martes, 2 de noviembre de 2010

El circulo vicioso del capitalismo argentino - Parte 2 - Las deudas del "modelo K"

Una de las principales reivindicaciones a la política económica kirchnerista, es la renegociación de la deuda en default encarada en 2005, momento en el que se habría plantado frente a los acreedores producto de lo cual logró una fuerte reducción de la deuda.
Algunos llegan a sostener que a partir de ese momento, la deuda "no es un condicionante central para la economía ni por magnitud ni por su horizonte de vencimientos" y de ahí concluyen que no hay ningún problema en pagarla. Desde esta visión, han justificado el "desendeudamiento", que ha convertido a la etapa kirchnerista en uno de las épocas en las que más se ha pagado a los acreedores. A pesar de lo cual no ha habido mucho desendeudamiento.

Veamos si realmente puede decirse que la deuda no condicione la economía argentina.
En 2005, la deuda alcanzaba los 180 mil millones de dólares. Luego de la renegociación, la deuda total pasó a 126 mil millones de dólares, a los cuales tenemos que sumar otros 27 mil millones que siguieron en default. De la parte de deuda renegociada, lo que se presentó como una quita del 75%, fue en realidad una reducción del monto de la deuda que no llegó al 40%. Esto fue así por el reconocimiento de los intereses devengados durante una parte del período de default.

A partir de ese momento, la deuda ha crecido casi 25%. Este considerable aumento se ha dado a pesar de el gobierno no tiene acceso a los mercados financieros desde 2007.

Es cierto que, producto de las dificultades para acceder al crédito y de los vencimientos de capital reconocidos durante estos años, la relación deuda PBI se ha reducido.

Por otra parte, la nacionalización de las AFJPs implicó que una gran cantidad de títulos pasaron a manos de la ANSES. Como este organismo -y otros- fue el principal destinatario de las colocaciones de deuda de los últimos años, una parte importante de la deuda está fuera del mercado, y es deuda intra Estado. La relación deuda en el mercado asciende sólo al 17% del PBI, que asciende al 25% del PBI si sumamos la deuda con el club de París y otras deudas con organismos internacionales y surgidas de acuerdos bilaterales. En términos comparativos, se puede sostener que la deuda no constituye un drenaje de reservas de tal magnitud que amenace con una crisis externa en la economía argentina, como en los '80.

Sin embargo, si consideramos el total de la deuda pública, la relación deuda PBI está en 48%, es decir nivel cercano al que había alcanzado en el final del gobierno de la Alianza. Esto no implica riesgo de una crisis de deuda porque en gran parte de salda entre agencias públicas.

Sin embargo, que la deuda sigue siendo un severo condicionante de la economía argentina se muestra en que desde la renegociación los pagos de intereses de deuda han representado entre un 15 y un 20% del presupuesto del gobierno nacional. Incluso aunque gran parte de la deuda se resuelva intra estado, esto limita recursos que podrían utilizarse para obras públicas o muchas otras alternativas distintas a sacrificarlos en el altar de los mercados. El financiamiento con la ANSES, el PAMI o mediante el uso de reservas no son gratuitos desde este punto de vista, sino que implican la inhibición de recursos para otras fuentes. Como se ve en el grafico, durante el kirchnerismo ya se han pagado más de u$s 45 mil millones, contando los 10 mil que se entregaron de un saque al FMI.

Por otra parte, la propia dinámica fiscal se ha deteriorado a partir de la renegociación de la deuda. 2007 fue el ultimo año de verdadera holgura fiscal. Pero ya ese mismo año empezaron los maquillajes a las cuentas públicas para disfrazar la tendencia deficitaria, en la cual el pago de la deuda es una de las principales causas, junto con los subsidios a los empresarios para solventar sus ganancias (Ver acá para más detalle sobre el maquillaje de las cuentas fiscales).
Desde 2009 el superávit fiscal es inexistente, y ésto sólo se cubre gracias a los superávit de ANSES y los giros de ganancias del BCRA. Y todo esto, en unos años de condiciones internacionales extraordinarias que han permitido un fuerte incremento de la recaudación tanto por el impulso a la actividad interna, como por los derechos de exportaciones.

Mientras tanto, para sortear la deuda pública no sólo se está incurriendo en una fuerte creación de deuda intra sector público que relativiza el planteo del desendeudamiento, sino que a esto se suma la utilización creciente de otros mecanismos como el uso de reservas y la apuesta al impacto de la inflación sobre la recaudación. Toda una serie de mecanismos que vienen preparando una situación explosiva a futuro, cuyas consecuencias ya estamos viviendo en una inflación galopante maquillada por el INDEC, pero que en los próximos años podría salir completamente de control.

