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martes, 19 de agosto de 2014

¿Marxismo nacional o internacionalismo en serio? Sobre los motes de Astarita


Ante nuestra respuesta a sus críticas a la posición del PTS ante la cuestión de la deuda externa (ver acá), el profesor Rolando Astarita nos endilgó el mote de “marxismo nacional”. Sería interesante -y novedoso- que intentara respaldar con citas fehacientes esta caracterización que intenta realizar. Pero, obvio, tal empresa sería un completo fracaso. Por mucho que vierta en sus posteos los términos “liberación nacional” o “segunda independencia” cerca de PTS, en ningún lugar va a encontrar una cita donde se proponga esta orientación estratégica semietapista. Por eso Astarita está obligado a lanzar frases sueltas sin ton ni son.
El profesor abriga la pretensión de ubicarse como quien sostiene un punto de vista internacional ante los supuestos marxistas “nacionales”. Vertir aquí y allá los términos “globalización” y “mundialización del capital” no alcanza para tener un punto de vista internacional. Cuando se abstraen las imbricaciones entre economía y política que constituyen al sistema mundial capitalista como una totalidad concreta jerarquizada, en la cual la acción imperialista es de fundamental importancia y opera como sostén “en última instancia” de la reproducción global del capital a la vez que vehiculiza la concentración y centralización del capital a nivel internacional que conduce al dominio mundial de las grandes trasnacionales y los magnates de alcance global, se puede terminar por ejemplo comprando todo el paquete “humanitario” y ubicándose en el mismo bando de la OTAN en nombre de las conquistas democráticas como objetivo en sí mismo (ver acá). Son consecuencias inevitables de querer afirmar que el imperialismo es -en el mejor de los casos- una categoría de poca relevancia para entender al capitalismo global, que es como querer tapar el sol con las manos (que aunque parezca difícil de creer es lo que nos propone Astarita). Esta posición es tan dañina para poder desarrollar una política revolucionaria del proletariado como las de que toman al imperialismo como argumento para ir en apoyo de las burguesías y sus movimientos nacionalistas.
En las antípodas de Astarita, un punto de vista verdaderamente internacional (e internacionalista) sólo puede conquistarse si reconocemos la presencia global del imperialismo y su rol como fuerza reaccionaria en toda la línea que interviene globalmente en defensa de los intereses del capital a la vez que opera en beneficio de la expansión de los sectores más poderosos del capital global, señalamos sus consecuencias y proponemos un programa para combatirlas, sin el cual la emancipación de la clase obrera del capital no es más que una entelequia. Esta es la diferencia entre un internacionalismo que se toma en serio a sí mismo, y las palabras huecas.

lunes, 11 de agosto de 2014

La deuda externa, el imperialismo y nuestro programa. Polémica con Rolando Astarita

Esteban Mercatante y Gastón Ramírez

El conflicto con los fondos “buitre” (más precisamente los buitres que eligieron la estrategia de litigar para obtener el 100% de los bonos en default, porque los que canjearon tambien incluyen otras variedades rapaces), le permitió al gobierno inventarse una gesta planteando “patria o buitres”. Pretensiones de patas cortas, ya que en el mismo momento que la levanta el gobierno firma acuerdos (con Chevron, con China) que aseguran que eventuales conflictos se saldarán también en cortes extranjeras, actúa con celo en favor de patronales “buitre” como Lear.
En esta triste opereta de políticos acólitos a los pactos de entrega al imperialismo, desde el PTS en el Frente de Izquierda hemos planteado abiertamente la necesidad de declarar el no pago de toda la deuda externa, articulado con un conjunto de medidas a ser tomadas por la clase trabajadora para luchar por imponer su salida ante una nueva crisis nacional cuyos costos se prepara toda la burguesía para descargar sobre el pueblo trabajador. Además, hemos levantado la exigencia de una consulta popular vinculante, para que “el pueblo decida”, y no un pequeño grupo de funcionarios y políticos que sólo sirven a los intereses de los capitalistas.
En un reciente artículo en su blog, el profesor Rolando Astarita ha polemizado con distintas posiciones de la izquierda, entre ellas la que levanta el PTS. A continuación, una respuesta a sus principales críticas.

