jueves, 25 de septiembre de 2008
EconoCrítica nº 6

La crisis en curso está desnudando las consecuencias catastróficas que se gestaron durante los más de veinte años de ofensiva neoliberal. Con esta crisis, todo un ciclo parece estar llegando a su fin. Muchos tienen la ilusión de que con fuerte regulación y una activa intervención estatal, todavía es posible parar las peores consecuencias que una crisis aguda podría traer, y evitar nuevos hechos de esta magnitud en el futuro. Como mostramos en este suplemento, aunque el neoliberalismo ha llevado hasta sus últimas consecuencias las tendencias explosivas a las que conduce el sometimiento de toda la producción a la búsqueda de ganancias, esta crisis es el resultado de las contradicciones profundas que atraviesan la economía capitalista desde la crisis de los ‘70. Por eso, no alcanza con regularlo. Hay que terminar con el capitalismo.
Por Juan Chingo
Luego de recurrentes salvatajes bancarios e innumerables medidas monetarias y fiscales para detener la brutal crisis financiera en curso y, ante la perspectiva creciente de un crack, el viernes 19/9 el secretario del Tesoro norteamericano, Henry Paulson, anunció la “madre de todos los salvatajes” para evitar un derrumbe del sistema financiero en EE.UU., hecho que tendría repercusiones catastróficas para la economía norteamericana y mundial.
La actual crisis financiera estallada en el corazón del capitalismo amenaza convertirse en una intensa recesión internacional. La catarata de condenas desde el espectro de los economistas y comentaristas “progresistas” a los “paradigmas hegemónicos”, a las “ideas de la ortodoxia liberal”, al “libre mercado” y a la “desregulación financiera global” impulsadas por los principales países capitalistas durante los últimos 30 años, no se hizo esperar. La actual debacle financiera sería, según ellos, el resultado de las políticas neoliberales de las últimas tres décadas.
Por Esteban Mercatante
“Eutanasia del rentista” es la fórmula que propuso el economista británico John Maynard Keynes en los ’30 para plantear la necesidad de que el capital financiero especulativo se subordine al capital productivo. Hoy hay muchos que culpan de la crisis en curso a la conducta rapaz de los financistas y sostienen que ese camino de regulación es el que hay que retomar hoy. Pero, ¿puede eso realmente prevenir nuevas crisis?
Hace sólo unos días Cristina anunció estruendosamente el pago al Club de París. Inmediatamente, el gobierno de Bush emitió un comunicado donde celebraba el anuncio y exigía ir más allá: pagar a los holdouts, aquellos bonistas que no entraron al canje del 2005 diseñado por Néstor Kirchner y Lavagna.
lunes, 15 de septiembre de 2008
La quiebra de Lehman Brothers
La declaración de insolvencia de Lehman Brothers, el cuarto mayor banco estadounidense, y la absorción de Merril Lynch por el Bank of America, era algo que se venía previendo. Estamos en un proceso depresivo que tiene como epicentro el mercado hipotecario norteamericano, y se está expandiendo por los principales centros financieros mundiales.
El origen de todo esto, está en el desinfle de la burbuja inmobiliaria norteamericana. Los precios de las propiedades que venían en ascenso hasta principios del año pasado, comenzaron a caer en 2007 porque muchos de los que habían tomado deudas hipotecarias para comprar casas, no disponían de fondos suficientes para hacer frente a los pagos de las hipotecas. Muchas hipotecas se habían concedido en forma bastante engañosa, con tasas variables y crecientes. Se le prometía a los tomadores que iban a tener que pagar hipotecas mucho menores de lo que terminarían pagando en realidad. Por eso, los sectores de menores ingresos, se vieron rápidamente incapacitados de hacer frente a sus deudas hipotecarias, debiendo abandonar sus propiedades. Se fueron acumulando inmuebles que eran recuperados para la venta, a la vez que en medio del fervor de la construcción, muchas nuevas propiedades no conseguían compradores. Todo esto es lo que empujó a la baja los precios de las propiedades. Pero, sucede que la caída de los precios de las propiedades, hacía que muchos deudores que venían pagando bien sus hipotecas, se encontraran con que la deuda que tenían valía mucho más que la casa que se estaba desvalorizando. Se empezó a armar una vorágine entonces, donde cada vez más deudores abandonaban sus hipotecas y sus casas.
