sábado, 21 de diciembre de 2013

¿Quien puede controlar los precios y parar los aumentos?

Como ya se venía previendo desde hace unas semanas, en el terreno de las políticas de precios el equipo de Axel Kicillof reafirmó ayer, aunque emprolijándola, la política de Guillermo Moreno. El nuevo Secretario de Comercio, Augusto Costa, anunció ayer un acuerdo de precios, al igual que hiciera Guillermo Moreno a partir de febrero último, sin haber logrado con ello frenar el ritmo de aumento de precios. Podemos dejar pasar el hecho, bastante curioso, de que se anuncia un acuerdo de precios sin que estén, digamos, acordados los precios. Lo que vimos ayer es entonces una declaración de intenciones, que mientras no se plasmen siguen dando vía libre para las maniobras, dispersiones y la lisa y llana remarcación, que de hecho no paró de acelerarse desde que se confirmó la partida de Guillermo Moreno (aunque tampoco estaba congelada antes de su partida, la salida del funcionario fue tomada como una señal de largada para una carrera de velocidad). Dejemos también pasar el notorio adelgazamiento de la canasta anunciada… ¿será acaso consecuencia de que “la mesa de los argentinos” incluida en el acuerdo abarcaba a comienzos de año un universo de 10 mil productos, en agosto uno de a 500 productos, pero ahora apenas requeriría 187?

Lo más llamativo es que los nuevos funcionarios presenten la misma política que durante este año no arrojó grandes logros y pretendan convencer a alguien de que esta vez será diferente. En su exposición del nuevo acuerdo de precios, Costa detalló las múltiples irregularidades a través de las cuáles los comercios minoristas y las empresas que elaboran los productos que componen la canasta se las arreglaron para sortear el compromiso que habían contraído con Guillermo Moreno; empezando por la considerable dispersión que se registra entre los precios que un mismo producto puede llegar a exhibir en distintos locales (incluso de la misma cadena), y que en el acuerdo de Moreno era explícita ya que cada cadena anunciaba un precio distinto. El reemplazante de Moreno también censuró otras trampas en las que incurrieron las firmas, como los cambios en los tamaños de los envases para cobrar lo mismo a cambio de menos producto; o el lanzamiento de líneas de productos alternativas a las incluidas en los acuerdos de precios, a precios considerablemente mayores. Y a esto se suma el liso y llano desabastecimiento de los productos incluidos en los acuerdos, para forzar a los consumidores a adquirir otros sustitutos no incluidos en los compromisos con el gobierno. Esta amplia inventiva de minoristas y fabricantes agujereo el acuerdo de precios, y llevó a otro año donde la inflación perforó el 20%. Pero esta vez, promete el funcionario, no ocurrirá nada de eso. ¿Y cómo podría evitarse recaer en el mismo resultado fallido de Guillermo Moreno? Se supone que habría tres patas que distinguen este acuerdo y le garantizarían mayor fortaleza:

-          La simplicidad, ya que la cantidad de productos es más reducida;

-          El involucramiento de las cadenas de valor, y no sólo de los comercios minoristas, lo cual supuestamente podría permitir discutir cómo se distribuye el excedente;

-          Y, finalmente, el “arma” más novedosa, la forzada implementación de nuevos controladores fiscales, que permitirían establecer un control en tiempo real de la facturación de las grandes firmas.

-          Finalmente, también se puso sobre el tapete la amenaza de multas, que también hubiera estado flotando en los acuerdos previos sin mayores efectos.