Un tango lo bailan dos… pero sólo uno lidera

Astarita achaca al planteo del PTS, un “error de fondo”, ya que –sostiene- no tendríamos en cuenta que la “deuda es una consecuencia natural de los mecanismos de acumulación capitalista bajo determinadas condiciones de capitalismo económicamente subdesarrollado y dependiente”, aunque no deja de reconocer que nuestra caracterización sobre la cuestión de la deuda “se reconoce que la deuda externa no tiene su origen meramente en los factores externos (capital financiero internacional, imperialismo) sino también en el capitalismo local”, señala sin embargo un. Pero lejos de cometer el “error de fondo” que nos adjudica, se puede leer en en el número de Ideas de Izquierda de julio lo siguiente:
En las economías dependientes, la deuda externa no solo financia al tesoro sino que juega el papel de compensar los desbalances externos, es decir, el déficit en divisas ocasionado por un comercio exterior deficitario o por la sangría de las remesas al exterior de empresas extranjeras o de sectores de la burguesía local. Se pretende resolver a través del crédito este drenaje de divisas, para evitar que se genere el tipo de estrangulamientos que tantas veces ocurrieron en la economía argentina” (“Pagarás y te sacarán los ojos”).
Por lo demás, las condiciones materiales del país burgués dependiente son tales, que invitan a la burguesía a ejercer con desenfreno un salvataje de la masa de ganancias que produce su actividad, transformándola en moneda “dura”, es activos en decir dólares, euros o alguna otra moneda confiable. Desde los años ’80, “la deuda solventó la fuga y dolarización de activos de la burguesía argentina”.
Pero es Astarita quien comete un “error de fondo” al considerar que por el hecho de que la deuda sea un negocio en el que el Estado dependiente se mete voluntariamente con el entusiasta apoyo de la burguesía nacional, signifique no sea a la vez expresión del dominio imperialista (!un poco de dialectica por ahí!). Ya señalamos más arriba que la deuda externa juega un lugar en compensar los desbalances que surgen de los rasgos dependientes de una economía como la Argentina. Muchos de estos rasgos se profundizaron en las últimas décadas, no como resultado “natural” o “automático”, sino a causa una política activa, impulsada con fuerza por las economías más ricas y sus corporaciones. Quizás podríamos considerarlo una triste ironía, la deuda externa fue causa y consecuencia, ya que sirvió -crisis de deuda mediante- como vehículo para imponer estas las políticas que después recrearon las condiciones para un endeudamiento agravado (esto lo analizamos en detalle en IDZ 11). Por supuesto, la burguesía nacional fue también activa impulsora de estas políticas, que en ningún modo puede decirse que le hayan sido impuestas. Pero el motor más poderoso y el mayor beneficiario de las mismas lo hallamos en las grandes economías imperialistas y sus corporaciones, que trasnacionalizaron como nunca en las últimas décadas las tendencias a la concentración y centralización del capital. La deuda fue un gran negocio por sí mismo para los grandes bancos internacionales y contribuyó a fortalecer a los grandes plazas financieras mundiales (Nueva York, Londres, Frankfurt, Tokyo), que cuanto más volumen de negocios concentran mayor peso ganan en la competencia mundial (perpetuando las relaciones jerárquicas que existe en el ordenamiento monetario global), al mismo tiempo que fueron palanca para estos “ajustes estructurales”. Por otro lado, los ciclos de endeudamiento externo no surgen por mera motivación de los Estados dependientes; están determinados en primer lugar por la liquidez mundial y los requerimientos de los bancos internacionales y los abstractos “mercados”, que se mueven al son de las políticas económicas de las economías más poderosas.
Al mismo tiempo, por los fondos que obtiene el capitalismo dependiente a través del endeudamiento externo (que es el capítulo más crítico del endeudamiento público), debe devolver por la “magia” del interés compuesto, montos que superan ampliamente (estratosféricamente) el capital inicial obtenido. Como se observa en el hecho de que la deuda que en 1983 era de 35 mil millones de dólares está hoy en 220 mil millones de dólares, habiéndose pagado no menos de 300 mil millones de dólares en ese lapso. La burguesía nacional (y los funcionarios de turno) hacen su negocio, tanto como los bonistas, pero el Estado dependiente queda sometido a un desfalco que por lo general tiende a agravase a lo largo del tiempo (con pocos momentos excepcionales donde no es así). Un tango no se baila sin dos, y uno de ellos debe liderar. Los auges y contracción de crédito son básicamente “exógenos” para las economías dependientes, que suelen no estar preparadas para el “corte del chorro”, que las arrastra una y otra vez a crisis severas. La deuda pública externa es tanto consecuencia como causa que agrava los problemas.
Parece que para Astarita no hay nada digno de explicación, en el hecho de que para hacer “sólo negocios” algunos Estados hayan llegado a renunciar a un aspecto elemental de la soberanía estatal, como es la jurisdicción sobre los actos estatales, otorgándola no a la justicia federal nacional, sino a cortes municipales extranjeras. ¿No es acaso expresión esta pérdida -en el mejor de los semivoluntaria ya que puestos a sostener el régimen capitalista dependiente la alternativa a esta renuncia era endeudarse a tasas siderales- una expresión contundente de la estrecha relación entre dependencia económica y subordinación estatal, con las consecuencias que se pusieron en evidencia en las últimas semanas? Parece que para Astarita no hay ahí nada digno de un pronunciamiento.



