miércoles, 23 de marzo de 2011

El golpe del '76 y el fin de la sustitucion de importaciones

Matías Kulfas, director del Banco Nación y presidente de AEDA (Asociación de Economía para el Desarrollo de la Argentina) ha publicado un artículo sobre La economía política del golpe militar, en el cual reivindica la "estrategia de desarrollo nacional" que habría significado la industrialización sustitutiva desde la década del '30, y más decidicamente a partir del peronismo según el autor.
Kulfas destaca que " industrialización no estaba agotada", contrariamente a lo que sostiene el discurso de los sectores de la ortodoxia económica, ligados a los sectores económicos asentados en el campo, las finanzas, o las pocas empresas capital nacional con capacidad competitiva a nivel internacional. Estos sectores, beneficiados con las reformas liberalizadoras, cuyo resultado fue una sistemática caída de los salarios en el ingreso, y por lo tanto un aumento de la tasa de plusvalía, acompañada de medidas de liberalizacion financiera que permitieron en distintos momentos sacar provecho de las altas tasas de interés locales, aparte de fugar capitales.
El golpe, sin duda marcó un quiebre en muchos aspectos: además de golpear duramente a la clase trabajadora , interviniendo las organizaciones obreras e imponiendo medidas que hicieron caer el poder adquisitivo, también comenzó a impulsarse la apertura económica para poner en competencia la producción local con la extranjera, bajando aranceles y otras medidas que lo impedías. También se liberalizó el sector financiero, y con el impulso de la sobrevaluación cambiaria combinada con permitir los mecanismos de la bicicleta financiera, se incentivó el endeudamiento externo privado, mecanismo que vehiculizó la fuga de capitales y que redundaría en un masivo endeudamiento público luego de la abrupta depreciación de la moneda y la implementación de seguro de cambio para los deudores privados. De esta forma, la deuda se transformaría en una carga abrupta sobre la economía nacional que sigue siendo hasta hoy.
Sin embargo, la defensa que hace Kulfas de la ISI tiende presentar, en polémica con las ideas que sustentaron la apertura y la desregulación, un balance embellecedor de las condiciones que atravesaba ésta a mediados de los '70.
Para ilustrar que la industrialización tenía vigor, destaca que "entre 1964 y 1974 Argentina no tuvo un solo año de recesión y la industria creció en forma persistente a un ritmo del 5,6" ademas de señalar el importante peso ganado por las exportaciones de la industria manufacturera, que representaban un 15% de lo vendido al extranjero.
Estos datos plantean un aspecto correcto: la ISI no había entrado en el callejón sin salida que plantean los liberales. En la última década, el clásico ciclo stop & go que caracterizó la economía sustitutiva, al que ya nos hemos referido en este espacio, había mostrado una cierta atenuación desde el '64, lo cual significó que la economía desaceleró su marcha frente a las restricciones de divisas, sin frenarse del todo como ocurría previamente.
Pero aunque esto es cierto, el desempeño de la industria durante esa década de crecimiento mostró la persistencia de varias limitaciones históricas, que no se habían superado. Producto de la baja productividad general en comparación con los estándares internacionales, lo que implicaba por lo tanto mayores costos; a lo que se sumaba estrechez del mercado interno, y la dependencia del apoyo estatal a la inversión en un contexto de raquitismo del mercado crediticio local, la tasa de acumulación se mantuvo baja. A diferencia de lo que ocurría en los países capitalistas más desarrollados, los ciclos de inversión eran muy irregulares. Como señala Jorge Schvarzer en La industria que supimos conseguir, aunque hubo varios proyectos industriales que lograron alta competitividad, incluso en algunos pocos casos exportando a países desarrollados, al momento que estaban logrando ésto, ya empezaba a hacerse sentir en esas mismas empresas el peso de las restricciones, que llevaba al abandono incluso de los proyectos más exitosos, o a limitarse a aprovecharlos por el tiempo que durara la inversión original, sin realizar nuevas inversiones en los mismos. En los proyectos de mayor envergadura, muchos realizados por el Estado o con fuerte apoyo estatal, se mantuvo el crónico alargamiento de los plazos requeridos para la entrada en funcionamiento, superando ampliamente los plazos originales de los proyectos. El paradigma es SOMISA, que entró en funcionamiento en 1977 después de 30 años de haber sido originalmente proyectado. Pero muchos casos menos resonantes tuvieron un derroter similar. Aunque hubo apoyo estatal al desarrollo de varias industrias, esto fue en el marco de un proyecto global poco articulado, que ni el sector público ni la clase empresaria local estaban en condiciones de dar.
Pero además, cuando Kulfas reivindica la experiencia de la ISI y cuestiona su posterior abandono, olvida recordar lo que señala al principio: que desde la etapa desarrollista tuvo predominancia en las principales ramas de la industria local el capital extranjero. Desde 1958 en adelante su avance fue sostenido hasta finales de la década del '60. De conjunto, la mirada localista soslaya que se dio un proceso de reestructuración industrial de las multinacionales imperialistas que afectó a gran parte de América Latina, en beneficio de lo que serían los tigres asiáticos, en algunos países como Brasil de manera más atenuada. En el caso particular de la Argentina, luego de la derrota del Plan Krieguer Vasena que tenía como principal beneficiario a este sector industrial, incluso avanzando de manera inédita en la imposición a la renta agraria. Cuando a partir del Cordobazo entra en crisis el onganiato, y con él todo el régimen de la libertadora y el plan de Krieguer Vasena, se marca el inicio en la redefinición de los planes de las multinacionales en el país. Dentro del retroceso de la industria que se da en los primeros años del golpe, es este sector el que más marcadamente desmantela sus instalaciones en el país.
Pero sobre todo, la reivindicación de la "estrategia de desarrollo nacional" reivindicada por Kulfas contra la "economía política del golpe" no tiene sujeto: el conjunto de la burguesía argentina se alineó en favor del golpe genocida, para poner fin a la insurgencia obrera que con el desarrollo de las coordinadoras había marcado en inicio de la ruptura política de las masas obreras con el peronismo, habiendo mostrado la incapacidad de la burocracia sindical para contener a las bases en los marcos del régimen y la conciliación de clases.
Incluso aunque la CGE haya sido intervenida luego del golpe, no puede afirmarse que el grueso de sus miembros cuestionara la iniciativa de la junta para deponer a Estela Martínez. La ruptura del pacto social y el fracaso del plan rodrigo producto de la respuesta obrera, había mostrado que aunque no hubiera un agotiamiento inexorable de la industrialización, las condiciones de colaboración de clases en las cuáles esta se sustentatba -que por un lado implicaban una política reformista hacia la clase obrera pero por otro ponían también un techo a las aspiraciones de los trabajadores compatible con el desarrollo de la burguesía industrial- se habían vuelto inviables. La burguesía sacó lecciones y dio su aval al golpe genocida. El conjunto de la clase capitalista, desde las multinacionales hasta la burguesía "nacional", acompañaron las medidas represivas hacia la clase trabajadora. Muchas empresas, por sólo nombrar algunas Mercedez Benz, Ledesma, Fiat o Ford, presentaron listas de activistas a los militares, incluso militarizaron sus fábricas.