Por eso los bancos, que habían participado en un festín de emisión de estas hipotecas subprime y habían contraído para eso deudas a las tasas irrisorias que fijaba la FED de Alan Greenspan (lo que se conoce como apalancamiento), empezaron a ver cómo sus activos, las deudas hipotecarias, entraban en quebrando, mientras que por otra parte se disparaban las tasas de interés. Lo que había sido un festival de especulación, se transformaba entonces para los bancos en una película de terror.
Las caídas bursátiles que se empezaron a disparar entre Julio y Agosto de 2007 se dieron porque empezaba a quedar en evidencia la profunda insolvencia de todas las instituciones del sistema financiero. Los primeros que saltaron fueron los Hedge Funds (fondos de riesgo), que durante años se habían promocionado como fondos ultraseguros pero de gran rentabilidad, y quedó en evidencia que lo que habían estado prometiendo no podía cumplirse. Pero lo que se ha visto después es que no son sólo estos fondos los que manejaban activos sub prime, de baja calidad, sino que todo el sistema financiero norteamericano tiene acreencias hipotecarias incobrables y es, por lo tanto, insolvente.
El resultado es que, como se conoció recientemente las ganancias que los bancos registraron de de abril a junio mostraron los segundos peores números desde 1991. Las ganancias de las instituciones financieras norteamericanas de ese trimestre sumaron sólo 5 mil millones, dentro de lo cual muchos bancos, como Lehman, registraron pérdidas por varios miles de millones. El año pasado habían ganado 36,8 mil millones en el mismo trimestre. Es decir que bajaron un 86,5%. Frente a esto, tenemos que las deudas que las principales instituciones financieras tendrán que pagar son de al menos 787 mil millones de dólares antes de fines de 2009. Y de este total, antes de diciembre vencen 200 mil millones.
Lehman Brothers está quebrando por las pérdidas que acumulaba en lo que va del año (que llegaban a los 9 mil millones) y frente a la incapacidad de hacer frente a sus pasivos.
Este es ya el tercer caso de una institución importante que se desploma. Tuvimos el marzo la absorción de Bearn Stears por JP Morgan, y hace apenas 8 días el gobierno norteamericano tuvo que anunciar que tomaba el control de las dos gigantes hipotecarias estadounidenses, Fannie Mae y Freddie Mac.
Ahora la situación pega un salto, ya que estamos hablando del cuarto mayor banco estadounidense, mientras que el Merril Lynch también es absorvido por el Bank of America. Pero esto difícilmente termine acá.
El gobierno norteamericano intentó hasta último momento evitar esta quiebra. Henry Paulson mantuvo reuniones de urgencia el fin de semana con los principales referentes del sistema bancario porque el contagio que podría implicar no se sabe hasta donde podría llegar. Estamos hablando de una institución que tenía activos por 640 mil millones, y con fuertes vínculos en todo el circuito financiero. En estas negociaciones trataron de alcanzar un acuerdo para que otra gran institución comprar el Lehman. Pero esto no pudo avanzar ya que reclamaban que el Tesoro estadounidense brindara una garantía similar a la que ofreció en marzo cuando JP Morgan Chase se quedó con Bear Stearns.
Pero el tesoro norteamericano ya está muy comprometido. Solo la semana pasada, comprometió fondos hasta 200 mil millones para inyectar en las hipotecarias cuyo control tomó, y muchos estiman que podría llegar a tener que poner 300 mil millones para salvarlas. El gobierno norteamericano esta jugando con fuego por dos motivos: está forzando la posición mundial del dólar, y está obligando al resto del mundo a aceptar un aumento exponencial de su déficit, que ya alcanza 800 mil millones anuales (cuatro veces la economía argentina) para salvar a las instituciones financieras norteamericanas. Por ahora ha podido hacerlo, pero si los grandes tenedores de reservas en dólares deciden desprenderse de las mismas, el dólar puede caer estrepitosamente. Por eso le tuvieron que soltar la mano a Lehman Brothers. Los resultados que esto puede tener son imprevisibles, ya que no es el único que está en una situación precaria. Con la amenaza de recesión que aqueja a la economía norteamericana, y los precios de las propiedades que siguen cayendo, día a día hay nuevos deudores que dejan de pagar sus hipotecas. Como el eje de la intervención del gobierno ha estado en salvar los valores de las deudas, no se ve final a este proceso: los valores de las casas están cayendo, y el gobierno defiende el valor de las deudas, por lo cual cada día se hace más probable que lo que eran buenos deudores se transformen en malos pagadores. Por eso, la estrategia que viene implementando el gobierno norteamericano, de socializar las pérdidas que ocasionó la especulación inmobiliaria, está profundizando los costos sociales de esta crisis y prolongando de manera indefinida el proceso deflacionario en los valores de las propiedades.