Las tareas para la clase obrera
El país burgués dependiente encuentra en el imperialismo la fuerza última que sostiene su reproducción, y que lo sostiene como una formación dependiente y con desarrollo desarticulado, ya que buena parte de los sectores fundamentales de la economía se mueven al calor del capital trasnacional.
El imperialismo es una fuerza central que moldea al capitalismo dependiente, y la deuda es en esto un mecanismo tan gravitante como la penetración del capital imperialista que con sus posiciones en en el país y su posesión de “papeles” de deuda se apropia cada año de una porción significativa de la plusvalía generada en el espacio nacional, fuerzas ambas que resultan determinantes -tanto como los efectos que tiene el atraso relativo que afecta la rentabilidad del capital nacional- para comprender las tendencias de la acumulación de capital. No puede haber respuesta política correcta sin este diagnóstico preciso, del cual la necesidad de poner fin al pago de la deuda se desprende como una necesidad objetiva. Para que la clase obrera pueda lograr la superación del capitalismo en la Argentina, tendrá que vérselas no solamente con la burguesía nacional, sino especialmente con el imperialismo, que sostiene y subyuga a la vez a la economía dependiente, incluyendo como –entusiasta- socio menor a la burguesía argentina.

Astarita señala que lo que “no se comprende es quién va a aplicar el programa que se postula. ¿A quién se le exige que rompa con el capital financiero internacional? ¿Al gobierno K? ¿A los partidos de la oposición burguesa? ¿Quién va a llevar adelante estas medidas?”. En ningún modo pedimos al gobierno burgués que no pague la deuda, y mucho menos que de paso lo haga tomando otras medidas que inician un camino de ruptura no sólo con el imperialismo sino al mismo tiempo –pero una cosa no puede ir sin la otra- con el régimen de la propiedad privada , es decir con el capitalismo (como es el planteo de nacionalización de toda la banca con establecimiento de una banca estatal única, el monopolio estatal del comercio exterior y de todo el cambio de divisas). Lo planteamos como tarea objetiva que se desprende de las condiciones materiales de la formación capitalista dependiente. De ningún modo, para liberarla de trabas y así iniciar un idílico desarrollo capitalista “no dependiente”, sino como punto de partida elemental para una transformación de raíz de la sociedad. Nuestro planteo está dirigido a la clase obrera, para que, partiendo de sus sectores más avanzados y combativos para dirigirnos al conjunto de la clase, impulsar la movilización para pelear por el único camino por el que se puede cortear los nudos gordianos del saqueo y la dependencia.
A la vez, este planteo va a compañado de la exigencia de un llamado a una consulta popular vinculante, que Astarita llamativamente ni considera. Hace meses hay una negociación a espaldas del pueblo entre el gobierno y los buitres, completamente de espaldas al pueblo. Es año la deuda externa aumentó en 20 mil millones de dólares (Ciadi, Club de París, pago a Repsol) y apenas si el Congreso tuvo algo que decir. El planteo “que el pueblo decida” con su voto directo –por distintas alternativas- y donde se habilite el acceso libre y gratuito a todos los medios de comunicación es una gran denuncia contra una casta política que discute a puertas cerradas lo que amenaza el futuro del pueblo trabajador, ya que la deuda se paga –siempre, tarde o temprano- imponiendo severos ajustes contra los sectores populares. De imponerse, un referéndum podría permitir amplificar la denuncia de esta estafa contra el pueblo junto con una agitación por el No Pago de la deuda y el conjunto del programa. Para poder discutirlo ante millones y batallar contra el sentido común que con matices el kirchnerismo y la oposición patronal comparten, de que las deudas se pagan y sino “nos caemos del mundo”.
La pregunta que surge es, ¿que alternativa propone Astarita al programa que levantamos? La única respuesta que encontramos es que “El no pago de la deuda solo tendrá un sentido progresista si es planteado desde un programa integral de transformaciones sociales y revolucionarias, decidido por los mismos productores directos, los trabajadores. Y para esto, hay que tener poder. De lo contrario, estamos ante palabrerío vacío”. Pero si la deuda es como señalamos una gangrena que carcome la economía nacional, cuyas consecuencias recaen en primer lugar sobre el pueblo trabajador, es una tarea de primer orden para el proletariado pelear por el no pago. Por supuesto que es necesario que esté ligada a “un programa integral de transformaciones sociales y revolucionarias, decidido por los mismos productores directos, los trabajadores”, y es exactamente así como lo planteamos en el texto que cita Astarita. Ahora, ¿esto significa que en los momentos particulares donde circunstancias bastante excepcionales obligan a un gobierno burgués a declarar el no pago y enfrentarse a los centros financieros internacionales los trabajadores no tendrían nada que decir por no tener el poder? Esta posición, que se deduce de lo planteado por Astarita, es falsa por el vértice. Ante medidas excepcionales y parciales de este tipo –que nada tendrían que ver con el default “selectivo” de los pagadores seriales- que expresan necesidades objetivas, no podríamos más que dar un apoyo a estas medidas, que en ningún modo significa extender un apoyo político al gobierno ni al régimen, ni dejar de criticar los usos que podría dar el gobierno burgués dependiente a los fondos liberados por dejar de pagar la deuda. Así se posicionó Trotsky por ejemplo ante las expropiaciones petroleras de Cárdenas en México. Esta postura tomó el PTS cuando se discutió la nacionalización de las AFJP (al mismo tiempo que denunciamos que el kirchnerismo se aprestaba a realizar un desfalco de ANSES y planteamos la necesidad de un control obrero de los fondos jubilatorios). Lejos de un “palabrerío vacío”, un partido de la clase obrera que pueda llevar a cabo “un programa integral de transformaciones sociales” sólo podrá ponerse en pie interviniendo activamente en atacar las raíces de los más acuciantes problemas del pueblo trabajador. Pero tan fuera de escena considera Astarita la posibilidad de que emerja una izquierda fuertemente enraizada en la clase obrera, con capacidad para realizar grandes “maniobras” para conquistar a millones para un programa que apunte a expropiar a los expropiadores imperialistas y sus socios locales, que ni se le ocurre plantear cómo habría que responder hoy a estos grandes problemas nacionales para poder desarrollarlo. Desde esta (im)postura, debemos decir que es su crítica lo que resulta palabrerío vacío.

