Hoy, en contratapa de Tiempo argentino, puede leerse una entrevista al actor Carlos Weber, que desde hace años viene protagonizando una puesta de Marx en el Soho, dirigida por Manuel Callau, en la que personifica a Karl Marx. El mismo papel hace en los cuatro capítulos de Marx ha vuelto, miniserie realizada por TVPTS y el Instituto del Pensamiento Socialista Karl Marx, que puede verse completa acá. Reproducimos la entrevista.
miércoles, 28 de mayo de 2014
"Es bueno que Marx esté entre nosotros"
Protagoniza Marx ha vuelto, una miniserie para Internet pensada en el
arranque con cuatro capítulos, ya estrenados, pero que debido a la gran
repercusión alcanzada en las redes, ahora rueda nuevas entregas. En la
ficción, Carlos Weber se pone una vez más en la piel del pensador
alemán, después de haber protagonizado durante varios años Marx en el
Soho. Y lo hace de una manera genial, en un producto que también lo es, y
que tiene algunas singularidades. El proyecto, basado en el Manifiesto
Comunista, cuenta con armado general del Instituto del Pensamiento
Socialista, realización del grupo de cine Contraimagen y difusión a
cargo de la señal web TVPTS del Partido de los Trabajadores Socialistas.
Aunque ya está en Youtube y Vimeo, entre otros sitios de descarga.
Pensado como aporte a los cursos y actividades del Instituto, y con la
producción de Javier Gabino y Matías Maiello, la miniserie también
muestra excelentes trabajos de varios peces que se mueven muy bien en el
agua del teatro independiente, como Martín Scarfi, Hilda Frisari y
Laura Espínola.
miércoles, 21 de mayo de 2014
El que apuesta al dólar, ¿será verdad esta vez que pierde?
Gastón Ramírez y Esteban Mercatante
Después de meses de calma, volvió a dispararse la cotización del dólar paralelo (blue), hoy un 40% por encima del dólar oficial. Las previsiones de varios analistas ponían agosto como horizonte límite para la pax cambiaria. Pero parece que, ante el intento de hacer la plancha por parte del Ministro de Economía Kicillof, y la marcada exposición de las internas en el gabinete económico sobre qué hacer con el dólar y las tasas, los tiempos podrían acortarse. El salto de la brecha muestra los límites de los intentos de mantener a 8 pesos el dólar, al menos, en lo que dure la liquidación del grueso de la cosecha de soja (hasta agosto). Como venimos denunciando desde comienzos de año, el gobierno entró en una senda de ajuste acelerado, del cual la devaluación de enero (que fue un salto dentro de una depreciación del peso que había sido de 60% desde comienzos de 2013 hasta enero de 2014) era sólo un capítulo. Ahora los especuladores presionan por un nuevo ajuste.
Después de meses de calma, volvió a dispararse la cotización del dólar paralelo (blue), hoy un 40% por encima del dólar oficial. Las previsiones de varios analistas ponían agosto como horizonte límite para la pax cambiaria. Pero parece que, ante el intento de hacer la plancha por parte del Ministro de Economía Kicillof, y la marcada exposición de las internas en el gabinete económico sobre qué hacer con el dólar y las tasas, los tiempos podrían acortarse. El salto de la brecha muestra los límites de los intentos de mantener a 8 pesos el dólar, al menos, en lo que dure la liquidación del grueso de la cosecha de soja (hasta agosto). Como venimos denunciando desde comienzos de año, el gobierno entró en una senda de ajuste acelerado, del cual la devaluación de enero (que fue un salto dentro de una depreciación del peso que había sido de 60% desde comienzos de 2013 hasta enero de 2014) era sólo un capítulo. Ahora los especuladores presionan por un nuevo ajuste.
El
disparador de estos movimientos provino del Banco Central (BCRA). La leve
recuperación de las reservas, hoy en U$S 28.385 millones (u$s 1.446 millones
por arriba del piso tocado a comienzos de año; todavía un 7,4% por debajo del
valor al cierre de 2013), le dio confianza al titular del BCRA empezar a mover
un poco el tipo de cambio oficial, 0.6 puntos (una suba de 0,75%). La idea -podemos presumir- era
iniciar microdevaluaciones como para indicar que la moneda no va a seguir fija,
y sacudir un poco las certezas de los sectores propensos a especular. Algo así
como la política que aplicó Redrado hace unos años cuando estaba al frente del
BCRA. También, presionado por el Ministro de Economía (que contaba con aval de
Cristina) el Jefe del BCRA empezó a bajar la presión sobre las tasa de interés.
En una interna cada vez más ventilada (para delicia de la “corpo”), Kicillof
había acusado a Fábrega por la recesión, sosteniendo que las altas tasas
frenaron el crédito y el consumo. Lo cual es cierto, pero tanto como que los
techos a los salarios y el mazazo devaluatorio (así como los tarifazos de
transporte, luz y gas) son parte del mismo combo de ajuste. Ahora Fábrega bajó
2 puntos las tasas de las letras del BCRA. A la vez que relajó el cepo
cambiario autorizando el giro de utilidades al exterior (que se quintuplicaron en 2013 respecto 2012, sumando
los $s 1.344 millones; menos de un tercio del promedio que hubo hasta 2011, de
todos modos).
Los
movimientos opuestos y simultáneos de tasas y dólar oficial sacaron de la
modorra a los especuladores financieros. Bastó una esta leve baja en la tasa
(ahora en 26% a 90 días) para, ante una posible merma de la jugosa rentabilidad
que vienen haciendo con estos papeles desde la devaluación, apurarlos a buscar
refugiarse otra vez en el dólar, mediante un nuevo pase a activos en dólares, y
de paso meter presión sobre el cambio oficial para -si lo logran- hacer buenas
ganancias de corto plazo. Esto elevó el dólar blue a un valor por encima
del 40% de la cotización del peso oficial, a la vez, que el dólar “liqui” (que
es un parámetro central para el blue) se ubicó en $10,76, muy cercano a los
$11. La suba del dólar blue a un precio de $11,30, registra una suba del
13%, cercana a la inflación acumulada hasta mayo. Esto podría anticipar el
ritmo de devaluación del oficial para reponer la inflación. El dato más relevante es la caída a la mitad
del valor entre el dólar blue y el dólar contado con liqui (dólar fuga), que se
ubica en 54 ctvs. Un indicador del pase a activos en dólares de los inversores.
Un dato
central, es que los exportadores y las cerealeras también se sumaron a los
especuladores (qué sorpresa, ¿no?) reduciendo las liquidaciones de dólares por
exportaciones. Aunque en abril habían estado altas, vienen cayendo. Esta semana
son hasta ahora un 30% menos que la semana pasada, acumulando sólo U$S 670
millones. Como dice un informe afín al sector “el hombre de campo
está enojado con el precio, y espera una mayor devaluación”. La liquidación de divisas que hacen los
sojeros ya es bastante menor a la de abril. Como los pagos por importaciones
son crecientes, sólo 1 de cada 4 dólares que compra queda en el organismo.
Aún
en el contexto de una economía en recesión, a causa del ajuste y del menor
ritmo de compras industriales (automotrices) de Brasil, parece que la pax
cambiaria tiene plazo más corto que el que se preveía hasta hace unas semanas.
El gobierno volverá a moverse entre las alternativas de nueva devaluación, o
una vuelta a los mercados de deuda, todavía trabada aunque la emisión de bonos
para pagar a Repsol confirmó que una vez más que el desendeudamiento es cosa
del pasado. Probablemente, de acá hasta fines de 2015, veamos dosis mezcladas
de ambas recetas ortodoxas, en un combo de ajuste sobre los sectores populares.
La
cuestión del dólar no puede atacarse regalando rentabilidad a los especuladores
o volviendo al redil de los mercados. Sólo la nacionalización de la banca para
conformar una banca estatal única, un verdadero monopolio estatal del comercio
exterior y la expropiación de los grandes terratenientes que junto con las
cerealeras y los otros eslabones del agropower organizan la especulación,
pueden cortar de raíz las maniobras que preanuncian un nuevo mazazo al nivel de
vida de los trabajadores y los sectores populares mediante una nueva
devaluación. Sólo la clase trabajadora puede imponer esta salida, luchando por
un gobierno de otra clase.
viernes, 16 de mayo de 2014
El ajuste K y los ataques patronales apuntan contra el empleo y el salario
A comienzos de este año, señalábamos que el giro dado por el gobierno de Cristina Fernández en enero, al imponer el mayor ajuste cambiario desde 2002 signaba “de forma irreversible, la entrada en una nueva dinámica”. La del ajuste a un ritmo más acelerado. Más acelerado, decimos, porque en los hechos después de las elecciones de 2011 se decretó el fin del tan mentado “nunca menos”, y comenzaron las primeras medidas de ajuste. Pero la devaluación marcó un salto. Le dio un nuevo empujón a la inflación, que ya se había acelerado de forma considerable a fines de 2013, y en unos pocos meses (de noviembre a marzo) el poder adquisitivo del salario cayó más de 15%. El ajuste cambiario fue seguido por una política monetaria restrictiva que subió las tasas de interés y restringió la liquidez para contener al dólar, con la consecuencia de encarecer significativamente el crédito al consumo -con tasas que llegan al 80%- y reducir (o cortar, según el tipo de bienes) su disponibilidad. Se trató de un zarpazo en toda la línea, el mayor de la época kirchnerista, contra los ingresos de los asalariados y el nivel de vida de todos los sectores populares. Y al mismo produjo un regalo a los bancos, que en el primer trimestre de este año llegaron en algunos casos a cuadriplicar sus ganancias respecto de igual período del año anterior.