La apelación a un cierto fetichismo tecnológico pretende conferirle un barniz de credibilidad a una política bastante floja de papeles. Pero el listado de maniobras presentado por el propio Secretario da una idea de la insuficiencia de una fiscalización a través de controladores fiscales. ¿Cómo permitirán los mismos lidia con una de las maniobras más extendidas, que es el liso y llano desabastecimiento? ¿De qué manera podrán probar no se trata de una cuestión de mercados con “exceso de demanda”, de cuellos de botella en la producción, etc.? Incluso si creyéramos en la vocación de fiscalizar el cumplimiento efectivo del acuerdo, suena a una tarea titánica: sólo tomando en cuenta los supermercados, tenemos según un relevamiento del Sindicato de Comercio del año 2011 8.672 bocas de expendio. Esto significa que el personal de la Secretaría –ayudado parecería por el de la AFIP- deberá realizar de forma simultánea en todo el país 1.621.664 controles durante el tiempo que dure el acuerdo para asegurar el cumplimiento en los supermercados (y esto si tomamos como un único control la verificación de que se cumpla el precio acordado y cada producto se encuentre disponible). En el caso de las disputas que sin duda se abrirán, el control seguramente deberá extenderse desde las redes de comercio hacia los productores, multiplicando las instancias. Hay una profunda asimetría en el juego que se establece entre el control centralizado y unificado que pueden tener las empresas, tanto de comercio minorista como fabricantes, (que efectivamente en un caso como en otro controlan los precios, pero lo hacen en su beneficio y remarcando de acuerdo a sus necesidades) y el del gobierno.  Aún con la amenaza de las multas, las empresas pueden organizar un cumplimiento aleatorio del acuerdo que les permita evitar o reducir estas sanciones, eligiendo los lugares y momentos donde resulte conveniente incumplirlo mediante algunos de los mecanismos ya aplicados y perfeccionados en años de trato con Guillermo Moreno (y en varios casos con guiños del funcionario para llevarlos a cabo). Resultaría enternecedor, si no fuera un despliegue para la tribuna realizando con altas cargas de cinismo, pretender que este acuerdo podrá ser más exitoso que los anteriores con sólo sumar algunas simplificaciones en el esquema de funcionamiento de los acuerdos y continuar enviando funcionarios a “mirar para cuidar”.

La inflación en la Argentina actual es una cuestión compleja que se enraíza distintos factores que contribuyen de conjunto a motorizarla (como analizamos acá). La política cambiaria del gobierno, que viene impulsando una mayor depreciación del peso, contribuye a acelerarla. Lo mismo ocurre con la ampliación del gasto fiscal sostenida con financiamiento del Banco Central (lo cual no significa sostener que una emisión monetaria elevada siempre será inflacionaria, como sostiene la postura neoclásica). Un acuerdo de precios, aún implementado con los controles más estrictos, no hace más que atacar los síntomas, así como uno de los factores que la aceleran como es la remarcación por parte de las firmas, y lo hace de tal modo que deja en manos de las empresas mil resquicios para zafarse del acuerdo. El acuerdo presentado por el gobierno no es más que otra fantochada, que al igual que los de Moreno apunta a “atacar expectativas” (es decir tratar de crear algún plafond para frenar las expectativas de los asalariados, evitando que todos busquen el mismo piso que las fuerzas policiales arrancaron con sus motines) y en el mejor de los casos descomprimir un poco la situación por un tiempo limitado.

Un verdadero control de los precios sólo podría llevarse a cabo poniendo en movimiento la fuerza social de clase trabajadora, de los cientos de miles de trabajadores de supermercados, de los cientos de miles que trabajan en las empresas productoras de los bienes que integran la canasta familiar. La acción coordinada de éstos, estableciendo comités de trabajadores y consumidores en todo el territorio nacional, que exigan la apertura de los libros de las empresas, para desmontar las maniobras de las firmas que aducen falta de stock y auscultar el verdadero estado económico de las firmas, es la que puede atacar de raíz este fenómeno que está carcomiendo los ingresos de los asalariados. Todo esto obviamente sólo puede llevarse a cabo empezando por expulsar de los sindicatos a los burócratas, que actúan en beneficio de los empresarios permitiendo todas sus maniobras. Esta es una primer medida elemental, –y “sencilla” si se pone en movimiento la fuerza de los millones de trabajadores- pero que debe ser complementada con otras para cortar todas las cabezas de la hibra. Empezando por decretar el no pago de la deuda externa para cortar con esta sangría de recursos que diezma el presupuesto, establecer la nacionalización de la banca y el monopolio estatal del comercio exterior así como el congelamiento de todos los giros de utilidades de empresas, para cortar con especulación cambiaria que afecta los precios.

Un programa opuesto por el vértice al revival noventista –aunque sea preservando toques “morenistas” que molestan a algunos sectores empresarios- que viene exhibiendo el nuevo electo económico.

12 comentarios:

Best Seller dijo...

No me termina de quedar claro: la emisión genera o no genera inflación? ¿O es que para los "neoclásicos" siempre genera inflación y para ustedes solo en algunos casos? De ser así, ¿cuáles serían esos casos?
Saludos.

Esteban Mercatante dijo...