lunes, 21 de abril de 2014

Renta agraria y articulación de los espacios nacionales de acumulación (continuando una polémica con Astarita)

Rolando Astarita publicó en su blog un post sobre la naturaleza de la renta agraria, en el que critica la visión de Juan Iñigo Carrera. La posición que sostiene ya fue planteada en un debate previo, en el que también intervinimos a raíz de una crítica de Astarita a nuestro artículo de Lucha de Clases n° 9, “Renta agraria y desarrollo capitalista en Argentina”.

No podríamos minimizar la importancia de esta clarificar este problema. En primer lugar para la caracterización de la formación económico-social argentina, cuyo sector agrario es de las pocas ramas donde puede mostrar una productividad del trabajo social que se encuentra entre las más elevadas del mundo, situación que contrasta con la de buena parte de las ramas manufactureras locales. Pero además, se trata de una de las dimensiones en las que se articulan de forma compleja los procesos de producción y circulación de mercancías integrados mundialmente y los que se configuran en los espacios nacionales, subtotalidades que conforman la totalidad compleja que es la economía mundial. Muchos aspectos metodológicos vinculados a esta cuestión se expresan también en otras problemáticas. Con estas consideraciones, realizamos unas observaciones críticas que extendemos en este post.
En este tema, como en estas otras cuestiones, Astarita procede a un “descenso de lo concreto a lo abstracto”*, al pretender dar por saldados los aspectos que surgieron de la discusión -en lo que toca nuestro planteo en esta polémica- en el nivel de las determinaciones más abstractas de la teoría del valor. Nosotros creemos, y viene siendo nuestro planteo desde el inicio de la polémica, que la cuestión no puede abordarse en toda su complejidad sin analizar la articulación de los espacios nacionales y, dentro de ellos, la producción y circulación de mercancías agrarias.

Valor y diferencias de productividad
La renta diferencial es un caso particular, específico, de las relaciones que se producen entre capitales que exhiben distintos niveles de productividad. Antes de considerar la dimensión específica, hay que partir de una conceptualización general.
El valor de las mercancías está determinado por el tiempo de trabajo socialmente necesario, lo cual significa que serán los capitalistas que utilizan la técnica y los métodos de trabajo socialmente más extendidos los que fijarán los tiempos de producción estándares para la elaboración de cada mercancía. En cada rama productiva,  la técnica más generalizada determina un trabajo “modal”, cuya productividad es la que define la magnitud de trabajo abstracto socialmente necesario que porta cada valor de uso de la rama en cuestión. Junto al trabajo llevado a cabo en condiciones “modales”, está el trabajo llevado a cabo con técnicas más atrasadas, y el trabajo basado en técnicas más productivas. Según algunas enfoques, el trabajo más atrasado genera un valor adicional, y el más avanzado obtiene su ganancia extraordinaria de este trabajo excedente que escapa de las manos del capital menos productivo, como una transferencia intra-rama. Este planteo es equivocado, y no resulta consistente con lo que plantea Marx. Por ejemplo cuando afirma: “El tiempo de trabajo socialmente necesario es el requerido para producir un valor de uso cualquiera, en las condiciones normales de producción vigentes en una sociedad y con el grado social medio de destreza e intensidad de trabajo” (El capital, tomo I, Ed. siglo XXI, p. 48).
El capital con una productividad del trabajo mayor, partiendo de la determinación del valor que surge de la productividad el trabajo modal, produce en un determinado tiempo (una hora por ejemplo) más valores de uso que dicho trabajo modal. Esto significa que produce más mercancías, cada una de las cuales tiene un valor, establecido socialmente, igual al de las mercancías producidas por el capital que tiene la productividad “modal”, pero su costo individual es menor que el de este. A la inversa, el capital con una menor productividad del trabajo  produce menos valores de uso por hora, y por lo tanto genera menos valor por unidad de tiempo. Aquellos que produzcan con técnicas inferiores tendrán costos superiores a los socialmente óptimos, y realizando el precio social la tasa ganancia de estos capitales será inferior a la tasa media. Aquellos que produzcan con técnicas superiores, tendrán precios de producción individuales inferiores al promedio, y percibirán una ganancia extraordinaria. Estas son las determinaciones más generales que determinan las relaciones de valor. La ganancia extraordinaria no se explica como una trasferencia, sino por las ventajas de productividad del capital técnicamente más avanzado que el promedio, que en los valores socialmente dados realiza una ganancia adicional a la media por unidad de producto.

