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miércoles, 6 de junio de 2012

La economía argentina en los años "K", sus contradicciones y perspectivas

Invitado a exponer en las VIII Jornadas de Geografía Económica, presentamos un balance de la economía durante los años K, discutimos el supuesto "modelo", las contradicciones que han ido apareciendo, y los desafíos para quienes apostamos a que la clase obrera desarrolle una política independiente que le permita -acaudillando al conjunto del pueblo pobre- transformar las bases de la sociedad poniendo fin a la explotación del hombre por el hombre. Para quienes tengan tiempo y ganas, publicamos "en crudo" la exposición que hicimos, así como los gráficos que la acompañaron. Ya trabajaremos, con tiempo, un post sintético (o varios) con algunas ideas, muchas de las cuales de todos modos se pueden rastrear (casi textuales) en otros posts.
Sobre los gráficos, aclaramos que el crédito no es nuestro, y agrademos a las amplias fuentes de la BEA y otros sitios que -involuntariamente- contribuyeron con ellos.




La idea es hacer un balance de los aspectos más salientes de lo que ha dado en llamarse el “modelo K”: cuál es el carácter del modelo, y los rasgos más salientes de cómo ha crecido la economía argentina en la última década. ¿Fórmulas como “crecimiento con equidad” dan cuenta de los rasgos que caracterizan la economía argentina durante esta década? A la vez que esta caracterización, analizaremos las contradicciones que ha desarrollado la economía, qué expresan las mismas sobre rasgos que marcan transformaciones previas de la economía que persisten, y finalmente, qué desafíos se desprenden para que la clase trabajadora pueda ofrecer una respuesta política propia para los grandes problemas nacionales y las cuestiones que más aquejan al pueblo pobre.
Presentación
Las estadísticas falseadas hacen cada vez más difícil decir algo certero sobre la economía. Esto ya de por sí habla sobre el carácter de clase del gobierno y del Estado, soslayado en muchos discursos progresistas. Los empresarios y sus “intelectuales orgánicos” pueden elaborar sus propios datos; incluso pueden sacar provecho de la desinformación y lucrar con eso. Los asalariados son los perjudicados cabalmente.
IndeK
Cuatro pilares se conjugaron durante buena parte del período iniciado en 2002: elevada rentabilidad, superávit comercial y superávit fiscal, dólar caro
Cuatro pilares: elevada rentabilidad, superávit comercial y superávit fiscal, dólar caro
Estos son aspectos íntimamente relacionados: la megadevaluación de 2002 fue la base para conseguir tanto la mejora en la rentabilidad como realizar el ajuste fiscal. En términos reales, el TCRM llegó a depreciarse un 275% para octubre de 2002 respecto del nivel que tenía en diciembre de 2001. Aunque esto inmediatamente creo numerosos problemas con contratos y deudas en dólares, los empresarios lograron transferir buena parte de los costos a la sociedad. Aún en quiebra, el Estado sumó pasivos por más de $ 40 mil millones, a lo cual se sumó la política de liquidez a los bancos a través de redescuentos (más de $21 mil millones). Gracias a esto, con el nuevo contexto macroeconómico que creó la nueva paridad cambiaria, la ecuación de competitividad benefició especialmente a los productores de mercancías transables (es decir los bienes sometidos a la competencia extranjera, ya sea que se vendan en el mercado interno o se exporten).
Tipo de cambio
Los precios subieron casi un 30% durante 2002, pero gracias a la elevada desocupación, el peso de cuatro años de recesión y el apoyo del sindicalismo peronista a la devaluación, la clase trabajadora acusó el golpe de la pérdida de poder adquisitivo sin lanzar ningún reclamo de recomposición salarial. El resultado fue una formidable caída en el costo salarial, que nuevamente favoreció especialmente a los productores de bienes transables.
Inflación y costo laboral
La inflación ayudó también al formidable ajuste fiscal durante el año 2002. Al momento del colapso de la convertibilidad, en diciembre de 2001, el déficit fiscal equivalía al 3,2% del PIB. En los años siguientes este cuadro se invertiría, y el Estado nacional pasaría a ostentar una posición de holgura inusitada.
En 2002 el gasto público se redujo en términos nominales el 5%. Por el aumento de precios que siguió a la devaluación, esto significaría una caída en términos reales del 37%. Con todas las partidas congeladas en 2002 en los montos presupuestados antes de la salida de la convertibilidad, la situación fiscal dará un giro brusco, de la bancarrota y el déficit crónico, a un fuerte superávit; esto incluso con la implementación de millones de planes Jefas y Jefes de Hogar.
Ajuste fiscal y superávit
















En este shock (y en el default declarado en diciembre de 2001 que hizo que hasta 2005 casi no se debiera pagar deuda pública) se encuentran las raíces del superávit fiscal que se mantendrá hasta 2007 (aunque mediante distintos maquillajes el gobierno logre mostrar resultados positivos hasta la actualidad). Para 2002, el superávit fiscal sería del 2% del PIB, e iría en aumento durante los años siguientes hasta alcanzar un pico en 2004 del 5% del PIB. Esta capacidad de administrar recursos fiscales irá adquiriendo con el tiempo un rol central para el kirchnerismo, para arbitrar entre los sectores sociales, garantizar la disciplina política, cooptar movimientos sociales, algo que podríamos caracterizar como un bonapartismo fiscal o de caja.
Default
El cambio de contexto macroeconómico también contribuyó a mejorar el saldo externo. Aunque la fuga de capitales se mantuvo hasta la renegociación de la deuda (y se revigorizó nuevamente a partir de 2007), el saldo comercial pasa a ser altamente positivo, invirtiendo las condiciones imperantes durante las décadas previas. El dólar caro contribuyó, mejorando ligeramente las condiciones para la exportación, y actuando como límite para las importaciones. Sin embargo, el factor fundamental para la mejora del balance comercial fueron los altos precios de los commodities, especialmente de la soja. Gracias a esta mejora de los precios, el valor de la cosecha mantuvo una tendencia creciente durante todo el período, sólo afectada en algunos años (2008/09,2011/12) por la sequía.
Superávit comercial
El superávit comercial, el default, y posteriormente la renegociación de la deuda invirtieron las tendencias históricas en el frente externo. Una holgura inusitada, basa en un fuerte superávit comercial (de la mano del superávit fiscal), hizo que la economía argentina no soportara durante esta década ni las dificultades financieras recurrentes desde los '80, ni una restricción externa como las vividas durante lo que se llamó la ISI. Nuevamente, acá jugó un rol clave el default de la deuda. Y, posteriormente, la renegociación y el aumento de la deuda en pesos.
Balanza de pagos.
Hasta el año 2008, estas condiciones permitieron un sostenido crecimiento de las reservas en dólares del BCRA. A partir de entonces la profundización de la fuga de capitales y un mayor uso de reservas para pagar deuda no lo permitió (salvo ligeramente en 2009), pero la situación se mantuvo inusitadamente holgada para la historia económica argentina, hasta el año 2011.
Reservas y fuga de capitales
El crecimiento a tasas chinas, ¿se debe a políticas de ingreso? La evidencia sugiere que no. El poder adquisitivo de los asalariados vio severamente golpeado por la inflación. La implementación masiva de planes de empleo que se dio durante ese año, no alcanzó pese a su significación para compensar la pérdida soportada por los asalariados.
Políticas de ingreso no explican el crecimiento
Si miramos la evolución interanual de la masa salarial, esta tiene una recuperación muy limitada durante 2002, pero positiva, que indica un cambio en las condiciones del mercado de trabajo. El aumento del empleo, sí llevó posteriormente a un aumento de la demanda agregada.
Cambian las condiciones y esto lleva a un aumento del empleo
Pero, ¿cuál es la fuerza dinámica de este cambio? Son dos, la mejora en la competitividad y exportaciones, y el formidable cambio en la ecuación de rentabilidad. Esto se ve graficado por el formidable crecimiento de la participación de las ganancias en el ingreso generado, en detrimento de la participación de los asalariados.
Fuerzas dinámicas del crecimiento
Esto parece verse confirmado por la secuencia: primero es el crecimiento de las exportaciones lo que impulsa la recuperación, durante 2002. En un segundo momento, se dispara un consumo centrado en sectores de mayores recursos, y desde fines de 2003 empieza a aumentar la inversión. El consumo más masivo empieza a mostrar un crecimiento más fuerte recién a partir de 2004.
Secuencia de recuperación 2002/2003
Sintetizando, entonces, la “caja negra” del crecimiento argentino, como alguna vez la definió el hoy viceministro, es la elevada rentabilidad. Esto es consistente con la centralidad asignada a la ganancia como motor de la producción, no sólo por los marxistas, sino también por kaleckianos, sraffiano,s etc. La perspectiva de rentabilidad dispara las decisiones de producción, lo cual significa desembolsos en contratar fuerza de trabajo y adquirir materias primas y medios de producción, lo cual a su vez repercute en un aumento de la demanda de bienes de consumo, produciendo efectos multiplicadores. La posibilidad de esta dinámica estaba ayudada además por los bajos niveles de utilización de la capacidad instalada. Aprovechando la amplia capacidad ociosa luego de cuatro años de recesión, las nuevas condiciones imperantes por devaluación, alimentaron una reactivación sobre la base de la capacidad instalada y el uso intensivo de fuerza de trabajo, transformada en insumo barato. Esto, junto con el viento de cola internacional, es el gran motor de las tasas “chinas” de crecimiento.
La “caja negra” del crecimiento
Tres períodos, 2002/2005, crecimiento “fácil”; 2006/2007, aparición de los desequilibrios, 2008 hasta hoy, conviviendo con desequilibrios en profundidad.
Momentos del crecimiento
La expresión más profunda de los desequilibrios es la inflación. Las raíces de este proceso se encuentran en la propia devaluación. Aunque las condiciones de partida del movimiento obrero, la austeridad fiscal de los primeros tiempos pos devaluación y la reducción de márgenes del comercio contuvo las presiones durante algunos tiempos, a partir de 2004 comenzaron los ajustes de precios, de servicios comercio, aparte de las exigencias de recomposición salarial. Como muy bien describen los modelos estructuralistas, esto ha generado un proceso de ajustes sucesivos, que empalmando con una tendencia inflacionaria de los alimentos a escala internacional, y ciertas dificultades sectoriales (cada vez más generalizadas por lo limitado del proceso inversor) explican una inflación cuya raíz central está en los costos, y agudizada por excesos de demanda.
La raíz de los desequilibrios
La inflación, y la tendencia de los salarios a recuperar en promedio un nivel cercano al de 2001, empezaron a mostrar algunos límites y problemas en el esquema pos devaluación. Aunque el nivel salarial se recomponía, lo hacía con niveles de productividad superiores. Por ende, el mismo salario representaba un menor costo salarial. Con todo, se empezaban a mostrar los límites de un crecimiento más bien extensivo, sin que se dispararan fuertemente las inversiones.
2006-2008
Las tasas de inversión no son necesariamente bajas, como vemos. Pero no son consistentes con los niveles de crecimiento superiores al 8%. Alcanzó un techo en 2007 de 24% del PIB, para empezar a caer a finales del año siguiente y durante 2009, producto de la crisis internacional. En 2010 se invirtió 2,5% menos del PBI que en 2007. En 2011 fue de 24,5% del PIB. Para eso, las tasas de inversión deberían estar cercanas o por encima del 30%. A esto se agrega que más de la mitad de lo que se contabiliza como inversión no está destinado a la ampliación de la capacidad productiva.
Los niveles de inversión promedio de los últimos años, son más bien consistentes con una tasa de crecimiento de entre 3,5% y 4%.