Cuatro meses después, se confirma que hemos entrado en una nueva dinámica. Veamos.
Una estabilización “macro” provisional y limitada
La situación que se está configurando, se alejó en lo inmediato de los pronósticos de descalabro de la economía que circulaban durante los primeros meses del año. A fuerza de ajuste ortodoxo, el tándem Kicillof (Ministro de Economía) y Fábrega (Presidente del Banco Central, BCRA) logró estabilizar la situación. La devaluación, seguida por una política monetaria restrictiva (es decir un combo de ajuste ortodoxo por ambos lados) para incentivar el ahorro en pesos y frenar la fuga al dólar; el posterior blanqueo de la inflación con el nuevo IPCNu (aunque también el achicamiento del crecimiento que los libró del cupón de crecimiento a fin de año) y el acomodamiento en una pauta de negociaciones salariales que supera el objetivo que se había puesto el gobierno a comienzos de año (18%) pero que va a dejar los salarios por debajo de la devaluación acumulada desde fines de 2013, y de la suba proyectada de precios para este año, lograron estabilizar la macroeconomía por un período (dependiendo cuánto dure de si planchan la moneda o no, del nivel de inflación y de los dólares que entren por el comercio exterior). Las patronales siempre propensas a reclamar por la “competitividad” se vieron beneficiadas por una devaluación que hizo caer el costo salarial en dólares, y el “agropower” logró un tipo de cambio favorable para liquidar los dólares amasados por la cosecha. Esto puso un freno a la fuga de dólares, que se llevó 13 mil millones de dólares en 2013 a pesar del cepo cambiario.
Los esfuerzos mostrados en la negociación con el Club de París para restablecer un cronograma de pago de estas deudas con acreedores de los países ricos, la circunspecta presencia de Kicillof en la reunión del FMI, y el acuerdo con Repsol para pagar generosamente la compra del 51% de las acciones de YPF, empezaron a despejar alguna posibilidad de emisión de deuda pública en el exterior. Se comprende, con tasas por el piso en los países ricos, los grandes bancos internacionales desesperan por hacer negocios con un país al que le pueden cobrar arriba de 8%. Por lo pronto avanzaron emisiones de deuda de YPF, así como hay ofertas para préstamos a tasas que rondan el 6% al BCRA, para ampliar la cobertura de dólares (es decir, no sería un financiamiento al tesoro del Estado argentino sino una especie de “swap”, que cubre al BCRA para sostener la política monetaria), en ambos casos a tasas altas en términos internacionales, pero mejores que hace un tiempo. La estabilización también despejó, al desinflar el mercado cambiario paralelo, algunos obstáculos que limitaban la extensión del acuerdo Chevron a otras empresas, como era la necesidad de hacer mecanismos para compensar la "pérdida" de las multinacionales por entrar en dólar legal en vez de blue. Al acuerdo con Dow anunciado en septiembre pasado, se sumó otro con la malaya Petronas, así como un nuevo desembolso conjunto de YPF y Chevron por 1.600 millones de dólares. Estos negocios petroleros representan el ingreso de al menos 2 mil millones de dólares para este año.
Todo esto contribuyó a descomprimir el faltante de dólares, tanto por el lado de frenar la salida como de alimentar la entrada, relajando entonces la “restricción externa” (sobre esta restricción en la economía argentina ver aquí). Pero aunque esto alejó por el momento los riesgos de una crisis externa (es decir de un escenario donde el tipo de cambio nuevamente se vuelva inmanejable, con nuevo salto del blue e incluso riesgo del sistema financiero), la inflación que sigue a paso firme, y la baja de la tasa de interés que está encarando ahora el BCRA para tratar de restablecer las condiciones de crédito, dejan el interrogante de cuánto tiempo duraran estas condiciones. A esto se agrega otra inquietud, imprevista hace unos meses, que es el deterioro agudo del balance comercial. Llamativamente el Indec acaba de ajustarlo a la baja para el año 2013, pasando de u$s 9.024 millones a u$s 8.004 millones. Pero lo más alarmante es que las habituales discrepancias con los registros de Intercambio Comercial Argentino (ICA) son mucho mayores que en otros años, y llevaron a ajustar las estimaciones privadas para 2013 a un superávit virtualmente nulo (ver acá). Para este año, se redefinieron los pronósticos y se espera un superávit comercial de u$s 5 mil millones. El saldo externo favorable observado desde 2002 ha sido clave para fortalecer las reservas del BCRA, que se fueron volviendo cada vez más importantes para la política económica a medida que otras patas del llamado “modelo”, como el superávit fiscal o la competitividad lograda en 2002 con la megadevaluación, se deterioraban. Como explicábamos en Ideas de Izquierda 7: “El hecho de que el BCRA tuviera un nivel elevado de reservas, contribuyó durante los últimos años de diversas formas a sostener el esquema de financiamiento imprescindible para afrontar un gasto público en aumento”, entre otras cosas porque permitió que una parte de las reservas fuera usada para pagar deuda pública externa, sin contrapartida de mayor endeudamiento del Tesoro (el Fondo del Bicentenario). Para que nos demos una idea, los vencimientos de deuda del Gobierno nacional que se pagaron con reservas ascienden a u$s 27.500 millones entre 2010 y 2013. Las alarmas sonaron en 2011 sólo porque los dólares de la soja (y otros granos) ya no alcanzaban para sostener el déficit industrial, el déficit energético, los pagos de la deuda, las remesas de capitales y la lisa y llana fuga de dólares. Ese año fue el primero de la década kirchnerista donde el año concluyó con una caída en las reservas en manos del Banco Central.
El superávit comercial previsto para este año está un poco por encima de los vencimientos de deuda pública de este año (3.200 millones de dólares) en caso de que efectivamente no haya pago de cupón de PBI como se prevé por el momento (sino la cifra podría trepar a 6 mil millones de dólares, es decir que el superávit comercial del año no llegaría siquiera a cubrir esto). Considerando que la salida de dólares se enlenteció pero no se frenó del todo, es probable que el año termine nuevamente con caída de reservas. 2015 luce más complicado, ya que los vencimientos ascenderán a 9 mil millones de dólares.
Por eso, aunque en lo inmediato el ajuste cambiario y la política monetaria ortodoxa contribuyeron a estabilizar la situación, el deterioro comercial es otro síntoma de que esto podría durar poco.
La hora de la recesión
La “estabilización” –con los límites que señalamos más arriba- ha sido lograda a costa de un ajuste que golpeó una economía que ya mostraba múltiples señales de deterioro. La devaluación agravó un escenario complicado, empujando en lo inmediato a la economía hacia la recesión. La economía, que venía ya de dos años (2012 y 2013) muy bajo crecimiento (que ahora el ajuste de los números oficiales del PBI confirma), ingresó técnicamente en recesión, ya que se registraron dos trimestres consecutivos de contracción de la economía. Los pronósticos para el año prevén una contracción económica de entre 0,5% y 1,5%. Con una inflación que difícilmente termine el año por debajo de 35%, y acuerdos salariales que salvo excepciones estuvieron por debajo del 30%, la política oficial se orienta hacia una profundización del deterioro del salario real (que en promedio había terminado con una ligera caída en 2013, que en varios gremios, con los convenios salariales negociados por debajo del promedio, fue en realidad un deterioro bastante más marcado).
Uno de los sectores que muestra mayores complicaciones es la industria automotriz. Esta acusa una caída acumulada de la producción de 18% en los primeros cuatro meses del año, y una disminución de las ventas locales del 30% y del 18,6% de las exportaciones en igual período. Por ahora el deterioro se está acelerando, ya que sólo el mes de abril la caída en las ventas mayoristas fue de 40% respecto de igual mes del año anterior. Como señalamos acá, las automotrices han aprovechado las formidables ventajas en flexibilidad que les otorgan las cláusulas de flexibilidad perfeccionadas en cada convenio (por rama y por empresa) durante la última década para ajustar just in time el trabajo, anunciando en unas pocas semanas una seguidilla de suspensiones que afecta a 12 mil trabajadores. Esto evidencia cómo, aún los sectores mejor pagos de la clase trabajadora argentina, y que lograron participar en cierto modo del “derrame” que no bajó a los escalones donde se encuentra el grueso de los asalariados del país, se encuentran hoy ampliamente flexibilizados. Esta dimensión de la precariedad que se invisibiliza en tiempos de crecimiento, se pone en evidencia apenas emerge la crisis. Estamos empezando a ver reminiscencias de lo que fue 2009. Pero promete ser mucho peor, y es necesario responder a la medida del ataque que se viene.
