martes, 29 de abril de 2014

Suspensiones en el sector automotriz. Se vuelve a confirmar que el trabajo precario está en el corazón del "modelo"

Hace dos semanas, el gobierno anunciaba a todo trapo una ley “contra el trabajo precario”. Que más exactamente era una ley de promoción al blanqueo, cuyo principal recurso era el abaratamiento de los costos laborales que pagarán los empresarios por de los trabajadores que pasen a estar registrados, durante el plazo de dos años. Por si había alguna duda que esta medida no atacaba el trabajo precario, sino que apenas se focalizaba sobre una parte de él -apuntando además a resultados muy modestos de cambiar la situación de poco más de un 10% de los trabajadores empleados “en negro”- lo están poniendo en evidencia las suspensiones en la industria automotriz.
Durante la última década, las automotrices perfeccionaron como ningún otro sector patronal la flexibilidad en los términos de contratación. Con una gran persistencia, lograron colar en cada instancia de negociación con los sindicatos nuevas claúsulas que crearon para los trabajadores una situación de alta inestabilidad. Muchas medidas de flexibilidad que no habían podido ser impuestas hace diez años o más para los trabajadores que integraban por ese entonces la planta permanente, se fueron imponiendo para quienes ingresaron desde entonces. Sucesivos acuerdos del SMATA con las automotrices permitieron que “todas las innovaciones flexibilizadoras que introdujeron en los años ‘90 los convenios colectivos de las nuevas radicaciones empresariales, que, si bien no pudieron en este caso aplicarse al conjunto de los trabajadores, sí se establecieron para los nuevos trabajadores que se incorporasen a partir de ese momento” (Guevara, 2012, “Reactivación de la movilización obrera en la industria terminal automotriz (2004–2011). Recuperación parcial del salario con persistencia en la flexibilización laboral”, Trabajo y Sociedad 19, Buenos Aires). El resultado es que se avanzó aún más en la fragmentación “distinguiendo entre nuevos ingresos y viejos, sumándose a la diferencia entre contratados y efectivos” (Guevara, 2012). Con el paso del tiempo, el mayor peso de los ingresos nuevos ha hecho que buena parte de la planta esté alcanzada por las claúsulas flexibilizadoras. Esto tiene importantes consecuencias, como ya se pudo ver durante la recesión de 2008-2009. Las patronales del sector automotriz tienen amplia capacidad para ajustar rápidamente sus costos salariales ante variaciones en la demanda. Aplicando reducciones de turno o suspensión al 100 % (se paga el salario bruto pero no los aportes patronales) apenas se ralentiza el ritmo de producción, como ocurrió durante los últimos meses. En comparación con 2013, durante el período enero/marzo la producción del sector acumula una caída de 16%. Entre las que registran mayor caída están Renault (-35,5%) y Peugeot-Citroen (-32,7%). En cambio, Volkswagen (-10,6%) cayó por debajo del promedio. Mientras tanto Ford (10,5) e Iveco (35%) siguen aumentando la producción, la última a un ritmo bastante fuerte. Las ventas, que hasta fines de 2013 crecían a buen ritmo (aunque con un mayor incremento de la venta de importados que de autos producidos en el país) cerraron el trimestre con una caída del 25%. Con excepción de Toyota (23% de crecimiento respecto de igual período de 2013), todas las firmas registran una caída en sus volúmenes globales de venta, aunque algunos modelos continúan en aumento. Volkswagen encabeza la caída en las ventas (-57%). Iveco cayó 11,3% (aunque la venta de furgones creció 25%). Las exportaciones cayeron un 17,8% en estos tres meses.
Aunque durante la segunda mitad del año podría moderarse la caída en las ventas, difícilmente vaya a revertirse la tendencia. Aunque el crédito no se cortó, su encarecimiento limitó sensiblemente los sectores con capacidad de financiar la compra de un auto. El impacto de la devaluación y el salto de precios afectó ahorros y poder adquisivito de sectores medios y asalariados con mejor nivel de ingreso. Mientras tanto, Brasil, destino de 86% de las exportaciones del sector, no da señales de que vaya a registrar una fuerte recuperación de la demanda.
Gracias a las condiciones laborales que las benefician, las patronales del sector tienen amplia capacidad para descargar sobre los trabajadores todos los costos, ante los primeros impactos de crisis en el sector. Las mismas que cuando hay fuerte crecimiento arrancan extenuantes jornadas pagando por las horas extras montos irrisorios, ahora ajustan producción y, sin despedir, reducen drásticamente lo que pagan a numerosos sectores de la planta. Por si esto fuera poco, hacen gala de su “vocación” de no despedir. Y claro, para qué van a hacerlo sin con los convenios actuales la suspensión es más barata que lo que costaría despedir y volver a contratar ante cambios en la producción. Y eso, “Menem lo hizo”, pero Néstor y Cristina, con Hugo (Moyano), Antonio (Caló) y todo el resto de la burocracia sindical lo reforzaron. Y toda la oposición patronal lo suscribe. Sólo el Frente de Izquierda y de los Trabajadores presentó proyectos de ley para frenar los despidos y suspensiones.
La precarización es mucho más que el trabajo no registrado. Se trata de una condición de alta inestabilidad en el empleo a los fines de aumentar la “competitividad” del empresariado nacional a costa de las condiciones de trabajo. Esta precariedad engloba distintas realidades (que analizamos acá Mundo Grúa) y afecta a mucho más de la mitad de la fuerza de trabajo, aunque no salga en las estadísticas ya que buena parte de las claúsulas flexibles constituyen un “nuevo normal”. Esto lo prueban las cláuslas de los convenios negociados en todos los gremios durante los últimos años (ver al respecto Fragmentación institucionalizada). No podría esperarse leyes contra todas estas variantes de precarización, porque como hemos señalado en Ideas de Izquierda n° 5, está en el corazón del modelo.
Después del paro del 10, estos primeros ataques muestran que es necesario reforzar la organización, avanzando en realizar encuentros regionales como votó el sindicalismo combativo en el Encuentro Sindical de Atlanta (y de los que ya está en marcha para el 17/5 un Encuentro de zona Norte del GBA) y peleando por imponer a la burocracia medidas para responder ya ante los ataques en curso.
Las nuevas suspensiones en curso son otro recordatorio de que es una cuestión urgente para toda la clase trabajadora pelear por terminar con los contratos “basura”, con el empleo no registrado y las cláusulas de flexibilización. Este objetivo inseparable de la pelea por expulsar de los sindicatos a los burócratas y por conquistar la representación gremial en todas las unidades productivas donde los sindicatos están ostentosamente ausentes para ir contra la “triple alianza” de patrones, Estado y burocracia que sostiene la precarización.

1 comentario:

Esteban Mercatante dijo...

Vaya como PD: Es notorio que algunas terminales mantuvieron el aumento de la producción a pesar de la caída. De conjunto, la producción cayo menos que las ventas. ¿Se habrá aplicado una estrategia de adelantar producción para, stockeados, frenar ahora más rápido, aducir crisis y sobre esa base suspender, negociar Repro(s) y demés? Todo indicaría que va por ese lado.