Inversión insuficiente para sostener el crecimiento


Lo más notorio, es la brecha entre rentabilidad e inversión. Como ya dijimos, el contexto macroeconómico pos devaluación dio lugar a tasas de rentabilidad muy elevadas. Habría sido esperable que en estas condiciones se disparara la inversión. Aunque esta aumentó, no hay relación entre las tasas de rentabilidad y las de inversión.
Reticencia inversora”
Creemos que la raíz principal se encuentra en las contradicciones que genera para el desarrollo económico nacional el tipo de cambio depreciado, que en relación con el dólar empezó a agotarse en 2008. Es algo que tiene que ver con las condiciones de integración de la economía argentina en el capitalismo global, como una economía de desarrollo inferior a los niveles internacionales, es decir que cuenta con desventajas productivas absolutas.
Aunque el tipo de cambio depreciado eleva la tasa de ganancia -bajo las condiciones ya señaladas de que el mismo haga caer los costos internos en relación a los internacionales-, el resultado es ambivalente cuando se trata de la consideración de la rentabilidad esperada de las nuevas inversiones. Por un lado, en tanto perduren las condiciones favorables creadas por el tipo de cambio depreciado, opera un aliciente positivo. Por otro lado, la depreciación cambiaria representa un encarecimiento la introducción de medios de producción importados. Para los países atrasados la importación suele ser la vía principal -excluyente en algunas ramas particularmente complejas- para adquirir maquinaria, y sobre todo para innovar. En ocasiones se avanza en reproducir localmente las técnicas desarrolladas en otras latitudes, pero esto implica que se mantiene una brecha temporal entre la innovación en otras latitudes y la producción local; y la ecuación de costos es marcadamente desfavorable en la mayoría de los casos.
El encarecimiento de los costos de reposición del capital, tiene un efecto que opera en sentido contrario a los considerados hasta ahora. El tipo de cambio depreciado implica que los medios de producción adquiridos en el extranjero se traducirán en una mayor composición orgánica del capital que la que expresaría su costo a un tipo de cambio de paridad; para una misma composición técnica, el tipo de cambio depreciado conlleva que está represente una mayor composición de valor. De esta forma, el mismo factor que eleva la rentabilidad efectiva, limita la rentabilidad esperada de nuevas inversiones al aumentar su costo. Esto contribuye a retrasar las inversiones.
También pesa mucho para las decisiones de inversión en capital fijo el hecho de que no haya una perspectiva de estabilidad cambiaria a mediano y largo plazo. La If destinada a obras de largo plazo y de infraestructura se decide tomando en cuenta no sólo la evolución de la tasa de ganancia, sino también la tasa de ganancia promedio en el sector en el mediano plazo. La perspectiva de variaciones cambiarias significativas puede tener consecuencias muy importantes. Si una inversión de este tipo en un sector de bienes transables se realiza manejando un margen de rentabilidad asociado a un tipo de cambio depreciado, el cambio a un contexto cambiario menos favorable puede hacer difícil mantener el aprovechamiento rentable de dichas inversiones. En un momento de tipo de cambio de paridad, o apreciado, la adquisición de medios de producción en el extranjero es más barata, pero la rentabilidad que generan en lo inmediato esté limitada por las condiciones macroeconómicas.
Cuando se trata de sectores productores de bienes transables, como se ve, el tipo de cambio opera de dos maneras que se mueven sentidos opuestos: si se deprecia, mejora la rentabilidad de la producción, pero incrementa el costo de nuevas inversiones; si se aprecia, genera dificultades de rentabilidad en muchos sectores, pero abarata la adquisición de medios de producción.
Esto explica por qué los ciclos de inversión tienen una forma más desfasada, con un ritmo más discontinuo que el que caracteriza la acumulación de capital en los países más desarrollados: en los momentos de tipo de cambio alto se utiliza intensivamente la capacidad instalada, y opera una tendencia al aumento del capital en relación a la fuerza de trabajo, y en los momentos de tipo de cambio bajo se intensifica la importación de capital aún operando con capacidad ociosa. La rentabilidad se ve afectada de maneras contrapuestas tanto por el tipo de cambio alto como por el tipo de cambio bajo, y con ella las distintas dimensiones que determinan la inversión se ven afectadas alternativamente, siendo favorecida la producción local al precio de encarecer la adquisición de medios de producción extranjeros, o creando condiciones que incentiven a esta última en un contexto que hace difícil competir a gran parte del capital del país atrasado.
Raíces de la limitada inversión




Una clara consecuencia de estas condiciones de la inversión, son las escasas transformaciones estructurales que se pueden ver. Tanto si observamos el perfil exportador, como la estructura productiva, podemos verificar estas regularidades.
Consecuencias
Respecto de los rubros del comercio, los rubros de mayor crecimiento son las Manufacturas de Origen agropecuario (15% anual) y las Manufacturas de Origen industrial (un 14% anual). Las exportaciones de productos primarios promediaron un crecimiento del 8% anual.
Perfil exportador
En el primer caso, los rubros más importantes son aceites vegetales, lácteos, carnes y frutas. En el caso de las MOI, los principales rubros dinámicos han sido el acero, aluminio, materias plásticas, químicos, industria papelera.
Son necesarias sin embargo algunas aclaraciones. El valor total de las exportaciones MOI se redujo en 2002, ya que fueron severamente afectadas por el retroceso en las ventas del complejo automotriz a Brasil. Este complejo es decisivo para determinar el comportamiento agregado de las MOI. Durante el mismo período, hubo otras producciones relevantes que sufrieron caídas considerables en las ventas externas, como maquinaria y equipo, textiles, y productos químicos (a pesar de que iniciaron actividades varias plantas nuevas en el polo petroquímico de Bahía Blanca). Aunque se registraron incrementos en la siderurgia–tubos de acero para la extracción de petróleo y laminados planos- y minerales, éstos no alcanzaron a compensar la caída de los demás rubros.
Fue a partir de 2005 que las exportaciones MOI pasaron a ser el rubro comparativamente más dinámico. En esto jugo un fuerte rol la recuperación del mercado brasileño desde 2004, la redefinición de la estrategia de abastecimiento en América en el caso del sector automotor (con mayor peso de México y Chile como destinos de exportaciones) y el alza de precios en las commodities industriales. La industria siderúrgica, por su parte, amplió y concentró su capacidad productiva y logró aumentar su penetración en el mercado norteamericano.