La profundidad de la caída tiene numerosos efectos expansivos sobre el resto de la industria. Las terminales representan el 6,5% del PBI industrial y el 7,2% del empleo en forma directa. Aún con la limitada integración de componentes locales en los vehículos (30/35%), más de 400 empresas autopartistas se mueven al vaivén de lo que ocurre con la producción automotriz. El 55% de su facturación está compuesto por ventas a las terminales locales. Otro 15% se dirige a Brasil, donde las automotrices también están aplicando suspensiones. La onda expansiva del parate automotriz continúan, a través de sus proveedores, hacia un importante número de metalúrgicas, fundidoras y proveedores de insumos básicos como acero, aluminio, vidrios, químicos y plásticos. Esto significa sectores que implican que no menos del 14% del PBI industrial (3% del PBI total nacional). Según estimaciones de Dante Sica de Abeceb, por cada puesto de trabajo generado en una terminal automotriz, se crean otros 3,7 empleos en empresas eslabonadas en la cadena de producción, distribución y comercialización. Es decir que la crisis automotriz afecta a una buena parte de los más de 165 mil empleos involucrados en la cadena. Ante esto las patronales se aprestan a descargar sobre los trabajadores el peso de la crisis. Ni lerdos ni perezosos, las patronales autopartistas ya iniciaron despidos, como observamos en Gestamp.
¿Cuáles son los motivos de esta caída? En la industria automotriz el gobierno pretende explicarla centralmente por la caída de Brasil. Pero aunque las exportaciones cayeron fuerte, mucho más lo hicieron las ventas locales. También están cayendo fuerte otras ramas de la industria muy vinculadas al desenvolvimiento del mercado local. De conjunto la actividad industrial de marzo de 2014 muestra disminuciones del 6% en términos desestacionalizados. La producción de cemento registra en marzo una caída del 4,8% en comparación con igual mes de 2013; en el primer trimestre de 2014 en comparación con el mismo período del año anterior la producción de cemento presenta una disminución del 0,8. Alimentos y bebidas cayó en marzo 0,4 respecto de igual mes del año anterior, y acumula en el año una caída de 0,6 respecto de igual período del año previo). Mientras tanto, firmas como Aluar que exporta un 70% de la producción, presentaron balances con ganancias que crecieron un 115% en nueve meses.
En este contexto, durante la segunda parte del año podría haber, en el mejor de los casos, alguna reversión parcial del deterioro. Hasta marzo el consumo agregado acumulaba en el año una caída del 0,6, mientras que el crédito al consumo registraba una caída de 6,1%.
Después de paritarias y la liquidación de la soja puede haber algún impulso a la demanda, aunque limitado porque la tendencia a la destrucción del empleo no da signos de detenerse. las cifras del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) publicadas para el primer trimestre, que reflejan una merma interanual del 1,2 por ciento en la cantidad de obreros en la industria manufacturera. La encuesta industrial del Indec indica que el 3,2% por ciento de los empresarios fabriles prevé una baja en el número de empleados para los próximos meses, así como también estiman reducir la cantidad de horas trabajadas. Según la encuesta reciente de la consultora SEL, sobre 140 grandes empresas, un 15% espera disminuir su personal en 2014, cifra que casi duplica la relevada el año pasado, cuando sólo el 8 por ciento preveía despidos. El estudio señala que “esta expectativa se agudiza en el sector de bienes durables, donde la proporción de empresas que espera disminuciones se duplica, llegando a un 30 por ciento”. En contraposición, el 19 por ciento espera aumentos, 4 puntos por debajo de igual período del año anterior. Según el mismo estudio, el 26 por ciento de las empresas líderes redujo las contrataciones estacionales. Alineado a lo anterior, el 21 por ciento ya ha eliminado la contratación de personal temporario, cifra que asciende al 24 entre las compañías de bienes durables y consumo masivo.
Un programa para frenar el ataque
Ante este cuadro de deterioro, que ya está golpeando sobre la clase trabajadora, desde usinas afines al oficialismo depositan confianza en las herramientas del gobierno para contener los efectos sobre los ingresos de los trabajadores y sectores populares. Mencionan en Programa de Recuperación Productiva (RePRo), implementado en 2008 ante la caída de la economía que causó la crisis mundial. Algunos llegan tan lejos como para afirmar que el anuncio de 40% de aumento para la AUH y para las asignaciones familiares (que analizamos acá) desmiente el rumbo del ajuste.
Pero este aumento es por sí sólo un reconocimiento del ajuste aplicado sobre los ingresos de la clase trabajadora, de los sectores público y privado, que en ningún caso tuvieron una recomposición nominal del ingreso equivalente. Si la AUH le empata le gana por poco a la inflación (no así a los aumentos de precios de alimentos, que alcanzan a 40% desde junio último, cuando había sido el anterior aumento de la asignación), los salarios pierden por goleada.
Ante el déficit fiscal, y las limitaciones para financiarlo, el gobierno no puede actuar para contrapesar la caída económica. Al contrario, está obligado a actuar para profundizarla. A diferencia de otros ajustes devaluatorios (como 2002) que permitieron ajustar gastos en relación a los ingresos, mejorando la situación fiscal, ahora ocurrió todo lo contrario. La devaluación no hizo más que agravar las dificultades, entre otras cosas porque agravó el costo de las importaciones de combustible. Como consecuencia de esto, los aumentos de tarifas de servicios públicos y del transporte trasladan a los precios una parte de los subsidios, pero esto no permite reducirlos sino sólo limitar su crecimiento. Salvo que ensayen a fondo la vuelta a los mercados, o que aceleren el financiamiento a través de la emisión monetaria (que el actual jefe del BCRA no parece dispuesto a convalidar), el ajuste fiscal debe continuar a paso firme, ya que no hay margen para continuar con los mecanismos de financiamiento ensayados en los últimos años (a través de ANSES y el BCRA). Por eso se encuentra limitada la capacidad de empujar la economía con gasto público. A la inversa, la devaluación y la reducción de subsidios, así como el encarecimiento del crédito son un combo de ajuste sobre la economía. La estabilización provisional (que podrá extenderse a cosa de más devaluación -es decir más ajuste- y endeudamiento externo) lograda a fuerza de medidas ortodoxas, está permitiendo dosificar los ritmos, no cambiar la tendencia.
Toda la burguesía y los partidos patronales acompañan las medidas de ajuste. Aunque desde sectores opositores y El Foro de Convergencia Empresaria expresen la intención de lograr medidas más decididas, y sobre todo, aspiren a desmontar mecanismos de intervención en la economía aplicados durante estos años que, aunque aplicados en función de sostener la reproducción del capitalismo nacional, cuentan con el rechazo de sectores empresarios. Pero no hay diferencias en un punto fundamental: que sean los trabajadores los que paguen los costos de la crisis. El gobierno, que al mismo tiempo que puso techos a los salarios por debajo de la inflación se resiste a mover el mínimo no imponible del impuesto a las ganancias, y trata de “privilegiados” a los sectores sindicalizados, pretende que todo esto es para sostener los ingresos de los sectores más bajos. Puro verso: el ajuste pega de lleno sobre estos sectores, ya que, por fuera de la percepción de la asignación con fondos del Estado, buena parte de los ingresos en estos sectores provienen de un empleo, en condiciones no registradas (en “negro”), en los sectores como la construcción que están entre los que más caen (construcción cayó 6% en marzo). Como planteamos en Ideas de izquierda 5, las condiciones de precarización de la fuerza de trabajo, que son las principales responsables del bajo piso de ingresos. Al cabo de una supuesta década “ganada”, el 50% percibe ingresos de hasta $4.040, y el 70% está por debajo de los $6.000. Suena a broma presentar ahora, como medida contra el trabajo no registrado, después de 10 años en el poder, un proyecto de blanqueo de inspiración cavallista, con la modesta aspiración de bajar un 10% el empleo no registrado (es decir que pase de 34% a 28% de la Población Económicamente Activa). En abril, el mismo mes en que se anunciaban estas medidas,las contribuciones a la seguridad social crecieron un 19,4% interanual, la mitad del aumento general que registró la recaudación. Es decir bastante menos que la inflación estimada. Dado que el desempleo no se disparó y que los despidos todavía son puntuales, eso implica que hay empresas que dejaron de pagar los aportes por sus empleados o que empezaron a “negrear” ante el enfriamiento de la economía. El plan de “blanqueo” nace fallado por la crisis, que potencia la inclinación negrera de la burguesía argentina.