En otros posteos hemos señalado las falacias del "desarrollo con inclusión K", acá queríamos poner de relieve la lectura sesgada sobre la cual se apoya la añoranza de la ISI, que poco puede ofrecer a la clase trabajadora.

1 comentario:

fedeberg80 dijo...

Buen artículo. Quisiera señalarte que en Somisa lo que entró en funcionamiento en la segunda mitad de los '70 fue el segundo alto horno y dos convertidores LD adicionales.
Entre el proyecto de Somisa y su primera colada pasaron 13 años, de 1948 a 1961. Para 1974 ya producía más de un millón de toneladas anuales, aunque ya estaba bastante rezagada con respecto al programa de expansiones planteado originalmente.
Como vos señalás, la transferencia constante de plusvalía hacia los clientes privilegiados de Somisa era una causa adicional de atraso en la acumulación de capital en la industria argentina. Además, recién alcanzó a abastecer al mercado interno hacia mediados de los '80. La producción de Somisa iba siempre por detrás de lo que se proyectaba, y siempre quedaban clientes sin abastecer. Se llegaron a organizar unos frustrantes sistemas súper complejos de asignación de cuotas a través de las cámaras empresariales.
Podés ver algunos datos más, y alguna que otra reflexión, en mi Blog sobre Somisa.
Saludos.