El dinamismo de las MOI podría llevar a conclusiones engañosas. Dentro de este rubro hay muchas producciones de escaso valor agregado: minerales a los que se les aplican algunos procesos, y por eso califican como MOI aunque se exportan casi en bruto; aceites esenciales de limón, y montones de casos similares.
MOA y MOI


Trampas” en las MOI


Con todo, a pesar de que se registraron algunos cambios entre los rubros más dinámicos de exportación, no se registraron alteraciones cualitativas en la estructura general durante el período. Las exportaciones permanecieron concentradas en los bienes primarios y algunas commodities industriales. El análisis desagregado muestra que una decena de productos representan más del 40% de las exportaciones, y la mayoría de ellos requieren poca elaboración, siendo mercancías agrarias o MOA.
Límites de las transformaciones
El modelo "reindustrializador" de los Kirchner, tiene como saldo para mostrar luego de 8 años, una industria cuya producción representa hoy una proporción menor de la economía nacional (el 17% del Producto Interno Bruto, PIB) que lo que era en los '90 en promedio (19% del PIB). Desde 2003 en adelante, es decir, desde el momento en que Néstor Kirchner llegó a la presidencia, la industria dejó de ganar el peso en la economía que había recuperado luego de la devaluación. Siguió creciendo, pero a igual o menor ritmo que el resto de la economía. Aunque acá pesa el boom de precios y volúmenes del agro, también "se asocia a la relativamente baja inversión respecto a las altas ganancias de las grandes empresas, en particular entre 2004 y 2007, cuando la rentabilidad sobre ventas de los oligopolios líderes osciló entre el 14% y el 19% (niveles holgadamente superiores a los de la convertibilidad). Esto nos remite nuevamente a que las altas ganancias van acompañadas de una baja acumulación, lo cual significa que el capitalismo local no sólo se sostiene en base a una elevada tasa de explotación que tiene como base la precarización de la fuerza de trabajo para mantener los salarios planchados (en términos reales hay poca recuperación desde 2001, aunque el consumo a crédito permita taparlo por el momento), sino que ni siquiera es capaz de convertir esto en una fuente que eleve significativamente las capacidades productivas.
Industria y PBI
También vemos una estrecha correlación entre el crecimiento de la industria y el crecimiento de la exportación industrial, lo cual para el autor es importante para mostrar otro rasgo de la economía Argentina durante estos años bajo los gobiernos "neodesarrollistas":"se fortaleció un perfil exportador muy volcado a la explotación de recursos naturales y la armaduría automotriz". Esta industria creció un 381% entre los años 2002 y 2010. En 2007 las terminales automotrices superaban los índices de producción de una década atrás (del año 1997), pero lo hacían con una menor contratación de trabajadores. Sin embargo, la gran dinámica de la industria automotriz actúa como contratendencia a la generación de superávit comercial por la necesidad de importar gran parte de los componentes de los automóviles ante la ausencia de un desarrollo suficiente de proveedores locales de autopartes para las necesidades de la industria. La orientación de la industria automotriz está cada vez más vinculada a las exportaciones y el abastecimiento del mercado local ocupa un lugar subordinado, limitado por su extensión menor en relación al mercado brasileño.
Hay un dato aún más dramático: por cada vehículo que sale de las terminales locales, se importan autopartes por casi 15.800 dólares. Este dato, lo obtienen de dividir el monto de las importaciones sectoriales durante los primeros seis meses del año (US$ 6186 millones), por las unidades producidas durante dicho período (392.298 vehículos). Por supuesto, no todos los componentes importados ingresan a la producción, ya que una parte de lo importado se dirige a los comercios de repuestos. Sin embargo, considerando la explosión que tuvo el volumen importado (US$ 12.200 por auto en 2010, US$ 11 mil por auto en promedio en los 6 años anteriores, y US$ 15.800 hoy) se puede ver cómo el volumen de importaciones se ha movido bajo el impulso del despegue de la producción. Cuanto más autos se producen, más se importa por auto producido, poniendo de relieve las consecuencias del desguace de la industria local durante las décadas previas, que hacen que no haya autopartistas locales para proveer a las terminales. Algo que no ha sido revertido durante estos años, sino todo lo contrario. Baste recordar el caso de Paraná Metal.
Falta agregar otro dato que es aún más lapidario: Los 15.800 dólares que se importan por cada auto fabricado aquí coinciden casi con exactitud con el valor promedio que tiene cada vehículo argentino que se exporta.". Considerando que se importa por un valor equivalente al que se exporta, podríamos decir que el saldo comercial neto de las exportaciones automotrices, tendería entonces... a 0! El auto se vende en el extranjero, a un valor casi igual al de las piezas que se importaron para fabricarlo, "regalando" el trabajo realizado en el mercado local, y los componentes producidos localmente, que no se cargan al precio del comprador extranjero. Pero claro, no es que a las automotrices les agarre un arranque de generosidad, y en pos de engrandecer la Argentina, exporten a pérdida para traer dólares al país, ni nada que se le parezca. Son los compradores del mercado local quienes solventan con un sobreprecio, aquella parte del valor que se "pierde" en la exportación. El encarecimiento de los vehículos en el mercado local es el correlato necesario de la "pujante" exportación automotriz que tanto festeja el gobierno, en las condiciones actuales de esa industria en el país. De esta forma, la industria mantiene altas ganancias, es una aspiradora de dólares que se hace más preocupante cuanto más produce, y los coches siguen siendo un bien a adquisición onerosa en el país para solventar las exportaciones, a "pura pérdida" de dólares y de trabajo local.
Automotriz
"Armaduría" es un término que podría extenderse a otras áreas de la industria argentina. Entre ellas, las promociones industriales que se actualizaron en estos años, para incluir nuevos productos como celulares y notebooks, cuyo componente importado alcanza proporciones altísimas, siendo casi nulas las piezas manufacturadas localmente.
Otras “armadurías”
Otro de los motores del crecimiento industrial fueron los minerales no metálicos ligados a la industria de la construcción (producción de cemento, vidrio, etcétera), la metalmecánica (maquinas y herramientas, fabricación de equipos y aparatos de radio, televisión y comunicaciones, entre otros) y los productos textiles. Más atrás se encuentran la edición e impresión y la producción de caucho y plástico.