Ahora comprometieron a distintos bancos para armar un fondo por 70 mil millones de dólares, para hacer frente a las nuevas consecuencias que puedan producirse como resultado de la quiebra de Lehman. Como decíamos, solamente las deudas de acá a diciembre, representan 200 mil millones y los bancos vienen viendo el desplome de sus activos, a lo cual se suman los temores de los accionistas. Por eso, es poco creíble que este fondo pueda parar la crisis.
Mientras tanto, hay una crisis social sin precedentes en EEUU, con millones de personas que abandonaron sus casas y viven en sus autos, y estamos viendo como se asienta una situación recesiva en las principales economías del mundo. La UE informó que entre abril y junio las economías de la zona se contrajeron un 2%, la India y China están mostrando síntomas de agotamiento según indican algunos informes, la economía norteamericana muestra signos de recesión. Se está asentando la una tendencia depresiva que se extiende por todo el mundo.
La situación es bastante cambiante, pero es probable que veamos próximamente el desplome de otros grandes bancos y que el gobierno se vuelva a ver obligado a comprometer nuevos fondos para tratar de evitar un colapso de todo el sistema financiero.
martes, 12 de agosto de 2008
Salió EconoCritica nº 4!
¿“Crisis alimentaria” o “hambre” de ganancias?
Por Paula Bach
El precio de los cereales, la leche y el azúcar entre otros, sufren la peor inflación de las últimas tres décadas. El Banco Mundial calcula que la cifra de 850 millones de personas que hoy padecen hambre en el mundo, aumentará en los próximos años hasta 950 millones. Mientras tanto, las empresas transnacionales de agronegocios y los cárteles de productos básicos que controlan el comercio agrícola y alimentario como Cargill, Bunge y Archer Daniel Midland, anunciaron en 2008 que sus ganancias se habían incrementado 86% respecto de 2007, 49% respecto de 2006 y 42% respecto de 2007, respectivamente.
La comparación resulta indignante, aunque quizás más indignante resulte la incapacidad (o falta de voluntad) de la economía vulgar (o burguesa) de hallar una explicación sensata a esta aberración. Buscar causas superficiales a los problemas profundos es una constante en el método de la “ciencia económica”, así como de la prensa y medios de comunicación afines. Desde hace meses economistas, premios Nobel y periodistas económicos se enfrascan en un círculo vicioso que adjudica el origen del alza del precio de los alimentos ya sea al aumento de la demanda de China e India, a las inclemencias del clima, a la depreciación del dólar, al incremento de la producción de biocombustibles o a la especulación financiera desatada sobre los precios de las materias primas particularmente a partir del estallido de la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos. Negar la influencia relativa de estos aspectos en la variación de los precios sería absurdo, pero pretender adjudicarle a cualquiera de ellos o a sus posibles combinaciones la causa última de tamaña irracionalidad, constituye, por decir lo menos, una burla hacia los trabajadores y los millones de pobres y hambrientos del mundo.
Los “alimentos” son también… salarios y materias primas
Antes de abordar las causas profundas que a nuestro entender explican la “crisis alimentaria”, es preciso avanzar en una definición certera del rol que ocupan los alimentos junto a otros productos como el petróleo, el hierro, el acero, el cobre, etc., en el modo de producción capitalista.