Los verdaderos “privilegiados”, en la Argentina del ajuste ortodoxo llevado a cabo puntillosamente por heterodoxos, son los sectores empresarios, si juzgamos por la última presentación de balances de las empresas cotizantes, con crecimientos de los beneficios de hasta 400% en el caso de algunos bancos.
Con el 10A, la clase trabajadora hizo visible su fuerza en la calle. También se puso en evidencia la presencia de la izquierda en sectores estratégicos, como es la zona norte del Gran Buenos Aires donde se encuentran algunas de las principales concentraciones fabriles del país. En numerosas fábricas los sectores clasistas arrebataron muchas de las organizaciones (centralmente Comisiones Internas) de manos de la burocracia sindical. También contamos con el avance político que representa la conquista de diputados, legisladores y concejales de los trabajadores con el Frente de Izquierda. Con esta fuerza los trabajadores podemos evitar pagar los costos de esta nueva crisis (como pasó con el fin del Gobierno de Alfonsín o el de Menem y la Alianza). Tenemos la fuerza para articular una alianza con los sectores populares, resistir este ajuste e imponer una salida opuesta. Es mentira que no queda otra que aceptar las “reglas” del ajuste, es decir, las de los que la “juntaron con pala”. Atacando sus millonarias ganancias, hay una salida a favor de los trabajadores y el pueblo.
Para imponerla, lo primero es terminar con la tregua que, después del 10A, impulsan los sectores opositores de la burocracia sindical. Hay que imponer un paro nacional de 36 horas con movilización y piquetes. Rodear de solidaridad todas las luchas, pelear por la prohibición de todas las suspensiones y despidos, y por la reapertura de todas las paritarias para imponer “cláusulas gatillo” para ajustar los salarios ante la inflación. Reparto de las horas de trabajo manteniendo el salario. Abajo la precarización laboral. Pase a planta y a mejor convenio.
La clase trabajadora puede presentar una alternativa al ajuste. Hay que expropiar a los bancos y crear una banca estatal única controlada por los trabajadores que termine con los usureros. Se debe confiscar a las comercializadoras de granos e imponer el monopolio estatal del comercio exterior, hay que decidir qué se exporta y qué se deja introducir como importaciones de acuerdo a las necesidades populares, y con precios accesibles y no de acuerdo a la ganancia de las multinacionales. Hay que desconocer la deuda usuraria, que ya se pagó más de treinta veces, e imponer que los empresarios retornen los dólares que tienen en el exterior (calculados en 210 mil millones). Si se niegan, hay que expropiar sus bienes en el país. Todas las privatizadas demostraron que utilizaron los subsidios para su rentabilidad, sin inversión (los permanentes cortes de luz fueron la muestra reciente): hay que estatizarlos y ponerlos a funcionar bajo control de los trabajadores.
Estas son demandas de un plan de emergencia que muestran que hay otra salida, pero que no vendrá ni de este Gobierno que se arrodilla ante el capital ni de la oposición patronal. Solo la movilización obrera y popular puede ir conquistando estas demandas y un Gobierno de los trabajadores puede imponer este programa de conjunto. Para que la crisis la paguen los empresarios.
Los Encuentros regionales como el que se prepara para el 24 de mayo en la Zona norte del Gran Buenos Aires, tienen como desafío impedir el avance de las suspensiones y despidos, así como rechazar la ley antipiquetes, la represión a los que luchan y tomar medidas para seguir exigiendo la absolución ya a los petroleros de Las Heras.
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jueves, 15 de mayo de 2014
AUH vs Inflación. ¿Mejora efectiva, o restitución (y reconocimiento) del mazazo acumulado en un año?
La presidenta anunció que a
partir de junio la AUH pasará de $460 a $644. Se trata de un aumento del 40%.
El número en abstracto suena bastante imponente. Tanto que varios oficialistas
salieron a hacer declaraciones entusiastas como que se trata de “otro
baldazo de agua fría para los que piden ajuste". El encuestador
y bloguero Artemio López sostiene que “15 puntos por sobre el nivel
inflacionario de 2013 y al menos 10 puntos por sobre el estimado por la
ortodoxia para 2014, nuestra estimación es que la actualización del 40% se
ubicará 15 puntos por sobre el nivel inflacionario 2014”. El sociólogo llega a
afirmar, nada menos, que esto permite “alejarse de la variante ortodoxa del ajuste
post devaluatorio”. En primer lugar, debemos decir que las cifras que arroja
están bastante por debajo de las que, a falta de credibilidad de la información
oficial, pueden aproximarse. Los índices provinciales de las pocas provincias
que mantuvieron cifras propias durante 2013, así como otras estimaciones
privadas (que sí, tienen una cierto sesgo al lanza, así como el gobierno mostró
bajo la impronta de Moreno una tendencia a planchar la variación del nivel de
precios hasta llegar al ridículo) ubican la variación de precios para todo 2013
alrededor de 28%. Además, en el caso de los alimentos, que concentran una parte importante del consumo de los sectores de menores ingresos, el aumento de precios fue más alto que la tasa de inflación promedio, rondando el 40%. Por otro lado, para el año en curso, aunque la variación de precios
se enlenteció después de los frenéticos aumentos de enero y febrero, resulta
prematuro ubicar la inflación del año en 30%, más aún en 25%. Por empezar, se
vienen nuevos ajustes en las tarifas de los servicios públicos que van a acelerar
el aumento de precios, sobre todo en la zona de CABA y GBA. Para seguir, no
está dicho que el gobierno no vaya a ajustar nuevamente el tipo de cambio, y
que eso estimule más la suba de precios. Mientras tanto, los números oficiales
de inflación vuelven a mostrar algunos vicios que los llevan a presentar una
realidad desfigurada, como basarse en los precios cuidados que están en menos del 30% de los puntos de venta
minorista.
Podemos decir entonces que, aunque la recuperación de la AUH le gana a
la inflación, lo hace por bastante poco. En el mejor de los casos está unos
8 o 9 puntos por encima de la inflación acumulada desde junio pasado, fecha del
último aumento. La mejora en términos reales, ronda entonces apenas el 7%, y es casi nula vis a vis los aumentos de los alimentos.
Sin embargo, el principal motivo
por el que es ficcional afirmar que con este anuncio el gobierno se aleja “de
la variante ortodoxa del ajuste post devaluatorio” (como si el combo
devaluación, intereses altos, acuerdo con el Club de París y pago a Repsol no
fuera una indigesta con todo el combo ortodoxo), es porque este anuncio resulta
complementario a una pauta salarial que evoluciona bien por debajo de la
inflación. Los pronósticos de caída del salario real para este año se ubican
entre 5% y 9%. En el mismo momento en que hay empresas que muestran ganancias
formidables, entre otras bancos como BBVA Banco francés que cuadriplicó su
rentabilidad en el primer trimestre, y el Banco Macro que registró un aumento
de 159% en las mismas gracias a las medidas oficiales, YPF que también mejoró
sus ganancias aumentando los precios del combustible, y Aluar que más que
duplicó sus ganancias en un año, por sólo mencionar unos pocos casos, buena
parte de los asalariados ve caer su poder adquisitivo, lo cual se agrava por el
recorte de los créditos, cuyo acceso quedó restringido a los sectores de más
altos ingresos.
En un momento en que el ajuste k
y la ofensiva patronal con despidos y suspensiones en la industria (ante todo
automotriz y autopartista) amenaza ya a decenas de miles de puestos de trabajo,
el aumento de la AUH no cambia la perspectiva de conjunto de deterioro para los
sectores populares. Con esta medida se recompone, pero no se aumenta, una parte de los ingresos de los sectores más
precarios (pero que son también los que se están viendo más afectados por
deterioro del empleo en sectores como la construcción, que tiene un 65% de
trabajadores en negro, mal pagos y que compensan sus ingresos con la AUH, que
ahora podría transformarse en su fuente única de ingresos), mientras se impulsa
un ajuste sobre el conjunto de los asalariados. Al mismo tiempo en que a los que
cuadriplicaron sus ganancias con la devaluación ni siquiera se les impone un
gravamen extraordinario, con lo cual se valida la transferencia de ingresos que
hizo el Estado con la devaluación de comienzos de año (ver acá).
Si esto no es una “variante ortodoxa” de ajuste, se le parece bastante.
martes, 29 de abril de 2014
Suspensiones en el sector automotriz. Se vuelve a confirmar que el trabajo precario está en el corazón del "modelo"
Hace dos semanas, el
gobierno anunciaba a todo trapo una ley “contra el trabajo
precario”. Que más exactamente era una ley de promoción al
blanqueo, cuyo principal recurso era el abaratamiento de los costos
laborales que pagarán los empresarios por de los trabajadores que
pasen a estar registrados, durante el plazo de dos años. Por si
había alguna duda que esta medida no atacaba el trabajo precario,
sino que apenas se focalizaba sobre una parte de él -apuntando
además a resultados muy modestos de cambiar la situación de poco
más de un 10% de los trabajadores empleados “en negro”- lo están
poniendo en evidencia las suspensiones en la industria automotriz.