En lo que hace a las características del empresariado, es notorio que el nuevo contexto no ha revertido la tendencia al abandono de las actividades productivas por parte de los capitalistas nacionales. Ha continuado la venta de grandes empresas, a pesar de que estas mostraban altos niveles de rentabilidad. Ante el desafío de realizar nuevas inversiones o abandonar el negocio, este último camino ha sido la norma en la mayoría de los casos. Las multinacionales que controlan buena parte de las principales instalaciones productivas y recursos fundamentales, han aumentado su presencia en el país en la última década. Si en 1997 había, dentro de las 500 grandes empresas 289 de capital extranjero y 211 de capital nacional, para 2009 la relación era de 324 extranjeras contra 176 de capital argentino. La presencia extranjera se concentra en los sectores más rentables de la economía, la porción mayoritaria de las utilidades empresarias queda en manos extranjeras. Desde 2008 además, ha habido un marcado aumento del giro de utilidades a las casas matrices en el extranjero, por lo cual se han reducido aún más los fondos disponibles para inversiones.
Extranjerización
Una de las expresiones más claras de la continuidad en que se ha mantenido la elevada precarización de la fuerza de trabajo. Casi un 40% de los trabajadores no se encuentra registrado. Entre los trabajadores que sí están registrados, existen distintos tipos de contrato flexible. Esto ha tenido importantes consecuencias. Por un lado, ha permitido mantener una presión constante por aumentos del esfuerzo arrancado a la fuerza de trabajo, tanto en lo que hace a las horas trabajadas como a los ritmos de trabajo. Producto de esto se da que, aunque con enormes desigualdades, el promedio salarial de los sectores registrados es hoy ligeramente superior en términos de poder adquisitivo que el nivel de 2001, pero con niveles mayores de producción y más tiempo promedio de trabajo. Gracias a esto puede sostenerse la mayor participación de las ganancias en la distribución funcional del ingreso desde 2002 en adelante, que sólo se revierte parcialmente en los años siguientes, pero manteniéndose siempre en niveles superiores la década de los ’90, mientras ocurre lo contrario con la participación del salario.
La fragmentación de la fuerza de trabajo también ha dado margen al gobierno para sostener algunas políticas de tinte reformista hacia la clase trabajadora, como impulsar las paritarias anuales, con costo limitado, dado que lo que allí se negocia repercute sobre una franja minoritaria de la clase trabajadora. La misma burocracia sindical que participa de las negociaciones salariales, es la que durante todos estos años de fuerte crecimiento ha mantenido a rajatabla la diferenciación entre permanentes y contratados, negando o limitando sustancialmente la representación de éstos últimos, sin pelear por su efectivización.
Condiciones laborales
Es una gran impostura presentar esto como el “modelo” que se profundiza, ya que sus años “gloriosos” de mayor crecimiento económico, del empleo, e incluso de recomposición salarial, se caracterizaron más bien por una política económica administrar los superávits gemelos con intervención limitada. Durante los primeros años K, sus bases centrales fueron: el crecimiento del “excedente de explotación” (plusvalía) privado, el excedente externo (superávit comercial y relativa holgura en la salida de capitales y los compromisos de deuda luego del default), y el excedente fiscal (alcanzado mediante el brutal ajuste del gasto que se dio durante 2002, completando los ajustes kirchneristas). Estos “excedentes” fueron logrados de forma conjunta durante 2002, mediante la devaluación, y son distintas dimensiones de un mismo ajuste cuyos principales costos los soporto la clase trabajadora. La holgura que trajo este ajuste, sumada a la vigencia de la legislación laboral flexibilizadora, y la perduración de los efectos de las reestructuraciones e inversiones noventistas (que permitieron a muchos sectores crecer con poca inversión) fue lo que explicó el dinamismo y la posibilidad de sostener un elevado crecimiento por un período de duración prolongada sin que se expresaran severas limitaciones. Cuando el “piloto automático” de las conquistas que logró el empresariado a costa de los asalariados empezaron a mostrarse insuficientes, allí apareció el Estado para paliar las contradicciones del esquema. La creciente intervención del Estado, presentada ahora como “virtuosa”, fue en realidad una respuesta “defensiva” ante las contradicciones que empesaron a surgir en el crecimiento económico pos devaluación, allá por el 2006. Recién allí se archivó el “piloto automático + algunas restricciones” por una regulación más amplia. Cuando la inflación superó significativamente los dos dígitos, aparecieron los controles de precios, que rápidamente cedieron paso a la intervención para dibujar los datos del IndeK, acompañada de subsidios a los empresarios para tratar de que aumenten un poco menos los precios.
Sí, no todo el “intervencionismo” K apareció de golpe. Desde la salida de la Convertibilidad permanecieron congeladas las tarifas energéticas. Y sí, también se impulsó desde 2003 algunos tibios aumentos “no remunerativos” del salario, además de mantener los planes Jefas y Jefes implementados masivamente por Duhalde en 2002. Pero fuera de esto, el resto fue pura “macro”, aprovechar los superávit, esterilizar la emisión de pesos que se hacía para comprar los ingentes dólares del comercio exterior, negociar la deuda y pagarla generosamente (lo que luego pasó a denominarse de una forma más nac & pop como “desendeudamiento”). Nadie se escandalizaba durante los primeros tiempos por las remesas de utilidades, no porque estas fueran mucho menores que en 2011, sino porque sobraban dólares para soportarlas. Tampoco durante el gobierno de Néstor (ni el primer mandato de Cristina) se produjo ningún escándalo por la desinversión en petróleo y gas, no porque esta no fuera ya flagrante, sino porque era la forma de que Repsol y las demás petroleras ganaran dinero, dejando para el futuro ver qué ocurría con el entuerto energético. En el caso de las empresas energéticas y demás servicios públicos, nadie encontró durante estos años las virtudes del Estado como administrador (salvo en el caso de AYSA y del Correo, cuando ya marchaban irremediablemente hacia la quiebra). Todo el intervencionismo de la economía política K consistió en poner topes tarifarios, y dejar en manos privadas arreglárselas con esos topes para manejar el negocio.
Imposturas del "relato"
La propia motivación de la intervención y del “estatismo” creciente, entonces, fue poner parches allí donde las virtudes del mercado (es decir de los capitalistas nacionales y extranjeros moviéndose por su afán de lucro) ya no creaban más que problemas. Esta motivación última es reveladora del carácter de clase del “regulacionismo” K. El uso de fondos del Estado para subsidiar a distitos sectores del capital (una pata de lo que nosotros hemos definido como “bonapartismo fiscal”) busca solventar desde el Estado una cuota más elevada de plusvalía, por encima de la que los capitales beneficiados por el bonapartismo extraen a sus asalariados, redireccionando recursos de la renta agraria y otras fuentes. Aunque esto tenga como contracara algunos límites a los aumentos de precios o compense mejoras salariales aceptadas por los empresarios, y en ese sentido tenga un efecto “redistributivo” en relación con los asalariados, el objetivo es operar una compensación a los capitalistas. Para que no queden dudas de este carácter de clase, recordemos que ya desde 2006 el gobierno viene impulsando techos a los aumentos de salarios negociados en paritaria, buscando evitar que pasaran el nivel de aumento de precios. Sí, esos salarios que según Cristina aumentan gracias a la política oficial, primero de Néstor y ahora de ella, como si todas las duras luchas de estos años, desde la de telefónicos en 2004, las que se dieron en tantas empresas de la industria y los servicios encabezadas por el llamado sindicalismo de base, las peleas de petroleros y docentes de provincias duramente reprimidos (¿Fuentealba dice algo?) hasta la pelea en el gremio de la alimentación en 2010 por perforar el techo salarial (encabezada por quienes la semana pasada disputaron desde la Lista Bordó la conducción del gremio contra la burocracia de Daer) no hubieran tenido nada que ver.
Desde 2006 – atacando las contradicciones
La idea de que el accionar del Estado pueda elevarse por sobre las determinaciones contradictorias de la acumulación capitalista -cuya expresión principal en la Argentina es la inflación- y corregirlas, no sólo es teóricamente falaz. El resultado está mostrando una crecientemente impotencia. Si gracias al ajuste de 2002 el gobierno contaba en los comienzos con un importante excedente fiscal para solventar una porción de la ganancia con recursos fiscales, buscando de esta manera afrontar las consecuencias de la inflación, aún esta masa formidable de recursos se mostraría insuficiente con el transcurso del tiempo. Y, cuando los fuertes superávit fiscales empezaron a flaquear producto de siderales aumentos del gasto (cuyas partidas de mayor crecimiento fueron los subsidios a empresas y los pagos de deuda pública), aún estaba ahí la solvencia externa... hasta el año pasado. Contando la salida de capitales y los pagos de deuda, el balance de pagos resultó ligeramente negativo. El Banco Central no pudo reponer los dólares usados para pagar deuda del tesoro, y debió soportar una pérdida adicional.
Este estrechamiento de los recursos que desde el Estado se pueden poner en juego, se dio de la mano de un continuado aumento de los costos afrontados por el capital. Aunque en relación con la clase obrera, la recuperación del salario de estos años (que en menos de la mitad de los gremios superó en los últimos años los niveles de 2001) se dio de la mano de aumentos de la productividad, gracias a los cuales el costo salarial sigue considerablemente más bajo que en 2001 (lo cual se traduce en la limitada recomposición que logró la masa salarial en el producto nacional durante los últimos años), no ocurre lo mismo con otros costos. Allí, la inflación viene haciendo mella.
La posibilidad de administrar esta situación con los mismos mecanismos se dificultó por la situación del sector externo. Hasta hace dos años el superávit comercial (conseguido desde 2002 gracias a un desplome de las importaciones y a un aumento de las exportaciones, en valores y en cantidades, gracias a la demanda asiática) había permitido durante todo el ciclo kirchnerista, afrontar un sistemático déficit en la cuenta capital del balance de pagos (debido a una fuga de capitales que nunca se detuvo del todo y conoció varios períodos de salidas muy elevadas) y en remesas de utilidades, y aún así acumular dólares. Pero esto se erosionó por el constante crecimiento de las importaciones, una evidencia flagrante de que no se revirtió la desarticulación de la economía durante estos años. El año pasado se ingresó en zona crítica, aunque hubo superávit comercial, éste fue muy inferior a lo proyectado, y no alcanzó para compensar la fuga de capitales, las remesas, y los pagos de deuda en dólares. El resultado fue una severa caída en las reservas, que en diciembre cayeron hasta 45 mil millones. ¿Qué implicancias tiene este cambio en la situación externa? Su efecto es restringir la fuente última para sostener el financiamiento en la economía nacional, especialmente del sector público pero eventualmente también del privado.
Ilusiones estatistas
Para enfrentar esta situación, el gobierno ha salido a taponar las importaciones. La exigencia de declaraciones juradas para las importaciones ha permitido mejorar el saldo del comercio exterior, cuidando los dólares de la soja. La balanza comercial sumó entre enero y abril un saldo de u$s3.978 millones, 30% más que en el primer cuatrimestre de 2011. Aunque sería muy osado extrapolar el resultado de este bimestre hacia todo el año, y proyectar un superávit por arriba de los u$s 10 mil millones, lo cierto es que cambió de panorama que había abierto del déficit con el que finalizó 2011. Sin embargo, los apuros en el frente del dólar no parecen solucionados, si juzgamos por la profundización del torniquete a la compra de dólares, y la exigencia a los exportadores de que liquiden divisas en menos tiempo. Pero aún en caso de éxito, el precio es lo que esto podría estar causando en la actividad económica.
Por muy “heterodoxa” que sea esta medida, no deja de ser una variante de política económica recesiva. Los capitales que producen en el país, lo hacen adquiriendo abundantes insumos y equipos en el exterior. Hasta ahora se registraron importantes demoras en la importación de bienes de capital el sector autopartista, componentes electrónicos y bombas, aunque algunas de ellas se destrabaron pasado cierto tiempo. Además del efecto directo sobre la producción que tiene la imposibilidad de traer insumos y equipos foráneos, esta política tiene como efecto poner en duda inversiones, muchas de las cuales dependen de importaciones en gran escala. Para sectores que sólo pueden seguir creciendo con nuevas inversiones las perspectivas se hacen más difíciles.
Este nuevo sesgo recesivo de al menos un aspecto de la política económica, se sumó el menor crecimiento de Brasil, para marcar un fuerte freno al crecimiento de la economía. La industria marcó un crecimiento del 2,6% en el primer trimestre del año frente a igual período de 2011, pero dentro de ella, la industria automotriz tuvo una caída de 4%. También el sector metalmecánico, la industria textil y los sectores de edición e impresión se muestran en caída. Otros sectores muestran aún algo de crecimiento, pero muy debilitado.
La depreciación creciente de la moneda en Brasil podría generar mayores complicaciones. Hasta ahora, el real apreciado fue lo que hizo soportable para el capital local el avance inflacionario. La inflación no sólo eleva los costos. Como el la cotización del dólar el pesos viene moviéndose poco, el aumento acumulado de precios se tradujo en una revalorización del peso en relación al dólar (un dólar tiene mucho menos poder de compra en el país hoy que hace 8 años). Esto significa que el margen de competitividad de los capitales locales se ha ido restringiendo cada año. Esta restricción por el lado de la competitividad hace cada vez más complicado trasladar a los precios los aumentos de costos, lo que hemos definido como una contradicción creciente entre rentabilidad y competitividad. Contradicción que si se mantiene la depreciación del real se irá haciendo más aguda.