En primer lugar los cereales y oleaginosas, la leche, el azúcar, entre otros, no constituyen sólo bienes de consumo de la población, sino que representan al igual que el petróleo –que a su vez cumple un rol clave en la producción de los restantes productos primarios-, determinantes claves del precio de los salarios, materias primas y materiales intermedios en la producción capitalista. Cuando se habla de “alimentos” o de “petróleo” hay que pensar en dos clases sociales: una desposeída de todo medio de producción (los trabajadores y el pueblo pobre) para la cuál estas determinaciones representan comida, medios de transporte, calefacción es decir, medios de consumo indispensables para satisfacer sus necesidades básicas; otra, propietaria de los medios de producción (la clase capitalista) para la cuál “alimentos” y “petróleo” entre otros, representan fundamentalmente pago de salarios y materias primas o costos de producción (salvo en el caso de los capitalistas que los producen, para quienes representan el “producto final”). A los capitalistas no les preocupa sólo la ganancia en general, es decir la masa de trabajo no pagado a los trabajadores sino en particular, la tasa de ganancia, es decir el porcentaje o la relación que ese trabajo no pagado (en términos de dinero) representa respecto de lo que el capitalista invierte, es decir, respecto de lo que se denomina el capital total. Dicho capital total se compone de maquinaria, edificios, etc. (capital constante fijo), materias primas y elementos auxiliares, es decir insumos (capital constante circulante) y salarios (capital variable). Independientemente pues del valor absoluto de la ganancia, la tasa de ganancia presenta una relación inversa con el precio de los distintos componentes del capital total. Aquí nos interesa particularmente abordar el rol que juegan en la determinación de la tasa de ganancia los salarios, las materias primas y materiales auxiliares, todos ellos altamente relacionados con el precio de los productos primarios. Si todas las demás condiciones se mantienen constantes1, a mayor precio de los cereales, la leche, el carbón, el petróleo y demás minerales, mayor será el precio del capital constante circulante, mayores deberían ser los salarios (aún de subsistencia) y, por tanto, menor será la tasa de ganancia del capital. Estas definiciones que parecen meras abstracciones, se vuelven muy concretas cuando se observa que históricamente las altas tasas de ganancia que rigen en los períodos de ascenso capitalista en los principales países, suelen estar asociadas a la caída en los precios de las materias primas. No casualmente además, en la estructura del mundo capitalista imperialista, los países atrasados han tenido escaso desarrollo industrial, resultando la mayoría de las veces, fundamentalmente productores de materias primas.
Un ejemplo y una hipótesis
La caída de los precios relativos de las materias primas desde el año 1951, así como el acceso fácil de Estados Unidos al petróleo barato de Medio Oriente y el Golfo Pérsico, constituyen rasgos (entre otros muchos aspectos) de suma importancia para explicar el “boom” económico que, fundamentalmente en los países centrales, tuvo lugar tras la segunda conflagración mundial. Que durante el “boom” el precio del petróleo haya sufrido una merma de alrededor del 40%, arrastrando a la baja el precio de las restantes materias primas, es uno de los factores asociados al alza de la tasa de ganancia en ese período.
Contrariamente, junto a los síntomas del fin del “boom” y el principio de la declinación de la hegemonía americana, el alza del precio del petróleo (que impulsó a la suba al resto de las materias primas) a partir del año ‘73 luego de la guerra del Yom Kipur, sin ser el elemento determinante, acompañó estrechamente a otra serie de factores que propiciaron el fin del fuerte crecimiento. En este caso la mirada unilateral de la economía vulgar se manifiesta en la denominación de la crisis económica del 73/75 como la “crisis del petróleo”. Dentro de la unilateralidad (que busca identificar a los países árabes como culpables de la crisis) radica sin embargo un grano de verdad nunca abordado con honestidad y profundidad por esta disciplina, consistente en la identificación (de hecho) de la relación entre los precios de las materias primas y la tasa de ganancia del capital. A continuación veremos que la ofensiva neoliberal comenzada en los años ‘80 permitió además del incremento de la explotación de los trabajadores, el acceso directo de los grandes capitales transnacionales al mercado de las materias primas junto con un importante descenso en los precios. Nuestra hipótesis es que se libró una nueva batalla del gran capital por el control del mercado de productos básicos que fue reconfigurado, abriendo paso y potenciando, el impacto de los factores que hoy aparecen como emergentes de la llamada “crisis alimentaria”. Esta reconfiguración del mercado que particularmente durante los ‘90 y los primeros años del ciclo de crecimiento del presente siglo, contribuyó a la recuperación de la tasa de ganancia, se estaría manifestando hoy como una contradicción que en el período próximo podría precipitar su caída. En este último sentido podría actuar también la escalada astronómica del precio del petróleo estrechamente asociada a la inestabilidad geopolítica derivada de la conflictiva relación de Estados Unidos con Irán y la caótica situación Iraquí.
