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miércoles, 13 de agosto de 2014

El (des)empleo en tiempos de ajuste

 Gastón Ramírez y Esteban Mercatante




Como se explica acá, la economía argentina se enfila desde comienzos de año en un ajuste a paso veloz, que agravó las tendencias al deterioro de la actividad que ya eran visibles desde 2012. Devaluación en enero, sumada al cepo a la importación que volvió a agravarse , los impuestos a los autos de alta gama, las dificultades para endeudarse en el exterior, la suba de las tasas de interés que junto con paritarias negociadas por debajo de la inflación, provocaron un freno en la producción y en el consumo que impactó en el conjunto de la actividad económica durante los últimos 6 meses. Con el default que el gobierno pretende negar, estas tendencias seguramente se agravarán.

Pero el impacto del ajuste -que no le fue impuesto al gobierno sino que es un resultado directo de sus decisiones políticas- en el empleo ya es palpable. De acuerdo a los datos que arroja la Encuesta de Indicadores Laborales (EIL) del Ministerio de Trabajo de la Nación en el segundo trimestre de 2014 se observa un deterioro del mercado de trabajo y una desaceleración en la creación de empleo. Algunos sectores como la industria o la construcción en donde muestran las situaciones más difíciles de suspensiones y despidos, y otros sectores como comercio y los servicios donde hay pérdida de empleo más bien por goteo. Pero en todos los sectores se observa una tendencia al deterioro.
Según la encuesta del Ministerio el empleo formal registrado tuvo una caída del 0,3% durante el segundo trimestre en relación al primer trimestre del año, aunque en términos interanuales hubo una tenue suba del 0,5%. Si analizamos la tasa de entrada (contrataciones) y salida (desvinculaciones) del mercado laboral, ambas experimentan una baja a partir del primer trimestre del año. Hay menos contrataciones y menos renuncias.
El dato resonante aparece en el crecimiento de las suspensiones que alcanzan a 6 de cada mil empleados, siendo la cifra más elevada desde el último bajón del empleo en 2009. Sólo en la industria automotriz (terminales y autopartes) se registran más de 15.000 suspensiones.
En el análisis por aglomerados urbanos donde se realiza la encuesta, el empleo formal cae entre el segundo y el primer trimestre del año, en Gran Buenos Aires (0,1%), en Gran Córdoba (0,7%), en Gran Rosario (1,5%), en Gran Mendoza (1%), en Gran Tucumán (0,8%), en Gran Santa Fe (0,9%), en Gran Paraná (0,1%) , a excepción de Gran Resistencia donde hubo una suba (2,4%).
En el caso de las ramas las que caen son Comercio, Restaurantes y Hoteles (-0,3%) y Construcción (-4,6%) comparando con el año pasado. Según fuentes sindicales hubo 2.200 despidos en los restaurantes de CABA, más de 15.000 despidos en la construcción, 2.000 en Tierra del Fuego (UOM) y algunos frigoríficos que cerraron en Córdoba o en Buenos Aires. El dato más llamativo se registra en la industria que habría crecido un 0,4% interanual, cuando estudios privados recientes indican que hubo una caída del 2% en el mismo período, según la UIA.
La menor actividad económica como es habitual se hace sentir más en las pequeñas empresas que son las primeras en ajustar, así lo indica el informe, las pequeñas tuvieron una reducción del empleo del 0,6% y las grandes del 0,3%. Y en el caso de los trabajadores los sectores más flexibles son los que registran los índices más elevados en las bajas de personal de las empresas, entre Mayo y Junio, las bajas por motivo “finalización de contrato por tiempo determinado” sube casi el doble del 8,6% al 15%.
El informe agrega que el 70% de las empresas no realizan búsquedas de personal actualmente. El 59% de ellas prevé realizar contrataciones de personal, aunque es un valor inferior al 70% de un año atrás.

No alcanza con parches
Aunque el gobierno venía minimizando la situación anunció la semana pasada algunas medidas de crisis. El Programa de Inserción Laboral financia con sumas que parten de los 2.700 pesos hasta la mitad del sueldo del nuevo personal que tomen las empresas, en caso de que la compañía adhiera también al Régimen de Promoción del Trabajo Registrado (Ley 26.940) con la cual se disminuyen las cargas patronales. También se vuelve a subsidiar a las empresas que presenten preventivos de crisis con el REPRO, que aumentó de 1.500 a 2.000 pesos por empleado, bajo el compromiso de que no despidan personal. Estas medidas tienen como máximo un plazo de entre 6 a 12 meses. Teniendo en cuenta que los planes oficiales son más bien de contención del empleo ya creado, difícilmente alcancen el objetivo oficial de crear 800.000 puestos de trabajo. Lo que puede si otorgar, son nuevos motivos para que los empresarios, aceleren sus acuses de crisis y se adhieran a estas nuevas facilidades fiscales mientras dure el bajón de la actividad económica y puedan así mantener sus ganancias y sus negocios. Pese a que en el discurso donde presentó estos anuncios Cristina Fernandéz volvió a denunciar que los grandes empresarios que se la llevaron en pala durante estos años, el gobierno, decidió poner más plata del Estado para subsidiar a los empresarios. No sólo esto, sino que el gobierno implementa su propia versión de un régimente de pasantías (ProEmplear) que durante un tiempo de “capacitación” pagará a los jóvenes inscriptos en ProgREsAr (que venían recibiendo 600 pesos mensuales) hasta 2.600 pesos mientras dure la capacitación (6 meses) y 2.700 pesos de salario cuando sean incorporados a una empresa durante un año, montos a todas luces irrisorios. La flexibilización laboral avanza rampante enmarcada en un discurso de “inclusión”.
Ya 2009 mostró que estas medidas no impiden que las patronales descarguen los costos de la crisis sobre los trabajadores. Por mucho uso que hayan hecho entonces las empresas de los dineros oficiales (que hoy son más escasos que hace 5 años), la destrucción del empleo superó los 200 mil puestos de trabajo. Por eso, los diputados del Frente de Izquierda presentaron en el congreso un proyecto para prohibir los despidos y asegurar a todos los trabajadores un salario acorde a la canasta familiar, medidas que la diputada oficialista Diana Conti rechazaba ayer en Minuto Uno diciendo que estamos en un país capitalista y por eso es impensable prohibir los despidos (a confesión de partes...).
Por lo demás, la histórica lucha de Lear, el ataque que enfrentan los trabajadores de Donnelley con la quiebra trucha y cierre de la planta sin aviso (así como Gestamp, y Emfer y Tatsa) muestran que, para gobierno, empresas, y burócratas sindicales afines (una infame “triple alianza”), la “defensa del empleo” sólo aplica en el mejor de los casos cuando pueden asegurarse una plena disciplina. Los “díscolos” (es decir aquellos sectores donde los trabajadores apoyan a delegados de izquierda o combativos) son atacados, despedidos y suspendidos en el mismo momento en el que el gobierno anuncia medidas “para defender los puestos de trabajo”. Sólo con la lucha, impulsando la coordinación y tomando como bandera la defensa coordinada contra los ataques de esta “triple alianza”, podremos los trabajadores defender las condiciones de trabajo y pelear por mantener el empleo.