Durante la última
década, las automotrices perfeccionaron como ningún otro sector
patronal la flexibilidad en los términos de contratación. Con una
gran persistencia, lograron colar en cada instancia de negociación
con los sindicatos nuevas claúsulas que crearon para los
trabajadores una situación de alta inestabilidad. Muchas medidas de
flexibilidad que no habían podido ser impuestas hace diez años o
más para los trabajadores que integraban por ese entonces la planta
permanente, se fueron imponiendo para quienes ingresaron desde
entonces. Sucesivos acuerdos del SMATA con las automotrices
permitieron que “todas las innovaciones flexibilizadoras que
introdujeron en los años ‘90 los convenios colectivos de las
nuevas radicaciones empresariales, que, si bien no pudieron en este
caso aplicarse al conjunto de los trabajadores, sí se establecieron
para los nuevos trabajadores que se incorporasen a partir de ese
momento” (Guevara, 2012, “Reactivación de la movilización
obrera en la industria terminal automotriz (2004–2011).
Recuperación parcial del salario con persistencia en la
flexibilización laboral”, Trabajo y Sociedad 19, Buenos
Aires). El resultado es que se avanzó aún más en la fragmentación
“distinguiendo entre nuevos ingresos y viejos, sumándose a la
diferencia entre contratados y efectivos” (Guevara, 2012). Con el
paso del tiempo, el mayor peso de los ingresos nuevos ha hecho que
buena parte de la planta esté alcanzada por las claúsulas
flexibilizadoras. Esto tiene importantes consecuencias, como ya se
pudo ver durante la recesión de 2008-2009. Las patronales del sector
automotriz tienen amplia capacidad para ajustar rápidamente sus
costos salariales ante variaciones en la demanda. Aplicando
reducciones de turno o suspensión al 100 % (se paga el salario bruto
pero no los aportes patronales) apenas se ralentiza el ritmo de
producción, como ocurrió durante los últimos meses. En comparación
con 2013, durante el período enero/marzo la producción del sector
acumula una caída de 16%. Entre las que registran mayor caída están
Renault (-35,5%) y Peugeot-Citroen (-32,7%). En cambio, Volkswagen
(-10,6%) cayó por debajo del promedio. Mientras tanto Ford (10,5) e
Iveco (35%) siguen aumentando la producción, la última a un ritmo
bastante fuerte. Las ventas, que hasta fines de 2013 crecían a buen
ritmo (aunque con un mayor incremento de la venta de importados que
de autos producidos en el país) cerraron el trimestre con una caída
del 25%. Con excepción de Toyota (23% de crecimiento respecto de
igual período de 2013), todas las firmas registran una caída en sus
volúmenes globales de venta, aunque algunos modelos continúan en
aumento. Volkswagen encabeza la caída en las ventas (-57%). Iveco
cayó 11,3% (aunque la venta de furgones creció 25%). Las
exportaciones cayeron un 17,8% en estos tres meses.
Aunque durante la segunda
mitad del año podría moderarse la caída en las ventas,
difícilmente vaya a revertirse la tendencia. Aunque el crédito no
se cortó, su encarecimiento limitó sensiblemente los sectores con
capacidad de financiar la compra de un auto. El impacto de la
devaluación y el salto de precios afectó ahorros y poder
adquisivito de sectores medios y asalariados con mejor nivel de
ingreso. Mientras tanto, Brasil, destino de 86% de las exportaciones
del sector, no da señales de que vaya a registrar una fuerte
recuperación de la demanda.
Gracias a las condiciones
laborales que las benefician, las patronales del sector tienen amplia
capacidad para descargar sobre los trabajadores todos los costos,
ante los primeros impactos de crisis en el sector. Las mismas que
cuando hay fuerte crecimiento arrancan extenuantes jornadas pagando
por las horas extras montos irrisorios, ahora ajustan producción y,
sin despedir, reducen drásticamente lo que pagan a numerosos
sectores de la planta. Por si esto fuera poco, hacen gala de su
“vocación” de no despedir. Y claro, para qué van a hacerlo sin
con los convenios actuales la suspensión es más barata que lo que
costaría despedir y volver a contratar ante cambios en la
producción. Y eso, “Menem lo hizo”, pero Néstor y Cristina, con
Hugo (Moyano), Antonio (Caló) y todo el resto de la burocracia
sindical lo reforzaron. Y toda la oposición patronal lo suscribe.
Sólo el Frente de Izquierda y de los Trabajadores presentó
proyectos de ley para frenar los despidos y suspensiones.
La precarización es
mucho más que el trabajo no registrado. Se trata de una condición
de alta inestabilidad en el empleo a los fines de aumentar la
“competitividad” del empresariado nacional a costa de las
condiciones de trabajo. Esta precariedad engloba distintas realidades
(que analizamos acá Mundo
Grúa) y afecta a mucho más de la mitad de la fuerza de trabajo,
aunque no salga en las estadísticas ya que buena parte de las
claúsulas flexibles constituyen un “nuevo normal”. Esto lo
prueban las cláuslas de los convenios negociados en todos los
gremios durante los últimos años (ver al respecto Fragmentación
institucionalizada). No podría esperarse leyes contra todas
estas variantes de precarización, porque como hemos señalado en
Ideas
de Izquierda n° 5, está en el corazón del modelo.
Después del paro del 10,
estos primeros ataques muestran que es necesario reforzar la
organización, avanzando en realizar encuentros regionales como votó
el sindicalismo combativo en el Encuentro Sindical de Atlanta (y de
los que ya está en marcha para el 17/5 un Encuentro de zona Norte
del GBA) y peleando por imponer a la burocracia medidas para
responder ya ante los ataques en curso.
Las nuevas suspensiones
en curso son otro recordatorio de que es una cuestión urgente para
toda la clase trabajadora pelear por terminar con los contratos
“basura”, con el empleo no registrado y las cláusulas de
flexibilización. Este objetivo inseparable de la pelea por expulsar
de los sindicatos a los burócratas y por conquistar la
representación gremial en todas las unidades productivas donde los
sindicatos están ostentosamente ausentes para ir contra la “triple
alianza” de patrones, Estado y burocracia que sostiene la
precarización.
lunes, 28 de abril de 2014
Ideas de Izquierda: “Esperamos dar un impulso a la recreación de un pensamiento marxista en Argentina”
Reproducimos la entrevista realizada por La Agencia Paco Urondo a Chistian Castillo y Fernando Rosso, a propósito de la revista Ideas de Izquierda.
Entrevista con Fernando Rosso y Christian Castillo, parte del comité editorial de la revista Ideas de Izquierda. “El pensamiento marxista continúa teniendo una vitalidad que la intelectualidad en parte no quiere ver o no quiere escuchar”.
Por Juan Ciucci
APU: ¿Cómo surge la idea de la revista?
Fernando Rosso: La idea surgió luego de la emergencia del Frente de
Izquierda, que se terminó de constatar en octubre del año pasado con los
resultados que obtuvo el FIT en las elecciones. Además de las peleas
en las calles que caracterizan a la izquierda, en el movimiento obrero,
en el movimiento estudiantil, en la juventud, luego del resultado
electoral, que tuvo más resonancia, había que dar una discusión en el
frente ideológico más ampliamente. El nombre que surgió, Ideas de izquierda,
es un poco porque “ideas” circulaban muchas o había muchas ideas que se
decían de izquierda pero estaban muy bastardeadas. Pero “ideas de
izquierda” en Argentina no había en este último tiempo. Había mucho
discurso, mucho relato pero discusiones profundas sobre los problemas
nacionales verdaderamente no había.
De ahí es que uno de los ejes que recorre la revista es tratar de los
temas estructurales de un modo más profundo, como la cuestión del
campo, del petróleo, la cuestión del transporte para tratar de ir al
hueso en cuáles son los problemas estructurales y cuáles serían las
salidas estratégicas que se deberían tomar para intentar resolverlos.
Por otro lado, otro de los aspectos que queríamos tomar, que estuvimos
desarrollando y queremos profundizar, es tratar de introducir y
polemizar con las discusiones que recorren a la izquierda internacional,
que es lo que ha caracterizado a las revistas en Argentina,
históricamente las que tuvieron alguna trascendencia. Los debates
filosóficos, los debates sobre la crisis mundial, la situación del
movimiento obrero o la geopolítica internacional. Hemos entrevistado a
distintas personalidades, tratando, con los límites que tiene la
revista, de traer la opinión en su momento de Ricardo Antunes con la
situación convulsiva que hubo en Brasil, del mismo Chomsky hablando
sobre la política internacional norteamericana. De Terry Eagleton, que
es uno de los principales intelectuales marxistas que hay a nivel
internacional, hablando sobre literatura y el estado actual de la teoría
literaria y del marxismo. Eso es hasta ahora los primeros 7 números y
el octavo que acaba de salir. Además, los análisis nacionales, tratar de
profundizar en las propuestas que plantea el Frente de Izquierda, de
desarrollarlas desde un nivel un poco más ideológico-político.