Ajuste heterodoxo
Frente a estas alternativas de hierro del capital, ya sean ortodoxas o heterodoxas, es necesario fortalecer una alternativa obrera y socialista. El capitalismo argentino impone enormes penurias a las clases subalternas, en la promesa de un desarrollo capitalista cuya consecución no es más que una entelequia. La precarización laboral y el estancamiento salarial alimentan ganancias capitalistas que ni siquiera puede decirse que prometan ningún futuro de desarrollo. La tarea urgente, para los trabajadores y el pueblo pobre, reorganizar la economía sobre la base de relaciones sociales no regidas por el estrecho criterio de la ganancia, centralizando el manejo de los medios de producción en función de las necesidades sociales, mediante la expropiación de los expropiadores capitalistas. Sólo de esta forma podrá cortarse el nudo gordiano de la dependencia frente al imperialismo, aunque apenas será el inicio de la construcción del socialismo, que dependerá del desarrollo de la revolución internacional.



miércoles, 20 de julio de 2011

La situación económica internacional a tres años de la “Gran Recesión”

Algunos aspectos para analizar la situación mundial, yendo algo más allá de los apuros europeos que concentran la atención inmediata.
1 – En la coyuntura, tenemos dos cuestiones entrelazadas: la primera, discutida ampliamente por Paula Bach en 1937: una comparación muy significativa, es que las medidas tomadas para hacer frente a la caída de la economía real, permitieron salir de la catástrofe, pero tanto EEUU como muchas economías europeas -sin contar a las que están claramente al borde de la cesación de pagos- siguen dependiendo de la existencia de algunas medidas de estímulo. Ya son varios los que anuncian que una recaída en la recesión económica está en marcha en los principales países de Europa, exceptuando Alemania, y en EEUU. Los números sobre el empleo difundidos en este último país hace algo más de un mes, que mostraron un nuevo ligero aumento en el paro, ilustran este peligro. Los niveles reales de desempleo en Estados Unidos están por las nubes. Aunque la tasa oficial de desempleo de junio fue de 9,2%, utilizando la definición que se aplicaba hasta 1994, la tasa sería de 22,8%. Esto sin contar el subempleo o empleo a tiempo parcial, que afecta a una creciente proporción de trabajadores y en las estadísticas oficiales es considerado como “empleo” a tiempo completo. Como señala un artículo reciente “No se trata ya de cesantía a corto o mediano plazo, sino del aumento de un desempleo crónico, que supera los dos años y alcanza hasta los cuatro años” (Alberto Rabilotta, "¡Es el trabajo asalariado, estúpido!").  La situación es similar en países como Francia o Gran Bretaña. Pero la situación es y será mucho peor en los países afectados por la crisis de la deuda y que están siendo obligados a aplicar severos programas de austeridad, como Grecia (16 por ciento de cesantía sin computar el desempleo a largo plazo y la imposibilidad para los jóvenes de incorporarse al mercado laboral) o España (21 por ciento de desempleo oficial), así como en Portugal, Irlanda e Italia.Las políticas de estímulo mostraron un éxito relativo en contener una situación que entre fines de 2008 y comienzos de 2009 aparecía como catastrófica, pero sin que haya un reanimamiento de la actividad económica independiente de las “muletas”. Europa y EEUU están sumidos en una situación depresiva, que las políticas de ajuste podrían transformar en una caída, aunque tal vez no muy pronunciada en tanto se evite los defaults. Krugman, Kenneth Gallbraith y otros discuten que los estímulos tuvieron resultados tan magros por su magnitud limitada. Sin embargo, la situación de crisis fiscales está mostrando que en la mayoría de los países se hizo más allá de lo que podía sostenerse. Entre los desarrollados, tal vez las únicas excepciones sean EEUU (a pesar de las dificultades del gobierno federal para elevar los topes autorizador para la emisión de deuda) y Alemania. Podría argumentarse que un mayor estímulo hubiera sido exitoso en reactivar las economías, y que eso habría ayudado a salvar la situación fiscal, ya que la recaudación impositiva hubiera mejorado las arcas fiscales, y la carga de la deuda en relación a la economía se habría reducido. Pero esto supone que más de lo mismo hubiera tenido un efecto no sólo cuantitativamente, sino cualitativamente distinto, lo cual no está demostrado. Tal vez, sólo habría significado que las crisis fiscales hubieran sido aún más agudas.
Como sea, las condiciones políticas llevan hoy a descartar una nueva ronda de estímulos fiscales, ya que por el contrario lo que se discute en EEUU y Europa es la magnitud de los recortes, en muchos países al borde de la cesación de pagos.
Es importante considerar entonces qué posibilidades existen de que estos ajustes se complemente con alguna otra que contrarreste el sesgo recesivo de dicha política. Las chances para un estímulo no fiscal -es decir monetario- se ven difíciles, según sugieren algunos datos. El 5 de julio The Wall Street Journal afirmaba que mientras la economía estadounidense está pasando por una de “sus más lentas recuperaciones desde la Gran Recesión”, las grandes empresas están listas para reportar “sólidos ingresos para el segundo trimestre, exponiendo una dicotomía entre el comportamiento de las corporaciones y la salud general de la economía”. Si al comienzo de la “Gran Recesión” muchos economistas mostraban preocupación por una posible “recuperación económica sin creación de empleos”, en realidad tenemos en el caso de las “economías avanzadas”, exceptuando Alemania, una vigorosa “recuperación de beneficios” de la clase capitalista en medio de un evidente estancamiento económico que amenaza convertirse en una nueva recesión global por la aplicación generalizada de políticas fiscales de austeridad, por el creciente desempleo y subempleo, y la consiguiente baja del consumo. Esta recuperación de beneficios que no son lanzados a un nuevo proceso de acumulación -no decimos nuevas inversiones en capital fijo, sino que ni están registrando que las empresas realicen nuevos desembolsos importantes en capital circulante- sino que se ha transformado en un colchón. Las empresas están ‘sentadas” en más de un billón y medio (1 500 000 000 000) de dólares porque –según Krugman- no “ven” una demanda de parte de los consumidores. Mientras tanto los bancos disponen de reservas excedentes por otro 1.5 billón que no están prestando. Las empresas prefieren ahorrar ese capital en lugar de invertirlo, y cuando deciden invertir prefieren hacerlo en China y Brasil en lugar de en EEUU. No hay demanda de los consumidores que permita la reactivación de la economía real porque no es posible ni rentable, en términos capitalistas, generar una masa crítica de nuevos empleos con salarios decentes, o aumentar los salarios en términos generales, para elevar el consumo de bienes.
Si la burbuja financiera que acompaño la crisis estuvo alimentada por el recurso masivo al crédito, y esto dinamizó también el consumo, hoy estamos en una situación donde todo ingreso o beneficio adicional es utilizado para reducir pasivos, o para armar colchón en prevención de una situación que se espera que seguirá mal o incluso peor, y no para consumo. Este aumento del ahorro reduce la demanda efectiva, lo que a la vez desincentiva aún más la inversión, en un círculo vicioso repetido en todas las situación de depresión (sobre esta dinámica estudiada abstractamente ver aquí).