La renta y el falso gasto social
La renta es un caso específico en lo que hace a las plusvalías extraordinarias. Lo es porque en la producción agraria rigen condiciones particulares en la fijación de los precios. Marx considera, en este aspecto de acuerdo con Ricardo, que el precio de producción de las mercancías agrarias para un período x se determinan en base a los costos de producción de las tierras menos favorecidas que entran en producción en dicho período. Ya no es la productividad de trabajo con la que produce el capital que funciona en condiciones productivas “modales” la que determina el precio, sino que el capital invertido en las tierras menos fértiles percibirá un precio tal que le permitirá afrontar sus desembolsos de capital variable (salarios) y constante (capital circulante y fijo) y obtener una tasa media de ganancia. Los capitales invertidos en tierras más fértiles, que con igual desembolso de capital logran un rendimiento superior por hectárea, o que están invertidos también en tierras de la peor calidad pero en magnitud superior, permitiendo un mayor rendimiento en proporción al capital invertido, obtienen con el precio del mercado un valor mayor al que surgiría de sus precios de producción. No sólo cubren sus desembolsos de capital y obtienen una ganancia media, sino que realizan una plusganancia o ganancia extraordinaria. La cual tiene una “fijeza social” que no tienen otras plusganancias, que lleva a que sea el dueño de la tierra quien se apropia de la misma.
¿Por qué se da este fenómeno? La explicación de Marx sobre este punto se centra en el hecho de que las condiciones diferenciales de producción, al contrario de lo que suele ocurrir en la generalidad de los casos de la producción industrial, no pueden ser garantizadas por el capital. Dependen de condiciones que sólo puede controlar parcialmente, que dependen de fuerzas naturales y no pueden ser íntegramente sometidas y generadas por la aplicación de la ciencia y la técnica, aunque lo sean en una escala cada vez mayor. Esas condiciones de producción ajenas al manejo del capital, son monopolio de propietarios privados, y existen de forma limitada. Marx destaca que “el monopolio de la propiedad de la tierra, la propiedad inmueble como barrera del capital”, está presupuesto “en la renta diferencial, ya que sin ese monopolio la plusganancia no se convertiría en renta de la tierra y no caería en poder del terrateniente en lugar de quedar en manos del arrendatario” (El capital, Tomo 3, p. 954).
Como “una fuerza natural semejante no se cuenta entre las condiciones generales de la esfera de producción en cuestión ni entre las condiciones de la misma que pueden establecerse de una manera general” y constituye “una condición de elevada fuerza productiva del capital invertido que no puede lograrse mediante el proceso de producción del propio capital” sino que “siempre se halla ligada a la tierra” y es “monopolizable” (Marx, El capital, Tomo 3, p. 830), tanto los capitales que se ven favorecidos por las condiciones agronómicas, climáticas y de localización, como los que no, deben estar en condiciones de realizar la ganancia media para reproducirse como tales y sostener la demanda social. Y aquellos capitales que producen en condiciones mejores realizarán no sólo el trabajo incorporado en sus mercancías sino un plus, una ganancia extraordinaria por encima de sus costos. Ésta es apropiada por los propietarios de las condiciones que permiten el rendimiento diferencial, los dueños de la tierra, quienes incluso pueden transformar en atributo de la misma los efectos más o menos permanentes de la mayor aplicación de capital en la tierra.
Considerando estas determinaciones, Marx realiza sobre  la renta diferencial una definición que debería alertarnos de homologarla sin más con la plusganancia en general. Considera la renta como un “falso valor social”. Las condiciones que operan en la fijación de los precios agrícolas hacen que la sociedad deba gastar un mayor valor a la compra de productos agrícolas, a consecuencia de lo cual, como sostiene incluso el propio Astarita, una “una masa de plusvalía se sustrae a la formación de la tasa media”.
La renta diferencial que puede obtener el trabajo de una parcela en particular, depende de su productividad en relación a la de la tierra menos productiva puesta en producción en ese momento. Esto significa que puede aumentar en caso de que sea necesario poner en producción tierras menos productivas. La renta diferencial no deja de salir de la producción agraria, porque la determinan las condiciones de fijación de precios en este sector por intervención de la propiedad del suelo, pero –en este caso que consideramos- aumenta porque se incrementa el “falso gasto social” que esta conlleva, a causa de que es necesario pagar más todos las mercancías agrarias a causa de que se encareció la producción en las peores tierras. La producción y realización de la plusvalía y renta en el sector agrario es parte integrante de un proceso total de producción y distribución de la plusvalía social, una especificidad dentro del proceso que tiende a la igualación de la tasa de ganancia, proceso al cual afecta, y lo hace en mayor medida cuanto mayor sea la el precio de las mercancías agrarias. Este fenómeno, de incremento de la plusganancia que se transforma en renta diferencial a causa del aumento del costo de producción en las peores tierras, es parte de los procesos normales en la producción agraria (lo cual no  quiere decir que ocurra siempre ni regularmente; Marx destaca además que de ninguna manera ocurría como pensaba Ricardo, que siempre se ponen en producción tierras peores y por lo tanto los precios de las mercancías no tienden para Marx a un aumento progresivo como opinaba Ricardo). El hecho de que este fenómeno sea normal, es otra importante distinción de la producción agraria respecto de la producción de mercancías no agrarias.