Christian Castillo: El proyecto de una revista de ese tipo se había
empezado a discutir en la Asamblea de intelectuales y artistas de apoyo
al Frente de Izquierda de los Trabajadores, pero finalmente no pudo
salir de la propia asamblea. Así que con compañeros que participaron
activamente de esa experiencia como Eduardo Eduardu Grüner, Hernán
Camarero, Alejandro Schneider, los compañeros del PTS tomamos la
iniciativa para sacar esta publicación. Que creo es muy importante para
confrontar, si se quiere, las dos tradiciones de la intelectualidad
dominante dentro de lo que se llama en términos genéricos el
progresismo. Por un lado, el sector social liberal en que podemos poner a
Beatriz Sarlo como referencia; y un sector nac& pop si se quiere, con Carta Abierta y Horacio González como referente.
De alguna forma nosotros queremos hacer una crítica de esas dos
tradiciones que desde nuestro punto de vista, muchas veces debaten desde
un ángulo relativamente localista o relativamente provinciano, porque
algunos de los grandes debates internacionales y donde desde la
tradición marxista hay una producción muy importante en la actualidad en
el terreno internacional, no es que están en desacuerdo, sino que ni
siquiera los conocen. No sé si tuvieron la posibilidad de ver la charla
que hacen Sarlo y González con Fontevechia, el largo reportaje que le
hacen y son referencias donde los grandes temas de la política
internacional, el análisis de la crisis capitalista no están presentes.
No sé que opinan sobre las diversas teorías que hay y en particular, en
el campo del marxismo que han tratado de elaborar y explicar una crisis
de largo aliento, la más importante del siglo XXI y con referencia a
algunas de las tres más importantes desde que existe este sistema
social, lo digo, por mencionar un aspecto. Nosotros queremos favorecer
la visibilidad desde un conjunto de elaboraciones, reflexiones que se
vienen haciendo desde el campo de la izquierda anticapitalista,
socialista, clasista en nuestro país pero que no tiene la influencia
ideológica que por ahí, gozan otras tradiciones. Quizás la visibilidad
política del FIT sea un punto interesante para hacer audibles puntos de
vista que de algún modo, en los últimos años estuvieron relegados.
APU: ¿Piensan en algún lector ideal de la revista?
FR: No, si se quiere hay un millón de potenciales de lectores: los
que votaron al Frente de Izquierda. Donde hubo mucho voto del movimiento
obrero, que es una cosa que intentamos desmentir en uno de los números
de la revista, discutiendo con ciertos intelectuales o blogueros
peronistas que planteaban que el voto de FIT era un voto de gente de
clase media. Ese voto tenía un componente obrero, que es una parte de la
influencia que tiene la izquierda en el movimiento obrero. Pero también
hay un público universitario y en última instancia es una apuesta a la
nueva intelectualidad marxista o que trate de repensar el marxismo. La
referencia intelectual actual, y se ve en el propio reportaje a Sarlo y
González, discute mucho politiquería. Sarlo, es una intelectual que
tiene nivel, pero en el último tiempo se ha dedicado mucho más a opinar
de la pequeña política local, incluso, el último libro es mucho sobre la
politiquería inmediata más que de los grandes problemas. Diferente a
los proyectos que tuvieron en su momento, como Punto de vista o El ojo mocho,
que sigue saliendo pero no tiene la misma relevancia que tuvo en los
´90, leí el último número y es demasiado oficialista y por lo tanto
menos crítica. Y Punto de vista no sale más. Hay revistas en el
mundo académico muy especializadas pero que no intentan ligar el debate
político con el debate ideológico, las discusiones internacionales con
los problemas nacionales, eso está ausente y es lo que intentamos hacer y
queremos desarrollar.
APU: En algún punto es un riesgo el de una revista mensual
con mucho contenido teórico. ¿Analizan que hay una necesidad social de
mayor discusión política?
CC: Creemos que estamos llenando un vacío, que obviamente hay
necesidades de ideas que se plantean superar el horizonte del
capitalismo y luchar por otro sistema social. El pensamiento marxista
continúa teniendo una vitalidad que la intelectualidad en parte no
quiere ver, no quiere escuchar. Queremos mostrar también que lo nuestro
no son consignas, sino que cada una de las demandas que planteamos
tienen una fundamentación teórica, introduciendo un tercer punto de
vista para dejar atrás un tiempo de una corriente de pensadores que su
horizonte, su límite es la democracia capitalista y más allá de eso no
hay horizonte posible. No hay un cuestionamiento a las bases sociales, a
la explotación del hombre por el hombre sobre la cual se sostiene este
sistema. En este terreno el progresismo es profundamente conservador
porque apuesta o a la burguesía nacional como sujeto que puede llevar
adelante alguna transformación o, directamente, a la casta de políticos
profesionales que desde el control de los instrumentos del gobierno,
pueden poner un límite, forzar u obligar a esas burguesías a ser
distintas de lo que son.
Creemos que frente a esas ilusiones la nuestra es una apuesta por que
la clase obrera se transforme en sujeto político y pueda verdaderamente
liderar las transformaciones estructurales sin las cuales no vamos a
producir ningún cambio sustantivo. Después de una nueva década de
intentar con el proyecto siempre imposible de una burguesía nacional que
nos saque de la dependencia y el atraso, comprobamos que esta situación
se mantiene, se sostiene y en ese sentido, nuestra revista es también
un diálogo con los sectores que por izquierda se ilusionaron con el
kirchnerismo. Cuando hay un giro hacia la derecha de todo el
establishment político y la sucesión de Cristina se ve con Scioli por el
oficialismo y Massa o algún personaje por el estilo. Esa es la apuesta,
un sentido común claramente de derecha y el propio gobierno con los
discursos, con el ajuste, con los nuevos sentidos comunes que trasmite.
Está bueno apostar a que los jóvenes, los trabajadores, que por ahí
se ilusionaron en algún momento con el gobierno, no caigan en algunas de
las variantes de derecha sino que saquen sus conclusiones hasta el
final de que una lucha contra las corporaciones que hicieron el
genocidio, que dominan el país, las grandes patronales agrarias, etc.
para ser consecuente, tiene que tener a la clase obrera como sujeto. Por
eso, no es casual que una revista de este tipo la impulsamos desde una
izquierda que no estuvo con el gobierno ni con las patronales agrarias.
Una izquierda que siempre se mantuvo independiente de todos los sectores
capitalistas. Creo que ese es el sector al cual apuntamos, también,
obviamente a una capa de trabajadores más politizada que le interesa más
discutir estos temas. Tratando de combinar un cierto nivel de reflexión
profunda con un cierto nivel de popularización de esos temas.
FR: Una cosa que intentamos y queremos desarrollar también es unir
dos mundos que están bastantes separados: el mundo de la
intelectualidad, la cultura, la universidad y el mundo de los obreros.
Hubo un sentido común de que había desaparecido el proletariado, el
industrial en particular, esas son discusiones que en cierta medida
están saldadas por la realidad; pero ahora se desconoce mucho qué pasa
en el mundo de los trabajadores. Hay que intentar mostrar eso de una
manera, tomando aspectos teórico-ideológicos, viendo qué se retoma de
las experiencias históricas. En este sentido, surgió un debate cuando
entrevistamos a Daniel James que es autor de Resistencia e integración,
un libro clásico sobre el peronismo y la clase trabajadora y se armó
una discusión que después fue retomada en otra entrevista por Juan
Carlos Torre, sobre la relación entre la lucha sindical y la lucha
política, que viene desde los orígenes del movimiento obrero. Qué es,
cuál es la relación entre la lucha sindical, la conciencia política e
ideológica, el salto a la pelea política. Se conoció como el debate de
la “doble conciencia” ¿Cómo se resuelve eso? De alguna u otra manera el
FIT interviene de hecho en esa discusión porque también hay muchos
trabajadores que han apoyado al Frente y es hecho político. Intentamos
mostrar aspectos de un mundo del que muchas veces se habla, sobre todo
en la universidad con mucho cliché sobre si existe o no, sobre si es
solamente sindicalista el movimiento obrero y no puede dar un salto al
terreno político, pero del que se conoce poco.
APU: Me interesaba preguntarles cómo se piensa la
participación en la revista, si se tiene una relación más orgánica con
el partido y si piensan la revista como un espacio de militancia.