Una situación que se hubiera evitado si, en vez de proclamar el desendeudamiento para pagar como unos chabones, se hubiera declarado el no pago de la deuda, junto con el monopolio estatal del comercio exterior y del comercio de divisas, y la nacionalización de la banca bajo control de los trabajadores. Sólo de esta forma se podrá terminar con la sangría de la deuda. En las antípodas de la política K.

lunes, 1 de noviembre de 2010

La economía que Kirchner nos legó. El círculo vicioso del capitalismo argentino - primer entrega

Es bastante remanido repetir una vez más que Néstor Kirchner era el Ministro de Economía tras bambalinas desde que fuera expulsado Lavagna en 2005. Pero no por repetido es menos cierto. Sólo Miguel Peirano y Martín Losteau intentaron sin exito tener algunos grados de libertad para darle impronta propia a la gestión, pero sin éxito. La única esfera que mantenía alguna -poca - distancia de los dictados del ex presidente era la monetaria, aunque un poco menos luego de la salida de Martín Redrado. Las características que tuvo el desenvolvimiento económico de estos años ha entrado entonces en el balance del legado de Kirchner. Más aún, la conclusión del apoyo popular manifestado por la masiva asistencia a la Casa Rosada ha sido la necesidad de "profundizar el modelo". Modelo que tendría entre sus elementos claves trazar un "sendero económico de inclusión social". Otro elemento que muchos análisis reivindican del kirchnerismo es la mayor presencia del Estado en la economía, "el papel preponderante de la política", sin analizar mucho cuál es el contenido concreto, qué fines inmediatos motorizan esta intervención y a quiénes son los principales beneficiarios. Volviendo sobre un post previo, un análisis menos superficial revela la importante contribución de las políticas neoliberales, especialmente en lo laboral, para el crecimiento de estos años, así como la continuidad y profundización de los rasgos dependientes de la economía argentina. Decíamos ahí:
[...] desde 2002 se registra un claro aumento de la rentabilidad, que benefició especialmente al agro y a la industria, dejando en un segundo plano los sectores más rentables de la década anterior. La reducción del costo laboral de 2002 puso a la estructura productiva heredada en un régimen de crecimiento diferente, sin conducir a transformaciones de la misma.

Podría argumentarse que este tipo de cambios llevan tiempo, pero no se ven siquiera los mínimos esbozos. El peso de la industria en el PBI, se mantiene detrás de los niveles promedio durante la convertibilidad, superando apenas el 17,5% del PBI que alcanzaba en 1998. A pesar de la rentabilidad récord y del gran volumen de producción anual, no hubo ampliaciones productivas considerables. Las firmas tienden a invertir lo justo para mantener la producción."
Agreguemos, entre paréntesis, que este año sólo los sectores de metales y automotriz tiene alto crecimiento, mientras que el resto de la industria apenas ronda el 1,8% de aumento en el último año.

"Si miramos el comercio exterior, veremos que aunque hoy las exportaciones duplican el valor de 1998 en dólares y tiene un peso mucho mayor en el PBI, esto se debe principalmente a los mayores precios de los commodities y algo menos al aumento de la cantidad exportada de los mismos. También aumentaron en precio y volumen las exportaciones de commodities industriales, como los de la rama siderúrgica que también registraron durante esta década un fuerte aumentos en la demanda a escala global. Aunque el nuevo régimen cambiario permitió la incursión de algunos nuevos sectores industriales en la exportación, como es el caso de varias pymes, las empresas de software o un aumento del turismo, esto no alcanzó una significación tal como para cambiar el perfil exportador.

[...]

Por otro lado, porque el alto crecimiento está permitiendo un crecimiento sin techo de las importaciones. Este año se proyectaba un superávit comercial de u$s 20 mil millones, pero probablemente cierre más cerca de los u$m 12 mil millones. Sigue siendo considerable, pero la diferencia da cuenta de un marcado crecimiento importador que está aumentando exponencialmente a pesar de las barreras que el gobierno ha buscado imponerle. Esto expresa de manera elocuente que la estructura productiva arrastra todas las consecuencias de la desintegración padecida desde mediados de los ‘70, pero aún agravadas: algunos estudios señalan que la importación por habitante a precios constantes es hoy un 33% superior a lo que era en 1998.

En lo que hace a las características del empresariado, es notorio que el nuevo contexto no ha revertido la tendencia al abandono de las actividades productivas por parte de los capitalistas nacionales. Ha continuado la venta de grandes empresas, a pesar de que estas mostraban altos niveles de rentabilidad. Ante el desafío de realizar nuevas inversiones o abandonar el negocio, este último camino ha sido la norma en la mayoría de los casos. Subproducto de esto, la extranjerización de la economía ha seguido en aumento: si consideramos las 200 empresas de mayor facturación, entre 1997 y 2007, la cantidad de compañías extranjeras pasó de 104 a 128. Como consecuencia, su participación dentro de la facturación total de ese grupo pasó del 65,5% al 77,3% en esos diez años. La presencia extranjera se concentra en los sectores más rentables de la economía, la porción mayoritaria de las utilidades empresarias queda en manos extranjeras. Desde 2008 además, ha habido un marcado aumento del giro de utilidades a las casas matrices en el extranjero, por lo cual se han reducido aún más los fondos disponibles para inversiones.

