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martes, 13 de septiembre de 2011

Ocho años de "modelo K" y la reindustrialización no aparece

Muy interesante el rescate que hace el amigo Fernando Rosso en su posteo del día de ayer, "El "modelo de acumulación con inclusión social" y la "paradoja" del relato". Allí recoge algunos párrafos de un artículo del Dipló de este mes, escritos por Martin Schorr. En ellos, este crítico amistoso de la política oficial, recoge los datos que ilustran que a "industria pujante" que presenta el el ministro y candidato a vicepresidente Amado Boudou, en varios aspectos no lo es.
El modelo "reindustrializador" de los Kirchner, tiene como saldo para mostrar luego de 8 años, una industria cuya producción representa hoy una proporción menor de la economía nacional (el 17% del Producto Interno Bruto, PIB) que lo que era en los '90 en promedio (19% del PIB), según señala El economista en el artículo "La industria crece a pesar de los desafíos" (9/11/2011). Aunque hay algunos autores que ofrecen datos algo superiores (llegando algunos hasta 18,8% del PIB) se puede ver sin embargo que no se llega a recuperar el promedio de la década anterior. Desde 2003 en adelante, es decir, desde el momento en que Néstor Kirchner llegó a la presidencia, la industria dejó de ganar el peso en la economía que había recuperado luego de la devaluación. Siguió creciendo, pero a igual o menor ritmo que el resto de la economía. Aunque acá pesa el boom de precios y volúmenes del agro, también, según Schorr, "se asocia a la relativamente baja inversión respecto a las altas ganancias de las grandes empresas, en particular entre 2004 y 2007, cuando la rentabilidad sobre ventas de los oligopolios líderes osciló entre el 14% y el 19% (niveles holgadamente superiores a los de la convertibilidad)". Algo similar ya hemos dicho en este blog hace un tiempo. Las altas ganancias van acompañadas de una baja acumulación, lo cual significa que el capitalismo local no sólo se sostiene en base a una elevada tasa de explotación que tiene como base la precarización de la fuerza de trabajo para mantener los salarios planchados (en términos reales hay poca recuperación desde 2001, aunque el consumo a crédito permita taparlo por el momento), sino que ni siquiera es capaz de convertir esto en una fuente que eleve significativamente las capacidades productivas.

Schorr también señala la estrecha correlación entre el crecimiento de la industria y el crecimiento de la exportación industrial, lo cual para el autor es importante para mostrar otro rasgo de la economía Argentina durante estos años bajo los gobiernos "neodesarrollistas":"se fortaleció un perfil exportador muy volcado a la explotación de recursos naturales y la armaduría automotriz".
"Armaduría" es un término que podría extenderse a otras áreas de la industria argentina. Entre ellas, las promociones industriales que se actualizaron en estos años, para incluir nuevos productos como celulares y notebooks, cuyo componente importado alcanza proporciones altísimas, siendo casi nulas las piezas manufacturadas localmente.

Agreguemos algunos aspectos, que muestran que incluso la descarnada lectura de Schorr, se queda corta. Lo limitado de la recuperación de la industria local pasados dos gobiernos K, lo ilustra otro dato más dramático, que golpea directo a la "niña mimada" del modelo, es decir la industria automotriz. Según estima La nación en un artículo de ayer, "por cada vehículo que sale de las terminales locales, se importan autopartes por casi 15.800 dólares". Este dato, lo obtienen de dividir el monto de las importaciones sectoriales durante los primeros seis meses del año (US$ 6186 millones), por las unidades producidas durante dicho período (392.298 vehículos). Por supuesto, no todos los componentes importados ingresas a la producción, ya que una parte de lo importado se dirige a los comercios de repuestos. Sin embargo, considerando la explosión que tuvo el volumen importado (US$ 12.200 por auto en 2010, US$ 11 mil por auto en promedio en los 6 años anteriores, y US$ 15.800 hoy) se puede ver cómo el volumen de importaciones se ha movido bajo el impulso del despegue de la producción. Cuanto más autos se producen, más se importa por auto producido, poniendo de relieve las consecuencias del desguace de la industria local durante las décadas previas, que hacen que no haya autopartistas locales para proveer a las terminales. Algo que no ha sido revertido durante estos años, sino todo lo contrario. Baste recordar el caso de Paraná Metal.