Esta situación, donde todo ingreso adicional es destinado a incrementar el ahorro, y donde la liquidez que tienen los bancos no es destinada a créditos ni para consumo ni para inversión, es característica de lo que normalmente se conoce como una trampa de liquidez. Esto significa que tanto los bancos como las empresas y los individuos se aseguran el efectivo como colchón y no hay manera en la que la política monetaria puede operar para incentivar la actividad económica. Desde que se produjo el corte en los canales de liquidez con la caída de Lehman Brothers -que impactó no sólo sobre los bancos de inversión sino también sobre los comerciales, las aseguradoras y los mercados de dinero-, a pesar de que luego se inyectó dinero por distintos mecanismos y se permitió maniobras contables que mejoraron los balances bancarios, se mantiene esta situación de liquidez inmovilizada. Esto significa que mientras la política fiscal está siendo contractiva en Europa y EEUU, no hay manera que la política monetaria usual pueda contrarrestarlo.

2 - La segunda cuestión, son las crisis presupuestarias. Esta se entrelaza a la primera, porque justamente mostró el techo muy bajo en el que el gasto estatal para operar como contratendencia frente al hundimiento económico, especialmente -pero no exclusivamente- en la periferia Europea. Acá la pregunta clave es ¿Puede Grecia ser un nuevo Lehman? Es decir, ¿puede operar como un disparador de pasivos contingentes operados en lo que se conoce como shadow banking (insituciones financieras no reguladas) que impacte sobre el conjunto del sistema financiero, disparando simultáneamente una crisis de liquidez y un agravamiento de la situación de insolvencia que ya muestran varios bancos, como muestran los stress test a bancos europeos cuyos resultados aparecieron en días recientes?

Si Grecia fuera librada a su suerte y cayera en default, los efectos centrales no serían tanto por las consecuencias directas de dichos impagos, sino por las implicancias sobre otros países en situación similar. Los bancos han reducido su exposición a la deuda griega. Para tratar de disminuir los riesgos, los bancos franceses disminuyeron en 2010 su exposición en Grecia, que se redujo en un 44 %, pasando de 27.000 millones a 15.000 millones de dólares. Los bancos alemanes efectuaron un movimiento similar: su exposición directa bajó un 60 % entre mayo de 2010 y febrero de 2011, pasando de 16.000 millones a 10.000 millones de dólares. Fueron el FMI, el BCE y los gobiernos europeos los que reemplazaron progresivamente a los bancos y otras entidades financieras privadas. El BCE posee en forma directa 66.000 millones de euros de títulos griegos (o sea, el 20 % de la deuda pública griega) que adquirió en el mercado secundario a los bancos. Aunque, hasta mayo de 2011, el FMI y algunos gobiernos europeos ya habían prestado 33.000 millones de euros, sus préstamos continuaron aumentando.
Sin embargo esto no se detiene allí, el BCE aceptó de los bancos griegos 120.000 millones de euros en títulos de la deuda griega como garantías (colaterales) de préstamos que había otorgado con un tipo de interés del 1,25 %. El mismo procedimiento se reprodujo con Irlanda y Portugal.

El impago de la deuda Griega exacerbaría la presión sobre el conjunto de la zona euro. El 7 de julio de 2011, Moody’s colocó a Portugal en la categoría de deudas de alto riesgo. Unos días después, los especuladores atacaban a Italia. Lo que la vuelve comparable a la caída de Lehman, es el gatillo de los complejos seguros realizados sobre la deuda, que es lo que más podría comprometer al conjunto del sistema financiero europeo en montos que son incalculables. Pero además, está el propio compromiso que tiene actualmente el BCE en deuda Europea. Si ek default se extendiera más allá de grecia, podría barrer con una porción considerable del capital del BCE, el ortodoxo guardián de la estabilidad en la eurozona. Desde 2010 ha adquirido 75 mil millones de euros en bonos del gobierno, además de 150 mil millones en actives financieros constituidos como colaterales de bancos griegos, que también están respaldados por el gobierno griego en gran medida. El problema no es tanto esta deuda, sino el efecto que tendría sobre los bonos de Portugal e Irlanda. Si estos caen mucho, podría ser necesario una inyección de euros para reconstituir el capital del propio banco central.

Existen fuertes intereses contrapuestos en juego, que se ponen en evidencia en la presión de las calificadoras de riesgo norteamericanas que siguen bajando la nota de la deuda de los países europeos, mientras se profundizan las maniobras especulativas contra los bonos de deuda soberana. Detrás de estas movidas, se puede señalar lo provechoso que resultaría para los grandes bancos norteamericanos un deterioro en los balances de sus pares europeos, que los transformaría en potenciales compras de oferta.

Lo cierto es que esto hace difícil la posibilidad de un escenario de reestructuración negociada de la deuda griega, por la presión de las calificadoras de deuda, que han salido a afirmar que cualquier renegociación haría ingresar la deuda en categoría de default, trayendo las mismas consecuencias catastróficas que vendrían de una cesación de pagos declarada unilateralmente sin propuesta de reestructuración de ningún tipo. Esto hace que los costos no cambien demasiado entre una salida negociada y la más traumática salida unilateral. Por eso la línea del BCE y de varios países de Europa es mantener la presión sobre los países más comprometidos y proveer nuevos fondos que alivien la situación un tiempo más. La perspectiva, entonces, es que buscarán contra reloj negociar un nuevo rescate, como quieren imponer Francia y el Banco Central Europeo, acompañado de nuevas medidas de austeridad, aunque Alemania y otros países mostraron resistencia a realizar nuevos desembolsos. Esto no es un plan de salida: como plantean Krugman y Brad DeLong respecto de EEUU (y como hemos vivido acá en Argentina, sólo que en una escala más dramática), la línea de austeridad mantendrá las economías deprimidas, reduciendo de esta forma los ingresos fiscales que dependen de la evolución de la actividad, haciendo por lo tanto imposible cumplir el compromiso de que cierren las cuentas. Las medidas de austeridad llevan además a que la deuda se incremente en relación al ingreso nacional, aumentando la carga de los pagos hasta niveles imposibles, en economías como la griega que se prevé que caerá 3,5% este año, luego de haberse contraído un 4,4% en 2010.
Esto es insostenible a mediano plazo. Sin embargo es posible que se concrete un rescate, no porque se espere del mismo otro resultado, sino porque la apuesta es evitar un estallido con efecto dominó desde Grecia hacia España, Portugal, Irlanda y -sobre todo- Italia. Las “ayudas” no son realmente tales para Grecia, sino que básicamente buscan sentar las bases para aislar lo más posible los efectos de la cesación de pagos cuando esta se concrete.

3- Las alternativas que plantean EEUU y Europa se mueven entonces entre la prolongación de una situación depresiva y la posibilidad de una nueva caída si nuevamente se corta la cadena de liquidez producto de un default -lo cual sería expresión de una más grave situación de insolvencia extendida por la persistencia de activos tóxicos y la nueva crisis de deuda. La excepción es por ahora Alemania que gracias a una considerable reorientación de sus exportaciones hacia China viene creciendo fuerte.
Si la situación de liquidez arrastrara una nueva caída fuerte, un elemento agravante sería la situación fiscal comprometida de los Estados. Para Europa y EEUU no existiría la posibilidad de responder con intervención estatal. Este colchón que existía en 2008 hoy está descartado.


4- No son los padecimientos Europeos y la disputa con bajar el gasto en EEUU a la vez que elevar el monto de endeudamiento, las únicas consecuencias que revelan que las medidas de contención devinieron eslabones débiles. Como señala un artículo reciente de Alex Callinicos, “en todos los demás países la intervención ha tenido diferentes -pero igualmente desestabilizadoras- consecuencias” (Callinicos, Alex, Unsteady as she goes).
Se habló bastante de desacople o conceptos similares desde el estallido de la crisis. Peo se ha pasado por alto que hubo elementos vinculados a los propios mecanismos de contención de la crisis que operaron en cierta medida de forma virtuosa sobre la periferia. Por ejemplo, el aumento de los precios de los commodities está asociado a la masiva inyección de dinero barato realizada por los bancos centrales de EEUU, Europa, Gran Bretaña, y otros países. Una parte abrumadoramente importante de estos fondos han fluido hacia los países de la periferia, lo cual por un lado generó tendencias a la apreciación de algunas monedas, pero por otro lado ha permitido sostener crédito baratao que ha alimentado el consumo, y en ocasiones contribuido a replicar algunas burbujas otros países. Brasil ha podido tener en el último año y medio un boom de consume bastante extendido gracias al ingreso de capitales, aunque a la vez viene aumentando la preocupación por la apreciación de la moneda.