Donnelley: el fraude de otro buitre

Emiliano Trodler
En el mundo del revés, la izquierda tiene la culpa de los despidos y suspensiones, y juega a favor de la patronal. La burocracia sindical defiende los puestos de trabajo, atacando a los trabajadores que realizan medidas de fuerza contra los despidos. Y el gobierno enfrenta los poderes concentrados reprimiendo los cortes de ruta y poniendo a la Gendarmería Nacional a disposición de las multinacionales Yanky.
¿Hace falta dar vuelta el discurso burdo con que el gobierno intenta justificar la represión y el ajuste al pueblo trabajador? ¿Hace falta decir que cuando el gobierno ataca a la izquierda o las comisiones internas combativas, lo que busca es generar en sectores de la opinión pública un clima antiobrero, que le libere las manos a las patronales buitres para seguir suspendiendo y despidiendo? El SMATA salió a amenazar con que podría haber “una desgracia” en algún enfrentamiento. Otro Mariano Ferreyra. Otro Pedraza del “modelo sindical” K.
El lunes 11/08 los trabajadores de Donnelley se encontraron con un cartelito en la puerta de la fábrica que anunciaba el cierre de la empresa. Un verdadero fraude por parte de esta patronal buitre, que no logró reunir ante el juzgado las pruebas suficientes para que se le otorgue el preventivo de crisis.
No se trata simplemente de una “decisión política” o de un “conflicto ideológico” como planteó Capitanich. Se trata de una clara maniobra extorsiva para descabezar a la comisión interna y avanzar con un agresivo plan de flexibilización laboral que incluyen despidos para 123 trabajadores, casi un tercio de la fábrica.
En sus Estados Contables de 2013 la patronal justifica las pérdidas netas del ejercicio por el aumento de los costos, principalmente los salariales.
En estos años, efectivamente la empresa presentó resultados netos negativos. Como afirmábamos aca se trata de resultados financieros, es decir, de una situación de liquidez circunstancial. No de un problema de “inviabilidad” de la empresa.
Otras empresas líderes en el rubro como Morvillo o AGR también presentan resultados negativos durante estos años, pero ninguna de ellas se encuentra en situación de quiebra. Es que entre 2002 y 2012, la industria gráfica aumentó un 88% el volumen físico de su producción, y la utilización de su capacidad instalada pasó del 48% al 80% y las exportaciones aumentaron un 220% en dólares en el mismo período.
Pero a los trabajadores gráficos no les fue tan bien. Mientras que la cantidad de obreros ocupados y las horas trabajadas se mantuvo más o menos estable, la productividad por obrero ocupado y por hora trabajada aumentaron en 80% y 86% respectivamente. Es decir, que las patronales lograron casi duplicar la producción extraída de cada obrero incorporando maquinaria y aumentando los ritmos de producción.
En el caso de Donnelley, de acuerdo a los Estados Contables 2010, 2012, 2013, la producción del segmento comercial y editorial pasa de 591.514 tiros en 2009 a 617.472 tiros en 2012, con un pico de 739.428 tiros en 2011. Es decir que la caída de la producción en 2013 no llega a perforar el piso del año 2010, año que para el conjunto de la industria se considera un muy buen año.
Por eso señala en su Memoria los esfuerzos por “asegurar el aprovisionamiento de papel –nuestra principal materia prima- que es proveniente en su mayoría del exterior”.
Si la decisión de cerrar la planta es de la casa matriz y tiene que ver con la “inviabilidad” del negocio, deberían explicar por qué en la Memoria de los Estados Contables de abril de 2014 afirmaban que tanto la capitalización de la deuda con la casa matriz (que posee el 98,32% de las acciones) como los aportes de capital por más de 3 millones de pesos “demuestra la confianza de nuestros accionistas en la continuidad del negocio”. La de Donnelley se trata de una burda maniobra extorsiva.
Pero los trabajadores no se han dejado extorsionar y respondieron poniendo la planta a producir bajo control obrero para garantizar la continuidad de las fuentes de trabajo. Esta debe ser la perspectiva para toda empresa que intente cerrar dejando cientos de familias en las calles.
En los comienzos de una crisis que promete nuevos ataques a las condiciones de vida del pueblo trabajador, es necesaria la coordinación desde abajo de los trabajadores que salen a luchar para enfrentar a un enemigo común: las patronales, la burocracia traidora, y el gobierno. 




lunes, 11 de agosto de 2014

Donnelley: un cierre que no cierra

De forma sorpresiva, la gráfica Donnelley amaneció hoy cerrada. En un escueto comunicado con el que los trabajadores fueron recibidos hoy en las puertas de la fábrica, la empresa anunciaba que “estamos cerrando nuestras operaciones en Argentina y solicitando la quiebra”. El mismo argumenta que la firma afrontaría “una crisis insuperable” y que luego de haber evaluado otras opciones, definió el cese de sus actividades en la Argentina.

No es la primera vez que la empresa aduce severas dificultades. Recientemente intentó despedir 123 trabajadores y pidió al gobierno un subsidio para frenar la supuesta crisis. En ambos casos el mismo Ministerio de Trabajo rechazó la postura patronal.

