En su defensa del proyecto de Presupuesto en la Cámara de diputados, el viceministro de Economía, Axel Kicillof, no se privó de sus habituales referencias a la teoría económica para darle algún barniz progresivo a la política oficial. Aunque no se enfocó mucho en el tema, en el marco de su defensa de un presupuesto que sigue con perspectivas de inflación tan mentirosas como las de años previos (y que hasta hace apenas unos años Kicillof criticaba desde el CENDA) mencionó al economista británico John Maynard Keynes para fundamentar que "la inflación perjudica principalmente" al sector financiero.
Nos parace pertinente, entonces, traer a colación una polémica de hace algunos años, entre otros con Kicillof, donde mostramos que no era exactamente eso lo que tenía en mente Keynes cuando consideraba los efectos beneficiosos de la inflación. En el mismo sentido, Paula Bach discute en Estrategia Internacional nº 28 el plan de otro (neo)keynesiano para salir de la crisis, Paul Krugman, que también incluye el efecto inflacionario sobre los asalariados.
Los dejamos con el "refrito".
lunes, 14 de abril de 2008
Keynes, la inflación y los salarios
Esteban Mercatante
Instituto del Pensamiento Socialista
En los últimos días, la teoría económica de Keynes se ha colado en los
debates de coyuntura, a propósito del problema de la inflación y las
propuestas de enfriamiento de la economía. En su columna titulada "La
ortodoxia se viste de Keynes" publicada el 12/04/08 en Página/12,
Alfredo Zaiat dirige sus dardos contra los supuestos keynesianos que
frente a la actual coyuntura económica, que muchos definen como de
"recalentamiento", recomiendan políticas de enfriamiento. Zaiat les
critica que "esos postulados de enfriamiento de la economía implican por
el lado del gasto aumentar poco o directamente no subir las
jubilaciones como si se trataran de haberes dignos, o disminuir la obra
pública en un país cuya infraestructura es todavía deficiente, o bajar
los subsidios y, por lo tanto, subir las tarifas [...] Otra medida por
el costado de los ingresos sería detener la morosa recuperación del
salario real de los trabajadores". Para refutar el supuesto
keyenesiamismo de estas propuestas, y mostrar su inspiración ortodoxa,
recurre a los aportes de Axel Kicillof, es decir a una visión
alternativa a la imperante en los manuales de economía sobre los
postulados de Keynes. En el artículo, Kicillof señala que "de esta
estirpe son las recomendaciones que ofrecen los presuntos keynesianos
cuando, ante el aumento de los precios, diagnostican un exceso de
crecimiento del Producto y proponen reducir el consumo, la inversión y
(si se los dejara hablar lo suficiente) seguramente también el salario".
Kicillof recuerda que Keynes bregaba por "evitar las depresiones y
conservarnos de este modo en un cuasi-auge continuo".
Esto último es sin duda cierto. Sin embargo, lo que es bastante dudoso,
es que Keynes opinara que este camino no implicara una caída del
salario real -aunque no del nominal. En ese sentido, y sin proponérselo,
Mario Rapoport es mucho más revelador sobre este punto, en su nota
"Volviendo a Keynes y la inflación" publicada en Página/12 el
13/04/08. Recuerda que Keynes sostenía que "una modificación del valor
de la moneda, es decir un cambio del nivel de precios, importa a la
sociedad en el momento en que su incidencia se manifiesta de manera
desigual". Rapoport también nos recuerda que reconociendo que tanto la
inflación como la deflación son injustas, Keynes preferiría la primera,
mientras que se mantuviera controlada, ya que, destaca Rapoport,
mientras "la inflación, aligerando la carga de la deuda pública y
estimulando a las empresas, ofrece una ventaja que puede ser puesta de
un lado de la balanza, la deflación no aporta ninguna compensación". Acá
tenemos esbozado un punto que nos parece muy importante en el enfoque
keynesiano. Lamentablemente Rapoport no lo desarrolla, sino que se
detiene acá. Nos queda a nosotros entonces ahondar en esta pregunta: ¿en
qué consiste el estímulo a las empresas que destacaba Keynes?
Por un lado, está considerando que como las empresas se caracterizan
por ser deudoras netas, la inflación tiende a reducir el valor de sus
pasivos en relación con el capital total, facilitando su pago y
aumentando el valor del patrimonio.
Pero hay otro punto que es crucial en el pensamiento de Keynes, y que
en el marco de una situación inflacionaria puede actuar de estímulo a
las empresas: que el salario nominal puede no cambiar, o incluso puede subir, mientras que el salario real puede estar cayendo.
Keynes destacaba que "Ahora bien, la experiencia diaria nos dice, sin
dejar lugar a duda, que lejos de ser mera posibilidad aquella situación
en que los trabajadores estipulan (dentro de ciertos limites) un salario
nominal y no real, es el caso normal. Si bien los trabajadores, suelen
resistirse a una reducción de su salario nominal, no acostumbran
abandonar el trabajo cuando suben los precios de las mercancias para
asalariados. Se dice algunas veces que sería ilógico por parte de la
mano de obra resistir a una rebaja del salario nominal y no a otra del
salario real. Por razones que damos más adelante (p.27) , y afortunadamente como veremos después, aunque esto sea lógico o ilógico, es la conducta real de los obreros"1.