Ofensiva neoliberal: penetración del capital transnacional
Hacia fines de la década del ‘70, las políticas de “corte keynesiano” se habían demostrado incapaces de resolver los principales problemas que azuzaban a la economía mundial: estancamiento e inflación. Los estados de los países centrales (fundamentalmente Estados Unidos) pegan un giro abrupto y lanzan una ofensiva que luego se conocería como “neoliberal”. Ante otro salto en el precio del petróleo en 1979 (relacionado con la revolución iraní), la Reserva Federal norteamericana decide aumentar las tasas de interés que trepan del 6% al 22%. Este factor desencadenante de lo que en los países pobres se conoció como la “crisis de la deuda”, abrió paso a la intromisión de los organismos internacionales en las políticas internas de esos países. Las exigencias de liberar los mercados de capitales, reducir gastos estatales, privatizar empresas y fuentes de materias primas para ser apropiadas por los grandes capitales transnacionales, fueron constantes en este período. La exigencia de reducción de los gastos estatales como forma de pago de las deudas externas estuvo asociada en muchos países a la eliminación de subsidios para semillas y fertilizantes, destinados a sostener la producción de alimentos básicos de la población. Los casos de México, Filipinas o Haití (previamente autosuficientes en la producción de sus productos básicos alimentarios), resultan elocuentes. La combinación de eliminación de subsidios, apertura comercial y libre entrada de capitales devino en la liquidación de las pequeñas economías campesinas y la entrada de los mismos productos a muy bajos precios (gracias a fuertes subsidios estatales) provenientes por ejemplo de Estados Unidos. La distribución de las importaciones de maíz desde EEUU fue monopolizada en México por empresas transnacionales como Cargill. Luego de la puesta en marcha del TLC en 1994, el precio del maíz se redujo a la mitad y México devino importador neto de ese grano. Gracias a la injerencia de la Organización Mundial del Comercio, Filipinas terminó como importador neto de arroz, corriendo Haití la misma suerte, pasando a importar en la actualidad el 80% desde Estados Unidos. Como resultado, el 70% de los países pobres son hoy importadores netos de alimentos. Las políticas de los organismos internacionales privilegiaron además los cultivos de exportación que generaban abundantes divisas destinadas al pago de las deudas externas. El Banco Mundial destinó ayudas especiales a los gobiernos para este tipo de cultivos que pasaron a ocupar las mejores tierras. El estímulo de la conversión a los monocultivos de exportación, aún en países como Argentina que continúan siendo autosuficientes en la producción agroalimentaria, resulta sintomático. Monocultivo y dependencia de las poderosas firmas que, como Monsanto y Syngenta, monopolizan los avances en ingeniería genética manteniendo el control sobre las patentes de semillas transgénicas, fertilizantes y pesticidas, son aspectos que van unidos. A lo largo de tres décadas se impuso una reconfiguración del mercado de alimentos y materias primas que destruyó el carácter autosuficiente de muchos países. Este proceso fue acompañado por el desarrollo de un mercado de estos productos cada vez más oligopólico y controlado por el capital internacional. En principio se verificó un descenso en el precio de alimentos y materias primas que operó aproximadamente hasta el año 1998 y que constituyó un factor que, combinado con el aumento de la explotación de los trabajadores, propició el incremento de la tasa de ganancia del capital, abriendo paso a una recuperación relativa de la depresión sufrida desde los años ‘70.