Yendo a otro emblema del funcionamiento económico desde finales de los `70, el sector financiero liberalizado por la reforma de 1977, aunque éste quedó golpeado por el quiebre de la convertibilidad y durante varios sus actividades estuvieron limitadas, desde 2008 viene registrando formidables ganancias. Esto lo ha logrado ayudado por la política gubernamental que alimentó en 2008 la vuelta a mecanismos de “bicicleta financiera” mediante la especulación con el tipo de cambio (en una política que significó dilapidar varios miles de millones de dólares de reservas), y nuevamente en 2009 incentivó el negocio con títulos de deuda en default. Adicionalmente, el financiamiento al consumo a altas tasas de interés –que concentra gran parte de los recursos prestables- viene siendo otra fuente de pingües ganancias.

Por último, una de las expresiones más claras de la continuidad en que se ha mantenido la elevada precarización de la fuerza de trabajo. Casi un 40% de los trabajadores no se encuentra registrado. Entre los trabajadores que sí están registrados, existen distintos tipos de contrato flexible. Esto ha tenido importantes consecuencias. Por un lado, ha permitido mantener una presión constante por aumentos del esfuerzo arrancado a la fuerza de trabajo, tanto en lo que hace a las horas trabajadas como a los ritmos de trabajo. Producto de esto se da que, aunque con enormes desigualdades, el promedio salarial de los sectores registrados es hoy ligeramente superior en términos de poder adquisitivo que el nivel de 2001, pero con niveles mayores de producción y más tiempo promedio de trabajo. En ese sentido, vemos un claro aumento de la participación de las ganancias en la distribución funcional del ingreso desde 2002 en adelante, que sólo se revierte parcialmente en los años siguientes, pero manteniéndose siempre en niveles superiores la década de los ’90, mientras ocurre lo contrario con la participación del salario.

La fragmentación de la fuerza de trabajo también ha dado margen al gobierno para sostener algunas políticas de tinte reformista hacia la clase trabajadora, como impulsar las paritarias anuales, con costo limitado, dado que lo que allí se negocia repercute sobre una franja minoritaria de la clase trabajadora. La misma burocracia sindical que participa de las negociaciones salariales, es la que durante todos estos años de fuerte crecimiento ha mantenido a rajatabla la diferenciación entre permanentes y contratados, negando o limitando sustancialmente la representación de éstos últimos, sin pelear por su efectivización.

Poco nuevo, entonces, en lo que hace a la estructura productiva y las condiciones de explotación de la fuerza de trabajo. Más bien se han explotado en un nuevo contexto los cambios que se habían ido imponiendo en las últimas décadas.

En lo que hace a la política gubernamental, el kirchnerismo, desde la asunción de Néstor Kirchner y luego con Cristina Fernández, ha coqueteado con la idea de que estaríamos ante un neodesarrollismo. Lo cierto es que desde un análisis de los ejes de la orientación económica no hay mucho sustento para estos planteos, tomados por varios economistas que simpatizan con el oficialismo. Sin duda, a partir de 2006, se registran numerosos cambios vinculados a una mayor participación estatal. Pero más bien, estas iniciativas están más asociadas a una búsqueda de contener el agotamiento del esquema evitando reformularlo. En este contexto, aunque el gobierno se presente como abanderado de la redistribución del ingreso y que los intelectuales kirchneristas hablen de “crecimiento con equidad”, uno de los pilares del crecimiento pos devaluación son los niveles de remuneración más bajos de los últimos treinta años. Como señalan incluso economistas no muy lejanos a la orientación del gobierno 'la estructura productiva argentina genera tendencias regresivas para la distribución del ingreso'. Las políticas kirchneristas de redistribución no modifican la estructura regresiva que se constituyó tras décadas de ofensivas neoliberales, sino que se apoyan en ellas, buscando mitigar algunos de sus efectos, conteniendo las demandas populares pero dejando indemnes los factores que generan la polarización social y la pobreza".


Crecimiento "con inclusión", entonces, del grueso de los sectores capitalistas que participaron de este festival de rentabilidad extraordinaria. Ganancias altas, salarios bajos, es el corazón profundo del esquema, aunque un "derrame" limitido bajo la presión de la movilización obrera haya permitido mejoras salariales.

