuerdo de Moreno era explícita ya que cada cadena anunciaba un precio
distinto. El reemplazante de Moreno también censuró otras trampas en las que incurrieron
las firmas, como los cambios en los tamaños de los envases para cobrar lo mismo
a cambio de menos producto; o el lanzamiento de líneas de productos
alternativas a las incluidas en los acuerdos de precios, a precios
considerablemente mayores. Y a esto se suma el liso y llano desabastecimiento
de los productos incluidos en los acuerdos, para forzar a los consumidores a
adquirir otros sustitutos no incluidos en los compromisos con el gobierno. Esta
amplia inventiva de minoristas y fabricantes agujereo el acuerdo de precios, y
llevó a otro año donde la inflación perforó el 20%. Pero esta vez, promete el
funcionario, no ocurrirá nada de eso. ¿Y cómo podría evitarse recaer en el
mismo resultado fallido de Guillermo Moreno? Se supone que habría tres patas
que distinguen este acuerdo y le garantizarían mayor fortaleza:
-
La simplicidad, ya que la cantidad de productos
es más reducida;
-
El involucramiento de las cadenas de valor, y no
sólo de los comercios minoristas, lo cual supuestamente podría permitir
discutir cómo se distribuye el excedente;
-
Y, finalmente, el “arma” más novedosa, la
forzada implementación de nuevos controladores fiscales, que permitirían
establecer un control en tiempo real de la facturación de las grandes firmas.
-
Finalmente, también se puso sobre el tapete la
amenaza de multas, que también hubiera estado flotando en los acuerdos previos
sin mayores efectos.
La apelación a un cierto fetichismo tecnológico pretende
conferirle un barniz de credibilidad a una política bastante floja de papeles. Pero
el listado de maniobras presentado por el propio Secretario da una idea de la insuficiencia
de una fiscalización a través de controladores fiscales. ¿Cómo permitirán los
mismos lidia con una de las maniobras más extendidas, que es el liso y llano
desabastecimiento? ¿De qué manera podrán probar no se trata de una cuestión de
mercados con “exceso de demanda”, de cuellos de botella en la producción, etc.?
Incluso si creyéramos en la vocación de fiscalizar el cumplimiento efectivo del
acuerdo, suena a una tarea titánica: sólo tomando en cuenta los supermercados,
tenemos según un relevamiento del Sindicato de Comercio del año 2011 8.672
bocas de expendio. Esto significa que el personal de la Secretaría –ayudado
parecería por el de la AFIP- deberá realizar de forma simultánea en todo el
país 1.621.664 controles durante el tiempo que dure el acuerdo para asegurar el
cumplimiento en los supermercados (y esto si tomamos como un único control la
verificación de que se cumpla el precio acordado y cada producto se encuentre
disponible). En el caso de las disputas que sin duda se abrirán, el control
seguramente deberá extenderse desde las redes de comercio hacia los productores,
multiplicando las instancias. Hay una profunda asimetría en el juego que se
establece entre el control centralizado y unificado que pueden tener las
empresas, tanto de comercio minorista como fabricantes, (que efectivamente en
un caso como en otro controlan los precios, pero lo hacen en su beneficio y
remarcando de acuerdo a sus necesidades) y el del gobierno. Aún con la amenaza de las multas, las empresas
pueden organizar un cumplimiento aleatorio del acuerdo que les permita evitar o
reducir estas sanciones, eligiendo los lugares y momentos donde resulte
conveniente incumplirlo mediante algunos de los mecanismos ya aplicados y
perfeccionados en años de trato con Guillermo Moreno (y en varios casos con
guiños del funcionario para llevarlos a cabo). Resultaría enternecedor, si no
fuera un despliegue para la tribuna realizando con altas cargas de cinismo,
pretender que este acuerdo podrá ser más exitoso que los anteriores con sólo
sumar algunas simplificaciones en el esquema de funcionamiento de los acuerdos
y continuar enviando funcionarios a “mirar para cuidar”.
La inflación en la Argentina actual es una cuestión compleja
que se enraíza distintos factores que contribuyen de conjunto a motorizarla
(como analizamos acá). La política
cambiaria del gobierno, que viene impulsando una mayor depreciación del peso,
contribuye a acelerarla. Lo mismo ocurre con la ampliación del gasto fiscal
sostenida con financiamiento del Banco Central (lo cual no significa sostener
que una emisión monetaria elevada siempre será inflacionaria, como sostiene la
postura neoclásica). Un acuerdo de precios, aún implementado con los controles más
estrictos, no hace más que atacar los síntomas, así como uno de los factores
que la aceleran como es la remarcación por parte de las firmas, y lo hace de
tal modo que deja en manos de las empresas mil resquicios para zafarse del
acuerdo. El acuerdo presentado por el gobierno no es más que otra fantochada,
que al igual que los de Moreno apunta a “atacar expectativas” (es decir tratar
de crear algún plafond para frenar
las expectativas de los asalariados, evitando que todos busquen el mismo piso
que las fuerzas policiales arrancaron con sus motines) y en el mejor de los casos
descomprimir un poco la situación por un tiempo limitado.
Un verdadero control de los precios sólo podría llevarse a
cabo poniendo en movimiento la fuerza social de clase trabajadora, de los
cientos de miles de trabajadores de supermercados, de los cientos de miles que
trabajan en las empresas productoras de los bienes que integran la canasta familiar.
La acción coordinada de éstos, estableciendo comités de trabajadores y
consumidores en todo el territorio nacional, que exigan la apertura de los
libros de las empresas, para desmontar las maniobras de las firmas que aducen
falta de stock y auscultar el verdadero estado económico de las firmas, es la
que puede atacar de raíz este fenómeno que está carcomiendo los ingresos de los
asalariados. Todo esto obviamente sólo puede llevarse a cabo empezando por expulsar de los sindicatos a los burócratas, que actúan en beneficio de los empresarios permitiendo todas sus maniobras. Esta es una primer medida elemental, –y “sencilla” si se pone en
movimiento la fuerza de los millones de trabajadores- pero que debe ser
complementada con otras para cortar todas las cabezas de la hibra. Empezando
por decretar el no pago de la deuda externa para cortar con esta sangría de
recursos que diezma el presupuesto, establecer la nacionalización de la banca y
el monopolio estatal del comercio exterior así como el congelamiento de todos
los giros de utilidades de empresas, para cortar con especulación cambiaria que
afecta los precios.
Un programa opuesto por el vértice al revival noventista –aunque sea preservando
toques “morenistas” que molestan a algunos sectores empresarios- que viene exhibiendo el nuevo electo económico.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)