Los números sobre el desempeño económico de la empresa que surgen de sus balances, no avalan la “crisis insuperable” que la firma declara. Aunque los últimos dos balances cerraron con números en rojo (en 2012 con ganancia operativa pero con pérdida después del resultado financiero, en 2013 con resultado operativo también negativo), algo que ocurrió con buena parte de las firmas del sector, por una cierta retracción de la actividad y por el aumento de los costos que acarreó la inflación, la directiva de Donnelley aducía que las dificultades que afrontaba eran más financieras que económicas. ¿Qué significa esta diferencia? Una crisis económica cuestiona la sustentabilidad del negocio, ya que plantea una relación de costos y beneficios que no ofrece una perspectiva de rentabilidad suficientes. Una crisis financiera se refiere al “flujo de fondos”, es decir a la dificultad en un momento determinado para afrontar los compromisos de pago. Ni la magnitud de los quebrantos, ni la relación entre pasivos y activos de la firma sustentan la idea de una situación inviable.
Por otro lado, la empresa tomó en dos oportunidades, en los últimos dos años, la decisión de capitalizar deuda que se había generado con otras casas matrices, de decir que transformaron un pasivo en un mayor patrimonio de la empresa en la Argentina. No hay capitalista que haga esto si no opina que le va a ir bien. Una empresa en crisis apostaría más bien a no pagar la deuda, o a pagarla en pesos como forma de "vaciamiento". Por otra parte, la empresa tomo la decisión de acopiar una importante cantidad de stock de papel y otros insumos, armando una reserva que cubre entre 4 y 6 meses. En el momento actual, estaba llevando a cabo trabajos que están inconclusos, y tenía otros programados para entrega en las próximas semanas. Todo esto esto genera fuertes interrogantes sobre los motivos de la empresa, que en las últimas semanas realizó numerosos intentos -desbaratados por los trabajadores- para trasladar trabajos a otras firmas y así maquillar la situación real, inventando un parate en la demanda que no es tal. Resulta poco creíble que esta firma global que obtuvo a nivel mundial ganancias por 218 millones de dólares según su último reporte a los accionistas, resigne así nomás posiciones ante sus competidores. El intento de declarar la quiebra aparece entonces a todas luces como la vía para deshacerse de la “molesta” comisión interna combativa, que cuenta con un amplio apoyo en la fábrica, y con toda probabilidad reaparecer de otro modo en el país.

Ante la falsedad del planteo de la patronal de Donnelley, es necesario rechazar sus pretensiones. Ningún despido ni cierre de la firma. Como han planteado los delegados, se impone pelear por la reapertura de la fábrica. Que el gobierno intervenga y que el sindicato tome ya medidas a nivel nacional contra este ataque.

viernes, 8 de agosto de 2014

SMATA y automotrices, una sociedad íntima que produce ganancias sin freno

La quinta jornada nacional de lucha impulsada contra los despidos y suspensiones en Lear que se desarrolló hoy, estuvo precedida por el anuncio de la autopartista yanqui de que cerrará sus puertas por quince días como parte de la resistencia que viene haciendo a permitir el reingreso de los delegados, resolución adoptada -con una parsimonia exasperante- por el Ministerio de trabajo después de un mes de negativa de la empresa a permitir el ingreso de los mismos, y veinte días después de la asamblea trucha del SMATA donde la lista Verde buscó destituir a los delegados de la lista Celeste. 
En la jornada de hoy, el gobierno volvió a mostrar que, cuando de laburantes de este gremio se trata, no tiene ningún prurito en arrojar todo el peso de las fuerzas represivas. Con el agregado de que en esta ocasión detuvieron a la nieta restituida Victoria Moyano. Esto ocurría en el mismo momento en el que Guido Carlotto daba la primer conferencia de prensa después de que se conociera que es nieto de Estela de Carlotto. Junto a ella fueron detenidos el presidente del Centro de Profesionales por los Derechos Humanos, Guillo Pistonesi, al legislador electo por el Frente de Izquierda de la Ciudad de Buenos Aires, Patricio del Corro, y a la docente de la UBA investigadora del CONICET y luchadora por los derechos de la Mujer en la agrupación Pan y Rosas, María Chaves.
La heroica lucha de los trabajadores de Lear enfrenta a la Santa Alianza de patrones, burocracia sindical y gobierno "nac & pop". Desde el comienzo fue evidente que el enconado ataque se debe a la urgencia por barrer al activismo y la izquierda de este sector, donde la conducción del SMATA y las grandes automotrices y autopartistas están acostumbradas a hacer y deshacer a su antojo, con aval del gobierno, y no están dispuestos a permitir que la lucha obrera afecte las conquistas patronales en las condiciones laborales (ultraflexibilizadas aunque esto vaya acompañado de sueldos comparativamente altos).
En Ideas de Izquierda 12 ponemos la lupa sobre las transformaciones recientes ocurridas en el entramado automotriz y aupartista, que han redundado en "Ganancias sin freno" para los principales actores de la cadena acompañadas de un abatimiento de los costos laborales al mismo tiempo que de una intensificación de los ritmos de trabajo. Esta reorganización del sector fue acompañada por la introducción de numerosos cambios en los convenios laborales, que agravaron la inestabilidad laboral y facilitaron los ajustes en las horas trabajadas y en los salarios brutos pagados según los vaivenes del mercado y la producción. La conducción del SMATA se mostró pionera en el "noventismo" laboral, como analizamos en "Sirviendo al capital". 
Desde el lunes la revista se consigue en los quioscos de CABA y GBA, y también en El Instituto del Pensamiento Socialista Karl Marx (Riobamba 144 - CABA). En la semana llega al resto del país (también se consigue en quioscos, averiguar por FB).

martes, 29 de octubre de 2013

Apuntes pos elecciones. El estrechamiento del "modelo", los aprestos de ajuste y el voto al FIT