Concluíamos, entonces:


"En las antípodas de la política kirchnerista, para cortar el nudo gordiano de la dependencia debe partirse de cortar con los mecanismos de saqueo imperialista: empezando por declarar el no pago de toda la deuda, que no ha sido más de un mecanismo de especulación de los capitales locales y ganancias de los bancos y bonistas extranjeros; imponer la nacionalización de la banca y el monopolio estatal del comercio exterior; expropiar las grandes propiedades agropecuarias para apropiarse íntegramente de la renta; y la renacionalización de los recursos estratégicos (como los hidrocarburos) puestos en manos de las rapaces empresas imperialistas. Estas son sólo algunas iniciativas elementales, que impuestas por la movilización de la clase obrera, pueden permitir encarar seriamente el problema de la pauperización, imponiendo el trabajo para todos mediante el reparto de las horas de trabajo y –en ese camino- estableciendo un seguro de desempleo acorde a la canasta familiar".


Para un próximo post, los rasgos de agotamiento del esquema y las -difíciles- alternativas de salida.


miércoles, 27 de octubre de 2010

Ante la muerte de Néstor Kirchner

Declaración del PTS

Respetamos el dolor que sienten amplios sectores de trabajadores y el pueblo por su desaparición. Ellos identifican al ex Presidente con determinadas conquistas como las anulaciones de las leyes de impunidad a los genocidas y la vuelta a las negociaciones paritarias.

El PTS considera que esas conquistas fueron el producto de la lucha del pueblo argentino y de la necesidad de la clase dominante en general, y del peronismo en particular, de contener y desviar el proceso abierto con el levantamiento del diciembre del 2001, donde millones exigían “que se vayan todos”. Basado en un ciclo económico internacional favorable, Néstor Kirchner, que asumió con el 22% de los votos, pudo recomponer el poder del Estado burgués y en especial la autoridad de la institución presidencial.

Pero en realidad, lo que hoy oculta el impacto de su muerte temprana, es que estas conquistas parciales se dieron en el marco de fabulosas ganancias empresarias producto de la enorme transferencia de ingresos generada por la devaluación del 2002, y no lograron revertir lo esencial de la herencia reaccionaria dejada por la dictadura genocida y reforzada por el menemismo.

El reciente asesinato del joven militante Mariano Ferreyra por apoyar a los trabajadores ferroviarios en lucha, dejó al desnudo que el 50% de la clase trabajadora sigue en condiciones de trabajo esclavo, tercerizados, contratados o en negro. Esto fue posible porque Néstor Kirchner se apoyó en Moyano y la burocracia sindical dándole algunas conquistas a los trabajadores sindicalizados, dejando librado a su suerte la mayoría asalariada.

Por su parte, en estos años se desarrollaron juicios amañados a un puñado de genocidas, dejando en pie el núcleo central de las fuerzas represivas estatales. La desaparición de Jorge Julio López es una muestra de ello.

Las grandes patronales del campo y de la industria, con su codicia insaciable, quieren avanzar aún sobre las conquistas que se han conseguido en los últimos años de crecimiento económico y ganancias capitalista excepcionales. La burocracia sindical no es ninguna garantía ni siquiera en defender esas conquistas y menos aún terminar con la superexplotación de los asalariados. Por el contrario, se muestran como agentes de las patronales y de sus propios negocios como evidenciaron las patotas asesinas de la Unión Ferroviaria.

Mientras Hugo Moyano y el resto de la dirigencia de la CGT han declarado su apoyo incondicional al gobierno de Cristina Fernández para garantizarse la impunidad de sus crímenes y negociados, el PTS sostiene que en el desarrollo del sindicalismo de base para recuperar los sindicatos expulsando a la burocracia de nuestras organizaciones obreras y en la lucha por un partido de los trabajadores independiente de todos los bandos capitalistas, están las palancas para defender las conquistas y avanzar contra este sistema de explotación y opresión.

Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS)

Ante la muerte de Néstor Kirchner














Coincidimos con mucho de lo planteado en el último post de El diablo. Reproducimos a continuación algunos párrafos de sus comentarios.




"La muerte de Néstor Kirchner deja un importante vacío en la escena política nacional, del cual él mismo fue su principal protagonista en los últimos 7 años y un factor clave de la recomposición del régimen político burgués después de la crisis de la irrupción de masas del 2001.

El asesinato del joven militante del PO Mariano Ferreyra a manos de la burocracia sindical –una crisis que recién comenzaba y podía poner al desnudo un entramado espantoso de negocios y componendas de la burocracia de Pedraza y el Estado-; el estallido de la interna peronista con el “affaire Scioli” y el realineamiento de los intendentes; el “juego propio” que hace tiempo viene mostrando el moyanismo; los reveses en el Senado y la Corte Suprema, junto con su propio voluntarismo, fueron todos factores que sin duda afectaron la salud del ex presidente, que ya estaba deteriorada habiendo sufrido dos episodios cardíacos (uno de ellos muy recientemente).