Best, no está claro porque no es el objetivo de este artículo entrar en eso. El artículo que linkeo en el post sobre las raíces de la inflación, es decir este http://www.ips.org.ar/?p=6612, lo analiza con mayor detalle.
Creo que es claro que buena parte de la expansión monetaria es un subproducto del aumento de precios, y no su causa. Sin embargo, algunos componentes que se aceleraron el tiempos recientes, como son los adelantos del BCRA o los giros de utilidades, creo que están tendiendo a contribuir en la escalada de precios. Esto no es necesariamente así per se siempre y en todo lugar, pero sí cuando ya estamos en un contexto de depreciación sostenida en el valor de la moneda y por lo tanto como respuesta a esto hay una tendencia de todos los agentes a escapar al peso como reserva de valor (que no es) y entonces la mayor emisión para financiar al tesoro echa nafta al fuego.

Best Seller dijo...

Esteban perdón que no sea el objetivo del artículo, pero creo que resulta clave ponernos de acuerdo sobre las causas para contrarrestar cualquier proceso inflacionario.
Leí el artículo que citás, pero de todos modos no me queda claro cuál es el mecanismo a través del cual la financiación del déficit vía emisión puede generar inflación. Allí solo se lo menciona como una especie de círculo vicioso fogoneado por el incremento de la ganancia contable que genera la devaluación, pero no se explica por qué eso generaría mayor inflación.
Y por tu comentario tampoco me queda claro, por lo que decís parecería como si la devaluación lo que hace es provocar una caída de la demanda de los pesos, es así? Ahora, si cae la demanda de los pesos, no debería caer la oferta también si pensamos que el dinero es endógeno?
Saludos.

Esteban Mercatante dijo...

Es que no pienso que el dinero sea enteramente endógeno, como planteo en el artículo que linkeé. Una teoría de la oferta puramente endógena me parece tan equivocada como una puramente exógena. En una teoría del dinero donde el determinante central es el propio proceso de circulación de mercancías (y el sistema de crétido desde ya), puede sin embargo haber lugar para emisiones que excedan los requerimientos del sistema y resulten un componente inflacionario.

Best Seller dijo...

Pero de nuevo, ¿cuáles serían esos requerimiento del sistema? ¿Cómo se determinan?
Por tu última frase entiendo que lo que estaría sucediendo entonces en la actualidad el financiamiento del déficit fiscal se traduce en un aumento de la emisión que "excede los requerimientos del sistema", presionando al alza los precios. Esto no es más que decir que hay un exceso de demanda en la economía argentina actual, cosa que no creo que sea así.
Saludos.

Esteban Mercatante dijo...

Nadie está hablando de excesos de demanda, si lees bien lo que linkeé verás que discuto contra esa idea. Pero digamos que buena parte de lo que financian las transferencias del BCRA es un déficit ocasionado por el pago de deuda pública externa y no un gasto destinado a sostener demanda. Una emisión de dinero que no sólo se adapta a la mayor cantidad de dinero necesaria para sostener la circulación de mercancías y los pagos (estos son los requerimientos) sino que además contempla un giro de fondos al tesoro para cubrir este déficit bajo concepto de utilidades y otros adelantos opera como un componente inflacionario. En qué medida lo es, depende de la respuesta que genere esa mayor inyección de fondos; en abstracto bien puede ocurrir que acelere la creación de crédito y aumente la demanda. No parece ser el caso.

Best Seller dijo...

Esteban, el pago de deuda pública externa se realiza en moneda extranjera (principalmente en dólares), no en pesos. La única forma de pagar esa deuda es obteniendo dólares a través de una balanza comercial positiva, no hay otra.
Y aunque me dijeras que esos dólares que obtiene un exportador, el BCRA se los cambia por pesos que entran en la economía, entonces volveríamos a hablar de una inflación por exceso de demanda.
Así que no veo ningún tipo de relación entre el pago de la deuda, el financiamiento del déficit y la inflación.
Saludos.

Esteban Mercatante dijo...