FR y JDM arriman acá un primer buen análisis de los resultados del 27, que intenta ir más allá de la abundancia de comentarios coyunturales que pueblan los medios.
El Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT) superó ayer el millón ciento cincuenta mil votos, creciendo respecto del “batacazo” que había producido en las PASO de agosto. Con este resultado, llegan al congreso nacional 3 diputados, así como numerosos diputados y senadores provinciales, concejales, etc.
Se trata de un hecho sin precedentes en la historia política nacional. Si bien desde la vuelta de la democracia los finales de ciclo político mostraron un crecimiento de las fuerzas de izquierda, y la llevada al parlamento de distintas fuerzas, una serie de rasgos resaltan en la actualidad, como ya señalaran Paula Varela y Adriana Collado en el análisis del resultado de las PASO realizado en Ideas de izquierda. El primero y más evidente es la extensión nacional del FIT. De los tres diputados nacionales electos por el frente (está en curso la pelea en el recuento definitivo por la banca de Córdoba), uno de ellos, Nicolás del Caño, es de Mendoza, otro de ellos, Pablo López, de Salta, y el tercero Néstor Pitrola, de la provincia de Buenos Aires. Los diputados y concejas electos superan en todo el país la decena (el periodista Pablo Stefanoni destacó en Perfil su carácter “federal”). Si esta es una primera dimensión que distingue la elección del FIT, una segunda dimensión distintiva es que, como plantean FR y JDM, “a diferencia de otras experiencias ‘de izquierdas’ (término socialdemócrata patético) como el Frente del Pueblo o Izquierda Unida, el FIT expresa otra cosa, por ser un frente de partidos que se reivindican trotskistas y por levantar abiertamente como bandera la independencia de clase (mientras en las experiencias anteriores había sectores como el PC abiertamente frentepopulistas con lo cual el planteo era más "de izquierdas" que de izquierda)”.
Quedará para un análisis más reposado, lugar por lugar, establecer más acabadamente la fisonomía del fenómeno político, quiénes son los votantes del FIT, etc. Lo que sí podemos señalar es el entusiasmo con el que la campaña fue tomada en numerosos lugares de trabajo y estudio, donde jóvenes y trabajadores mostraron iniciativa para la campaña y se volcaron a la fiscalización durante la jornada del 27. En zona norte del GBA, en las fábricas de la alimentación, gráficos y otros gremios donde la izquierda dirige internas o tiene fuerte presencia, los trabajadores que tomaron la posta durante este largo día se contaban por decena en cada una. Un aspecto distintivo del voto al FIT, ligado con la presencia orgánica en sectores de la clase trabajadora conquistada con un arduo esfuerzo (en particular por el PTS) es el –aún inicial, incipiente- crecimiento de este voto obrero en sectores de peso tradicional del peronismo.
Por mucho que los kirchneristas se subleven contra la “idea apocalíptica de ‘fin de ciclo’”, es en esa clave que puede entenderse el alcance del fenómeno del FIT. No estamos hablando de la manera estrecha en la que se lee este fin de ciclo en los medios de la oposición burguesa, es decir en referencia a las limitadas alternativas de continuidad política que deja el resultado electoral, que sepulta definitivamente (como ya habían dejado claro las PASO) cualquier posibilidad de cambio constitucional, y debilita las posibilidades de arbitrar la interna del PJ para imponer un candidato propio (aunque en ningún modo esto signifique un ocaso definitivo para el “cristinismo”, ya que los votos del FPV le habilitan un peso en la negociación de la sucesión).
Apuntamos a un “fin de ciclo” de más vasto alcance, que es la incapacidad de recrear las condiciones económicas sobre las cuáles se asentaron las victorias electorales de estos años. Es decir las condiciones de crecimiento económico a tasas elevadas con mejora de los indicadores socioeconómicos que caracterizaron los primeros años de gobiernos kirchneristas. La etapa de crecimiento “fácil”, como lo llamó el cepalino Daniel Heymann, o la “etapa rosa” del modelo, como la definía hace unos años el Viceministro de Economía Axel Kicillof, iniciada en 2003, que pudo compatibilizar crecimiento de la inversión, alto superávit comercial, mejora real de los salarios (aunque por ese entonces apenas recuperándose del desplome que tuvieron con el mazazo que fue la devaluación de 2002, aún no superando el monto que habían tenido en términos reales antes de la devaluación) empezó a mostrar sus límites a comienzos de 2008. Límites que se expresaron en la inflación, la emergencia de la crisis energética, la necesidad de ampliar las fuentes de financiamiento del Estado para enfrentar la emergencia del superávit fiscal (lo que condujo primero a impulsar la 125 y luego de la derrota de esta iniciativa a liquidar las AFJP). A partir de entonces comenzó una segunda etapa, en la que el gobierno contaba aún con margen para administrar las dificultades emergentes, apoyado en las formidables condiciones que daba el colchón cambiario y la abundancia de dólares (con reservas que llegaron a estar en u$s 50 mil millones gracias al sostenido superávit comercial, es decir del saldo de exportaciones menos importaciones, que en los últimos años viene cayendo fuerte por el déficit energético), pero que sin embargo tuvo algunos rasgos muy marcados como por ejemplo el fin de la recuperación de algunos indicadores socioeconómicos. Es el caso de la “calidad” del empleo, que desde entonces casi no varió (el empleo no registrado estaba en 36% en 2008, hoy ronda el 34,5, es decir casi no cayó desde entonces). La pobreza e indigencia también son acrecentadas por la inflación, aunque la implementación de la AUH haya evitado una situación de agravamiento más agudo como consecuencia de los estragos que ocasiona la estampida de precios.
Finalmente, entramos en una tercera etapa signada por la reducción de los márgenes para administrar el agotamiento. El estrechamiento relativo tiende a hacerse cada vez más profundo y generalizado después de las elecciones de 2011 (hemos analizado in extenso las etapas del “modelo” en posteos anteriores, ver por ejemplo acá). Con una buena ayuda de las condiciones internacionales, y fuerza de vaciar hasta el límite las fuentes de financiamiento interno, el deterioro se desarrolla en cámara lenta, pero no por eso menos persistente. Aunque la inflación perdió el dramatismo mediático que tenía a comienzos de año, no da señales de una desaceleración profunda, y durante setiembre se ubicó en 24,4% según índices que toman las mediciones de algunas provincias. El empleo casi no crece en el último año y medio, y por primera vez desde 2003 se percibe un tibio crecimiento del trabajo no registrado (en “negro”) que pasó de 32% de los ocupados en el primer trimestre de este año a 34,5% en el segundo. Por otro lado, incluso para la minoritaria proporción de los trabajadores empleada en blanco y beneficiada por las negociaciones paritarias, este año cerró sin mejoras, también por primera vez en la década. Aunque la suba del mínimo no imponible de ganancias restituyó una parte de los ingresos para un millón y medio de asalariados, esto apenas compensa el magro saldo de las negociaciones salariales de este año. El “nunca menos” es un lejano recuerdo, aún para los asalariados en mejores condiciones.
“Fin de ciclo”, entonces, porque aunque el gobierno puede todavía seguir tomando algunas medidas para evitar el ajuste en toda la línea que desea buena parte del empresariado, la oposición patronal, y los peronistas que aspiran a suceder a Cristina, los ajustes en cuotas que esto requiere tienen impacto y generan descontento en amplios sectores, y, es cada vez más evidente, no hacen más que posponer y a la vez agrandar el costo futuro de los ajustes. Además, para hacer esto se impone ir cada vez más contra el relato, como lo muestran los acuerdos para pagar deudas por fallos del CIADI a favor de multinacionales que demandaron al país en estos tribunales internacionales hechos a medida del capital imperialista, y los esfuerzos por seguir siendo “pagadores seriales” (lo que está vaciando las reservas del BCRA) y evitar un default técnico por las demandas en tribunales norteamericanos.
En estas condiciones, ante la agenda de “normalización” que el gobierno hace suya cada vez más abiertamente (aunque con “ruido interno”) hoy se ve claramente que en la oposición no hay salida “por izquierda”. La centroizquierda que no está con el gobierno integra alianzas con los partidarios de la vuelta a los mercados y el ataque ortodoxo a la inflación (esta falta de independencia de la centroizquierda no es tampoco un fenómeno de coyuntura, las grandes crisis de los últimos años mostraron una y otra vez cómo cualdo las papas queman no hace más que ir detrás de las salidas ofrecidas por la burguesía, es decir de alguna variante de ataque a la clase trabajadora).
El crecimiento encuentra en este fin de ciclo -en el sentido más profundo que hemos planteado- una de sus razones. Algunos de los que en 2011 apoyaron al gobierno bajo la promesa del “nunca menos”, encontraron en el FIT a la única fuerza que ante el panorama de ajuste levantó un programa para dar respuesta a las demandas obreras y populares.
Ahora, pos elecciones, las bancas obtenidas serán un lugar desde donde se amplificará el rol de “tribunos del pueblo”, es decir desde donde poner sobre el tapete las duras condiciones que viven los trabajadores y trabajadoras al cabo de una supuesta “década ganada”, con más de un 60% de la clase trabajadora en condiciones precarias (con el aval de leyes flexibilizadoras que siguen vigentes), recibiendo salarios de miseria (un 60% de los ocupados gana menos de $ 4.200), con un millón de jóvenes “ni ni” (ni estudian ni trabajan), forzados a viajar diariamente en condiciones de riesgo por el desguace del transporte (especialmente el ferroviario), y un largo etc. El desafío es transformar este peso político del FIT y las bancas obtenidas en una herramienta para la construcción de un partido revolucionario con capacidad de dirección de una franja de la clase trabajadora, es decir con decenas de miles de militantes y lugares de dirección en decenas de sindicatos, centros de estudiantes y otros organismos del movimiento de masas. Este anclaje “orgánico” es fundamental para que ante el “fin de ciclo”, con sus tiempos de desarrollo aún abiertos pero insoslayable, podamos desplegar abiertamente la batalla contra las salidas de la clase dominante, y por imponer el programa de respuesta obrera a la crisis cuya propuesta desarrollamos extensamente en el manifiesto programático del FIT.