Todos los sectores de la oposición burguesa, las cámaras empresarias del campo y la industria, los multimedios concentrados, que venían bregando por terminar con el “ciclo kirchnerista” del modo más de derecha posible, hoy hacen llamados a favor de la “unidad nacional”. Pero lo previsible es que no pasen de los próximos días y los grandes sectores burgueses seguramente intentarán aprovechar esta crisis política para imponer un rumbo más abiertamente al servicio de sus intereses.

El gobierno de Cristina Kirchner, tironeado por derecha y por izquierda, deberá lidiar ahora con profundas tensiones. Como nos dice Guillermo Almeyra en unas reflexiones en caliente que acabamos de recibir, la presidenta “pierde no sólo el estratega y el consejero fundamental sino también esa bisagra esencial para negociar con los barones municipales, siempre propensos a vender su apoyo al mejor postor, para tratar con los gobernadores derechistas y buscar dividir los aparatos adversarios”, y deberíamos agregar, con el moyanismo y la burocracia de la CGT.

[...]

Para los trabajadores y el pueblo se avecinan tiempos de crisis y mayores enfrentamientos. La burguesía y la burocracia sindical mafiosa buscarán que el crimen de Mariano Ferreyra quede impune. Los intentos por liquidar las conquistas obreras y el “sindicalismo de base” recrudecerán más temprano que tarde. Por ello, también hará falta un reacomodamiento de fuerzas bajo la bandera de la independencia de clase."


Hemos desplegado en posteos previos, numerosas críticas a la política kirchnerista, así como a las defensas que se hacen de la misma desde posiciones pretendidamente progresistas. Remitimos a dichos posteos, para consideraciones que acá no retomaremos. Frente a las consecuencias políticas que traiga su inesperado fallecimiento, aún inciertas, es necesario preparar la intervención política independiente de la clase trabajadora.

lunes, 25 de octubre de 2010

Kirchnerismo y burocracia sindical
















Va un posteo un poco largo, con varios puntos de debate suscitados por el asesinato de Mariano Ferreyra.


El kirchnerismo está buscando por todos los medios tomar distancia del asinato de Mariano Ferreyra y cerrar el tema. Es un muerto que no tiene nada que ver con el gobierno, afirman. Se lo tiraron, sostienen, como ya les habría pasado en otras ocasiones (entre otros está el caso de Jorge Julio López, según esta lectura). Son numerosas las voces kirchneristas que se hacen eco de este planteo, y atacan a los que hacen “utilización política del hecho” (incluso planteando ambiguamente que “estaban buscando un muerto” sin aclarar si se refiere a la oposición de derecha o a la izquierda), como si el asesinato de un militante luego de una acción, por parte de la patota mandara por la conducción del gremio no fuera de por sí un hecho político.

Sin embargo, este intento de poner distancia está enfrentando numerosas dificultades. Primero, ya los responsables materiales, rozan demasiado de cerca al entorno kirchnerista. Y la propia detección de los responsables, materiales e intelectuales, parece haberse transformado en materia de tira y afloje con la conducción de la Unión Ferroviaria, con Moyano mediando. Pero incluso un relativo éxito en encausar la cuestión en el terreno judicial, no va a cerrar lo que estos eventos conmocionaron y sacaron a la luz pública.

Se busca diferenciar a la burocracia de Pedraza de la conducción de Moyano, planteando que la primera no tiene nada que ver con las políticas de este gobierno. Pero, mal que le pese a los K, no se puede aislar este ataque de la burocracia del rol que ha jugado tanto Pedraza como el conjunto de las conducciones sindicales durante el kirchnerismo. No solamente por lo obvio, que es que Pedraza está alineado dentro de los sectores cegetistas cercanos al universo moyanista, aunque no se trate de uno de sus aliados más cercanos. Pedraza es mucho más que una “contradicción” en las alianzas que ha tenido que aceptar el “proyecto nacional y popular”.

La burocracia en el esquema kirchnerista

Ese recorte que tratan de hacer los kirchneristas para condenar el asesinato pero simultáneamente disolver la responsabilidad del gobierno no se sostiene. Esta muerte surge del corazón del andamiaje kirchnerista de contención-concesiones en el movimiento obrero, uno de los pilares de lo que ha sido un gobierno de desvío y de pasivización de los sectores de masas movilizados en la crisis de 2001. Un desvío y pasivización que permitió recomponer el régimen político y contener los profundos cuestionamientos, manteniendo profundas continuidades, “explotando” el legado neoliberal en puntos fundamentales. Uno de ellos, como este feroz asesinato pone en primera escena, son las condiciones de explotación de la fuerza de trabajo, es decir un aspecto central en la relación capital-trabajo, dimensión de primer orden para caracterizar los elementos de ruptura y continuidad del kirchnerismo en relación con el neoliberalismo, y que pone de relieve la primacía de los segundos.