CC: Si, evidentemente la revista es de un marxismo militante que se
proclama partidario pero abierta, que escriban en primer lugar quienes
se referencian en el FIT pero también con un aspecto más amplio a
debates con intelectuales o personalidades que en ciertos temas aportan a
la discusión, aún sin compartir nuestra perspectiva estratégica más
general. Creo que una revista con un carácter claramente posicionado, en
ese sentido partisano, combinada con un aspecto abierto a la reflexión,
a la discusión, es lo que le da esa peculiaridad y que creo que es más o
menos reconocida y me parece que es lo que le permite ir generando
debates. Hay otros debates también sobre la relación entre psicoanálisis
y marxismo que se ha abierto en una nota de Claudia Cinatti respondida
por Eduardo Grüner, un debate que va a continuar donde se combinan
compañeros quizás más conocidos a nivel universitario como el propio
Eduardo, Hernán Camarero con Juan Dal Maso, Fernando Rosso, Paula
Varela, Ariane Díaz que son compañeros con los cuales comparto la
militancia en el PTS; que intentamos dar cuenta de un marxismo siempre
vital, retomando obviamente la tradición del marxismo clásico.
Nosotros no consideramos en ese sentido que inventamos un punto de
vista, sino que tratamos de retomar en nuestras condiciones, nuestro
tiempo, un punto de vista que tuvo su máximo momento de esplendor con la
Revolución Rusa, con la fundación de la Tercera Internacional y que
luego se mantuvo como señala el mismo Perry Anderson a contrapelo del
llamado marxismo occidental, tanto en su variante de compañeros de ruta
en los partidos estalinistas como en su variante de separación completa
con la vida del movimiento obrero tratando de mantener esa relación del
pensamiento marxista con el movimiento obrero. Esa tradición que dice
Anderson en aquel ya viejo texto para los tiempos que corren, que es lo
que nosotros intentamos continuar, no sólo como una tradición nacional y
en distintas oportunidades hemos señalado que desde el marxismo está
el pensamiento más profundo sobre la tradición nacional en lo que
encarnan Milcíades Peña, Liborio Justo y otros autores, sino también
como parte de una tradición que ha combatido internacionalmente y que ha
aportado a pensar teóricamente los grandes temas que hacen a la
transformación revolucionaria de la sociedad. Es en esa tradición en la
que nosotros nos inscribimos y que en un sentido queremos dejar atrás
una hegemonía en el campo intelectual donde quienes apostaron por una
salida en general vinculada a algunas de las variantes de la guerrilla o
estalinistas en la década de los 70 y luego de la dictadura abandonaron
todo horizonte de la transformación revolucionaria, pasaron a tener la
hegemonía dentro del campo intelectual. Pero al ser esencialmente por
la negativa y no por un proyecto positivo, eso quedó trunco.
Nuestra apuesta es al surgimiento de una tendencia de la
intelectualidad marxista, anticapitalista, socialista que gane un nuevo
peso en la vida política y cultural nacional. Esa definición que se da
muchas veces de que la izquierda tiene más influencia en la cultura que
en la vida política, hoy en gran parte podemos cuestionarla. En los
últimos años, la influencia de la izquierda en el sentido duro de la
palabra, en el sentido de una izquierda que se proponga superar el
capitalismo, su influencia ha decaído profundamente. Más bien ha habido
una adaptación profunda de intelectuales que se referenciaban en parte
en la izquierda en los sentidos comunes de la propia burguesía, en la
aceptación de que es inamovible y que sea el capital el que tenga las
riendas de la sociedad, eso es lo que nosotros intentamos poner en
cuestión con la revista.
APU: Antes mencionaban otras revistas ¿En qué tradición o con
qué revistas históricas se sentirían vinculados y con qué revistas de
la actualidad pueden estar en discusión?
FR: Históricamente yo te daba como ejemplo, no porque seamos parte de la misma tradición, pero la revista Contorno en Argentina se referenciaba e introducía los debates en torno a Sartre y el marxismo europeo, francés etc. La revista Pasado y presente
introdujo a Gramsci y todo el marxismo italiano en Argentina y América
Latina, aunque no se inscriban en nuestra propia tradición del marxismo.
Nosotros adherimos más al marxismo de Lenín, Trotsky o clásico. Pero sí
en lo que tenían, por lo menos comparativamente de bueno y las hizo
emerger tratando de dialogar con los principales debates que había
internacionalmente. En nuestro caso, de alguna manera, es hacer a una
escala ampliada una cosa que ya hacíamos. En su momento con la revista Lucha de clases o la revista Estrategia Internacional,
fuimos de los primeros en debatir con el autonomismo, con Tony Negri,
el momento autonomista que fue muy importante a nivel internacional con
el libro Imperio. Inclusive antes que se traduzca al castellano
nosotros habíamos elaborado una polémica y después creo que se publicó
como libro; con Laclau antes de que se haga famoso por convertirse en
teórico oficial y su teoría de la democracia radical. Con el surgimiento
del FIT esto se vuelve más amplio, tratar de hacerlo más masivamente
con las posibilidades y los límites, como planteaba Christian, que te da
una revista en el formato que tiene.
APU: ¿Hay otras revistas políticas con las que están dialogando.
FR: De las que yo conozco, no hay mucho, la revista Sudestada,
conozco a los compañeros que la hacen, es una revista más bien dedicada a
lo cultural y algunas a aspectos políticos. Después hay emprendimientos
académicos muy especializados que no tratan de relacionar las
discusiones ideológicas con la práctica política. En ese sentido hay
cierto vacío desde ese punto de vista.
CC: El formato tiene un aspecto parecido al de Le Monde diplomatique,
que es mensual y los artículos tienen más o menos el mismo tamaño y
también tienen ciertas pretensiones de construir un sentido común,
aunque en clave socialdemócrata. Le Monde tiene un porcentaje
de lo que piensa la editorial en Francia, con lo que piensa acá y varió
mucho con el simple cambio de la dirección de Natanson que tiene otra
visión pero evidentemente, a veces trata temas que son similares a los
temas que tratamos nosotros cuando hace debates sobre temas
estructurales de la realidad nacional o política en general. Coincido
con Fernando que nuestra ambición es dejar una huella, en el sentido
como Pasado y Presente dejó una huella con ideas que
instauraron una tradición en Argentina que después sufrió el derrotero
de gran parte de toda esa intelectualidad, estamos hablando del pre Controversia, la revista en la cual en el exilio mexicano hicieron el pasaje de la revolución a la democracia.
Esperamos poder dar un impulso a la recreación de un pensamiento
marxista en argentina, de la cual la revista no puede ser más que una
parte, una manifestación, una expresión, una avanzada si se quiere. Es
nuestra idea generar una nueva generación que discuta los grandes temas
nacionales desde una perspectiva internacionalista, aunque creemos que
la forma de ser más profundos nacionalmente es teniendo justamente esa
perspectiva internacional. A nivel internacional, hoy hay una serie de
revistas que expresan la producción marxista, de distinto tipo, que son
más teóricas con artículos de otra densidad, más parecida a la que
sacamos nosotros acá, Lucha de clases y más académica que la
nuestra. En material es más académica aunque tocan muchas veces temas de
interés pero que hacen una ebullición de la reflexión en la izquierda
que de ninguna manera está expresada en el terreno local. No está esto
de un sentido común de que hay una ebullición en el pensamiento de la
izquierda mundial sobre la crisis económica, de cómo retomar el
comunismo y qué actualidad tiene después del estalinismo y su caída. Qué
estrategia política tener, una serie de discusiones que son parte de
los debates que esperamos también poder introducir en el terreno local.
Si vos escuchas a los intelectuales consagrados, el comunismo es una
palabra olvidada y desde perspectivas muy distintas que las nuestras,
debaten sobre el sentido del comunismo hoy. Nosotros creemos que en
medio de una crisis capitalista como la que vivimos, que también en gran
medida es una crisis civilizatoria, ¿cómo no discutir la perspectiva
del comunismo en una sociedad alternativa? Pero para la intelectualidad
local le parece que es discutir cosas sin sentido. Creo que ellos están
un poco en el pasado y una nueva generación tiene que expresarse siendo
verdaderamente contestataria frente al orden existente.
jueves, 24 de abril de 2014
Acuerdo Repsol: un premio a los vaciadores
El día de ayer se aprobó el acuerdo con Repsol para pagarle generosamente por el 51% de las acciones de YPF S.A. El oficialismo, compuesto por muchos que en los noventa fueron entusiastas de las privatizaciones (empezando por la Presidenta) y que hace dos años sostenía que en el mejor de los casos Repsol recibiría un pago simbólico, ahora pretende que el acuerdo "amistoso" con Repsol expresa una posición firme ante los vaciadores españoles.
En el video puede verse la intervención del diputado del PTS en el FIT Nicolás del Caño denunciando el acuerdo y la política energética del gobierno en la sesión en diputados.
Queremos detenernos en algunos aspectos de lo votado ayer.