Falta agregar otro dato que es aún más lapidario: "Los 15.800 dólares que se importan por cada auto fabricado aquí coinciden casi con exactitud con el valor promedio que tiene cada vehículo argentino que se exporta.". Considerando que se importa por un valor equivalente al que se exporta, podríamos decir que el valor agregado de las exportaciones automotrices, tendería entonces... a 0! El auto se vende en el extranjero, a un valor casi igual al de las piezas que se importaron para fabricarlo, "regalando" el trabajo realizado en el mercado local, y los componentes producidos localmente, que no se cargan al precio del comprador extranjero. Pero claro, no es que a las automotrices les agarre un arranque de generosidad, y en pos de engrandecer la Argentina, exporten a pérdida para traer dólares al país, ni nada que se le parezca. Son los compradores del mercado local quienes solventan con un sobreprecio, aquella parte del valor que se "pierde" en la exportación. El encarecimiento de los vehículos en el mercado local es el correlato necesario de la "pujante" exportación automotriz que tanto festeja el gobierno, en las condiciones actuales de esa industria en el país. De esta forma, la industria mantiene altas ganancias, es una aspiradora de dólares que se hace más preocupante cuanto más produce, y los coches siguen siendo un bien a adquisición onerosa en el país para solventar las exportaciones, a "pura pérdida" de dólares y de trabajo local. 

Por supuesto, no podemos sacar la conclusión, como hace el liberal "con onda" Lucas LLach, de que esto se resolvería liberando las exportaciones. Los problemas productivos extendidos en todos los eslabones de la cadena, difícilmente se resuelvan con una medida como ésta. La conducta empresaria en ramas que no tienen las restricciones de la automotriz, tampoco inducen a pensar que esta apertura tenga gran impacto sobre el accionar capitalista. Como plantea Schorr en el artículo con el que comenzamos, la baja reinversión de ganancias ha caracterizado a toda la cúpula industrial. La conclusión, es que ni este "neodesarrollismo" discursivo, ni la ortodoxia aperturista pueden resolver un problema con profundas raíces en las condiciones generales que guían el accionar del capital en la economía semicolonial argentina. Para saldar la brecha entre "excedente" y acumulación, no se trata de uno u otro de estos caminos, sino de atacar el problema de raíz: expropiar a los expropiadores capitalistas (que ni siquiera acumulan la riqueza que se apropian) y reorganizar la producción de acuerdo a las necesidades sociales y evitando la dilapidación de riqueza que impone la burguesía.