Hablar del kirchnerismo como desvío, implica señalar que frente a distintas demandas de la movilización popular, tendío a darse respuesta en algunos casos, pero siempre degrada en relación a lo reclamado por los sectores movilizados. En el caso de los movimientos de desocupados, se favoreció a los movimientos nacionales y populares en detrimento de los sectores que resistieron la cooptación, pero ni siquiera en el caso de los primeros hubo un aumento significativo en el monto de los planes, que siempre se mantuvieron bien por debajo del umbral de pobreza. El año pasado se extendió la asignación por hijo a los desocupados, pero esto absorbió fondos de planes previos y se fijó en montos bajos.

La burocracia sindical fue un pilar central de esta estrategia en el movimiento obrero. Ya antes del kirchnerismo, en el nacimiento del “modelo de la producción y el trabajo” con Duhalde, el sector de la burocracia que hoy buscan erigir como ejemplo contra Pedraza, el moyanismo y su MTA, dejó pasar el masazo al salario que fue la megadevaluación, de la cual Moyano, junto con Duhalde y Paolo Rocca había sido uno de los principales impulsores. Moyano había hecho numerosos paros -correctos- contra las leyes flexibilizadoras de De La Rúa, pero en cambio acompañó la devaluación que hizo caer el salario un 30% en 2002.

Desde fines de 2004, luego de años de crecimiento que permitieron una fuerte recomposición social de la clase trabajadora e impulsaron los reclamos por aumentos salariales, las conducciones sindicales se vuelven un sostén cada vez más importante en el esquema kirchnerista.

A partir de 2004, y especialmente 2005, cuando empezando por el subterráneo se desarrollan numerosas luchas con un fuerte protagonismo de sectores de izquierda, se hace cada vez más fuerte el esfuerzo del kirchnerismo por fortalecer a las conducciones sindicales tradicionales. Con la ayuda de Moyano, se le buscó dar un barniz de renovación a los jerarcas sindicales que acompañaron todas las reformas flexibilizadoras, al calor de las cuales obtuvieron pingës beneficios. Así, tuvimos la unidad cegetista que desde 2008 viene teniendo algunos desgajamientos, el último de los cuales fue el de FTIA (Alimentación). El fortalecimiento del sindicalismo cegetista durante el kirchnerismo, no fue tanto para impulsar mejoras económicas haciendo frente a la resistencia empresaria, como para contener los movimientos desde la base que considerardo el sindicato ceramista de Neuquén y el cuerpo de delegados de subte, tienen sus orígenes antes del kirchnerismo.

¿Sindicalismo reformista?

Algunos se ven tentados a caracterizar el rol de los sindicatos en la puja distributiva del período y las políticas de empleo gubernamentales como reformistas, sin mayor análisis. Ver por ejemplo este post de ManoloB. La relación entre el kirchnerismo y el movimiento obrero en blanco tiene algunos elementos que permiten caracterizarla como reformista. Pero sólo realizando la operación de analizar por separado la situación del movimiento obrero en blanco y la del resto de la clase trabajadora. Los elementos reformistas deben inscribirse en un contexto más amplio, en relación tanto con el momento económico, como con la trayectoria de largo alcance recorrida por los salarios, como con la relación entre movimiento obrero registrado y no registrado. Y se debe tener en cuenta que reformismo es una definición que implica una dimensión dual: tanto que se consiguen mejoras posibles en los marcos del régimen, como que se pone un coto a estas reformas, por detrás de las aspiraciones populares y en muchos casos por detrás de las aspiraciones del movimiento (por no hablar de que se se trata de evitar el desarrollo de una subjetividad que se proponga ir más allá de las relaciones capitalistas, poniendo en cuestión la explotación).

Durante 2003 y 2004, se registraron algunos aumentos en los salariales no remunerativos (es decir que no se consideraban para los aportes), de a $50 o $100, muy por debajo de la pérdida salarial que trajo la devaluación.

El techo de este “reformismo” fue extremadamente bajo, al punto de volver muy dudosa esta definición: el salario real, es decir considerado en términos de poder adquisitivo, no ha logrado traspasar la barrera de 2001, el punto más álgido de una crisis de tres años. Como decimos en un posteo previo sobre el tema, no se trata de una consecuencia inesperada, un límite que el “modelo K” tendría plantedo superar. Cuando la recomposición salarial esbozaba superar el ese techo, a fines de 2006, el rol de conención empezó a adquirir un rol cada vez más protagónico. A partir de ese año, comenzaron las pautas no explicitadas, pero bastante claritas para todos, de recomposición salarial, por debajo de la inflación (no la del IndeK obviamente). El “reformismo” que caracteriza a las conducciones gremiales desde entonces, es más bien evitar que la inflación devore los ingresos, que permitir la recomposición de los mismos, que a nivel global ya no se registra.