…y determinación oligopólica de los precios
La nueva recuperación económica posterior a la crisis de 2001, empieza a mostrar el aspecto contradictorio que representa para el capital en su conjunto el control progresivo de los grupos internacionales más concentrados sobre los mercados de productos primarios. Desde 2003 y más aún desde 2005 con un salto en 2007, petróleo, trigo, maíz, arroz, leche y carne entre otros productos muestran una carrera alcista aparentemente imparable que no puede entenderse (en el caso de los productos no petrolíferos) si no se tiene en cuenta el control sobre la oferta lograda por unos pocos grupos monopólicos. Sólo “Seis compañías controlan un 85% del comercio mundial en granos; tres controlan un 83% del cacao; tres controlan un 80% del comercio con plátanos. ADM, Cargill y Bunge controlan efectivamente el maíz del mundo, lo que significa que sólo ellos deciden qué parte de la cosecha de cada año va a la producción de etanol, edulcorantes, alimento para animales o alimentos para seres humanos”. (“La crisis alimentaria”, Ian Angus, Rebelión, 18/05/08). Los argumentos esgrimidos por la economía vulgar no explican nada si no se los enmarca en esta nueva configuración. Lo cierto es que si existen problemas de oferta, no son debidos a la escasa producción. Según Food Policy Research Institute, se producen hoy alimentos que alcanzarían para satisfacer al doble de la población del planeta. Lo que sí es cierto es que digitar el mercado permite a las compañías que controlan las semillas, la producción y el comercio agrícola retacear la oferta frente a variaciones en la demanda, movimientos especulativos, o modificaciones en el valor del dólar para lograr desabastecimiento y justificar aumentos de precios. Por ejemplo, la producción de biocombustibles, que usa la misma materia prima que muchos alimentos, reporta grandes ganancias e influye sobre los precios en la medida en que un grupo de oligopolios decide sobre el destino de la producción de granos. Resulta importante señalar no obstante que el control oligopólico sobre el mercado es relativo por lo que siempre está presente la posibilidad, en el marco de la recesión instalada en el corazón de la economía norteamericana, de una depresión generalizada de los precios. Sin embargo en las actuales circunstancias, la penetración y mayor control del mercado mundial por parte de unos pocos grupos es lo que permite que los precios de los granos sean prácticamente un “juguete” en manos de la Bolsa de Chicago. Por otra parte no puede descartarse que el programa lanzado por Estados Unidos para sustituir por biocombustibles el 20 por ciento del consumo de gasolina en 10 años, esté asociado a un intento de largo plazo por obtener el control sobre los combustibles, reemplazando su materia prima fundamental, el petróleo, que ha sido históricamente y continúa siendo fuente de gran inestabilidad para el capitalismo mundial.
Consecuencias
Si bien la resultante en las condiciones actuales son altas ganancias para las empresas que operan en toda la cadena de producción y comercialización de materias primas, se plantean dos tipos de alerta sobre el devenir de la economía capitalista. Por un lado los “levantamientos del hambre” en más de 20 países representan una amenaza desde los “bordes” para la estabilidad del capitalismo mundial. Por el otro, y como planteamos al principio, los precios de las materias primas son un factor importante en la determinación de la tasa de ganancia de los sectores capitalistas no ligados directamente a su producción. En este último sentido, la disparada de los precios de las materias primas podría contribuir en el período próximo a un descenso de la tasa de ganancia, profundizando la recesión ya instalada en Estados Unidos y, de continuar la escalada de los precios, a un escenario que combine inflación con estancamiento de la economía mundial. Por supuesto… no son los 850 millones de hambrientos los problemas que tienen en vilo a instituciones como la FAO, la OMC, la ONU o el FMI.
lunes, 30 de junio de 2008
Revista lucha de clases nº 8
La sección nacional está destinada al análisis y el debate de la crisis para aportar las claves para entender este giro brusco en la situación política. En “gobierno vs. Patria sojera: ‘campos’ que no son nuestros”, Christian Castillo analiza las causas más profundas de la crisis abierta: las transformaciones en la estructura social y productiva del campo argentino y su mayor importancia producto de los precios internacionales de los alimentos.
Da cuenta de los síntomas de agotamiento que sufre el esquema económico con tintes “neodesarrollistas” del kirchnerismo, así como de las consecuencias políticas de la crisis, las divisiones entre las clases dominantes, los distintos proyectos políticos, los importantes debates en la izquierda y la situación de la clase trabajadora.
En “el salario relativo en la Argentina de la devaluación” Paula Bach presenta una profunda investigación que demuestra cómo el crecimiento económico, una de las principales “banderas” del kirchnerismo, ha sido acompañado por el aumento de los niveles de explotación de los trabajadores.
Entre la intelectualidad, la crisis generó múltiples polémicas. Un heterogéneo sector de intelectuales se agrupó en el “Espacio Carta Abierta” alineándose detrás del gobierno. Contra el intento de presentar públicamente al campo intelectual bajo el redil gubernamental, surgió la declaración “Ni con el gobierno, ni con las entidades patronales del ‘campo’” que publicamos en este número.
En “El ‘Ser’ de la intelectualidad K. Apóstoles y monaguillos del ‘nuevo conformismo’”, desentrañamos los fundamentos que esgrimen los sectores más entusiastas de la intelectualidad oficialista, como Nicolás Casullo, Horacio González, Ricardo Forster, entre otros, y debatimos también con quienes, como José Pablo Feinmann o Eduardo Grüner, justifican su ubicación en el campo gubernamental a través de la aceptación resignada de “lo que hay” como la única alternativa posible.