¿Cómo? Casi el 60% de los vencimientos de este año de deuda no fueron con acreedores externos. Aunque buena parte de esto sea deuda intra sector público, se salda reemplazando un papel por otro, y este último suele quedar en manos del BCRA a cambio que este realice una emisión de pesos. Pero más allá de esto, que es algo muy puntual en todo el financiamiento del déficit que hace el BCRA, me interesa rescatar un argumento de Astarita, con quien acuerdo en este punto, sobre los aspectos más generales de lo que vengo planteando en los comentarios y no estás contestando. Astarita afirma:
Si el BCRA emite contra títulos, que en esencia son “paga dios”, con el fin de cubrir la brecha fiscal, esto repercutirá negativamente en el valor del signo monetario. Los que sostienen que todo déficit se puede financiar con emisión, sin consecuencias negativas, deberían explicar cómo han descubierto esta extraordinaria manera de generar valor agregado mediante el simple acto de emitir dinero. Naturalmente, la heterodoxia keynesiana tiene dificultades para comprender esta cuestión porque no parte de algún concepto definido de dinero (que conecta, a su vez, con alguna teoría del valor). Y también, porque al absolutizar la creación endógena del dinero, termina negando algo tan elemental como que el señoreaje -el ingreso que obtiene el gobierno a partir de su poder de crear dinero- está necesariamente vinculado a la creación exógena de dinero. En otros términos, si bien es correcto dar importancia a la creación del dinero bancario -que surge desde la propia actividad económica- también debería admitirse que la monetización del déficit no es generación endógena. Por lo tanto, no es dinero que refluye, una vez cerrado el circuito del capital, sino inyección de signos de valor, que a partir de determinado umbral, no pueden sino desvalorizarse". (tomado de en este post http://rolandoastarita.wordpress.com/2013/04/22/debate-sobre-la-inflacion-en-la-argentina-4/#more-3824).
Para terminar, ¿es para mi este un aspecto principal en los determinantes de la inflación en la Argentina hoy? No, pero sin duda es una de las dimensiones que no hace más que contribuir a acelerarla.

Best Seller dijo...

En el comentario anterior hablaste de deuda externa. Esa deuda, sea pública o privada, se paga en dólares. En el último comentario parecería que estás hablando solo de deuda pública, que es algo muy distinto, justamente por el tema de la denominación de la moneda en la que se paga.
Respecto a lo de Astarita, está discutiendo con un muñeco de paja. No conozco ningún heterodoxo keynesiano que afirme que todo déficit se puede financiar con emisión sin consecuencias negativas.
Existe un límite para esto, pero no es la inflación. Esta última, como vos bien afirmas en el otro trabajo está relacionada con la devaluación y la puja distributiva. Si no, ¿cómo explicás el caso japonés?
El aumento del déficit fiscal tiene un límite teórico, dado por restricciones de oferta, el cual difiere entre los países centrales y los periféricos como el nuestro.
Acá nuestro límite es la restricción externa. Si aumentás la demanda agregada por encima de tu capacidad exportadora, en algún momento te vas a quedar sin las divisas necesarias para importar insumos.
Saludos.

Esteban Mercatante dijo...

Fe de erratas: tenía en mente la deuda pública con tenedores de bonos locales, se me deslizó la palabra "externa" pero es a eso que me estaba refiriendo desde un comienzo. Insisto, de todos modos, con la cuestión más general. No me parece que sea una discusión con un muñeco de paja, justamente tu respuesta reafirma que no ves que haya mayores implicaciones por el lado de los precios. Coincido con Astarita en que esto está ligado a los problemas en el concepto de dinero en la teoría keynesiana ( también en la de sus heterodoxos). Lo que vos planteas de la restricción externa está bien (aunque yo creo que además otra dimensión que limita el gasto es su relación con la plusvalía presente y futura ya que es con una parte de esta que se financia) pero te vas a otro plano de discusión.

Best Seller dijo...

Esteban, en la afirmación que citaste de Astarita, él habla de "consecuencias negativas". Mi respuesta fue clara: ningún heterodoxo va a decirte que tal cosa no existe. Así que, si pensamos el término "consecuencias negativas" como cualquier elemento que afecte negativamente a la economía, entonces está discutiendo con un muñeco de paja. Ahora si para él la única "consecuencia negativa" que existe en una economía es la inflación, entonces efectivamente no vas a encontrar a casi ningún heterodoxo que niegue esto.
Y la respuesta es muy sencilla: para esta teoría, el déficit per se financiado con emisión no genera inflación, que es justamente el motivo de nuestra discusión y el punto en el que no nos logramos poner de acuerdo.
Saludos.

Esteban Mercatante dijo...

Es que el artículo en cuestión está discutiendo la moneda, inflación, déficit y emisión; en ese marco el sentido que adquiere "consecuencias negativas" es bastante preciso, y se refiere a los efectos del déficit financiado con emisión afecte el valor de la moneda. De fondo hay dos teorías sobre el dinero muy distintas.