Podríamos decir, en beneficio de Moyano, que su gremio ha logrado una mejora por encima del promedio, privilegio detentado por una decena de gremios. Simétricamente, gremios como Alimentación, de trabajadores rurales, comercio, ocupan los peores escalones, por debajo del promedio salarial. Pero eso sólo ilustra que no sólo el promedio de la recomposición salarial tiene el techo de 2001, sino que muchos sectores están aún bastante peor, incluso entre los trabajadores registrados. Querer marcar con esto una diferencia entre “buenos sindicalistas” y “malos sindicalistas” es bastante pueril, considerando el rol de Moyano como jefe de la CGT, y como impulsor de los techos salariales seguidos por el resto de los gremios. Moyano es el principal responsable de la integración gremial en un “pacto social” de hecho, que ha permitido mantener los márgenes de rentabilidad en sus máximos niveles históricos; por debajo de los picos logrados durante 2003-2007, pero por encima de la década previa durante el tan denostado “neoliberalismo”.

Este supuesto “reformismo sindical”, que algunos defienden como bastión amenazado por una supuesta “coincidencia táctica” entre la izquierda clasista y la derecha patronal, se ubicó por detrás de las posibilidades de recomposición de las condiciones laborales durante estos años de fuerte crecimiento económico y recomposición de los trabajadores. Todo lo contrario, contuvo las aspiraciones en momentos en los que luchas decididas podrían haber arrancado mejoras considerables. La resistencia a incluir a los numerosos contratados y tercerizados en las negociaciones salariales, aunque en muchos casos son la mayoría de los que se desempeñas en las grandes fábricas, dio más margen de negociación sin afectar la ganancia. Por un lado, porque la presión de los que quedan afuera de convenio, al ser un número considerable, actúa como límite a las pretensiones que pueden aspirar a imponer los trabajadores efectivos (máxime cuando los que negocian con los burócratas alejados de las fábricas). Segundo, porque el margen empresario para aceptar las mejoras en mayor cuanto menos sea la proporción de la planta directamente beneficiada por las mejoras. La pelea por integrar al conjunto de los trabajadores en las negociaciones ha sido recurrente en todo este período, y en varios casos lo ha conseguido, pero siempre en contra de las conducciones sindicales.

2008/2009: dejando pasar los ataques empresarios

Este supuesto “reformismo sindical” del moyanismo mostró su corto alcance durante fines de 2008 comienzos de 2009, cuando se sintió durante varios meses el impacto de la crisisi internacional. Durante esos meses se destruyeron decenas (¿cientos?) de miles de puestos de trabajo, imposibles de contabilizar por el maquillaje de los datos del IndeK, extendido como una gangrena desde el índice de inflación hasta las estimaciones de producción y empleo. Los REPRO apenas mitigaron el impacto sobre algunos sectores, y junto con la suspensión de negociaciones paritarias (con lo cual, salvo que le creamos al Indec los salarios reales cayeron en promedio un 10%) fueron parte del método capitalista para enfrentar la crisis bajando las erogaciones salariales. El empleo no registrado se destruyó de manera inconmensurable. Numerosas “desafectaciones” de personal contratado pasaron sin ningún atisbo de resistencia por parte de la burocracia. En algunos casos como el de IVECO en córdoba la burocracia del SMATA y la patronal atacaron a al delegado Hernán Puddu, por impulsar la lucha contra el despido de los contratados. No se trata en este caso de un “gordo” alejado de Moyano, que como les gustaría a los kirchneristas, sino de su aliado Omar Dragún, que participa activamente de la organización de la Corriente Nacional del Sindicalismo Peronista. Paralelamente, durante el año pasado la UOM impulsó la desafiliación del delegado de Siderca Guillermo Betancourt y otros trabajadores por impulsar la lucha y querer cumplir lo votado en asambleas y plenarios de la UOM.

Como se ve, se trata de un “reformismo sindical” que cuando las papas queman se muestra blando con la patronal, y duro con los trabajadores. No hay ninguna frontera que separe a Moyano de sus aliados o de sus ex aliados. Con estas conducciones sindicales, el “reformismo” para obtener algunas conquistas en tiempos de bonanza tiene como contracara elementos fascistas más o menos exacerbados hacia los sectores más combativos y hacia los precarios que quedan fuera de la representación sindical, y ese mismo sindicalismo “reformista”, con la más crasa lógica economista, es el vocero de las despiadadas necesidades del capital en tiempos de crisis, impulsando suspensiones, despido de contratados, etc.