En primer lugar, las condiciones del acuerdo son un resultado de la decisión que se tomó cuando se expropio a Repsol, que fue mantener el esquema de lo que era “YPF SA”, es decir la misma compañía que fue durante buena parte de los ’90, cuando ya estaba avanzada la desregulación del sector hidrocárburifero y la penetración del capital privado y extranjero en el sector. Como desde un primer denunciamos, lo que se presentaba como una expropiación de YPF, con ley mediante, era apenas la “recompra” mediante expropiación del 51% de las acciones por parte del Estado para tomar el control de YPF S.A., en condiciones similares a la empresa manejada por Estenssoro en los '90, anticipo de la entrada de Repsol. Hace dos años, se quiso presentar como una medida de “soberanía hidrocárburifera” una medida que apenas tocó el 51% de las acciones de una empresa que hoy maneja apenas un tercio del petróleo, y 30% del gas que se extrae en la Argentina, y en el caso de la refinación de petróleo YPF concentra el 54%. Señalamos que esta medida limitada, que preservaba el estatus de empresa privada cotizante (acá y en Nueva York) de YPS SA no permitiría atacar el problema energético de raíz, e involucraría por las propias condiciones en que se estaba realizando, onerosos costos para el país. El acuerdo que rubricóahora el ministro Kicillof con la compañía, sobre la base de la tasación realizada, y que aprobó el congreso, confirma todo esto. Nosotros, así como otras fuerzas de izquierda y sectores combativos de la clase trabajadora, que participamos de la lucha contra las privatizaciones y nunca dejamos de plantear la reestatización bajo control obrero, planteamos ante la crisis energética la necesidad de expropiar sin pago y poner bajo control obrero todo el conjunto del sistema hidrocárburifero, desde la extracción hasta la refinación. No sólo Repsol sino también los activos de las empresas de Bulgheroni, de Cristobal López, de Shell, de Chevron. El gobierno dejó en pie a YPF S.A. y se obligó a tasar el 51% del valor de la compañía para pagar a Repsol. Esto era meterse ya en una trampa: la tasación no podía ser muy baja, ya que de ser así podría haber afectado el valor bursátil de la compañía y su posibilidad de financiamiento. ¿Por qué se metió en el gobierno en esta encerrona? Para mantener una empresa bajo forma S.A. que permite un manejo más discrecional que si se tratara de una empresa pública; y además para mantener los lazos con el capital financiero internacional que permiten entre otras cosas que la empresa sea una fuente de dólares. Dólares que el gobierno está haciendo entrar por la ventanilla de YPF para que puedan ser utilizados para sostener los pagos de la deuda, el déficit energético y otras gangrenas que son consecuencia de las políticas de este gobierno que mucho habló durante estos años de “soberanía” pero no afectó ni un ápice las condiciones de dependencia y la posición del capital extranjero y los condicionamientos que impone el imperialismo en el país.
Estas decisiones, envueltas en un cotillón de "soberanía hidrocarburífera" hace dos años, y acompañados por el Informe Mosconi que el acuerdo actual transforma en pura retórica sin efectos, son las que ahoran obligan a garantizar a Respol un pago en mano 5 mil millones de dólares (en realidad 5.500 millones porque el bono discount ya devengó intereses por 500 millones), para lo cual se le entregan bonos por un valor de 6 mil millones. Y que con los intereses podrían representar para el Estado pagos de 11 mil millones de dólares, buena parte de los cuáles se concentran en los próximos diez años. Se pretende que este es un buen acuerdo. Sin duda que lo es para los españoles, que si se quedan con los bonos en sus manos podrán garantizarse un flujo de fondos bastante cercano a lo que giraban anualmente a su casa matriz en concepto de remesas de utilidades. Nada mal para ser “expropiado”, especialmente cuando fueron denunciados en su momento de vaciadores (algo que dijo el propio ministro y con lo cual no podemos más que estar de acuerdo, ya que lo denunciamos durante todos los años en los que tanto Néstor Kirchner como Cristina Fernández consideraron a Repsol un gran aliado). Algunos datos de este vaciamiento, consentido por los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernandez, lo dicen todo: entre 2003 y 2007 Repsol repatrió según balances el 97% de sus utilidades, es decir destinó apenas un 3% para inversión. El Informe Mosconi denunciaba que Repsol obtuvo entre 2008 y 2011 rentabilidad operativa de entre 1.300 y 1.800 millones de euros. Allí se señala en la página 13, que "la rentabilidad neta del grupo Repsol fue creciendo año a año, desde 1.014 millones de euros en 1998, pasando por un máximo de 4.997 millones de euros en 2010 para finalizar el año 2011 con una ganancia neta de 2.544 millones de euros". Y más adelante, en la página 15, se indica "Esto significa que mientras el patrimonio se mantuvo estable, e incluso disminuyó en los últimos años como consecuencia de la política de desinversión, las ganancias siguieron una tendencia creciente.". El vaciamiento que denunciaban hace muy poco fue borrado de un plumazo. Repsol debería devolver todas las divisas que se llevó del país para compensar el saqueo realizado.
El ministro habló largamente en el congreso, de los criterios para tasar una empresa. Pero no era necesario “tasar una empresa” para tomar el control público de estos recursos estratégicos (que como tales son propiedad del Estado), escandalosamente entregados en los ’90 a los “conquistadores” españoles, así como se entregaron tantas empresas a precios de remate a capitales privados (mayormente extranjeros) y hacerse de fondos que fueron mayormente utilizados para pagar deuda fraudulenta. Alcanzaba con tasar a valor fiscal los bienes expropiados. Este último no fue ni es el criterio que nosotros hemos defendido; nosotros hemos planteado expropiación sin pago y lo seguimos haciendo, pero permite medir el grado extremo de concesiones a las que llega este acuerdo, que ahora se quiere hacer pasar por bueno para la Argentina. Este criterio fue por ejemplo el que aplicó el gobierno nacionalista burgués de Lázaro Cárdenas en México, cuando expropió a 17 compañías petroleras extranjeras. Estas corporaciones imperialistas empezaron a reclamar en la prensa internacional una compensación por 400 millones de dólares, 2.000 millones de pesos mexicanos de ese momento (ver La Corte Suprema de Justicia durante el gobierno del General Lázaro Cárdenas, de Lucio Cabrera Acevedo). La respuesta del Estado mexicano fue guiarse por el criterio de que “el precio de la cosa expropiada se basará en el valor fiscal que de ella figure en las oficinas catastrales o recaudadoras”. Es decir, el valor de muebles e inmuebles considerados por el fisco mexicano (y no el valor del mercado que las empresas declaraban). Con este criterio el capital reembolsado por el Estado fue de poco más del 10% de lo reclamado por las empresas. El gobierno argentino pactó pagar, en dinero contante y sonante (no otra cosa son los bonos garantizando sí o sí 5 mil millones de dólares), el 33% de lo que Repsol reclamó en su exigencia más exagerada, y el 50% de lo que pusieron por escrito en la demanda ante el CIADI (y en realidad con los intereses lo que deberá pagar la Argentina supera el 100% de lo reclamado por Repsol en el CIADI, como dijimos más arriba). Como vemos, aún en términos de negociaciones llevadas a cabo por gobiernos burgueses, el acuerdo “peleado” del gobierno se deschava por la generosidad de sus concesiones.
Por último, señalamos una última contradicción entre este acuerdo y lo que el ministro Kicillof planteaba hace dos años. Por ese entonces decía que “Repsol va a tener que pagar por el daño ambiental”. Hasta le puso números a este reclamo: alrededor de 5 mil millones de dólares sería el valor económico de los daños generados por Repsol. El actual acuerdo “amistoso” con la compañía excluye cualquier posibilidad de litigar a Repsol por los pasivos ambientales. No sólo resulta escandaloso, sino que sienta un peligroso precedente. Ali Moshiri y John Watson de Chevron deben estarse frotando las manos, en anticipación de la impunidad ambiental que pueden experar se extienda a ellos.
Este acuerdo es emblema de toda la política energética que se viene. Galluccio se frota las manos por los acuerdos que espera rubricar con otras petroléras, tomando como modelo el convenio Chevron. Las petroleras se preparan para hacer jugosos negocios, con la garantía de libre disponibilidad de divisas por el equivalente a un 20% de la producción, que significa que podrán repatriar alegremente todas sus ganancias.
Esta planteado pelear por la anulación de este acuerdo, la declaración del no pago de toda la deuda, incluidos los bonos que ahora se entregan a Repsol, el no pago de ni un solo dólar a los vaciadores. Y la inmediata expropiación de todos los activos de todas las empresas que conforman el complejo hidrocarburífero, para ponerlas bajo gestión de los trabajadores, rechazando los generosos acuerdos noventistas firmados con Chevrón, Dow Chemical y otras firmas. Es fundamental pelear por este programa, para que sean la clase trabajadora y los sectores los que decidan cómo se explota estos recursos, de forma que pueda resultar compatible con la preservación del medio ambiente, y qué destino se le da a la renta petrolera que hoy se distribuyen las empresas imperialistas y los Estados provincial y nacional (que usan su parte para pagar a usureros y subsidiar al capital)
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