Producción y realización: unidad diferenciada
Un primer momento en el descenso de lo concreto a lo abstracto, se da en la consideración tangencial que tienen los aspectos específicos que distinguen a la renta diferencial de la plusganancia. Pueden ser reconocidos por Astarita a lo largo de la polémica pero no considera que tenga importantes consecuencias para la cuestión que está en discusión desde el principio, que es la articulación de la producción y realización en un sector agrario mundializado y sus efectos en los distintos espacios nacionales en los que se lleva a cabo. Un segundo momento del descenso de lo concreto a lo abstracto, se da cuando plantea que no “cambia la naturaleza del problema” (como afirma en los comentarios del post que motivo esta respuesta) si introducimos las determinaciones que constituyen al mercado mundial.
En la “Introducción a la crítica de la economía política”, así como a lo largo de El capital, y en crítica a la economía política clásica, Marx destaca reiteradamente que producción y realización constituyen una unidad diferenciada. Astarita hace hincapié, por el contrario, en distinguir y separar estas esferas. No sin entrar en contradicciones. Por ejemplo, reconoce que “para que se realice la plusvalía extraordinaria contenida en la mercancía producida en la empresa innovadora, hará falta una reasignación del poder de compra existente”, pero no parece ocurrírsele que, cuando la cuestión que estamos considerando es la articulación entre espacios nacionales y sectores de producción cuyos capitales circulan internacionalmente (producen en un espacio nacional y realizan la venta de la mercancía en otro), esto sí afecta la naturaleza del problema. ¿La transforma de pies a cabeza? No, pero sí introduce nuevas determinaciones.
En la producción agraria argentina, la plusganancia que se transforma en renta tiene su origen en la mayor productividad del trabajo aplicado a la agricultura en la mayor parte de las tierras de la región pampeana, y un sector cada vez mayor de tierras extrapampeanas, en relación a las tierras menos productivas puestas en juego a nivel global. Cuando digo que la renta surge del “sector agrario considerado como un todo” apunto al hecho de que los costos de producción de la mercancía agraria que determinan la renta que pueden obtener las tierras más productivas que caracterizan a la producción agraria en el país está determinada por esta relación global. No me parece una consideración menor, porque, como intentaré ilustrar con análisis numéricos más abajo, esto tiene efecto para la masa de renta incorporada en las mercancías agrarias producidas en el país, como producto de las relaciones que se establecen en el mercado mundial.

Comercio exterior y renta diferencial
Voy a considerar una serie de casos para ejemplificar la cuestión.
Consideremos dos países. En ambos se realiza producción agraria. Uno de estos países consume un volumen de mercancías agrarias superior al que produce, mientras que el segundo exporta buena parte de su producción. El primero de estos se caracteriza por tener tierras menos productivas; la producción por hectárea, a igual inversión de capital que en las tierras del segundo país, resulta inferior.
Vamos a hacer una serie de consideraciones simplificadoras. Suponemos la existencia de distintas parcelas, llamadas respectivamente A, B, C… etc., de igual superficie y con distinto rendimiento. Suponemos una tasa de ganancia igual en ambos países, de 20%. También, consideramos todos los precios en una misma moneda mundial, lo cual es consistente con un sector altamente internacionalizado donde todos los costos y márgenes son calculados hoy en dólares**. Por último, no nos adentramos en la renta de tipo 2, es decir consideramos que no varía el capital aplicado por hectárea. Aunque esto último complejizaría y permitiría analizar distintos casos, creemos que en lo sustancial la explicación no se altera. También consideramos que toda la producción agraria es de un solo tipo de grano.
La producción agraria conforma un mercado mundial unificado, con un único precio de producción establecido por las condiciones de la peor tierra que entra en producción. Podemos considerar entonces las tierras de ambos países como distintos tipos de tierras de un mismo espacio económico mundial.
Consideremos primero una situación en la que el primer país produce 3 quintales de grano, utilizando dos tipos de tierra (A y B) y consume 5. El segundo país produce 3 quintales en una sóla parcela, de los cuáles consume 1 y exporta 2. Esto es consistente con el peso relativamente poco significativo de la producción para el mercado local dentro de la producción agraria total en un país como la argentina.