miércoles, 23 de marzo de 2011

El golpe del '76 y el fin de la sustitucion de importaciones

Matías Kulfas, director del Banco Nación y presidente de AEDA (Asociación de Economía para el Desarrollo de la Argentina) ha publicado un artículo sobre La economía política del golpe militar, en el cual reivindica la "estrategia de desarrollo nacional" que habría significado la industrialización sustitutiva desde la década del '30, y más decidicamente a partir del peronismo según el autor.
Kulfas destaca que " industrialización no estaba agotada", contrariamente a lo que sostiene el discurso de los sectores de la ortodoxia económica, ligados a los sectores económicos asentados en el campo, las finanzas, o las pocas empresas capital nacional con capacidad competitiva a nivel internacional. Estos sectores, beneficiados con las reformas liberalizadoras, cuyo resultado fue una sistemática caída de los salarios en el ingreso, y por lo tanto un aumento de la tasa de plusvalía, acompañada de medidas de liberalizacion financiera que permitieron en distintos momentos sacar provecho de las altas tasas de interés locales, aparte de fugar capitales.
El golpe, sin duda marcó un quiebre en muchos aspectos: además de golpear duramente a la clase trabajadora , interviniendo las organizaciones obreras e imponiendo medidas que hicieron caer el poder adquisitivo, también comenzó a impulsarse la apertura económica para poner en competencia la producción local con la extranjera, bajando aranceles y otras medidas que lo impedías. También se liberalizó el sector financiero, y con el impulso de la sobrevaluación cambiaria combinada con permitir los mecanismos de la bicicleta financiera, se incentivó el endeudamiento externo privado, mecanismo que vehiculizó la fuga de capitales y que redundaría en un masivo endeudamiento público luego de la abrupta depreciación de la moneda y la implementación de seguro de cambio para los deudores privados. De esta forma, la deuda se transformaría en una carga abrupta sobre la economía nacional que sigue siendo hasta hoy.
Sin embargo, la defensa que hace Kulfas de la ISI tiende presentar, en polémica con las ideas que sustentaron la apertura y la desregulación, un balance embellecedor de las condiciones que atravesaba ésta a mediados de los '70.
Para ilustrar que la industrialización tenía vigor, destaca que "entre 1964 y 1974 Argentina no tuvo un solo año de recesión y la industria creció en forma persistente a un ritmo del 5,6" ademas de señalar el importante peso ganado por las exportaciones de la industria manufacturera, que representaban un 15% de lo vendido al extranjero.
Estos datos plantean un aspecto correcto: la ISI no había entrado en el callejón sin salida que plantean los liberales. En la última década, el clásico ciclo stop & go que caracterizó la economía sustitutiva, al que ya nos hemos referido en este espacio, había mostrado una cierta atenuación desde el '64, lo cual significó que la economía desaceleró su marcha frente a las restricciones de divisas, sin frenarse del todo como ocurría previamente.
Pero aunque esto es cierto, el desempeño de la industria durante esa década de crecimiento mostró la persistencia de varias limitaciones históricas, que no se habían superado. Producto de la baja productividad general en comparación con los estándares internacionales, lo que implicaba por lo tanto mayores costos; a lo que se sumaba estrechez del mercado interno, y la dependencia del apoyo estatal a la inversión en un contexto de raquitismo del mercado crediticio local, la tasa de acumulación se mantuvo baja. A diferencia de lo que ocurría en los países capitalistas más desarrollados, los ciclos de inversión eran muy irregulares. Como señala Jorge Schvarzer en La industria que supimos conseguir, aunque hubo varios proyectos industriales que lograron alta competitividad, incluso en algunos pocos casos exportando a países desarrollados, al momento que estaban logrando ésto, ya empezaba a hacerse sentir en esas mismas empresas el peso de las restricciones, que llevaba al abandono incluso de los proyectos más exitosos, o a limitarse a aprovecharlos por el tiempo que durara la inversión original, sin realizar nuevas inversiones en los mismos. En los proyectos de mayor envergadura, muchos realizados por el Estado o con fuerte apoyo estatal, se mantuvo el crónico alargamiento de los plazos requeridos para la entrada en funcionamiento, superando ampliamente los plazos originales de los proyectos. El paradigma es SOMISA, que entró en funcionamiento en 1977 después de 30 años de haber sido originalmente proyectado. Pero muchos casos menos resonantes tuvieron un derroter similar. Aunque hubo apoyo estatal al desarrollo de varias industrias, esto fue en el marco de un proyecto global poco articulado, que ni el sector público ni la clase empresaria local estaban en condiciones de dar.
Pero además, cuando Kulfas reivindica la experiencia de la ISI y cuestiona su posterior abandono, olvida recordar lo que señala al principio: que desde la etapa desarrollista tuvo predominancia en las principales ramas de la industria local el capital extranjero. Desde 1958 en adelante su avance fue sostenido hasta finales de la década del '60. De conjunto, la mirada localista soslaya que se dio un proceso de reestructuración industrial de las multinacionales imperialistas que afectó a gran parte de América Latina, en beneficio de lo que serían los tigres asiáticos, en algunos países como Brasil de manera más atenuada. En el caso particular de la Argentina, luego de la derrota del Plan Krieguer Vasena que tenía como principal beneficiario a este sector industrial, incluso avanzando de manera inédita en la imposición a la renta agraria. Cuando a partir del Cordobazo entra en crisis el onganiato, y con él todo el régimen de la libertadora y el plan de Krieguer Vasena, se marca el inicio en la redefinición de los planes de las multinacionales en el país. Dentro del retroceso de la industria que se da en los primeros años del golpe, es este sector el que más marcadamente desmantela sus instalaciones en el país.
Pero sobre todo, la reivindicación de la "estrategia de desarrollo nacional" reivindicada por Kulfas contra la "economía política del golpe" no tiene sujeto: el conjunto de la burguesía argentina se alineó en favor del golpe genocida, para poner fin a la insurgencia obrera que con el desarrollo de las coordinadoras había marcado en inicio de la ruptura política de las masas obreras con el peronismo, habiendo mostrado la incapacidad de la burocracia sindical para contener a las bases en los marcos del régimen y la conciliación de clases.
Incluso aunque la CGE haya sido intervenida luego del golpe, no puede afirmarse que el grueso de sus miembros cuestionara la iniciativa de la junta para deponer a Estela Martínez. La ruptura del pacto social y el fracaso del plan rodrigo producto de la respuesta obrera, había mostrado que aunque no hubiera un agotiamiento inexorable de la industrialización, las condiciones de colaboración de clases en las cuáles esta se sustentatba -que por un lado implicaban una política reformista hacia la clase obrera pero por otro ponían también un techo a las aspiraciones de los trabajadores compatible con el desarrollo de la burguesía industrial- se habían vuelto inviables. La burguesía sacó lecciones y dio su aval al golpe genocida. El conjunto de la clase capitalista, desde las multinacionales hasta la burguesía "nacional", acompañaron las medidas represivas hacia la clase trabajadora. Muchas empresas, por sólo nombrar algunas Mercedez Benz, Ledesma, Fiat o Ford, presentaron listas de activistas a los militares, incluso militarizaron sus fábricas.

En otros posteos hemos señalado las falacias del "desarrollo con inclusión K", acá queríamos poner de relieve la lectura sesgada sobre la cual se apoya la añoranza de la ISI, que poco puede ofrecer a la clase trabajadora.