En el caso de China, se articuló también una importante entrada de capitales de corto plazo, que se sumó a la firmeza que venían teniendo los montos de inversión directa. Casi todos los analistas coinciden en señalar la existencia de una burbuja inmobiliaria, además de una inflación que aunque no parece tan alta (5,3%) más que duplica el promedio mundial, y ha disparado medidas de combate contra la misma, como la suba de las tasas de interés.
La otra cuestión, que es central para empezar a pensar qué margen puede tener China para encarar una transición hacia otro rol en la economía mundial, es si ya estamos ante los síntomas de una sobreacumulación, agravada por la acción del Estado ante la crisis. Para Roubini, “la economía China está recalentada hoy [generando tendencias inflacionarias] pero, en el trascurso del tiempo, la sobreinversión va a probarse deflacionaria tanto localmente commo a escala global. Cuando aumentar la inversión en capital fijo se vuelva imposible –probable mente en 2013- a China le espera un agudo enlentecimiento […] China ha crecido durante las últimas décadas liderada por las exportaciones y con la base de una moneda débil, que resultó en grandes ahorros de empresas e individuos y creó gran confianza en las exportaciones netas y la inversión fija (infraestructura, inmuebles, y capacidad industrial). Sobre a base de esta lógica la respuesta a la crisis fue un salto en la inversión como parte del PBI, que pasó del 42% al 47%”.
En 2010 y 2011 ha seguido aumentando la proporción de la inversión. Y hoy se puede decir que casi la mitad de la producción va a inversión.

Se plantean dos problemas con esto. Uno es la dificultad para explotar provechosamente estas infreaestrucuturas. Y el otro, es que cada vez parece ser más difícil garantizar el pago de los créditos que sostuvieron estas inversiones. Muchos municipios y sociedades mixtas podrían entrar en la insolvencia, depreciando a la vez fuertemente los activos en los que invirtieron, y golpeando sobre la burbuja inmobiliaria y sobre el consumo. Algunos fondos de inversión han comenzado a retirar algunas inversiones de China.
Para sosntener la recuperación frente a estas amenazas, está la apuesta del gobierno chino por extender la importancia del consumo doméstico. El nuevo plan quinquenal propuso una batería de medidas que, según estima Stephen Roach podría alcanzar “para impulsar el consumo privado como porcentaje del PIB chino desde su mínimo nivel actual de un 36 por ciento, aproximadamente, a algo así como entre el 42 y el 45 por ciento en 2015”.
Pero el carácter de los sectores burgueses que más se han beneficiado con el crecimiento liderado por las exportaciones plantea que este giro hacia el mercado interno no es solamente una cuestión de cambiar una política económica. Herman Schwartz, sostiene que desde el punto de vista de la elite económica, vinculada al partido, “la rentabilidad descansa en última instancia en las exportaciones en vez de en una lucha brutal en el mercado chino caracterizado por ninguna lealtad hacia las marcas, ni diferenciación de producto, ni habilidad de los trabajadores para presionar al alza de los salarios(Schwartz, Herman M, Subprime Nation: American Power, Global Capital, and the Housing Bubble, Londres, Cornell University Press, 2009, citado por Callinicos, Alex, Unsteady as she goes).

Otra cuestión que se plantea para China es la posibilidad de sostener la moneda depreciada, lo que fue la base para lograr las altas exportaciones. Y que, por los objetivos propuestos por el plan Quinquenal, seguirá siendo primordial, ya que no hay plan de que China reemplace las exportaciones con un crecimiento basado en el mercado interno, sino que se busca una combinación entre mercado doméstico y exportaciones. Acá, tanto las medidas de coyuntura contra la inflación, como el crecimiento del mercado de capitales en renminbi (se ha empezado a emitir deuda en dicha moneda) plantea dificultades para seguir atando su moneda al dólar para evitar que se aprecie.
Stephen Roach plantea además otro problema, que es la acuciante cuestión de los tiempos, ya que el intento de transición en China se realiza en un contexto mundial de estancamiento que podría volver a ser de caída en algunos países próximamente: “al pasar a una dinámica más impulsada por el consumo, China reducirá su ahorro excedente y tendrá menos remanente para financiar los permanentes déficits de ahorro de países como los Estados Unidos. La posibilidad de semejante reequilibrio mundial asimétrico –en el que China sea la vanguardia y el mundo desarrollado vaya a la zaga– podría ser la principal consecuencia no deseada del Duodécimo Plan Quinquenal de China”.
Es importante destacar que para China el alto crecimiento es condición no sólo para mantener un tren de desarrollo, sino para la propia estabilidad social en el país.

5- Además de señalar estas contradicciones, tenemos que señalar que con el agotamiento de los planes de estímulo, se plantea la pregunta de qué posibilidades tienen los países como los BRICs que mostraron en los últimos años un importante crecimiento, de mantenerlo si no hay recuperación en EEUU y el conjunto de Europa. El fuerte crecimiento de los “emergentes” estuvo enmarcado por la estabilización europea, sin la cual no se habría registrado. En el caso chino, por ejemplo, el efecto de los planes de estímulo se acompañó de la recuperación parcial de las exportaciones -aunque esta tuvo como requisito una cierta diversificación y políticas de dumping pero también que se reactivaran parcialmente las compras en EEUU y otros países de europa. Además -como ya vimos en el caso de China pero aplica para otros países- las medidas “de emergencia” con las que se respondió a la crisis no constituyeron en ningún modo las bases para un “desacople” sostenible a largo plazo para basar el crecimiento y el desarrollo del mercado interno .

6- Ante la parálisis fiscal, ¿EEUU lanzará un QE3? La pata fiscal está completamente desmantelada, discutiendo ajustes, mientras los datos de empleo ya mostraron un nuevo aumento. La política monetaria de corto plazo no tiene efecto, y como ya vimos tampoco la monetaria por los indicios de “trampa de liquidez” que señalamos, por lo cual no hay posibilidad de actuar abaratando las tasas o inyectando dinero a través de los canales tradicionales de la política monetaria. Está además el problema de la inflación, que comenzó a aparecer en el propio EEUU dando signos de una situación de “estanflación”. Esta apuesta desesperada a un QE3, de volver a actuar como “inversionista en última instancia” como la llama Roubini, comprando activos financieros de largo plazo, muestra las limitadas opciones de que se disponen. También, anuncia nuevas desestabilizaciones en los precios de activos, commodities y flujos de capitales, como las que ha ocasionado el QE2 durante el primer semestre del año. 

Se confirma lo que ya hemos planteado en este blog; los cambios abruptos y las situaciones inestables son la marca de estos tiempos de desequilibrios disparados por la crisis iniciada en 2007, que sigue dando  nuevos capítulos. También empiezan a serlo, con modestos pasos en Medio Oriente y en Europo, las respuestas de los explotados ante la impotencia de las clases dominantes para dominar los devastadores efectos de la crisis capitalista. 

lunes, 30 de mayo de 2011

¿Se sostiene el modelo K?


El blog de Abel lanzó la polémica con esta pregunta. Abel plantea: " las medidas económicas que aplica el gobierno y que llama “el modelo” ¿pueden mantener una razonable estabilidad – digamos, la que tenemos ahora – por mucho tiempo?". En este blog hemos tratado asiduamente las contradicciones del esquema. También, en el novísimo Blog de debates del IPS. Algo de esto pusimos en juego en nuestro comentario a Abel, y que nos pareció que ameritaba reproducirse en este espacio. Más que si se sostiene el modelo o las probables alternativas, es nesario poner el eje en los costos sociales del modelo (lo que exige a la clase obrera y los sectores populares) para los magros resultados obtenidos.

Hay un agotamiento del esquema de crecimiento que viene operando desde desde 2002, que necesita algo más que “chapa y pintura”. Lo primero que hay que decir, es que no está claro de qué “modelo” se habla. Para la mayoría de la burguesía este fue el modelo de “aprovechemos el mazazo al salario y hagamos mucha guita hasta que se acabe”, y la política del kirchnerismo acompañó eso. Los años de condiciones expepcionalmente favorables fueron aprovechados por los empresarios para aprovechar los mayores márgenes básicamente usando la capacidad instalada. Aunque la inversión no es baja comparada con otros momentos históricos, sí lo es en relación a la tasa de ganancia y a los niveles que serían necesarios para sostener el ritmo de crecimiento (acá trato mejor esta cuestión http://puntoddesequilibrio.blogspot.com/2010/11/el-circulo-vicioso-del-capitalismo_08.html).
Que la inversión no siguiera el paso del crecimiento, y el aumento de costos en relación a 2002 que significó la recomposición salarial, sumado a otros factores (como el ajuste de los márgenes en comercio y servicios desde 2004 y la suba en los precios de los commodities desde 2007 sobre todo) desataron un proceso inflacionario cuyo asentamiento expresa una puja distributiva. Si la tasa de ganancia se recuperó en 2002 para los productores de commodities agrarios e industriales sobre la base de la devaluación que permitió un mazazo al salario y desplomó los costos laborales, hoy, en el marco de que hay inflación, los empresarios tienen margen para realizar aumentos de precios que les permitan mantener sus márgenes de ganancia. Pero como el tipo de cambio se acerca a los niveles pre devaluación esto significa que hoy existe una tensión entre rentabilidad y competitividad.