jueves, 29 de noviembre de 2012

Estado benefactor... ¿con quien?


http://www.eltribuno.info/salta/Multimedios/imgs/109546_620.jpg?v=3




El el viceministro de Economía Axel Kicillof volvió a justificar ayer el cobro del impuesto al salario
Lo hizo en el show ultraoficialista 678. Algunos oficialistas (ver Alfredo Zaiat) afirman este impuesto al salario conformaría un esquema progresivo, ya que los que más ganan aportan para sostener un gasto que beneficia a los que menos ganan. Esta última argumentación, es un insulto a la inteligencia cuando sigue sin estar gravada la renta financiera, se mantienen los privilegios impositivos para actividades nocivas para el medio ambiente como la minería, y el mínimo no imponible está en $5800, que es un salario que casi duplica lo que ganan la mitad de los asalariados (que rondan los $3000 mensuales) pero está lejos de corresponderse con "sectores de mayor capacidad contributiva" como sostiene Zaiat. 
Kicillof ensayó otro argumento, también bastante recorrido por el progresismo K. Afirma que este gravamen sostendría un Estado benefactor: "Cuando el Estado vuelve a ser un Estado activo y benefactor lo que uno paga como impuesto tiene como contraprestación varios servicios". Luego de esto, pasó a definir estas contraprestaciones como un "salario indirecto", definición con la que coincidimos, pero que tiene un contenido muy distinto al que el viceministro le quiere dar. Para Kicillof, "a lo que uno gana hay que sumarle lo que deja de pagar por los subsidios y a partir de eso calcular los impuestos. Hay que tener otra mirada". De esta forma, el resultado del impuesto a la ganancias sería "neutro", ya que lo que los asalariados pagan por un lado lo reciben por otro. Pero, ¿quién es el gran beneficiario de todo este andamiaje? Ciertamente no puede decirse que sea la base para una política de distrución progresiva, salvo que vayamos a creerle al Indek de que es posible comer con $6 y la inflación ha sido desde 2006 menor al 10% anual. Este mismo Indec sostiene, en su EPH (categoría “Población total según escala de ingreso individual”) que: 
El 90% de los asalariados gana menos de $5460, 
El 80% gana menos de $4230, 
El 70%, menos de $3513. 
El "salario indirecto" del que habla el viceministro ha sido una viga más en el sostén de estos niveles de remuneraciones, que dan cuenta de un patrón regresivo del ingreso que ha resultado ampliamente beneficioso para el empresariado. Gracias a el "salario indirecto", los empresarios han amasado fortunas y acrecentado la participación de sus ganancias como proporción del ingreso nacional, mientras el Estado "benefactor" solventaba una parte de los consumos obreros y populares de transporte y energía. Así contribuían a contener el descontento que pudiera devirar en mayores reclamos de recomposición salarial (ampliamos acá). 
La "progresividad" sólo puede partir de cortar con una estructura de gastos que tiene como eje afrontar el saqueo de la deuda pública y los subsidios al capital, declarando el no pago de la deuda y nacionalizando la banca, las prestadoras de servicios públicos y las emrpesas estratégicas para ponerlas bajo control de los trabajadores y comités de usuarios. Asimismo, cualquier estructura impositiva verdaderamente progresiva sólo puede empezar por terminar con el IVA que es la principal fuente de recaudación a costa del consumo obrero y popular, extender el gravamen de ganancia a la renta y cortar con las desgravaciones al gran capital, y estableciendo alícuotas considerables en los impuestos a las grandes fortunas. De esta forma podría afrontarse el 82% móvil que el gobierno se niega a pagar y encarar planes de obras públicas para responder a las postergadas demandas obreras y populares de vivienda e infraestructura, permitiendo trabajo para todos con un salario acorde a la canasta familiar. En las antípodas, el programa que defiende el "keynesiano" (que algunos trasnochados siguen llamando marxista) Kicillof es el de un Estado benefactor, sí, pero para los empresarios.

viernes, 23 de noviembre de 2012

Nos sobran los motivos – 20N clase obrera, cristinismo e izquierda


 
En su discurso del martes en San Pedro, la Presidenta expresó brutalmente lo que el variopinto arco cristinista viene expresando hace días. El paro no tendría grandes motivos, dado el contraste entre la situación nacional y la que caracteriza a buena parte de las naciones más ricas. Pero más aún, sería una amenaza contra “el modelo”, y por lo tanto contra las condiciones del “bienestar” que caracterizaría la situación de todos los trabajadores. Literalmente, mandó la amenaza: “no jodan con el trabajo”. En la misma línea, Fernando “chino” Navarro sostuvo que no habría lugar para el reclamo porque “tenemos el mejor salario de América Latina” y “somos el país con menor exclusión”.


Del “nunca menos” al... ¡menos!