Por supuesto, hay una ofensiva patronal que busca aprovechar la crisis para erosionar el poder sindical, especialmente del moyanismo. Esa ofensiva debe ser enfrentada. Pero esto no significa, como proponen los medios kirchneristas, reivindicar al moyanismo contra las burocracias más rancias. El conjunto de la burocracia sindical, moyanista, de los “gordos”, azul y blanca, o de la CTA, erosiona el poder de los sindicatos al retacear representación de los contratados y tercerizados, y al dejar pasar los ataques patronales, como volvió a suceder hace pocas semanas en el caso de Paraná Metal (donde la principal responsabilidad le cupo en este caso a la UOM integrante de la CTA, alineada con Micheli). Por eso, por más que a defensores de un aggiornamiento moderado del actual modelo como Julio Godio les parezca una estupidez, una verdadera defensa de los sindicatos pasa por pelear por echar a la burocracia sindical para transformar a los sindicatos en herramientas fuertes para la lucha que impulsen la unidad de los distintos sectores fragmentados de la clase trabajadora, la democracia obrera y su independencia política del peronismo y los demás partidos patronales.

jueves, 21 de octubre de 2010

Los K y sus apologistas tratan de esquivar el bulto

Como lo expresa El diablo, con odio y sin respeto. Todos los que escriben fanáticamente todos los días sobre el progresismo que hay en todo acto kirchnerista, que el fin de semana se emocionaron junto con Bossio y Panigo por la gran actitud igualitaria de este gobierno por la que afortunamente vetó la injusta ley del 82% móvil, hacen como el tero frente al asesinato de Mariano Ferreyra. Todo apunta hacian Hugo y Néstor, pero no, mejor mirar para otro lado.
Desde ayer a la tarde, la usina de expertos en esquivar el bulto trabaja full time para Hugo y Néstor. Primero fue Duhalde el actor en las sombras. Algunos hablaron de TN tratando de tirarle un muerto al gobierno, como si fuera Magnetto el que hubiera mandado a la patota de Pedraza. Y hoy, para Artemio sería una tragedia causada por "la tercerización", un ente abstraído de los actores sociales que perpetúan esta situación y son hostiles hasta el asesinato hacia los que cuestionen esas condiciones.
Hacen como el tero, porque de otra forma tendrían que reconocer que los sucesos de ayer son emergentes de una cuestión que hace al corazón de las condiciones de explotación de la fuerza de trabajo en argentina, y de cómo la burocracia tiene una serie de intereses creados, de prebendas y negocios, que se han ido desarrollando gracias a las posiciones que ocupan en los sindicatos. El manejo de las obras sociales, la posibilidad de obtener cuotas extras de aportes en las negociaciones paritarias. El kirchnerismo preservó este entramado, la división de la fuerza de trabajo y los posiciones de los burócratas sindicales, dado que estas condiciones fueron óptimas para que el capitalismo argentino gozara de años de crecimiento a tasas chinas aprovechando masivamente la fuerza de trabajo barata. Que no otra cosa que esta trasnferencia fue la marca distintiva del "modelo" de dólar a 3 pesos.
Hechos como el de ayer muestran que la precarización laboral, el trabajo flexible, la tercerización, están lejos de ser "herencias persistentes". La dirigencia sindical de prácticamente todos los gremios -la mayoría de los cuales integran la CGT moyanista- defienden activamente y renuevan esta herencia. El propio gobierno, en el caso de la línea Roca, prefirió impulsar aumentos de sueldo significativos para sectores tercerizados antes que aceptar su efectivización.
La flexibilización es una gran "política de Estado", que cuenta con el concenso de el gobierno, los empresarios y los dirigentes sindicales. Así el kirchnerismo puede impulsar paritarias y Recalde puede jugar al reparto de las ganancias sin que esto impacte sobre una porción mayoritaria de la clase trabajadora, que por su condición precaria también actúa como límite para las mejoras de los sectores registrados.
El sindicalismo de base, que cuestiona la posición de la burocracia y amenaza por lo tanto su fuente de prebendas y negocios, no es un simple adversario o una oposición; es un enemigo mortal, tanto para los sindicalistas como para los empresarios. No todos los días hay muertos, pero el hostigamiento de la burocracia (en alianza con el gobierno y los empresarios) a los sectores combativos es cotidiano y permanente. Este es el muerto en el placard de los progres K.

Con esto no querríamos exculpar a Duhalde, cuya vocación asesina ya hemos visto en 2002, ni a TN, que así como ayer cubrió ampliamente en el caso de Kosteki y Santillán tituló "La crisis causó dos nuevas muertes" (???????). Como dijimos, se trata de una política de Estado, que unifica a políticos, empresarios y gobierno contra el sindicalismo de base, más allá de las disputas por tirarse la responsabilidad de los muertos.

Como concluye el Diablo: "Desterrar a la burocracia sindical de las organizaciones obreras es nuestro compromiso de lucha y de venganza de clase por la muerte de Mariano y de tantos luchadores obreros y populares que dieron su vida luchando por la emancipación de la clase trabajadora".