Keynes, dentro de lo que podemos llamar la economía apologética del
capitalismo, es pionero en comprender el rol que puede jugar el dinero.
Los trabajadores, como cualquier agente económico, solamente pueden
tener algún tipo de control sobre el valor monetario de sus
remuneraciones. Cuánto pueden comprar con eso, depende de la evolución
de los precios, algo que no pueden controlar.
Keynes también comprendió, que los salarios no podrían ajustarse
automáticamente ante cambios en los precios: como todo contrato, se
rediscute dentro de determinados plazos: cada seis meses, anualmente; a
veces ni siquiera.
Por último, aunque Keynes no lo consideró, su argumento se ve
favorecido por el rol de las burocracias sindicales, que pueden poner
límites a las aspiraciones de mejora salarial de los trabajadores, como
viene sucediendo en los últimos años en Argentina, con los techos
salariales impulsados por el jefe de la CGT, Hugo Moyano, para todos los
gremios que le responden.
Keynes argumentaba que la poca flexibilidad de los salarios a la baja cuestionaba la validez de los postulados clásicos2
que suponían un ajuste automático de todos los precios (incluyendo los
salarios) frente a los cambios en la demanda. Pero las implicancias que
el propio Keynes destaca van más allá: si son inflexibles para bajar,
por los mismos motivos lo son también para subir. Recortar el salario es
algo que choca con la resistencia de los trabajadores. Pero cuando lo
que baja es el salario real por la inflación, sin que varíe el salario
nominal, el efecto es mucho más diluido y la respuesta es más tardía. La resistencia a la baja del salario por inflación, sólo puede realizarse a posteriori, cuando el salario real ya ha caído.
Por eso Keynes veía que esto podría servir para "estimular a las
empresas" que pueden así sostener o incluso aumentar sus ganancias en la
marea de la inflación.
Como vimos, Keynes destaca esto como un factor positivo, "afortunado"
para la política económica. Esto puede permitir que aunque los salarios
nominales aumenten, los salarios reales estén cayendo. Es decir, esto
puede permitir hacer bajar el salario de manera indirecta, haciendo
variar el salario real sin que cambie el salario nominal. Como muestra
el trabajo del investigador del CEDES Nicolás Salvatore "Argentina 2007.
Tasa de Inflación" y como desarrollamos en el suplemento EconoCrítica publicado el 10/04/08 junto con el semanario La Verdad Obrera,
esto es exactamente lo que ha comenzado a suceder en Argentina: el
salario real cae, aunque los trabajadores sigan consiguiendo aumentos
nominales. La inflación es más alta que los aumentos salariales, y por
eso se los devora.
En una situación como la actual en Argentina, donde el peso está
permanente desvalorizándose, o sea compra cada vez menos bienes, es
posible lo que en otras circunstancias podría ser más difícil: que los
empresarios ganen en el proceso, aumentando sus precios más que los
aumentos de salarios y de costos que tienen que soportar3. Como planteamos en EconoCrítica4,
las ganancias empresarias se transforman en estas condiciones en un
factor inflacionario. Esto, que a Zaiat, siguiendo a Keynes, podría
molestarle mucho menos que una política restrictiva o deflacionaria, no
es sin embargo alternativa para los trabajadores. Alfredo Zaiat hace
apología y oculta que ha sido una decisión del kirchenrismo, con apoyo
de Moyano, poner techo del 19% a las subas de salarios. Sólo gracias a
los dibujos del Indec que mostró una inflación de 8.5% anual, estos
aumentos aparecieron como una mejora del salario real.
Las variantes de mantener en marcha el crecimiento con una inflación
controlada o de enfriar la economía, que Zaiat nos presenta como únicas
variantes posibles, amenazan por igual los ingresos de los trabajadores,
en beneficio de uno u otro sector económico. Lejos de esperar un
"derrame" del crecimiento, o moderar expectativas salariales para evitar
que se "derrumbe el crecimiento" como pide la presidenta Cristina
Fernández, hoy para los trabajadores en fundamental salir a luchar por
lo que el fuerte crecimiento de los últimos años les ha venido
retaceando: salario igual a la canasta familiar con ajuste automático
por la inflación, y fin del trabajo en negro. De lo contrario, se
transformarán en la variable de ajuste para seguir sosteniendo un
crecimiento "keynesiano".
1Keynes, Teoría General de la ocupación, el interés y el dinero, Fondo de Cultura Económica Editores, México D.F., 1965, p. 20. El destacado es nuestro.
2Para Keynes los clásicos abarcaban desde Smith y Ricardo hasta Alfred Marshall. Ver Kicillof, Fundamentos de la Teoría General, Eudeba, Bs. As. 2008.
3Decimos
que hacer esto les sería más difícil en otras condiciones, cuando no
hay un proceso crónico de suba de precios, porque con precios estables y
en un marco de competencia con otros capitalistas -que en el caso de
los oligopolios en siempre relativo- el empresario se condenaría a
vender menos. En cambio en el proceso inflacionario, todos los
capitalistas se ponen a subir sus precios en previsión de futuros
aumentos de sus proveedores, y con la certeza de que sus competidores
harán lo mismo.
4 "Los salarios, Marx, Cristina y la lucha de clases", Juan R. González, EconoCrítica Nº 1, suplemen to de La Verdad Obrera Nº 272