Es cierto, la situación argentina (como de buena parte del mundo “emergente) contrasta hoy con la crisis europea. Este fue un año de estancamiento, en el que se registró por primera vez desde 2009 una caída en el empleo, pero hay indicios de una magra recuperación. Una ayuda no menor está viniendo por el lado externo, gracias a los altos precios y la firme demanda de granos. Aunque este año varios voceros oficiales ensayaron el discurso de que “el mundo se nos vino encima”, lo cierto es que aún en tiempos de declinación como los actuales, no puede el kirchnerismo (hoy en su etapa cristinista) decir que el flanco externo le haya sido adverso. La elevada liquidez mundial producto de las últimas rondas de inyección de liquidez orquestadas por los bancos centrales de las economías más grandes viene resultando una considerable ayuda. En otros países esto viene permitiendo que se endeuden a tasas del 5% anual, como es el caso de Bolivia hace unas semanas. Nada parecido puede ocurrir en la Argentina, presionada por algunos fondos buitre, pero la nueva situación contribuyó indirectamente a restar argumentos a la fuga de dólares. Esta abundancia de dólares presiona al alza los precios de los granos de soja, permitiendo que los popes del agrobussiness, y el gobierno que es su socio gracias a las retenciones, puedan esperar un 2013 de bonanza en lo que respecta al ingreso de verdes. También Brasil parece estar retomando ritmo, ayudado por algunas medidas del gobierno de Dilma, y también por esta abundante liquidez que se traduce en ingresos de dólares que alimentan el consumo. Pero claro, se trata de una situación precaria, que rápidamente puede deteriorarse considerando los varios puntos críticos que podrían deteriorar la situación global.


¿Por qué ante este panorama, que hoy no es de crisis aguda, el llamado a paro de la CGT de Moyano y la CTA de Micheli tuvo una respuesta contundente, aún considerando que como afirma JDM estos dirigentes “fueron a menos” (llamando por TV y sin hacer nada para extender el paro en los gremios de la CGT Balcarce)? La contundente adhesión al paro, que gracias a las peleas dadas por sectores de la izquierda clasista tuvo gran fuerza aún en gremios oficialistas (como fue el caso de la línea B del subte, varias fábricas de alimentación como Pepsico y Stani, y gráficas como Donnelley, WorldColor y Print Pack, por sólo nombrar algunas) y podría haber sido aún más activa y extendida si la propia burocracia no la hubiera torpedeado, da cuenta de los inicios de una ruptura, que responde a que se desnuda cada vez más este carácter de contunuidad en lo esencial con el legado neoliberal. No se trata, como dirían algunos, de “lo que falta” en un proyecto transformador. Se trata del corázon del kirchnerismo/cristinismo como modelo de “capitalismo en serio”, que como tal ha preservado las principales conquistas logradas a sangre y fuego por la burguesía, adornándolas un poco con medidas distributivas que pueden sostenerse en tiempos de vacas gordas. Tiempos que están más en el pasado que en el futuro.


Con el deterioro económico, aún moderado, se puso en evidencia rápidamente lo precario de buena parte de las “mejoras” en las que se asientan los esfuerzos del gobierno por darse un barniz reformista. Como ya hemos definido en otro post, lo que caracteriza al kirchnerismo desde su origen es el esfuerzo por “distender” parcialmente las relaciones [de la clase dominante] con las clases subalternas, creando algunas expectativas de mejoras en algunos sectores obreros y populares (que sólo se concretaron parcialmente para franjas limitadas, como las de los trabajadores privados registrados, y solamente si las comparamos con la situación catastrófica de la hecatombe de 2001)”. Pero esta “distensión” ha ido de la mano de una profunda continuidad en un punto clave de los “estragos” que hizo la ofensiva patronal de los años '90 sobre la clase trabajadora: el andamiaje de la fragmentación y precarización laboral. Este se trabuce en leyes, pero también en una “ciudadanía” de segunda en lo que respecta a la representación laboral y la capacidad de imponer reivindicaciones, validada por las conducciones sindicales. Se trata de un elemento central en la determinación de la fuerza social relativa del capital y del trabajo, ya que no sólo afecta a los precarios y fragmentados, sino que es determinante para el conjunto de la clase. Por eso, aunque la última década presenció una fuerte recomposición en el peso social de la clase trabajadora que le dio mayor capacidad de luchar con éxito por sus reivindicaciones, se pusieron en evidencia férreos límites para este avance. A pesar del formidable aumento de los puestos de trabajo, y la considerable reducción del desempleo, en la mayoría de los gremios recién en 2007 empezaron a aproximarse a niveles de remuneración cercanos a los de 2001. A partir de ahí, fue cada vez más difícil lograr en los acuerdos paritarios aumentos que siguieran los pasos de una inflación bien por encima del 20%. Resultado: en muchos gremios no se pudo sostener la recuperación, en otros comenzó una ligera senda descendente, y en un sector minoritario siguió la recomposión salaria en térnimos reales (es decir, con aumentos por arriba de la inflación).


Apelando a la “caja”, durante un tiempo el kirchnerismo pudo compatibilizar tendencias contradictorias. Otorgando subsidios, logró mantener cierta disposición empresaria a mantener aumentos, conteniendo de esta forma las demandas que en 2005 y 2006 se expresaban con fuerza por abajo, mostrando la entrada en escena del sindicalismo “de base” (aunque sin evitar que esto se tradujera en aumentos de precios cada vez más fuertes). Estas concesiones, sumadas a los efectos que ya de por sí estaba produciendo el crecimiento del empleo (un aprovechamiento empresario del “abaratamiento” del salario que trajo la devaluación, ver aquí y aquí), permitieron mostrar una mejora en los indicadores del ingreso, que iba de la mano con un aumento a niveles récord de la participación de las ganancias en el ingreso. La base para que esta situación fuera sostenible, fue el mazazo previo que recibieron los salarios con la devaluación de 2002, que hizo subir los precios sin que se movieran los salarios, mejorando de forma formidable la ecuación de los empresarios. Como si esto fuera poco, en buena parte de los acuerdos paritarios las patronales conseguían compromisos de productividad, con lo que la ecuación total resultaba ampliamente favorable. El límite –estrecho- de las concesiones era que las condiciones de rentabilidad (es decir los costos salariales bajos) se mantuvieran mejor que en 2001. No es extraño entonces, que a partir de 2006, los aumentos salariales comiencen a ser contestados con aumentos de precios crecientes, y exigir por otro lado un esfuerzo creciente del estado por solventar con subsidios una porción de la plusvalía (ver aquí).


Si estos subsidios fueron una manera en la que el kirchnerismo buscó compatibilizar la persistencia del patrón de distribución “primaria” (es decir al nivel de las remuneraciones) noventista, con algunas mejoras, el mecanismo privilegiado en los últimos años fue la política de ingresos. Esta adquiere con la AUH una extensión cualitativamente mayor a cualquier política previa, y permite contrarrestar parcialmente los efectos de la inflación, al menos para los sectores pobres.