El segundo país tiene una mayor productividad agraria. Desembolsando en la tierra C el mismo capital obtiene un rendimiento superior que el primero. Será el costo de producción por quintal de la parcela A (la menos fértil) el que va a fijar el precio en $60 por quintal. En el caso del país B, si los precios de venta estuvieran determinados por las condiciones de producción de sus tierras, sería de $20 por quintal; es decir que su precio de venta de las mercancías agrarias se multiplica por 3.
Desde el punto de vista del capital en general en el país A, poco cambia comprar el grano local que el importado. El costo que deben afrontar es el mismo; poco importa desde su punto de vista que en las mercancías adquiridas mediante la exportación el componente de plusganancia que se transforma en renta sea  elevado; en nada cambia su situación. Tampoco el capital agrario del país A ve afectada su situación por la importación de mercancías agrarias que se producen en condiciones más competitivas, porque el precio de venta es impuesto por las condiciones de producción de la parcela A.
Desde el punto de vista de los capitales del país B, en principio podemos decir que la existencia del comercio exterior de granos conlleva un encarecimiento de las mercancías agrarias en relación a los precios que surgirían de sus condiciones de producción nacionales, lo cual tiene un impacto sobre los costos de producción de todo el capital. Pero, también nos interesa destacar. Si consideramos al espacio económico nacional del país B como totalidad, realiza mercancías agrarias en el país A con una plusganancia que se transforma en renta diferencial. ¿Acaso no importa donde se realiza la plusvalía extraordinaria generada por la producción agraria? ¿Resulta indistinto dónde ocurre, por usar la formulación de Astarita, la “reasignación del poder de compra existente”?
Vayamos a otro ejemplo.
Supongamos que se incrementa en 4 quintales la demanda de granos en el país A. Por el motivo que fuera, consideremos que este aumento se cubrirá con una mayor importación de granos en dicho país y no con un aumento de la producción local (ni ampliando las tierras dedicadas a la agricultura ni volcando mayor capital). Supongamos que la consecuencia de esto es una nueva colonización en el país B. Se pone en producción la parcela D, más productiva que la C.


El precio de venta sigue siendo el mismo. Desde el punto de vista del capital en general en el país A, nuevamente no representa un cambio comprar el grano local que el importado. El costo que deben afrontar es el mismo; poco importa desde su punto de vista que en las mercancías adquiridas mediante la exportación el componente de plusganancia que se transforma en renta sea  elevado; en nada cambia su situación. Tampoco el capital agrario del país A ve afectada su situación por la mayor demanda de mercancías agrarias que se producen en condiciones más competitivas, porque el precio de venta es impuesto por las condiciones de producción de la parcela A.
Para el capital del país B, tampoco se ve alterada la situación. El quintal de mercancías agrarias consumido localmente sigue valiendo $60.
Al mismo tiempo, la ampliación de la producción agraria para la exportación genera una masa de plusganancia que se transforma en renta, antes inexistente, que se suma a la ganancia de capital (que también aumenta en proporción directa al capital volcado a la agricultura), como consecuencia de que el precio de producción de las mercancías agrarias pasa a estar determinado por la tierra A. Esta masa de plusganancia que se transforma en renta, y que resulta apropiada primariamente por los dueños de la tierra, se amplía extraordinariamente como consecuencia del aumento del comercio exterior. Si consideramos el espacio nacional como un todo, la suma de ganancia del capital + renta es incrementada por el incremento de la producción agraria destinada a la exportación.
Pero veamos otro ejemplo. Bien podría haber ocurrido que la consecuencia de una mayor importación en el país A hubiera sido que salieran de producción las tierras menos productivas, con lo cual se habría abaratado de conjunto las mercancías agrarias, a la vez que aumentaba la proporción de la producción “global” (es decir la de los países A y B en este ejemplo) llevada a cabo en las tierras del país B. Supongamos que el aumento global es el mismo, y que el mismo desembolso de capital en la tierra D permite un rendimiento de 5 quintales ¿Qué habría ocurrido con la renta en este caso?