No por nada las importaciones están creciendo más que las expo, aún con las trabas impuestas por Moreno. A este paso este año no hay dólares sobrantes, aunque tampoco falten.
Si esta situación no es demasiado aún demasiado problemática, es gracias a la apreciación del real y otras monedas en relación al dólar. Pero si cambian las condiciones en Brasil rápidamente habrá problemas, como pasó en 1998 cuando Cardoso devaluó el real.

Hasta ahora la “política activa” del gobierno fue compensar con subsidios para contener algunos aumentos de precios, pero eso como “chapa y pintura” no fue demasiado efectiva. No frenó la tendencia alcista de precios, y sí genero una tendencia al déficit fiscal cada vez más dificil de contener.

En este contexto, la soja alta da oxígeno como para ir tirando (evita que el balance de pago sea deficitario, pero este año parece que ya no garantizará superávit del balance de pagos, dado que todo sugiere que por el comercio entrarían tantos dolares como saldran de la cuenta capitales) pero probablemente a partir del año próximo no permita siquiera evitar la necesidad de nuevo endeudamiento externo para sostener los subsidios y las políticas de demanda (esto lo fundamento mejor aquí http://www.ips.org.ar/?p=1689).


Como balance del ciclo kirchnerista, puede afirmarse que el capitalismo argentino sigue en un círculo vicioso; la devaluación aumentó la rentabilidad y el crecimiento pero sin que haya ningun despegue, 8 años después hay problemas similares y un escenario de caída de la rentabilidad y competitividad por apreciación cambiaria (del cual sólo se salva el sector sojero, algún otro de granos y unos pocos commodities industriales como el aluminio, los tubos y el acero), con la única salvedad de que no muestra la misma gravedad que en 2001 el problema de la deuda, aunque esta va en aumento.

Lo que este "modelo" ha exigido a los trabajadores (que del mazazo salarial apenas empezaron a recuperarse por 2006, y con el ascenso de la inflación desde ahí sólo algunos gremios reciben hoy un salario mejor que en 2001 en términos de poder adquisitivo) la reproducción de este capitalismo en sus condiciones “atrofiadas” no se condice con los resultados obtenidos. Por eso, para los trabajadores, la pregunta no puede ser si se sostiene o no el modelo -cosa que es claro que no mucho mas- sino cómo evitar la encerrona entre nuevas devaluaciones o ajustes ortodoxos que prepara la burguesía argentina -y la extranjera que tiene inversiones en el país- y su personal político. Es claro que la alternativa a no muy largo plazo es un programa obrero y socialista o nuevos ataques a las condiciones de vida de la clase trabajadora.

viernes, 18 de febrero de 2011

Crisis global, año 3: tiempos de desequilibrios

Mucho se ha escrito sobre los hilos que vinculan al proceso revolucionario que se extiende por Medio Oriente y la crisis mundial desatada en 2008. El pronunciado aumento del desempleo, que en Egipto ronda el 25%, y la carestía causada por la fuerte alza de los alimentos, son los dos principales impactos de la crisis internacional que se articularon con la extrema pobreza y el descontento con los regímenes opresivos para preparar un cóctel explosivo. El carácter estructural de las aspiraciones depositadas en la lucha contra los regímenes pro imperialistas de la región, hace difícil la perspectiva de que la acción de las masas pueda apaciguarse con reformas democráticas limitadas.
Lo llamativo es que, poco tiempo antes de que estallaran las movilizaciones, había numerosos indicadores de que EEUU, el epicentro de la crisis, empieza a superar la recesión aguda en la que estuvo sumido. Otros síntomas muestran a algunos países de Europa recorriendo el mismo camino.
En este contexto, hasta algunos marxistas sucumbieron al entusiasmo y dieron completamente por terminada no sólo la recesión, sino la crisis, señalando de paso que no fue igual al '30. Hecho fuera de disputa, pero que no resulta de mucha utilidad para analizar dónde estamos ni cual es el panorama de los próximos años.
La crisis desatada agravó la crisis de hegemonía norteamericana paralizando su agenda internacional y dando más espacio a las llamadas "potencias emergentes" o líderes regionales, o incluso permitiendo un modesto resurgimiento de Rusia en la arena internacional. Los ataques lanzados por las empresas para reestructurarse frente a la crisis, y luego de los gobiernos para ajustar las cuentas públicas frente a los costos acarreador por los salvatajes a bancos y empresas, dieron lugar a extendidos procesos de lucha de clases. Durante 2010, en Grecia, España, Portugal y Francia se dieron numerosas huelgas generales y luchas de todo tipo, contra los mecanismos destinados a descargar la crisis sobre los trabajadores y sectores populares. Finalmente, el mismo año termino con los primeros pasos del proceso que hoy recorre los países árabes.
¿Significan los síntomas de reactivación económica un relajamiento de las tensiones? ¿Puede preverse un panorama de crecimiento que oxigene y permita a los países más convulsionados por las movimilizaciones dar algunas concesiones, como ocurrió en América Latina luego de las severas crisis de finales del Siglo XX que dieron paso a los gobiernos "posneoliberales" que tuvieron algunas iniciativas de tinte reformista de la mano de los altos precios de la soja y los hidrocarburos?
Difícilmente. La situación internacional ha ingresado en un momento de impasse, pero que no se prolongará por mucho tiempo. El optimismo sobre las perspectivas para los próximos años se da de bruces contra la enorme desproporción entre los recursos puestos en juego por los gobiernos de los países más desarrollados y los magros resultados logrados. Los eslabones más debiles de Europa, ya están pagando los costos del masivo endeudamiento al que los empujó la crisis, sin siquiera haber logrado poner algún coto al desempleo masivo y la depresión económica; su "viabilidad ecomómica"-como gusta decir a los académicos adscriptos a la ortodoxia neoliberal- sin abandonar el Euro está severamente puesta en duda.
Alemania y EEUU muestran algunos síntomas de recuperación, pero bastante anémicos. Mientras tanto, la locomotora exportadora China va rumbo a estrellarse contra la estrechez del mercado internacional, y la incapacidad de su mercado interno para absorver las mercancías que ya no pueden colocarse en el exterior. Los gobiernos locales y las empresas mixtas asociadas a los mismos, han encarado masivos proyectos de infraestructura y urbanización que están completamente subutilizados y serán de difícil amortización. Mientras tanto, el endeudamiento interno y los riesgos de incobrabilidad han ido en aumento, mientras los precios mantienen un ritmo alzista. Todos los ingredientes para el estallido de una burbuja están presentes allí; habrá que ver por cuanto tiempo pueden las autoridades chinas posponer la situación y mantener el crecimiento acelerado.
En este contexto, ¿puede el alza de los precios del petróleo jugar un rol de contenedor? Acá las probabilidades no son mucho mayores. Cierto es que estos mantienen un fuerte ritmo alcista. Pero éstos se mueven en paralelos a los precios de los alimentos, cuyo aumento ha agravado las condiciones de vida de la población y profundizado el descontento, no sólo en Medio Oriente sino en todo el mundo. Pero además, el devenir de estos precios, y los ingresos dependientes de los mismos, se ha transformado en una de las variables más inestables al calor de esta crisis.
El dólar, moneda en la cual están basados los precios internacionales, está severamente cuestionado como base del sistema monetario internacional. El masivo endeudamiento del Estado federal norteamericano, que venía en ascenso desde los recortes impositivos a los ricos impuestos por George W Bush en 2001 y pegó un salto con las medidas de salvataje a bancos y empresas y los planes de estímulo encarados desde 2008, sumado al manejo ultralaxo de la política monetaria de la Reserva Federal desentendiéndose del impacto internacional de su política, han exacerbado los cuestionamientos. No sólo países como China o Brasil han salido a sugerir la necesidad de una nueva base para el sistema financiero internacional, sino que el propio FMI ha sugerido la necesidad de reemplazar al dólar, proponiendo en su lugar la extensión de los Derechos Especiales de Giro (DEG) emitidos por dicha institución.
Pero sobre todo, el rol que ha cobrado la especulación en el comercio internacional de granos se ha transformado en una causa de enorme inestabilidad en los precios, que de un año a otro pueden conocer variaciones de hasta un 40% o más. Funcionarios como el comisario europeo de Agricultura, Dacian Ciolos, se refirieron por eso a un “exceso de reacción en los mercados”.
Los capitales especulativos han sacado enorme provecho de la masiva inyección de liquidez impulsada por la FED y otros bancos centrales. A falta de mejores oportunidades de negocios en un mundo en crisis, usaron esos fondos para especular con la deuda pública, agravando la crisis en países como Grecia, España, Portugal e Irlanda (la lista se seguirá agrandando, ya podríamos agrega a Bélgica), y para invertir en derivados de combustibles y granos. De esta forma, al calor de la búsqueda de ganancias especulativas, los precios seguirán en la montaña rusa.
Numerosos desequilibrios signan la economía mundial. El origen de los mismos está en la crisis que varios se apuran a dar por terminada. Habrá que convivir con ellos hasta nuevo aviso y saber aprovecharlos.