En la sección “Movimiento Obrero” publicamos: “Rebeldía fabril. Lucha y organización de los obreros de FATE” de Paula Varela, “Hoy la fábrica es como un mundo nuevo, surgen jóvenes que se vuelven militantes de sus derechos”, entrevista a trabajadores de Zona Norte (delegados de Terrabusi, ex Atlántida, laboratorio Fressenius y Pepsico Snacks) realizada por Adriana Collado y Paula Varela, y “¡Jamás esclavos! La lucha de los trabajadores de Mafissa”, entrevista de Laura Meyer a uno de sus protagonistas. Aquí presentamos distintas experiencias de lucha y organización de nuevos sectores de la clase trabajadora que, aunque soslayados por los grandes medios de comunicación, constituyen el comienzo de nueva militancia obrera en algunas de las mayores concentraciones industriales del país.
En la sección de teoría marxista publicamos el trabajo “Dialéctica e historia. El marxismo de Walter Benjamin”, que aborda desde una visión crítica estos dos conceptos centrales de la obra de Benjamin en el marco de las distintas posiciones y valoraciones que diversos autores han dado a sus aportes al marxismo, especialmente alrededor de sus tesis “Sobre el concepto de la historia”. Agregamos una reseña del libro de Erdmut Wizisla, Benjamin y Brecht. Historia de una amistad, que en el contexto de esta relación aporta más elementos al contexto histórico y las discusiones sobre las concepciones de Benjamin.
La sección de polémicas comienza con “Gradualismo y catastrofismo”. Allí los autores responden a las críticas de Pablo Rieznik y Claudio Katz al debate, iniciado el año pasado, sobre la naturaleza e importancia de las crisis económicas del capitalismo y la vigencia de la caracterización de la época como de “crisis, guerras y revoluciones” de gran relevancia y actualidad para la estrategia revolucionaria.
En “La revolución diplomatizada. Crítica de la concepción estratégica y política de los ‘gramscianos argentinos’”, Juan Dal Maso aborda críticamente las hipótesis estratégicas del revolucionario Antonio Gramsci y el derrotero de la apropiación “gradualista” realizada por José Aricó y Juan Carlos Portantiero, animadores principales del grupo Pasado y Presente y experiencia central a la hora de pensar el itinerario de la obra de Gramsci en América Latina.
Con motivo de los pasados 90 años de la Revolución Rusa se abrieron muchas polémicas históricas y debates estratégicos. En “Un mal prólogo para el mejor libro de historia y las ideas de Eduardo Sartelli”, Eduardo Castilla y Jonatan Ros critican la “astucia” editorial de publicar un libro de León Trotsky y al mismo tiempo prologarlo para dar por finalizado todo su horizonte estratégico en pos de un criterio burdamente pragmático.
miércoles, 11 de junio de 2008
Retenciones y especulación financiera
El sostenido aumento de los precios internacionales de los alimentos, que está derivando en una crisis alimentaria, esta causando cada vez más preocupación.
Es que al menos desde 2006 los precios internacionales de las materias primas como los granos se han más que duplicado (128% el maíz, 163% el trigo, 98% la soja) por distintas causas, entre ellas, el incremento de la demanda de países como China y la creciente producción de biodisel (cuya producción se multiplicó por once entre 2000-2007 y se descuenta que seguirá aumentando), pero también por la especulación financiera alimentada por la debilidad del dólar y el desinfle de la burbuja inmobiliaria. En los últimos nueve meses de 2007 el volumen de capital de fondos de inversión europeos orientados al mercado de granos se quintuplicó, y se multiplicó por siete en el caso de los fondos de inversión estadounidenses.
Un informe de la OCDE y la FAO asegura que los cereales podrían subir entre un 60% y un 80% durante la próxima década.
De este modo, la especulación financiera sobre los precios de los granos con instrumentos como los “futuros” se ha convertido en un negocio asegurado.
El mercado de Futuros es aquel en el cual se transan contratos en los cuales las partes se comprometen a comprar o vender en el futuro un determinado bien (por ejemplo, granos), definiendo en el presente la cantidad, el precio y la fecha de vencimiento de la operación.
Por ejemplo, si usted compra “futuros” de soja en junio con vencimiento en agosto, a un precio de $1000 significa que se compromete a recibir una cantidad predefinida de ese producto en la fecha de vencimiento pautada, por la cual deberá pagar $1000. Si en agosto el precio de la soja sube a $1300, obtendrá una ganancia bruta de $300. Por eso además de los productores, hay muchos especuladores que no ven jamás una bolsa de trigo, maíz o soja, sino que son poseedores virtuales de los mismos.