Como podemos ver, para el capital en su conjunto esto representa un importante abaratamiento de las mercancías agrarias. El precio del quintal se reduce a la mitad, con lo cual también disminuye la renta diferencial total. Al mismo tiempo, como vemos, en el caso del país B, disminuye la renta diferencial en la parcela C, pero se incorpora a la producción la parcela D. Aumenta entonces la renta total en el espacio nacional del país B. La renta total disminuye, a la vez que aumenta la renta que producen y realizan los capitales agrarios del país B. La “reasignación de poder de compra existente” que impone la producción agraria global para realizarse es menor, a la vez que es proporcionalmente mayor la masa de la misma que surge por la realización de las mercancías agrarias producidas por los capitales del país B, y vendidas mayormente en el país A.

Conclusiones
Hemos expuesto el razonamiento detrás de la afirmación de que la mayor parte de la plusvalía que se transforma en renta “fluye a la Argentina en los precios de dichas mercancías [agrarias]”. Ningún “salto” de plusvalías, como pretende Astarita que se desprende de los argumentos presentados***.
Para comprender todas las aristas que hacen a la naturaleza del fenómeno es necesario incorporar las determinaciones que hacen al mercado mundial. La renta diferencial es una plusganancia que está determinada por las condiciones de producción del capital volcado a la producción agraria en el país, en condiciones de precios determinados internacionalmente por las peores tierras puestas en producción; como toda la renta resulta un “falso gasto social” generado por la propiedad privada de la tierra, y la magnitud de renta diferencial resulta determinada por la relación entre los precios de producción individuales que surgen de los costos de las tierras puestas en producción en el país, y los precios de producción determinados por las tierras de frontera. Hecha esta precisión, este es en lo sustancial el análisis en que se basan nuestros planteos desde el artículo en Lucha de clases 9. Consideramos que han existido disputas por la renta porque es una masa de plusganancia que es apropiable, a través de mecanismos que señalamos en el mencionado artículo. La importancia de reconocer estas dimensiones que hacen a la renta no sólo está en poder realizar una correcta caracterización de las disputas entre sectores capitalistas (como la que realizamos nosotros desde el PTS en 2008, planteando que no estábamos ni con el gobierno ni con las patronales del agro, e impulsando la declaración independiente “ni K ni campo” que juntó numerosas adhesiones en sectores de la intelectualidad así como en el sindicalismo combativo), así como en precisar los efectos de la apropiación de la ganancia extraordinaria que se transforma en renta que también es un aspecto central para cualquier gobierno de la clase trabajadora que avance en su apropiación sobre la base de la liquidación de la gran propiedad agraria y la explotación colectiva de las grandes explotaciones por parte de los trabajadores.
Pero se trata, sobre todo, de desarrollar un método, de “ascenso de lo abstracto a lo concreto” que permita dar cuenta de las interacciones complejas que ocurren entre el nivel nacional y mundial, y que configuran el sistema mundial capitalista, como ya hemos dicho, como una totalidad compleja. El tratamiento que da Astarita a esta cuestión nos conduce en un sentido contrario.

* En oposición al ascenso de lo abstracto a lo concreto que era para Marx lo característico de su método de indagación, que procedía a reconstruir como concreto pensado el concreto real, abstrayendo primero hasta llegar a las determinaciones más simples, para luego reconstruir sus relaciones para llegar a abordar lo concreto como una “síntesis de múltiples determinaciones”.
** Esto no significa considerar que el tipo de cambio no afecte la renta. Efectivamente, una variación en el tipo de cambio que impacte sobre los costos, afectando salarios y otros insumos, impacta sobre la tasa de ganancia media del capital y sobre la plusganancia del sector agrario. En este aspecto lo planteado sobre el tipo de cambio en Lucha de clases nº 9 ha sido reformulado.
*** Astarita homologa todo nuestro planteo con la teoría sobre la renta y el valor de Juan Iñigo Carrera (JIC). Aunque puede reconocerse que JIC tiene un mérito en haber sistematizado las vías por las cuales la renta puede ser apropiada, analizando los efectos que tienen las retenciones y otras políticas que intervienen en las condiciones de circulación global de las mercancías agrarias producidas en el país sobre la distribución de la renta, su teoría sobre el valor, los precios y sobre el tipo de cambio presenta numerosos aspectos problemáticos. Incluso cuando analiza las vías de la apropiación de la renta, presenta la sobrevaluación cambiaria como una vía de apropiación de renta, lo que no me parece correcto. Este último aspecto lo critico en “La naturaleza de la renta agraria en Argentina. Los efectos de su apropiación parcial vía retenciones (2002-2008)”. Para una crítica más de conjunto que realizamos a las posiciones teóricas defendidas por JIC puede leerse “Sutilezas metafísicas y reticencias teológicas”.