La capacidad de estas políticas para operar como distención, contrarrestando -sin revertir- los elementos que estructuralmente fortalecieron al capital en desmedro de los asalariados, estaba atada a dos factores. El primero, que ya mencionamos, la magnitud del colchón logrado por el capital con el saqueo al salario. El segundo, la capacidad fiscal del gobierno para dirigir recursos hacia la “distensión”. Ambos aspectos se han ido estrechando en paralalelo. Aunque mediante la sucesiva apropiación de cajas (aumento de impuestos como las retenciones hasta la derrota de la 125, liquidación de las AFJP, uso de reservas del Banco Central para pagar deuda en dólares y, finalmente, la reforma de la carta orgánica de este último para aumentar su capacidad de préstamo) le dio una flexibilidad para conservar cierta holgura fiscal, pero a fines de 2011 sonaron las alarmas por el acelarado aumento de algunas partidas, como el gasto energético.


El resultado de estas capacidades más estrechas ha producido efectos diferenciados para distintos sectores de la clase trabajadora. Los trabajadores registrados han logrado aumentos salariales que en promedio se mantuvieron a la par de la inflación, aunque con mucha dispersión entre los distintos gremios. Incluso algunos años lograron alguna mejora en términos reales (como en 2010 producto de la intensa actividad desplegada por los sectores antiburocráticos en el gremio de la alimentación, que perforaron los techos salariales que estaban en torno del 20% y generaron presión sobre otros gremios). Pero esta mejora -moderada y relativizada por la inflación- se ha visto contrarrestada de forma creciente por el impuesto a las ganancias, por la movilidad limitada que tuvo el mínimo no imponible (sobre este robo al salario, ver lo que dicen Pablo Anino y Octavio Crivaro aquí). También ha afectado a vastos sectores la pérdida de las asignaciones familiares, por pasar a estar por encima del máximo de ingreso para percibirlas. Las últimas modificaciones dejaron afuera de quienes perciben esta asignación a nuevos sectores. Al mismo tiempo, mientras desde 2007 se ha detenido la reducción del empleo precario, mostrando los límite estrechos para acceder a “ciudadanía” laboral, fueron estos sectores los que más vieron modificar su ecuación de ingresos producto de la AUH. Lo mismo puede decirse de los trabajadores registrados con niveles de ingresos más bajos. Sin embargo, acá también la inflación se ha diluido parte de sus efectos.


La política de ingresos y laboral del kirchnerismo, como vemos, atacó mucho más las diferencias de ingresos entre asalariados que tanto preocupa hace tiempo a escribas oficialista como Verbitsky (ver aquí y aquí), que la limitada participación del ingreso asalariado producto del aumento de la participación del capital. Se subió el “piso”, principalmente por transferencias estatales y sin afectar la fragmentación estructural que tanto provecho ha dado a la burguesía, mucho menos se movió el techo. Y con el efecto persistente de la inflación, sumado a la mayor presión social y el cambio en el panorama laboral, todos los sectores de la clase trabajadora viven un panorama que no podía estar más lejos de la idílica situación que dibuja el “relato” oficial.


Cristina Fernandez conquistó un vasto apoyo entre los trabajadores en las elecciones del año pasado con la promesa del “nunca menos”. Sin entusiamo, el apoyo a la continuidad K se dio bajo la expectativa de que las modestas mejoras de estos años (más ligadas a la lucha y a la fuerza social recuperada por la clase trabajadora que a decisiones gubernamentales) se mantendrían. La sintonía fina, que con algunas contramarchas sigue firme (sino veamos la reciente votación de la ley de ART, la reticencia a mover el mínimo no imponible dando apenas un “regalo” de navidad) rompió esta expectativa. Como si fuera poco, a quince días del colapso energético en Ciudad de Buenos Aires, el “keynesiano” Kicillof anunció hoy junto con Julio de Vido nuevos anuncios sobre aumentos de tarifas eléctricas. Adivine el lector: ¿a qué se parece más el anuncio, a una política heterodoxa de ingresos, o a un “noventoso” regalo a las prestadoras de servicios públicos (una pista, la acción de edenor subió a horas del anuncio más de un 8%)?


¿Quo vadis?


¿Hacia donde va a conducir esta ruptura que empieza a desarrollarse? ¿Hacia una “fusión” del 20N con el 8N o hacia una política obrera independiente de la burguesía? ¿Scioli (o de la Sota) o la izquierda clasista? Resulta sagaz Pagni cuando plantea como central el problema de la inflación y la negación que hace el gobierno, comparando con la ubicación del sindicalismo en los años '80: “Como en los 80, el mercado laboral no ajusta hoy por cantidad, sino por precio.El número de empleados se mantiene, pero la remuneración disminuye en términos reales. El malestar se concentra en el universo de los ocupados. Y determina una mayor movilización gremial”. Claramente el cronista se deja llevar por sus deseos, ya que hay un abismo entre la situación actual y los tiempos alfonsinistas, con un Estado en ese momento quebrado bajo asesiado de acreedores externos. Sin embargo, tras su razonamiento hay un problema político de primer orden para quienes apostamos a la emergencia política independiente de la clase trabajadora. Si Moyano y Barrionuevo apuestan a incidir con sus acciones en la interna peronista (apoyando a Scioli y de la Sota respectivamente), Micheli apuesta a llevar agua para el molino del FAP, en ambos casos, por lógica de alianzas policlasistas de cualquiera de estos proyectos, el peso va para el lado de las “correcciones”, como planteó Scioli por estos días. Es decir la “normalización” definitiva por el lado de política antiinflacionarias y de ajuste más directo, contra el ajuste en cuotas e indirecto (vía inflación) que aplica el gobierno. Este programa no responde a las aspiraciones del conjunto de la clase trabajadora, pero sí puede traccionar a los sectores de mejores ingresos contra la amenaza del descontrol inflacionario. Ante esta convergencia posible, es fundamental fortalecer las condiciones para que, al contrario, pueda soldarse la unidad del conjunto de la clase trabajadora en alianza con el pueblo pobre. Para esto es fundamental la constitución de un polo alternativo que luche al interior de los sindicatos contra las direcciones de las CGTs y las CTAs.