En Argentina se negocia en el mercado de futuros entre un 15% y 20% de la producción de commodities. Estas transacciones se realizan en el mercado a término de Rosario (ROFEX) y en el de Buenos Aires (MATba). Los “futuros” funcionan no sólo como palancas crediticias para los grandes productores, sino también como espectaculares nichos de valorización financiera para apuntalar sus ganancias.
Uno de los reclamos de los que se hace eco la burguesía rural es que las retenciones móviles plantean liquidar el mercado de “futuros. Las recientes medidas anunciadas por el gobierno, tienen por objeto reestablecer dichos mercados a futuro a la vez que mantiene intacto el poder de especulación sobre el precio de los alimentos de los grandes productores que acopian millones de toneladas de granos para hacer subir los precios y así abultar sus márgenes de ganancias a costa de los trabajadores.
Distribución del ingreso sí… ¿pero para quiénes?
En el actual conflicto agrario están en juego alrededor de 1.500 millones de dólares de la fabulosa renta agraria. Estos millones extras no van a ir a mejorar el sistema de salud que se hunde, ni a la educación estatal en crisis ni a mejorar los servicios públicos que utiliza el pueblo trabajador, ni a jubilaciones ni salarios. Lejos de aplicar un supuesto esquema redistribucionista en favor de las mayorías populares, el gobierno usa la extraordinaria recaudación (el llamado superávit fiscal, del cuál las retenciones son sólo una parte), para favorecer a los distintos sectores burgueses con todo tipo de subsidios directos e indirectos, incluidos los del “campo” que hoy protagonizan el lock out.
Veamos algunos datos. En 2007 “se distribuyeron subsidios a empresas privadas y públicas por 14.626 millones de pesos, un 125% más que en 2006. De allí, 9.293 millones fueron para el sistema energético, 4.219 millones al transporte de pasajeros y cargas y 1.181 millones a la agroindustria”1. Este año los subsidios seguirán batiendo récords, ya que según el presupuesto oficial 2008, “con un gasto total de $ 161.486,5 millones, $ 25.000 millones serán asignados como transferencias privadas, o sea, como subsidios”2. Esta cifra de por sí impactante, seguramente será aún mayor gracias a las partidas presupuestarias extraordinarias. A estos subsidios “explícitos” hay que agregarles aquellos “implícitos”, como las exenciones impositivas por las que se dejan de recaudar millones.
En el transporte, durante enero de 2008, y a pesar del aumento de tarifas aplicado por el gobierno, el estado repartió 327 millones de pesos, un 307% más que el año anterior. La industria automotriz no es ajena a este fenómeno. El gobierno encontró rápido adonde destinar 700 millones que antes iban al reintegro del IVA a las tarjetas de crédito: “una parte sustancial de ese monto se destinará a subsidiar a las terminales automotrices”3. Las cosas no difieren en el campo: “Ya existe un sistema de compensaciones para el trigo y otros cereales, la carne y la leche (…) y a través de ella el Estado lleva gastados 1.525 millones de pesos”4, de los cuales la mitad se los llevan las 5 principales empresas del complejo agroindustrial, como Aceitera General Deheza.
Como vemos, todos los sectores burgueses, desde la industria y los servicios, pasando por la agroindustria y el “campo”, son beneficiarios directos de esta “redistribución del ingreso” kirchnerista. Y aunque los subsidios son sólo uno de los aspectos del actual esquema que favorece a la burguesía en su conjunto, es una muestra más de porque los trabajadores no deben tomar partido por ninguno de los bandos capitalistas en pugna.
Está claro que en la actual puja por las retenciones, si éstas quedan para los empresarios rurales será para aumentar sus ganancias, y si van al estado serán usadas en gran parte para subsidiar a los empresarios que mantienen los bajos salarios y el trabajo en negro, además de hacer caja para afrontar los pagos de la deuda externa.
1 “Subsidios: una enorme caja donde sólo manda el poder”, Clarín, 08/04/08.
2 “Subsidios poco transparentes”, Clarín, 23/09/07.
3 “Subsidio a automotrices con plata de las tarjetas”, Página 12, 04/01/08.
4 “Subsidios: una …”, op. cit.