Contra las variantes políticas patronales que impulsan distintas alas de la burocracia, es fundamental sostener una política consecuente para desarrollar la independencia de clase, tomando un programa independiente que responda a las aspiraciones del conjunto de los trajadores, y peleando por la mayor unidad de las filas obreras, contra las divisiones que defienden los empresarios, los burócratas y el gobierno. Como plantea Paula Varela “Si efectivamente, la comprobación de una disidencia por izquierda en sectores de masas abre la posibilidad a una ruptura con el peronismo, el polo opositor clasista tiene que ser más claro y más contundente”. No sólo delimitándonos claramente de los movimientos que fortalecen a las variantes de oposición patronal, como el 8N, sino también de la bucracia aún en el momento que acompañamos las acciones que llaman por justas reivindicaciones, como el paro del 20. Para esto, es fundamental el llamado inmediato a una Asamblea Nacional de Trabajadores para agrupar a los sectores combativos.


sábado, 27 de agosto de 2011

Chile

El semanario inglés The economist, bastión indiscutido de la reacción mundial,  tiene muy claro que en los sucesos que hoy sacuden Chile se juega mucho. No por nada titula "Descontentos en Chile: la rotura de la presa. Frustración acumulada en los defectos de una democracia exitosa" (el destacado es nuestro). En Chile no sólo se define lo que pasará de aquí en más en dicho país. La proyección de los eventos que ahí ocurren tendrá sin lugar a dudas alcance continental, sino global.
Desde que la dictadura de Pinochet permitió transformar a ese país -a sangre y fuego- en el primer laboratorio para los experimentos neoliberales, aplicando el recetario ideado por Milton Friedman para desmontar todo tipo de política de intervención estatal que afectara siquiera tibiamente la libertad de empresa, este modelo “exitoso” se transformó en el principal producto de exportación chileno. Todas las dictaduras latinoamericanas de los años siguientes tenderían la alfombra roja a los “Chicago Boys” para recibir la misma asesoría experta que -siempre en la opinión de las usinas ideológicas de la burguesía y los representantes del imperialismo- había salvado la economía chilena. Las medidas de privatización (evitando eso sí desprenderse de Codelco), desregulación económica, permisividad con nuevas formas de especulación financiera, liberación de trabas a las importaciones y recorte del gasto público (que para 1980 equivalía a la mitad del monto que había alcanzado con Allende, siendo Salud y Educación las partidas más recortadas), aplicadas duramente por Pinochet bajo la doctrina friedmaniana de “terapia de choque”, serían a partir de entonces el camino a seguir de todas las reformas “modernizadoras”.
La gravitación de este “ejemplo” no sólo quedaría limitada a la región. En todo el mundo, las reformas neoliberales reconocieron a Chile como un ejemplo a seguir. En las reformas tacherianas y reaganianas, así como en las medidas de Lech Walesa para avanzar en la restauración capitalista en Polonia, y también en el Consenso de Washington, vemos los ecos de las victorias políticas e ideológicas de los personeros neoliberales en este país del sur. La ofensiva del capital contra el trabajo, que permitió hacer caer en todo el mundo la participación de los asalariados en el ingreso nacional mientras se liberaban los canales para la valorización del capital, tuvo siempre al Chile de Pinochet como punto de referencia indiscutible. El prestigio que por décadas mantuvo el inspirador de las principales medidas de la dictadura pinochetista, Milton Friedman, no sería el mismo sin el “éxito” de la dictadura pinochetista en aplicar las medidas que él instruyó.
Lo que The economist llama sin pruritos una “democracia exitosa" con “defectos”, es un régimen que con apoyo tanto de la Concertación como de los sectores políticos pinochetistas (parte de los cuales integran hoy el gobierno del empresario Sebastián Piñeira) mantuvo las condiciones duras hacia la clase trabajadora y los sectores populares. En las bases estructurales de este régimen, quedaron impuestas las condiciones para una democracia para ricos. El reclamo por el que hace meses que vienen luchando los estudiantes, de educación pública libre y gratuita, amenaza el corazón de este modelo. El Estado “mínimo” para los sectores populares, pero siempre presto a actuar como vehículo para el enriquecimiento burgués empieza a estar impugnado en uno de sus pilares.
Este cuestionamiento no sólo representa una amenaza para la burguesía en Chile. Durante estas décadas, las recurrentes y agudas crisis en la región, fueron explicadas por una insuficiencia en las "reformas estructurales". Frente a las sucesivas crisis fiscales o de balance de pagos, se mostraba el modelo chileno, que -reformas mediante- no sólo había logrado crecimiento económico sino además una estabilidad política inexistente en el resto de la región. A pesar de la bancarrota ideológica del neoliberalismo apurada por la crisis de Wall Street iniciada en 2007 -aunque muchos de los exponentes de estas ideas tratan de hacer como sin nada y seguir para adelante, apoyados en que nadie ha mostrado ninguna receta alternativa con probabilidad de éxito ni apoyo de los empresarios- Chile permanecía como legado duradero de una promesa de los éxitos que puede traer la receta neoliberal. Es una de esas conquistas sólidas -al menos hasta hoy- que dan fuerza moral para que los gobiernos burgueses sigan haciendo que los trabajadores y sectores populares, sobre todo en los países dependientes, se traguen la dura receta del ajuste, como está imponiendo hoy Alemania en toda Europa. Por eso, este diario inglés nota con preocupación que "muchos chilenos ya no están dispuestos a ignorar lo que ven como fallas en su democracia duramente ganada, a cambio de estabilidad política y crecimiento económico". Es que la nueva "batalla de Chile" que están llevando adelante los estudiantes y obreros, puede tener proyecciones mucho más allá de Chile, especialmente en Latinoamérica. 
Hoy está el desafío de evitar confiar en nuevas reformas o transiciones que no conduzcan a ningún lado. Es lo que empiezan a proponer la Central Única de Trabajadores (CUT, liderada por el PS pero en la que también tiene importante peso el PC que está al frente entre otros sectores de los metalúrgicos de Cotramet) y la Confederación de Estudiantes de Chile (CONFECh, dirigida por el PC junto con sectores autonomistas), cuando hablan de una “segunda transición a la democracia”. Los participantes de la vieja Concertación, contribuyen nuevamente apuntalar el régimen pinochetista, evitando que el movimiento apunte a dañarlo de manera irreversible.
En las antípodas de este camino que conduce a no lograr nada, el desafío es extender la alianza de los trabajadores y estudiantes que empezó a verse en el paro del 24 y 25, sobre la base de una amplia organización democrática de las bases (mediante asambleas estudiantiles, asambleas de trabajadores, delegados votados por las bases, algunas cosas que en pequeño han comenzado a verse en estos días), para proponerse que caiga no sólo la educación sino todo el régimen pinochetista. Contra el plan de ‘segunda transición’, que cambiará algo para dejar intactas las bases del Chile de la dictadura, se impone plantear como perspectiva una Asamblea Constituyente libre y soberana llamada sobre las ruinas del régimen, donde sea el pueblo el que delibere y no las cúpulas, para liquidar toda la herencia pinochetista de represión, superexplotación y entrega al imperialismo.


¡Viva la lucha de estudiantes y trabajadores en Chile!

¡Manuel Gutiérrez, presente!

Solidaridad internacional con la lucha de los estudiantes y el pueblo chileno